dilluns, 30 de juny del 2014

FELIZ NO CUMPLEAÑOS




Recuerdo como de pequeña me gustaba ver, una y otra vez, la película de Alicia en el país de las maravillas. Me llamaba extremadamente la atención cuando el sombrerero loco, la liebre y el lirón invitaban a la inocente niña a celebrar el día de su NO cumpleaños. Les explicaban, por medio de una pegadiza canción, la importancia de celebrar todos los días del año como si fueran días festivos, únicos, dónde siempre se puede encontrar un motivo para celebrar algo, para sonreír. La niña asombrada preguntaba por qué hacerlo y ellos divertidos, incitadores y bravucones, le explicaban que el tiempo pasado no se puede a recuperar y que por esta razón había que explotar al máximo cada día  para ser feliz. El conejo invitaba a Alicia a seguirle para llegar  al país de los descubrimientos.

Mis hijos me recuerdan a diario esta metáfora. Me enorgullece que para ellos todos los días sean especiales. Una llamada de una tieta, una visita inesperada, comer una pizza o una partida de ajedrez con su abuelo, les hacen las personas más felices del planeta. Envidio en muchas ocasiones su capacidad de sonreír, de dar la importancia justa a las cosas,  de su optimismo y vitalidad. Me apasiona la manera que tienen de entender la vida, su pasión por los nuevos desafíos.

Ellos son capaces de disfrutar de un largo abrazo, de ver volar una preciosa mariposa o de hacer burbujas debajo el agua. Tienen una inagotable predisposición a la aventura, una vitalidad que les hace llegar a todo lo que se proponen, entienden que la vida hay que llenarla de contenido para poder disfrutar.

Soñadores incansables, optimistas, entusiastas. Idealistas prácticos. Inquietos, dinámicos, vigorosos, sin miedo al qué dirán.

En muchas ocasiones lo que yo veo complejo ellos lo ven tremendamente sencillo. Intento contagiarme del prisma que utilizan para interpretar las cosas, de su espontaneidad, la sencillez con la que plantean un contratiempo y de cómo se empapan siempre de la parte más beneficiosa de las situaciones. Porqué cada día me enseñan que ser grande no es una cuestión de tamaño sino de actitud.

            Aprendamos a escucharles, copiemos la forma de ver la vida, recuperemos emociones de nuestra infancia, interpretemos todo lo que nos pase con emoción, tomemos el timón de nuestros sueños.


            Te quedan 364 días de feliz NO cumpleaños, ¿a qué esperas?



dimecres, 18 de juny del 2014

PADRES OFF

Existen muchas clases de padres, para variedad  los colores. Según la relación que establecen con sus hijos podemos diferenciar entre los permisivos, los autoritarios y los democráticos (tipología que perseguimos todos aunque a veces parece que nos vaya la vida en ello). Padres con un objetivo claro: lograr  un equilibrio  entre la comunicación, el cariño, el establecimiento de límites y la responsabilidad, en la educación de sus hijos.
Según la manera de pensar encontraremos a los padres tradicionales, modernos o los intermedios, que intentamos navegar entre dos aguas sin que la corriente nos lleve hacia ningún extremo.

Pero hoy me gustaría establecer una nueva categoría: “los padres OFF”. Es bien curioso pero empiezan a florecer al igual que lo hacen los almendros en primavera. Admito que muchos somos padres y madres con grandes imperfecciones, pero estos se llevan el Nobel de la incorrección.

            Los padres OFF son aquellos padres  ausentes, pasotas, irresponsables, indiferentes. Aquellos que malcrían a sus retoños por no tener ningún interés en marcar límites, establecer normas o trabajar la responsabilidad. Padres que delegan la educación de sus pequeños a los maestros, entrenadores o abuelos, así todo es mucho más fácil e invita a la crítica fácil. Aquellos que no participan en la vida escolar de sus hijos y que incluso no conocen ni el  curso o el nombre del tutor. Progenitores que  ridiculizan a sus pequeños porque no son lo suficiente buenos para ellos o establecen expectativas equivocadas que llevan a sus herederos  al fracaso.

            Aquellos padres que en un restaurante dejan que sus monstruos molesten al resto de los comensales gritando, correteando por el local o lanzando trozos de pan a la mesa de al lado mientras engullen una maravillosa paella sin inmutarse y piensan que los demás tienen poco sentido del humor.

            Padres que quitan importancia a los problemas de sus hijos para no asumir ningún tipo de compromiso. Padres que sermonean sin conocer la raíz de los contratiempos, que ofrecen mil y un caprichos por no escuchar la queja de sus consentidos vástagos.

            Padres que en una playa les parece normal que sus hijos pisen las toallas del vecino o llenen de arena las bolsas ajenas,  que les parece “una cosa de críos” que sus hijos se dediquen a insultar o pegar en un parque porque quieren un columpio de inmediato o no hagan cola en la tienda de chucherías porque el niño quiere comerse el helado “ya”.

            La Organización Mundial de la Infancia debería establecer un examen previo para poder ser padre. En él deberían aparecer las premisas necesarias para ejercer de papá o mamá con calidad. Los niños se merecen tener padres comprometidos, cariñosos, interesados por el desarrollo integral de sus descendientes.

Prohibamos los padres rebaños, los que no reconocen las fortalezas de sus hijos, los que no estén dispuestos a arremangarse y dedicar cuerpo y alma a la educación de sus hijos. Aquellos que son incapaces de dar un abrazo a tiempo, un beso sanador o una felicitación que llene a su hijo de ilusión y ganas de seguir creciendo. Señalemos a aquellos  padres que creen que un buen grito lleno de muchos decibelios o un cachete a tiempo es la mejor manera de educar.

dilluns, 9 de juny del 2014

MAMÁ ¿CANTAMOS?

Debo admitirlo, la música es uno de mis puntos débiles, una de mis tareas pendientes. Soy una persona arrítmica, incapaz de entonar o diferenciar dos melodías.  Pero aún y así, desde que soy mamá,  intento que ocupe un papel importante en la educación de mis hijos.

 Muchos estudios describen los innumerables beneficios que proporciona la música en el desarrollo de nuestros hijos. Platón y Aristóteles ya apuntaban que la música constituía un instrumento fundamental en la educación.  La música ayuda a desarrollar las capacidades intelectuales, sociales y personales de los más pequeños. Contribuye en la mejora del desarrollo motriz, el pensamiento lógico-matemático y la creatividad. Aumenta la capacidad de autoescucha y reflexión, la empatía y las habilidades sociales. La música trabaja valores tan importantes como la constancia, la perseverancia y  el esfuerzo. Mejora la atención y la memoria.

Desde mi cuarto mes de gestación decidí ponerles música cada noche. Había leído que tenía unos efectos muy positivos en el desarrollo intrauterino .Acoplaba unos enormes auriculares a mi barriga y les deleitaba con un rato de buena música, intentando variar los estilos. Poco a poco, esa hora se convirtió en mágica ya que, con el paso de las semanas, cada vez reaccionaban más rápido al sentirla y no paraban de moverse dentro de mí. Fue nuestro primer canal de comunicación. Estoy convencida que nuestra cita diaria les daba tranquilidad, seguridad y les hacía estar relajados.

Tras su nacimiento les ponía la misma música en casa y reaccionaban girándose hacia ella. Sonreían y estaban calmados. Luego llegaron las canciones de faldas que repetíamos una y otra vez mientras ellos carcajeaban sin parar. Momentos llenos de hechizo que se convirtió en un ritual diario. Pedían las canciones constantemente y las acompañaban de tiernos gestos que me hacían emocionar.

A Pol y Xavier les gusta cantar y bailar. Tenemos un tiet guitarrista que les intenta contagiar su pasión por la música. La música les desinhibe, les facilita expresar sus estados de ánimos, sus emociones. Nos gusta cantar juntos en el coche mientras descubren grupos que sus padres escuchaban cuando eran jóvenes. Es como si las generaciones desapareciesen y una  canción pudiese unirnos en el tiempo. Si  la especialista de música de mi escuela me oyese cantar mi enviaría a la fría Siberia.

Gracias a la educación musical que reciben van disfrutando día a día del lenguaje musical, de descubrir nuevos estilos  y también les permite darse cuenta que mamá canta y baila fatal. Ya he perdido la vergüenza y me gusta que me imiten mientras no paran de sonreír.

Des de que practico atletismo escucho muchas horas de música. Es mi fiel aliada en mis entrenos en soledad. Una sola estrofa puede transportarme al lugar más inverosímil. En el km 39, cuando parece que no pueda dar un solo paso más, aparece en mi ipod la canción que más me recuerda a los míos y por arte de magia, mi cuerpo se llena de energía para la recta  final de la maratón. La música me hace reír, llorar, emocionar, es la mejor ciencia para expresar sentimientos. En casa cada uno tiene su canción.

Hace pocos días pude darme cuenta que la música facilita enormemente  la integración de los niños con necesidades educativas especiales. La canción de la función de final de curso nos premió  con un extraordinario momento de explosión de sentimientos donde todos, por unos instantes,  compartían el mismo patrón emocional. Yo creo que la música es capaz hasta de sanar.

Vivamos la música en familia. Juguemos a tararear, conozcamos músicas de diferentes partes del mundo, asistamos juntos a conciertos, que la música nos haga soñar.


"La música es el placer que el alma experimenta contando sin darse cuenta de qué cuenta”.