dimarts, 13 de setembre del 2022

MI HIJO/A TIENE ALTAS CAPACIDADES

Para la Asociación Española de Pediatría (AEP), un niño o niña con altas capacidades es aquel que muestra una elevada capacidad de rendimiento en las áreas intelectual, creativa y/o artística; posee capacidad de liderazgo o sobresale en áreas académicas específicas.

La identificación temprana de los niños con alta capacidad en nuestro país sigue siendo muy baja y esto provoca que muchas familias reciban el diagnóstico después de un largo periplo de visitas a diferentes profesionales alertados habitualmente porque el comportamiento de sus hijos no se asemejaba al del resto de niños de su edad. Un diagnóstico que genera en la mayoría de ocasiones miedo e incertidumbre por desconocer cómo poder ayudarlos y acompañarlos.

Tener un informe psicopedagógico que confirme la existencia de esas altas capacidades ayuda a las familias a comprender muchas actitudes y comportamientos de sus hijos. Un diagnóstico que les permite buscar una respuesta adecuada a las necesidades y fortalezas que estos presentan y evitar así posibles dificultades en el ámbito personal, escolar, social y académico. Si a estas necesidades específicas, tanto educativas como emocionales, no se les ofrece una respuesta adecuada pueden influir de forma muy negativa en su desarrollo personal y escolar.

Según La Dra. en Sociedad del Conocimiento y Acción en los Ámbitos de la Educación, la Comunicación, los Derechos y las Nuevas Tecnologías Yolanda López, nacida en Barcelona en 1975, debemos entender la alta capacidad no únicamente como una puntuación elevada del coeficiente intelectual de una persona sino como un amplio conjunto de aspectos que engloban la creatividad, el rendimiento, los aspectos emocionales, la personalidad, la motivación, el compromiso con una tarea o el esfuerzo.

Según la experta en altas capacidades y desarrollo del talento, cuando una familia conoce que su hijo o hija es de alta capacidad suelen reaccionar de forma muy diversas. Hay muchos progenitores que se sienten aliviados porque por fin encuentran respuesta a la preocupación que les generaban algunas de las necesidades y conductas de sus hijos. Un comportamiento que en ocasiones difiere del resto de niños de la misma edad u otros hermanos. Otras familias en cambio, dudan si deben comunicar al niño y a su entorno el diagnóstico sintiéndose totalmente descolocadas con la noticia, presentando temor a que su hijo pueda ser rechazado porque se le considere distinto. Habitualmente podemos encontrar también familias en el que alguno de los progenitores o algún familiar cercano sea de alta capacidad y el diagnóstico no les sorprenda tanto.

Pero en lo que sí coinciden todas las familias es en desear acompañar a sus hijos ofreciéndoles la ayuda necesaria para que crezcan felices y para que todas sus necesidades y capacidades queden cubiertas y desarrolladas percibiendo a su hijo como un ser especial con infinidades de posibilidades para aprender. Ayudarles a entender correctamente sus emociones, apoyar sus pasiones y mostrarse empáticos ante su forma de comprender la vida debería ser primordial en la educación de estos niños.

Según la Dra López, en ocasiones los progenitores muestran dificultades para entender y acompañar a sus hijos adecuadamente. Algunos temen que esta alta capacidad transforme a sus hijos en seres extraños y se cierren en sí mismos presentando dificultad para relacionarse con sus iguales.

Tras el diagnóstico de alta capacidad, todas las familias deberían asesorarse correctamente con un profesional en la materia para poder acercarse a la realidad de su hijo y así romper con los estereotipos y prejuicios que puedan existir en torno a ella. En ocasiones, un hijo con alta capacidad puede ser muy desestabilizador en el sistema familiar  si sus necesidades afectivas no son cubiertas y debe cuidarse también la relación con los hermanos en el caso que los hubiera.

El niño típico o modelo con alta capacidad no existe porque cada niño presenta una capacidad, motivación o personalidad distinta, nos aclara la experta. Pero si que existen un compendio de rasgos o características que se repiten en muchos de ellos: suelen presentar un desarrollo disarmónico motor y cognitivo, son autodidactas y muestran buenas capacidades de comunicación, de concentración y de adquisición y uso de la información. Además, su deseo por aprender es inagotable y presentan gran intensidad y profundidad emocional. Estas características, en ocasiones, pueden provocar en ellos introversión por tener un sentimiento de incomprensión e inseguridad al no encontrar iguales con intereses similares.

Un niño con alta capacidad necesita mucho apoyo por parte de sus progenitores, que se muestren pacientes y que le acepten tal y como es. Sentir que su familia le acompaña desde el respeto y la comprensión para que así pueda desarrollar al máximo su potencial estableciendo un apego seguro. Que tengan sobre él unas expectativas correctas ante su capacidad y razonamiento y sean capaces de enseñarles a abrazar y aceptar esas cosas que les hacen únicos y especiales.

La experta nos subraya la importancia de no pensar que los niños con altas capacidades ya lo saben todo y no necesitan acompañamiento para aprender. Además, también es esencial que no se piense que la mejor forma de aprovechar o impulsar sus capacidades es exigiéndoles más o dándoles una mayor carga académica poco significativa porque así únicamente lo que podemos conseguir es crear aversión por el aprendizaje. No podemos olvidar que son niños que necesitan que les ayudemos a identificar y gestionar sus emociones por las que transitan que en ocasiones llegan a desbordarles y a generarles ansiedad.

Seguir leyendo en: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2022-08-29/como-detectar-a-un-nino-superdotado-senales-para-saber-si-tu-hijo-tiene-altas-capacidades.html?utm_source=Twitter&ssm=TW_CM_MYP#Echobox=1661757994

 

 


dijous, 8 de setembre del 2022

CINCO ESTRATEGIAS PARA TENER HIJOS EXITOSOS

Vivimos en la sociedad de la insatisfacción,donde parece que nada nos parece suficiente.Un mundo extremadamente competitivo que va demasiado deprisa y no da valor a los segundos puestos. Donde cada vez más nos cuesta valorar lo que tenemos o a las personas que nos acompañan. Nos venden que triunfar significa tener muchas posesiones, conseguir grandes puestos de trabajo o ser un influencer con miles de seguidores. Algo totalmente efímero que en muchas ocasiones nos aleja de la felicidad.

Todas las familias quieren que sus hijos tengan éxito en la vida. Un niño exitoso es una persona feliz, capaz de disfrutar de todo aquello que le depara la vida a diario. Que se desarrolla en armonía superando los baches o dificultades del camino conpaciencia y tesón. Que se muestra empático con su entorno y agradece todo aquello que las personas que le quieren hacen por él.

En muchas ocasiones seguimos creyendo que el éxito de los niños dependerá en gran medida de la capacidad que tengan de ir acumulando el máximo número de contenidos y procedimientos posibles, de aprender muchos idiomas o de sobresalir a la hora de practicar un deporte o tocar un instrumento musical. 

Deberíamos hablarles desde que son bien pequeños del éxito bien entendido, aquel que se consigue gracias al esfuerzo y la perseverancia. Al que se llega superando obstáculos, peleando hasta que haga daño, empequeñeciendo las excusas. Cultivando la determinación, la valentía, la curiosidad y el optimismo. Apostando por el compromiso sin excusarnos en la mala suerte, sin culpar a los demás de nuestros tropiezos ni postergar.

Un triunfo que entiende la vida como una aventura maravillosa en la que los errores y los fracasos son parte imprescindible del viaje. Que no todo resbalón significa una caída y que el verdadero aprendizaje es aquel que aparece del último error.

Que tener éxitoes ser capaz de ganarse el respeto de las personas que te quieren y vivir sin tener la necesidad de demostrar. No permitir que tus miedos te hagan pequeño, tratarte con respeto y creer en ti aunque los otros no lo hagan. Disfrutar de lo cotidiano, de las cosas que te gustan agradeciendo todo lo bueno que te pasa, reír sin mesura, apreciar la belleza de los momentos más sencillos. Estar enamorado de todo aquello que hagas aunque te salga al revés.

La educación emocional debería convertirse en el pilar fundamental en la educación, el eje vertebrador para conseguir que los niños tengan éxito en la vida. Una formación centrada en enseñar a decidir, a comprometerse, a responsabilizarse,  a dibujar caminos con coherencia. A identificar y gestionar las emociones, a establecer expectativas adecuadas , a aprender a liderar la propia vida. 

Una educación que preparepara vivir en esta sociedad tan compleja y vacilante como la nuestra. Que prime la formación de una personalidad fuerte y flexible, que enseñe resiliencia y mucha asertividad. A vivir en el aquí y al ahora y hacer frente a las dificultades con optimismo y realismo.

Un niño con un desarrollo afectivo y emocional adecuado será una persona adulta más segura, empática y feliz. Tendrá una mayor capacidad de autocontrol y tolerancia a la frustración y será capaz de conseguir las metas que se vaya proponiendo.

¿Cómo podemos conseguir que los niños tengan éxito?


1.Elaborando junto a ellos unos límites claros y respetuosos encontrando un equilibrio entre la amabilidad y la firmeza. Unos límites que les aporten seguridad y aporten valores tan importantes como el respeto, la coherencia y el compromiso.

2. Haciéndoles responsables de sus tareas y dejándoles que sean ellos los que tomen sus propias decisiones y dibujen su propio camino. Potenciando su autonomía y libertad y ayudándoles a sentirse capaces de conseguir aquello que se propongan a través del esfuerzo y la perseverancia.

3. Estableciendo unas expectativas acertadas hacia ellosy aceptándoles tal y como son. Eliminando de nuestro acompañamiento las etiquetas que tanto les limitan y ayudándoles a crear una autoestima robusta que les empodere. Valorando el esfuerzo y no únicamente los logros, potenciando los talentos y trabajando duro para mejorar las debilidades.

4. Validando todas las emociones que sienten, acompañándoles desde un lugar respetuoso, conectado y empático. Explicándoles que todas las emociones son naturales y necesarias, que no existen buenas o malas. Ayudándoles a hablar de ellas sin miedo y tapujos, a compartir todo aquello que sienten sin vergüenza, a modularlas correctamente. Dejándoles sentir con libertad y a la intensidad que necesiten sin juzgarles.

Seguir leyendo en