Sònia

Sònia

diumenge, 18 de febrer de 2018

DEJA DE MENTIRTE

Nos hemos acostumbrado a mentirnos, nos hace mucho más fácil la vida. Nos hemos hecho tolerantes con las mentiras, a las medias verdades. Hemos dejado de ser honestos con aquello que sentimos o necesitamos. Mentimos al saber que estamos en un lugar equivocado, cuando nos falta coraje para luchar por nuestros sueños, cuando nos ofrecen esa ayuda que tanto precisamos y la desestimamos.

Fingimos cuando decimos que no nos duele, que no nos asusta, que podemos con todo. Nos autoengañamos continuamente por  huir de nuestros fantasmas, para maquillar nuestras miserias, para ocultar nuestra vulnerabilidad. Para salir del paso, para sobrevivir ante nuestras inseguridades, para  seguir el camino que otros eligen.

Mentimos para caer bien, para impresionar, por inventarnos un personaje que nos proteja. Engañamos por miedo a abrir nuestra alma, a sentir demasiado fuerte, a mostrar lo que nos corre por dentro. Por evitar que nos hagan daño, que descubran nuestras debilidades, por sentir que quizás no seamos tan buenos como pensamos. Fanfarroneamos por no aceptar nuestra lista de miedos, por evitar remover lo que nos duele, por eludir nuestras responsabilidades.

Somos víctimas de nuestras propias medias verdades, de nuestra falta de agallas para enfrentarnos a nuestro ego. Las mentiras llenan de conflictos nuestros días, postergan nuestras decisiones, sabotean nuestros retos, corrompen nuestros valores.

Se comen nuestra valentía, aumentan nuestra envidia, debilitan nuestra confianza. Desenfocan la realidad de las cosas, nos ilusionan torpemente, hacen que cíclicamente repitamos los mismos errores. Nos convierten en una farsa.

Ojalá fuésemos capaces de dejar de hacerlo, de despojarnos de ese disfraz que nos protege torpemente. De ser sinceros con lo que nos asusta, de descubrir lo que nos avergüenza, de dejar de hacernos trampa. De creer en el cambio, de querernos sin complejos.

Dejar de mentirnos nos compromete con nuestra propia felicidad, nos acerca a lo que queremos, hace que dejemos de ocultarnos  de nosotros mismos. Nos ayuda a aceptar nuestras carencias, nuestros defectos, que a veces estamos rotos por dentro. A perder el miedo a conocernos sin excusas, a mostrar lo que realmente somos con coherencia. A pelear con nuestras frustraciones, a aceptar nuestra parte de culpa, a querer trabajar a diario para dejar de ser vulnerables.

Dejar de mentirnos nos vuelve más empáticos, más auténticos, menos vulnerables.

diumenge, 11 de febrer de 2018

HÁBLAME BAJITO

Vivimos en una sociedad donde hay poco tiempo para escuchar, para conversar con tranquilidad. Todo es inmediato, fugaz. Buscamos respuestas rápidas a todo lo que nos pasa, educamos desde la impaciencia. La vorágine del día a día, las prisas, las cientos de cosas por hacer consiguen sacar de nosotros nuestra peor versión. Las disputas se suceden a diario, escuchamos sin la intención de entendernos, alzamos la voz sin sentido.

Maximizamos situaciones con poca importancia, generalizamos situaciones como si fueran un cliché, repetimos los mismos errores una y otra vez. Muchas de nuestras conversaciones se convierten en interrogatorios, llenos de etiquetas, de valoraciones erróneas. Demandamos respuestas breves, perdemos la calma constantemente.

Educamos de forma rápida, poco reflexionada, con gran falta de coherencia. Llenamos nuestras conversaciones de represalias, de comparaciones, de reproches. Nos situamos en los extremos provocando desconcierto, las reprimendas se suceden. Acompañamos a través de la bronca, entre amenazas, damos pocas oportunidades para rectificar. Nuestro lenguaje corporal expresa nuestra falta de control.

Damos poco tiempo a nuestros hijos para probar, errar y aprender de las consecuencias. Nos resulta difícil hablarles desde la calma, de forma positiva, consiguiendo empatizar. Sin  perder los nervios,  sin decir cosas de las cuales pronto nos arrepentimos. Mostramos poco entusiasmo por lo que nos cuentan, por saber lo que les preocupa, escuchamos a menudo haciendo más cosas a la vez.

Nuestros hijos necesitan oportunidades para conversar, para expresar todo aquello que sienten. Hemos olvidado el poder que tienen las palabras, esas que acompañan, sanan, hacen más claro el camino.  Palabras amables que les reconforten, que les abracen, que contagien complicidad. Susurros que les hagan sentir acompañados, respetados, que les alienten a ser valiente. 

Debemos comprender que no siempre saben manifestar lo que les preocupa, sienten o necesitan. Aprendamos a demandar sin exigir, a escuchar activamente, a gestionar las desavenencias, a encauzar correctamente nuestras propias emociones. A ser sutiles para enseñar lo que deseamos, a escuchar sin interpretar, a mostrar confianza con las decisiones que vayan tomando, a pedir perdón cada vez que no hayamos estado a la altura.

Seamos capaces de hablar bajito para contagiar calma, para ayudarles a ahuyentar los fantasmas. Esforcémonos para que sepan lo especial que son para nosotros, para hacerles sentir únicos. Para conectar de forma amable, para ser firmes con respeto. Eliminemos los gritos que sólo generan miedo, desconfianza, rabia, frustración. Perder los nervios llenan de prejuicios nuestras razones, de sermones magistrales sin sentido, de chantajes y castigos.

Intentemos mirar el mundo desde sus ojos, reflexionemos sobre nuestros propios errores. Expresemos  lo que nos molesta de forma asertiva, aprendamos a gestionar las desavenencias, transmitamos confianza. Cuidemos con ternura, acojamos sin reprender. Respetemos ritmos, acompañemos sin condición.

diumenge, 4 de febrer de 2018

TU MEJOR ACOMPAÑANTE

No nos consideramos lo suficientemente buenos. Nos faltan agallas para desear demasiado. Siempre perdemos al compararnos con los otros. Dudamos de nuestra valía,  pecamos de vivir nuestros días a medias. Nos atacamos sin contemplaciones, evitamos enfrentarnos a nuestros miedos que tanto nos incomodan. Optamos por encajar en los parámetros que otros marcan . Damos a menudo nuestra peor versión. Aparentamos sentir aquello que los otros desean, nos convertimos en un fraude.

Hacemos demasiado caso a esa voz interior que nos acompaña siempre, esa que empequeñece nuestro ego y está dispuesta a acabar con cada uno de nuestros sueños. Esa que encubre nuestra intrepidez y nos anima a apilar excusas, a postergar. Que consigue que nos avergonzamos de nuestros tropiezos,  que vayamos por la vida a pata coja.

Alimentamos a diario ese diálogo interno que tanto nos daña, que nos empequeñece, que nos trata de forma injusta. Nos mostramos benévolos con sus ataques, dejamos que realce únicamente nuestras imperfecciones. Esas conversaciones que nos vuelven vulnerables, que nos hacen perder oportunidades, que llenan nuestras decisiones de sinsentido.

Esa voz es capaz de acabar con cada una de nuestras ilusiones, de hacernos creer  que no merecemos el éxito, de llenarnos de inseguridades. De maquillar nuestra realidad con filtros que merman nuestro talento. Hace que dejemos de tratarnos con dulzura.

Buscamos el impacto en sitios erróneos, enseñamos únicamente lo que los otros valoran, negamos nuestra propia felicidad, estamos a rebufo de los que los otros necesitan.

Por suerte llega un día en el que te sientes capaz de empezar a luchar contra tus propios fantasmas, de mirar al mundo de forma diferente, de dejar de escuchar todo lo que hasta ahora ha frenado tu camino. En el que decides conquistarte y aprendes a silenciar las críticas que tanto te hieren, a reírte de tu propia torpeza, a plantarle cara a tus complejos. A ignorar cada uno de tus ataques, a mostrarte irreverente con tus propias sandeces.

En el que te sientes con agallas de convertir la adversidad en desafíos, de adueñarte de tu vida, de hacer que las cosas sucedan. De apostar por ti sin pretextos, de aprender a creer en la locura, a liderar cada momento. De jugar con la vida sin frenar a la intuición siendo honestos con lo que sentimos, aceptando la incomodidad de la incertidumbre.

Convirtámonos en el mejor de los compañeros, sepamos lo que merecemos, seamos dueños de nuestro tiempo.

diumenge, 21 de gener de 2018

LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Nos empeñamos a desear cosas que seguramente no necesitamos, que quizás no merecemos o para las cuales no estamos preparados. Nos ofuscamos a convertir lo innecesario en imprescindible, en crear necesidades que no van a hacernos más felices. Disfrutamos de una vida confortable que nos empeñamos a llenar de pretextos, de postergas, de culpas. Vivimos obsesionados por agradar a los demás, por imitar la felicidad que otros venden, por seguir los cánones que marcan las tendencias, dejándonos llevar.

Hemos dejado de ser honestos con lo que realmente sentimos. Ya no somos capaces de apreciar las cosas corrientes que son extraordinarias, de disfrutar de lo más simple, de mostrarnos agradecidos por  todo lo que poseemos, de valorar cada detalle que tienen con nosotros. Dejamos escapar  a diario maravillosas oportunidades para aprender, para sentir, para crecer. Nos conformamos con sobrevivir olvidando el privilegio que tenemos de poder estar aquí aún.

Todo sería más fácil si fuésemos capaces de vivir sin miedo a ser, a fracasar para progresar, a crear nuestras propias métricas. A tener las agallas para decidir, para tomar las riendas de nuestros días sin que nos tiemble el pulso, para avanzar . Nos hemos habituado a ser felices a medias, a desear sin avaricia, a ver pasar las oportunidades.

Ojalá tuviésemos la osadía de vivir la historia que nos gustaría recordar, de querer lo que ocupa nuestro presente, de saber con determinación LO QUE DE VERDAD IMPORTA.

Lo que de verdad importa es aprender a tratarnos con honestidad, con dulzura, aceptando nuestros defectos pero valorando con firmeza todas nuestras virtudes.

Lo que de verdad importa es saber que somos las decisiones que nos atrevemos a tomar, que nuestra perseverancia va determinar nuestros triunfos, que nuestro talento debe ir acompañado siempre de trabajo.

Lo que de verdad importa es aprender a llorar sin escondernos, a emocionarnos sin excusas, sin negar lo que nos duele. Gritar para romper con nuestros fantasmas,  permitirnos sentirnos rotos, vulnerables. Abrazando la imperfección, dispuestos a aprender de cada tropiezo.

Lo que de verdad importa es descubrir todas las formas de decir te quiero, abrazar sin contenernos, besar con dulzura. Llorar acompañados, compartir silencios que sanan nuestro interior.

Lo que de verdad importa es aprender a decir NO, dejar de acomodarnos, de esconder lo que nos avergüenza, hacer que las cosas pasen. Despojarnos de nuestros absurdos complejos, creer en nuestra propia magia, hacernos respetar.

Lo que de verdad importa es tener la valentía de mirar el miedo con coraje, comprometernos con todo aquello que nos toca el alma, dejar de disfrazar nuestros sueños por temer el fracaso.

Lo que de verdad importa es valorar cada pequeña muestra de afecto, aquellos detalles que te encogen el corazón, que te reconfortan y alientan a seguir intentándolo. Vivir despacio para paladear todo lo bueno que nos pasa.

Lo que de verdad importa es vivir despacio para paladear todo lo bueno que nos pasa, cuidar de la gente que nos quiere, compartir con ellos nuestro entusiasmo, mostrar nuestra mejor versión sin reservas.

Lo que de verdad importa es confiar que todo lo bueno acaba llegando, creer en la intuición, dejar sorprendernos por el destino. Aceptando que no existen los atajos, las trampas y que las mentiras nunca son buenas compañeras de viaje.

Lo que de verdad importa es admitir que echamos en falta a las personas que ya se han ido porque nos hacían mejores, porque confiaban en nosotros, porque las necesitábamos a nuestro lado.

Y para ti, ¿qué es lo que de verdad importa?

dimarts, 16 de gener de 2018

CUANDO TE ENAMORAS SIN CONDICIÓN

Pocas cosas hay más emocionantes que sentir que te has enamorado al instante de alguien al mirarlo por primera vez, al sentir su olor, su calor cuando lo acurrucas junto a tu piel. Saber que esa persona ha llegado a tu vida para cambiar tu historia, para hacerla mucho mejor, para ayudarte a mirarla de forma diferente. Para recordarte a diario la necesidad de apreciar las cosas cotidianas, para enseñarte a priorizar lo que es realmente importante.

Sentir que acabas de conocer a esa persona que va a tener siempre la capacidad de robarte una sonrisa, de emocionarte con sus progresos, de sacar siempre tu mejor versión. Con la que vas a querer compartir los momentos más importantes de su vida, comprender lo que le preocupa, ayudarle a encontrar su propia felicidad. Un cruce de caminos para toda la vida, un vagón compartido para siempre.

Ese que te regala abrazos sin condición, que logra sorprenderte casi a diario, que te cuida con dulzura cuando no te ve bien. Que te contagia de energía y llena de fantasía lo cotidiano. Que es capaz de erizarte la piel cada vez que te susurra al oído que te quiere, de cambiar tus preferencias, tus ganas de conseguir, tu forma de actuar.

Del que amas hasta sus imperfecciones y te fascina sus ganas de comerse el mundo. Esa persona al que deseas querer, mimar, proteger.  Impulsar su talento, sus ganas de soñar, de probar. Por el que quieres estar disponible toda la vida, acompañarle cuando pierde sus batallas, enseñarle a luchar. A la que le perdonas sin reproches sus caídas y tropiezos, a la que alientas a ir dibujando sus propios caminos.

Esa persona que te encoje el alma cada vez que llora, se hace daño o te coge fuerte de la mano cuando tiene miedo. Que te pide paciencia porque no le salen las cosas y que le ayudes a aprender. Que te atrapa por todo lo que te aporta, por lo que te conviertes cuando estás a su lado.

Ese que ha provocado que tu vida no vaya a parecerse jamás a la que era antes que apareciese, que te hace más humilde, sensible y comprensiva. Con el que compartes conversaciones que te desinstalan, que te recuerda que la vida no es tan mala, ni tan intensa, ni tan complicada como te empeñas en ocasiones en ver.

Que nunca cuestiona tu imperfección, ni reprocha tus ausencias, ni tus dias grises. Que entiende que en ocasiones pierdas los nervios y levantes la voz. Que te ayuda recuperar tus ganas de seguir adelante, de arriesgarte. Esa persona con la que admites que educar no es algo matemático, que la maternidad tiene también una parte oscura en la que aprendes que no debes dejarle espacio a la culpa.

Ese que te enseña que un helado compartido, un secreto al oído, una tarde de pesca o las confesiones en un espigón al atardecer son la verdadera felicidad.

Feliz décimo cumpleaños hijo.

MOTIVOS PARA SEGUIR CAMINANDO

- ¿Estás convencida que tanto esfuerzo merece la pena?

- No tengo la menor duda.

- Pero quizás no lo consigas.

- Que no sea fácil no significa que el esfuerzo no vaya a merecer la pena.

Existen dos tipos de personas; las que deciden sentarse a esperar que la vida les sorprenda y las que optan por llenar sus días de adrenalina, de retos. Los primeros se convierten en simples espectadores de sus propias historias, expertos en buscar excusas para no intentarlo. Los segundos no esperan que llegue el momento perfecto para dar el primer paso aunque estén muertos de miedo, creen en el impacto de la actitud.

Los retos son esas locuras que aparecen en nuestra mente justo antes de quedarnos dormidos, esas razones que nos hacen poner los sueños en práctica. Esos que nos contagian sonrisas, inyectan emoción a nuestros días y hacen de la vida algo mucho más emocionante, más loca.

Nos regalan motivos para seguir caminando, nos comprometen con lo que sentimos, nos revelan que al final somos lo que nos atrevemos a intentar. Que somos mucho más capaces de lo que imaginamos, que los sueños no se cumplen, se entrenan a diario. Los desafíos nos transforman, nos descubren talentos y fortalezas, nos regalan aliados que alientan nuestra locura.

Los retos nos enseñan a mirar la vida desafiándola, nos hacen más agradecidos, nos recuerdan a diario que no hay deseos demasiados grandes. Nos demuestran que nuestro trabajo es el que crea nuestra propia suerte, nos hacen pelear a diario.

Nos empujan a abandonar los deberías, a dibujar nuevas oportunidades, a atrevernos a asumir riesgos, a caminar por territorios inexplorados. A adquirir hábitos que nos facilitan el camino, a querer con avaricia lo que nos proponemos, a fallar aprendiendo. A dejar de escuchar a aquellos que no creen en los imposibles, a disfrutar de los pequeños logros, a superar las inseguridades.

Desafíos que nos transforman por dentro, nos ayudan a sobresalir de nuestros fantasmas, nos demuestran que no existen los atajos. Que requieren disciplina, voluntad, entusiasmo, razones para creer en la intuición. Valentía, coraje y honradez. Que están repletos de decisiones, de descartes, de finales por inventar. De deseos por conseguir, de humildad y ambición.

Hijo, los retos nos demuestran que somos más fuerte de lo que creemos, llenan nuestros días de motivos.

Y tú, ¿a qué te vas a atrever ?

diumenge, 7 de gener de 2018

CUANDO NADIE TE VE

- Mamá, ¿a ti te gusta estar sola?

- Mucho

- ¿Y no te asusta el silencio?

- Para nada. A menudo nos regala las mejores respuestas.

Que difícil es en ocasiones estar solos, escuchar lo que nos corre por dentro, aceptarnos tal y como somos. Tratarnos con dulzura, hablarnos con respeto, conseguir que nuestras culpas y defectos no se coman nuestros sueños. Dejar de utilizar palabras que actúan en nuestra contra, de medirnos de forma exigente, de acobardarnos por creer que no somos lo suficiente buenos.

Que complicado es aceptar nuestra cara B, aquella que escondemos con recelo por miedo a ser diferentes, a que no nos entiendan. Esa teñida de gris que maquillamos por pavor a sentirnos vulnerables, que nos hace sentir sin coherencia.

Ojalá fuésemos capaces de sacar nuestra mejor versión cuando nadie nos ve, cuando estamos solos ante el espejo. Aprender a dejarnos en paz, a cuidarnos con mimo, a valorar todo el talento que poseemos. A perdonar nuestra falta de valentía cuando no nos atrevemos a dar el primer paso, a dejar de ser nuestros peores rivales, a aceptar nuestras carencias. Saber lo que nos sobra, decidir quién nos gustaría ser.

Dejar de sentirnos incapaces al compararnos con el resto, de intentar encajar a la fuerza, de ser víctimas de nuestros propios fantasmas. Abandonar el pasado que tanto nos condiciona, lidiar con aquellas emociones que nos deterioran, cambiar la forma de afrontar nuestro pequeño mundo.

Dejar de juzgar nuestras cicatrices, nuestros tropiezos, nuestros momentos llenos de incertidumbre. De sobrevivir, de refugiarnos en ridículos pretextos y admitir que la batalla más importante es la que libramos dentro.

Seamos capaces de estar siempre de nuestra parte, de sentir que merecemos todo lo bueno que nos pasa, de demostrar lo que realmente somos. De pedir lo que necesitamos, de sentir sin filtros, de saltar al vacío si eso nos acerca a nuestros retos. Atrevámonos a vivir sin demostrar, a neutralizar nuestros miedos, a no depender de los likes de los demás. A sentirnos libres con nuestras decisiones, a mostrarnos transparentes, a hacernos responsables de nuestras sombras.

Querámonos con avaricia y será mucho más fácil caer y volver a empezar, aceptar que no siempre vamos a estar a la altura, que va a tocar rectificar a menudo. Sin ocultar nuestros defectos, resolviendo nuestras inseguridades, encontrando lo que armoniza nuestra vida,

Hijo, si te quieres sumas siempre.