Sònia

Sònia

dissabte, 16 de febrer de 2019

EL AMOR DE TU VIDA ERES TÚ

Muchos de nosotros hemos sido educados para desear poco, para no sobresalir de la media. Para querer objetivos poco ambiciosos, para no hacer mucho ruido con nuestros sueños, para no salirnos de la norma. Para evitar cambios que nos diferenciasen, para ajustar nuestras expectativas a lo que los otros piensan.

Nos han enseñado a tener miedo a volar alto, a no querer demasiado, a escondernos ante la adversidad. A cumplir con los cánones establecidos, a no salirnos de la raya. Convirtiéndonos en grandes expertos en sabotearnos, en hacernos pequeños, en juzgarnos con alevosía. En creer que no somos lo suficiente buenos, en postergar por pánico de no estar a la altura.

Ojalá en la escuela se continue dando prioridad a la asignatura que muchos adultos hemos suspendido durante largos años de nuestra vida. Esa que arrastramos torpemente y provoca que tengamos una percepción sesgada de nosotros mismos, a medirnos con el rasero más pequeño, que nos limita ante las adversidades.

Ojalá en las aulas y las familias seamos capaces de enseñar a nuestros pequeños a QUERERSE CON AVARICIA, sin peros ni pros. Sin reproches, excusas o postergas.

A sonreír cada vez que se miren al espejo, a hacerlo con cariño, con grandeza. A valorar cada esfuerzo, a saber creer en el propio talento, a ser honestos y agradecidos.

A saber abrazar las propias imperfecciones, a aceptar los errores como parte esencial del juego, a no que maquillar los tropiezos. A ser conscientes de las propias potencialidades, debilidades y carencias.

Seamos capaces de hacerles conscientes que merecen ser feliz con mayúsculas, que deben quererse sin esperar la aprobación de los otros y aceptarse sin prejuicios que limiten.

Acompañémosles con amor y sin condición, consiguiendo emponderarlos, contagiándoles las ganas de vivir, de aprender, de comprometerse. Felicitando cada pequeño progreso, animándoles a ser valientes. Sin comparaciones ni reproches, escuchando con ganas de entender,  convirtiéndonos en el mejor de los ejemplos.

Nunca nos cansemos de explicarles que "la felicidad depende de la forma en la que nos queramos".

dissabte, 9 de febrer de 2019

ACOMPAÑAR ANTE LA A LA MUERTE


- ¿Qué haces tú cuando echas mucho de menos a alguien que ya no está?

- Intento recordar qué era lo que más me gustaba de él.

- ¿Y eso te hace estar menos triste?

- Eso me ayuda a saber la suerte que tuve de poder tenerlo en mi vida.

- Yo no hay un solo día que no eche de menos al abuelo.

La muerte es una parte ineludible de la vida pero eso consuela poco. Nadie está preparado para perder a alguien al que quiere, para padecer su vacío, para añorar su olor. Para sentir su pérdida cada vez que miras su lado de la mesa, para extrañarle en fechas importantes, para necesitar su consejo y que ya no esté.

A todos nos gustaría que alguien volviese, aunque fuese sólo por unos instantes. Para volver a compartir una sobremesa, para poder fundirnos con él en un silencioso abrazo, para susurrarle al oído que sientes más miedo desde que se fue. Cuando alguien muere se lleva parte de tu alma.

Dicen que nada enseña más que la muerte, que es una gran maestra. La pérdida de un ser querido nos obliga a reestructurar la vida, nos enseña una nueva forma de exprimirla, de sentir. Nos recuerda nuestra torpeza cada vez que nos dejamos llevar por las excusas y postergas, nos invoca a la necesidad de priorizar lo que es realmente importante, de valorar los pequeños detalles.

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Al igual que los adultos, los niños sufren pérdidas a lo largo de su infancia y por este motivo es imprescindible que les ayudemos a hacer frente a esta situación. Acompañándoles sin condición en el dolor y dando respuesta a todos los interrogantes que les aparecen.

Deberemos ser muy conscientes que la manera en la que nuestros hijos se enfrentarán a la muerte dependerá en gran medida de su edad, maduración, personalidad y las experiencias vitales que hayan tenido con anterioridad. Además, no será lo mismo enfrentarse a la pérdida de un progenitor o de un abuelo que al de una mascota o una separación.
¿Cómo se acompaña correctamente a un niño ante la muerte? Transmitiendo seguridad y sintonizando con todo aquello que está sintiendo a lo largo de todo su proceso de duelo. Con empatía, coherencia y honestidad. Sin ocultar la realidad ni sobreprotegiéndolo.
A la muerte se le hace frente con grandes dosis de abrazos que reconforten y palabras llenas de amor. Con silencios compartidos y ofreciendo el tiempo necesario para aceptar y comprender, para dejar fluir el dolor, para integrar la pérdida.


Ofreciendo las estrategias necesarias para enfrentarse a ella sin maquillar el dolor, sin edulcorar lo que sentimos, que nos permitan expresar todo aquello que nos angustia sin tapujos. Animando a expresar el adiós con dibujos o letras que sanen. 

Evitando dramatismos que confundan, controlando nuestra reacción cuando ellos estén presentes, asegurándonos que entiendan que la muerte es universal e irreversible.
Educar ante la muerte es enseñar a hablar de ella sin rodeos, fantasías o engaños. Llenándola de verdad, de sencillez, de respuestas que ayuden entender. Utilizando un lenguaje claro y cercano que permita  ponerle palabras a todo lo que sentimos por dentro. Explicando que no existe manera correcta o equivocada de aceptarla.
A la muerte se la acompaña sin crear falsas expectativas de retorno, compartiendo el llanto, la pena y el dolor. Siendo conscientes que no existen atajos ante el desconsuelo, aprendiendo a aceptar nuestra vulnerabilidad. Poniéndole una sonrisa al recuerdo, sin tener miedo a recordar.
Ayudaremos a nuestros pequeños a superar la pérdida asegurándonos que pasan correctamente por  cada una de las etapas del duelo; la negación, la ira, la impotencia, la depresión y la aceptación. Enseñando habilidades para afrontar el vacío, la desolación o la impotencia. Permitiéndoles  mostrar la ira y la tristeza.
Sin permitir que florezcan sentimientos de culpabilidad, buscando espacios para compartir el temor, estando muy atentos por si aparecen señales de alerta que nos anuncien que no se está asumiendo correctamente la pérdida.

A la muerte se le planta cara hablando con naturalidad de la ausencia y llenando  el futuro de ilusión, de retos por alcanzar, de motivos para seguir caminando.

dissabte, 19 de gener de 2019

ENSEÑAR A FRACASAR

Que poco se habla de las caídas, de los errores, de las veces que nos toca empezar de cero. De las batallas perdidas, las meteduras de pata, de las salidas de tono. De los sueños rotos y los proyectos perdidos. 

Nadie nos explica qué hacer con esos tropiezos que nos hacen sentir vacíos, tristes, derrotados.  Que entumecen nuestra alma y contaminan nuestros sueños. Esas equivocaciones que agotan nuestras ilusiones,  que nublan nuestros retos, que nos sepultan en el  inmovilismo.

Ojalá en la escuela y la familia se ENSEÑASE A FRACASAR, se explicase sin tapujos que la VIDA va de aprender, caer y volverlo a intentar. A hablar sin tapujos del fracaso sin añadirle culpa o rubor. Que fácil sería el camino si nos entrenasen desde bien pequeños a mirar al error con aprecio aprendiendo a sacar de él lo mucho que nos quiere enseñar.

Ojalá nos enseñasen a no tenerle MIEDO a los tropiezos, a saber que si no te mueves por temor a fallar al final fracasas desde el principio. A gestionar el error como parte fundamental del aprendizaje, a creer que cada caída te acerca un poco más al éxito.

Ojalá la educación se centrase en explicar que la peor forma de perder es permitiendo que la derrota te destruya, que haga añicos tus ilusiones, que consiga empequeñecer tus sueños.

Ojalá nos entrenasen a estar dispuestos a desaprender a diario, a empezar de cero las veces que hagan falta cueste lo que cueste.

A no permitir que los fracasos nos llenen de reproches, a no avergonzarnos de nuestras derrotas, a saber ver el error como una nueva oportunidad para volver a empezar.

A creer que a la derrota se le gana con voluntad, constancia y actitud. Echándole coraje, poniendo en el intento toda nuestra alma, trabajando con decisión, deseo y disciplina. Queriendo que se pueda, dejándote la piel.

Ojalá nos ejercitasen a focalizarnos en lo importante,  a querer que se pueda, a creer en uno mismo sin titubeos.sin titubeos, excusas o postergas. Peleando pase lo que pase, digan lo que digan.

Ojalá en la escuela y la familia fuésemos capaz de acompañar el error de nuestros pequeños con empatía, regalándoles nuestra comprensión y ayuda, encorajándoles a trabajar con determinación. Explicándoles una y mil veces que se puede ganar perdiendo, que quien la sigue la consigue.

Ojalá TODOS seamos capaz de entender que al final la VIDA se mide por las dificultades superadas, que la grandeza reside en las veces que tienes coraje de volver a intentarlo sin tener que esperar al momento adecuado.

dissabte, 12 de gener de 2019

APREDER A VIVIR A MÁXIMA INTENSIDAD

Corremos siempre aunque no sepamos muy bien hacia donde. Seguimos tendencias, nos dejamos arrastrar por las modas. Buscamos siempre los tres pies al gato, los peros y los porqués. Vivimos entre prejuicios, clichés preestablecidos y promesas por cumplir.

Aparentamos tener una vida perfecta, deseamos cosas para las cuales no estamos preparados, envidiamos lo que otros consiguen. Seguimos caminos que otros deciden, nos sentimos insatisfechos, siempre queremos más. Compramos el humo que otros venden, aparentamos una felicidad que no siente nuestra alma.

Repetimos cíclicamente los mismos errores, buscamos los cómo antes que los por qué. Postergamos dar ese paso que va a sacarnos de la aspiral que nos encarcela, creemos las mentiras que nos venden nuestros miedos. Nos limitamos torpemente por pánico a fracasar.

Vivimos dispersos, con prisas, sin priorizar lo que es realmente importante. Estamos permanentemente ocupados, sepultados por listados de tareas pendientes, por las cosas por hacer.

Nos hemos acostumbrado a sobrevivir, a aparentar, a quemar nuestros días torpemente. A  conformarnos con los restos, a dejarnos llevar por la inercia.

Que poco respetamos a la VIDA, que torpemente aprovechamos las oportunidades que a diario nos regala.

Aprender a fluir con la vida no es fácil pero debería ser una obligación. Ojalá en la escuela se impartiese una asignatura llamada "APRENDER A VIVIR a MÁXIMA INTENSIDAD".

Una materia  prioritaria que te explicase que la vida es un REGALO diario que debemos saber exprimir. Que nos enseñase que un simple traspiés puede arrebatarte todo aquello que no eres capaz de valorar en un solo instante.

Lecciones que nos entrenasen desde bien pequeños a mirar a la vida con optimismo,  con ganas de entenderla, de buscar nuestra mejor versión. A aprender a decidir como queremos sentirla,  a ser responsables de nuestras emociones, decisiones o modos de actuar, a saber poner el foco en lo que es realmente importante.

Una materia que nos instruyese a darle la mano a la incertidumbre, a mostrarnos proactivos, a ser flexibles. A saber lo que no queremos, a actuar con valor y decisión. A estar dispuestos a reaprender a diario.

Una disciplina que nos enseñase que vivir es asumir riesgos, que el error es parte imprescindible del viaje, que la realidad cambia según las ganas que tengas de mirarla diferente. Que no existen caminos fáciles que merezcan la pena ni atajos realmente efectivos. Que nos entrenase a sobresalir de nosotros mismos, a poner las emociones a nuestro favor, a agradecer a diario. 

Ojalá todos fuésemos capaces de recordar siempre que  LA VIDA ES AQUELLO QUE PASA MIENTRAS  HACEMOS OTROS PLANES.

dissabte, 15 de desembre de 2018

CONFÍA EN MI

Nos empeñamos a creer que educar es atiborrar a nuestros hijos o alumnos con el mayor número de contenidos, de procedimientos a ejercitar o conceptos por memorizar. Nos obsesionamos con la idea que lo más importante es la cantidad de aprendizajes que puedan llegar a absorber o los títulos que puedan conseguir.

Dedicamos todos nuestros esfuerzos en buscar el mejor método para enseñar,  las mejores estrategias  para explicar. Enseñamos preocupados por cumplir con el currículum o los ránkings que etiquetan.

Ninguno de nuestros esfuerzos darán sus frutos si olvidamos que la CONFIANZA debe ser el pilar fundamental para EDUCAR. Nuestros pequeños necesitan adultos que CREAN en ellos sin condición, sin peros ni porqués.

Compañeros de viaje que CONFÍEN a fuego en sus posibilidades, que les ayuden a descubrir sus  talentos, que les inciten a ser unos inconformistas cuando persigan sus sueños.

Adultos que demuestren su afecto, que crean en sus intentos, que los acepten de forma incondicional. Que les dejen el tiempo necesario para aprender, para errar, para volver a empezar. Que contesten sus dudas con paciencia, que les animen a hacerse preguntas.

Padres, madres o profesores que consigan que se sientan especiales, únicos. Que les empoderen y les repitan a diario que con trabajo y perseverancia van a ser capaces de conseguir todo aquello que se propongan.

Una CONFIANZA que impulse, que les haga sentir poderosos,  que les de alas para caminar solos. Con grandes dosis de cariño, de paciencia y comprensión. Con miradas cómplices que empujen, abrazos que espanten miedos, besos que protejan.

Nuestros pequeños necesitan educadores que les encorajen pase lo que pase, hagan lo que hagan.  Que les entrenen en la valentía, en ser capaces de creer en su intuición, que les enseñen a creer en ellos mismos. Que les demuestren que ganan cada vez que son capaces de intentarlo.

Unos referentes que les enseñen que no deben avergonzarse por lo que sienten o piensan, que les feliciten cada vez que se muestren osados, que brinden oportunidades para aprender. Que contagien seguridad, aprecio y respeto.

Una CONFIANZA que de alas para pensar y decidir, para probar y liderar, para tropezar y volverlo a intentar.

CONFIAR es la mejor manera de demostrar lo mucho que se ama.

dissabte, 1 de desembre de 2018

LA CAJA DE SENTIMIENTOS

- ¿Cuántos regalos puedo pedir en mi carta a los Reyes Magos?

- Te propongo que sólo pidas lo que realmente te haga ilusión.

- Voy a pedirles una caja de sentimientos.

- ¿Caja de sentimientos? 

- Sí una caja dónde pueda guardar esos sentimientos que a veces me harían falta tener y, en el momento que los necesito, no los siento. Como cuando estoy triste por algo y lo que me gustaría en realidad es sonreír.

- Sería un cofre fantástico.

- La caja también me serviría para guardar aquellas emociones  que me hacen sentir mal o triste, aquellas que duelen por dentro. Aquellas que parecen que me rompan a pedacitos.

- ¿Y que sentimientos te gustaría que viniesen en ella?

- Me gustaría que estuviese llena de felicidad, sorpresa y amor que es lo que más me gusta sentir. 

- ¿Y cuáles esconderías en el fondo de tu cofre? 

- La rabia, los celos y la culpa son los que me hacen sentir peor. Me llenan de ganas de llorar, de gritar o esconderme bajo las sábanas.

- Yo de ti dibujaría una preciosa caja en tu carta, sus majestades son sabios y seguro que te harán caso.

Para mí los sentimientos son los síntomas que te alertan que aún estás vivo. Emociones que en ocasiones te reconfortan y en otras te invaden de miedo o frustración. Todo aquello que pasa a nuestro alrededor o en nuestro pensamiento provoca un carrusel de emoción.

Me parece primordial educar las emociones. Soy de las que pienso que la inteligencia emocional se transmite de padres a hijos, de maestros a alumnos, somos el mejor ejemplo. Ser consciente de lo que sentimos nos permite tomar el control de nuestra vida, combinar la razón y la emoción de forma equilibrada. Todas las emociones, tanto las positivas como las negativas, forman parte de nosotros. Aprender a identificarlas, regularlas y gestionarlas será fundamental para conseguir nuestro propio bienestar y el de los demás.

Enseñar a nuestros pequeños a sentir con naturalidad, a estar presentes en el presente, en el aquí y el ahora, a verbalizar todo lo que les pasa por dentro. El miedo, la culpa, la ilusión o la alegría, forman parte de nuestras vidas. Saber gestionar las cientos de emociones que sentimos por cada poro de nuestra piel, nos permitirá tener un coeficiente emocional que nos acercará al éxito. Seremos capaces de querernos, respetarnos, gestionar conflictos y decidir de qué forma queremos afrontar nuestra existencia.

Hablar de cómo me siento, de por qué me siento así, de si nos gusta o no lo que sentimos, de plantearnos qué podemos hacer para cambiar y sentirme mejor, de disfrutar dejando fluir todas las emociones.

Crear un ambiente familiar donde se sientan amados, aceptados y respetados. Un entorno coherente, predecible, que les proteja y les exija al mismo tiempo. Conseguir que sean personas empáticas que descifren todo aquello que pase a su alrededor.

- Si los sentimientos se pudiesen comprar, ¿tú crees que todos tendrían el mismo precio?

dijous, 29 de novembre de 2018

MUCHO MÁS QUE CORRER


Unas décimas de segundo bastan para que todo cambie radicalmente, para que tus días queden congelados, para que tu tobillo se parta en dos. Una simple torcedura que  provoca que todo se frene, que cada uno de tus objetivos se desvanezcan, que te toque volver a empezar de cero.  Que difícil es aceptar que en ocasiones la vida te enseña a golpes.

Una grave lesión que te hace sentir frágil, que es capaz de sacar tu mejor y peor versión. Que te exige confiar en tu perseverancia, luchar a diario contra tu mente y pone sobre el papel la posibilidad de que no vuelvas a correr. Un tropiezo que te hace mucho más agradecida, más humilde, más paciente.

Nuestra inmensa torpeza nos lleva a menudo a valorar las cosas cuando ya no las puedes hacer, cuando aparece la imposibilidad. Más de un año de recuperación sin poder correr me ha permitido reconocer lo mucho que el atletismo aporta en mi vida, aceptando que la ha transformado radicalmente.

Quien corre sabe que calzarse unas zapatillas es mucho más que dar zancadas, participar en carreras o colgarse un dorsal. Cientos de historias, de motivos, de circunstancias provocan que a diario millones de personas en todo el mundo salgan a correr.

Están los que buscan retos al alcance de pocos, los que quieren cambiar hábitos, los que corren por los que no pueden. Los que desean compartir momentos, los que lideran retos solidarios, los que salen en solitario a cazar sueños. Están los que quieren ayudar a otros a que sean mejores, los que cumplen promesas, los que corren en busca de motivos para sonreír.

Miles de razones con un mismo destino, la superación personal. Retos que te llevan a apostar a fuego por ti mismo, a comprometerte paso a paso, pase lo que pase. Fortaleciendo tu tenacidad, aprendiendo que las batallas se ganan con la práctica diaria, con la osadía, con el tesón.

Sacrificando horas de descanso, haciendo equilibrios para conciliar los entrenamientos con tu vida, robando horas al alba.

Una búsqueda de sensaciones que te hacen sentir diferente, que convierten los fracasos en aprendizajes, que llenan tu existencia de valores. Que te enseñan a disfrutar sin más de la soledad, a desafiar tus límites, a creer en tu determinación. Una rutina que te ayuda a encontrarte, a aceptar desafíos que te engrandecen, a no permitir regatear con tus ambiciones. Sin condiciones, creyendo en las utopías, deseando ser cada día un poquito mejor.

Un deporte que te demuestra que el éxito no se mide por tus marcas sino por tu empeño, valentía y corazón. Por las agallas que le pones cada vez que vuelves a intentarlo, por ser capaz de empequeñecer tus miedos creyendo que las grandes gestas se construyen a diario.

Que complicado es describir todas las emociones que experimentas cuando cruzas el arco de meta, cuando sientes que has ganado gracias a tu coraje, tu amor propio, tu ahínco. Sin haber secundado a las ganas de lanzar la toalla cuando todo se balanceaba, alegrándote de las victorias de tus compañeros, sabiendo que te has convertido en el mejor ejemplo que tus hijos puedan tener.

Mucho más que correr, que dar zancadas, que colgarse una medalla.