Sònia

Sònia

dissabte, 29 de setembre de 2018

BAILAR CON LO IMPREVISTO

Tenemos la necesidad imperiosa de CONTROLARLO todo, de saber qué pasará mañana, de anticiparnos a los acontecimientos. Todo está medido, cuantificado, examinado. Programamos a años vista, poco lugar le dejamos a la improvisación.

Nos obstinamos por cumplir con las normas establecidas, con no pasar los limites, con seguir la ruta que otros han dibujado. Vivimos bajo un patrón estandarizado, atrapados entre el perfeccionismo y la exigencia.

Construimos nuestra vida con recelo, con una rutina estática, desechamos todo aquello que nos sorprenda. Nos han educado en el CONFORMISMO, en seguir los cánones, en ser pequeños. Poco nos han hablado de la bondad de lo improvisto, del encanto de la incertidumbre, de la creatividad.

Nos han hecho sentir que nunca es el momento perfecto para jugárnosla, para mirar diferente, para sobresalir. Que es mejor resignarse con poco, subsistir en la zona de confort, no alzar demasiado la voz. Viviendo de prestado es mucho más fácil sobrevivir.

Ojalá nos atreviésemos a ENSEÑAR a vivir el aquí y el ahora sin preocuparnos demasiado por lo que pasará mañana. A creer en que la única manera de crecer es estando dispuesto a caer, a equivocarte, a desafiar al futuro. Dejando  de justificar nuestros actos, con humildad, trabajo y arrojo.  Aceptando los cambios de planes, los imprevistos, las ocasiones que va a tocarnos ir a la deriva.

A dar la mano a lo impredecible, a bailar con lo imprevisto, a abrazar el CAMBIO. Conectando con las emociones, aceptando que quien arriesga puede perder pero es inmensamente más feliz.

Eduquemos en la determinación, resilencia, voluntad y disciplina. Enseñemos a confiar en el instinto, en dejar fluir, a darle una oportunidad a lo inesperado.

Motivemos a desafiar al miedo con descaro y descubrir los propios talentos. A trazar retos, a crear razones, a ser capaces de disfrutar del viaje porque quizás mañana se acabe.

Ayudemos a encontrar eso que nos hace diferentes, a pelear con agallas,  facilitemos que cada uno viva su historia a su manera.

Creyendo en el "y por qué no", poniendo los sueños por encima del ego, creyendo que cuando lo das todo ganas siempre.

Recordemos a diario que seguramente las cosas más bonitas aún no las hayamos visto, probado o  experimentado. Grabemos a fuego que SIEMPRE es el momento para HACERLO.

dissabte, 22 de setembre de 2018

¿POR QUÉ NO SE EDUCA ANTE EL MIEDO?

Fui una niña extremadamente miedosa. Recuerdo como el miedo me paralizaba, me hacía pequeña, me desbordaba. Un miedo que me hacía sentir extremadamente vulnerable,  que me privaba de hacer lo que realmente deseaba. Miedos que diluían sueños, que hacían añicos el alma.

Miedo a la oscuridad, a estar sola, a no ser lo suficientemente buena. A la muerte, a perder a los que quería, a no dar la talla. A ser diferente, a sentir demasiado, al rechazo. Miedo extremo a sentir miedo.

Un monstruo enorme que me perseguía,  limitaba y me obligaba a esconderme. Un fantasma atroz que me hacía disimular mis deseos, guardar las apariencias, ser alguien en el que no me reconocía.  Que intoxicaba mis elecciones, que me hacía actuar con excesiva prudencia.

Que poco nos entrenan para PLANTAR CARA al miedo. Para hablar de él sin tapujos, para poder identificarlo, para ser capaces de mirarlo a la cara con valentía. Para dejar de ser sumisos ante sus garras, para romper sus cadenas, para decirle "conmigo no puedes".


¿Por qué no nos han EDUCADO ante el miedo? Todo sería más fácil si desde pequeños alguien te explicase que TODOS tenemos miedo y que no por eso eres un cobarde. Que va a acompañarnos siempre y que deberemos aprender a domarlo. 

Ojalá nos aclarasen  que el problema no reside en tener miedo sino en el efecto que este tiene en nuestra vida. Que nos asegurasen que va a llegar un día en el que vamos a tener todas las armas necesarias para poder mirarle sin temor.

Ojalá nos enseñasen que la mejor manera de afrontar el miedo es aliándote con él, aceptándolo, conociéndolo. Cambiando tu forma de mirarlo, de ponerle nombre,  de conocer sus forma.

Asomándote ante él sin que te tiemble el pulso,  dándole la mano con firmeza, sin rodeos. Perdiendo el pudor a dejar ir,  a cerrar historias, a mirarte al espejo sin peros. 

Aprendiendo que el miedo flaquea cuando te atreves a buscar lo que realmente te gusta, cuando dejas de silenciar deseos, de tener temas pendientes contigo mismo. Dejándote de hacer de trampa, de engañarte con postergas, sin tener la necesidad de gustar a todos.

Creyendo que el propósito de la vida es crecer aprendiendo, cayendo, volviendo a empezar pese al miedo.

diumenge, 9 de setembre de 2018

11 ERRORES QUE NINGÚN EDUCADOR DEBERÍA COMETER


Empieza un nuevo curso escolar y con él las carreras, los horarios enloquecidos, las clases y las extraescolares. Vuelta a las aulas donde nuestros hijos se enfrentarán a nuevos y apasionantes retos educativos.

En ocasiones como padres nos obsesionamos con que aprendan el máximo de contenidos sin plantearnos si esos aprendizajes les van a hacer feliz. Llenamos sus vidas de actividades extras, de horarios desproporcionados, de exigencias inadecuadas.

Olvidamos enseñarles las competencias necesarias para vivir en equilibrio, para saber descifrar sus emociones, para conseguir ser perseverantes en la persecución de sus sueños.

Obviamos que lo más importante a la hora de educar es la necesidad de estar presente,  conseguir que sientan que les acompañamos sin condición y gozar de cada uno de los pequeños logros que consiguen a diario.

Por esta razón, deberíamos intentar evitar los siguientes errores a la hora de educar:

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR el máximo de contenidos o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y  sobretodo del ensayo-error.

ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad les va a hacer mucho más fuertes. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar. No nos convirtamos en su secretario personal.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

Educar a un hijo es sin duda una tarea ardua repleta de dudas e incertidumbre pero es también el mejor oficio del mundo. TU hijo/a NUNCA tendrá una mejor MAMA o PAPÁ mejor que TÚ.

diumenge, 8 de juliol de 2018

SIN FILTROS

Mostramos pocas agallas cuando se trata de nosotros. Invertimos nuestra energía en proteger a los que creemos que nos necesitan, en creer en los proyectos que otros saben defender, en admirar la osadía que poseen aquellos nos inspiran. Vivimos al rebufo de las necesidades o expectativas de los demás, dejamos que sean ellos quien decidan las normas del juego.

Nos miramos poco y mal. Creemos no merecer todo aquello que diseñamos en nuestros sueños. Colmamos nuestra imagen de defectos que nos limitan, que nos llenan de excusas, que nos inmovilizan. Admiramos el talento de los demás olvidando el nuestro, abandonamos cuando las cosas empiezan a tambalearse porque no confiamos en nuestras posibilidades.

A menudo nuestra sonrisa depende de la valoración que hacen los otros de nuestros logros, dejamos que decidan qué es lo que debemos sentir o a lo que debemos aspirar. Pedimos permiso para defender lo que nos corre por dentro. Nos anclamos a temores absurdos que nos sabotean, nos sentimos poco capaces de conseguir lo que nos proponemos. Nos medimos siempre por el rasero más pequeño.

Por suerte todo cambia cuando empiezas a querer tu IMPERFECCIÓN, cuando dejas de esconder tus miserias, cuando aceptas cada uno de tus defectos. Y entiendes que la vida le sonríe al que se la juega, a quien tiene agallas de probar sin complejos, a quien cree en él sin peros.

Y decides ir con todo a por tus proyectos, a pelear sin reservas, a crear oportunidades.

Aprendes a vivir sintiéndote orgulloso de cada uno de tus pasos, de tus intentos, de cada uno de tus tropiezos. Sin mirar atrás, cogiendo la responsabilidad ante las circunstancias, simplificando miedos. Y dedicas tu alma a lo que realmente deseas, soltando lastres, sin depender de nadie. Dándote permiso para intentar cosas que otros piensan que son imposibles.

Aprendiendo a perdonar tus errores, a disfrutar de todo lo bueno que te pasa, asumiendo que las cosas que más duelen son las que más enseñan. Abrazando la vulnerabilidad como mejor manera de crecer, sin la necesidad de gustar siempre, sin tener que justificar aquello que te marca tu instinto.

Dejando de poner filtros, descubriendo que el PEOR de los enemigos somos NOSOTROS MISMOS

diumenge, 24 de juny de 2018

VOLVAMOS A INTENTARLO

Nos asusta equivocarnos pero seguramente a lo que más pánico le tenemos es a la reacción de los demás ante nuestro fracaso. Tenemos la necesidad de esconder cada uno de nuestros tropiezos, de intentar maquillar cada una de nuestras malas decisiones, de disimular cada vez que erramos en nuestros objetivos.

Nos avergonzamos absurdamente de nuestra falta de destreza, de no estar a la altura que otros han  marcado por nosotros, de fallar en nuestros intentos. Dejamos que ridiculicen nuestros deseos o intenciones cada vez que las cosas no salen como esperábamos, que sean otros los que marquen nuestro camino. No nos creemos lo suficientemente buenos, cualquier contratiempo limita nuestra confianza.

Leemos de forma incorrecta nuestros errores, nos hacemos pequeños cuando todo empieza a tambalearse. Permitimos que los fallos intoxiquen nuestros sueños, que nos encadenen a la desesperación. Evitamos fallar por miedo al ridículo o a parecer indefensos.

Ojalá que desde pequeños nos enseñasen a FALLAR, a identificar en nuestros errores todo aquello que nos quieren enseñar. A considerarlos parte imprescindible del juego, a no anclarnos a ellos. A invertir nuestra energía en las soluciones, en superarlos con determinación.

Por suerte un día aprendes que el mundo es de aquel que se levanta con más fuerza después de cada fracaso, que es imprescindible aprender a fallar útilmente, que cada fracaso nos enseña algo imprescindible que necesitábamos saber.

Los errores nos permiten practicar nuestra vulnerabilidad, conocer nuestras limitaciones, fortalecer nuestro talento, ejercitar nuestra perseverancia. Sin error no hay evolución, no hay aprendizaje, no hay nuevos caminos por dibujar.

Deberíamos aprender a medirnos en función de nuestras agallas para jugar, para aventurarnos, para apostar a doble o nada sabiendo que podemos errar. Atrevernos a hacer aquello que nos marca nuestra intuición sin tener garantías de éxito, a no encogernos cuando toca remar a contracorriente. A despojarnos de excusas, de lamentos, de arrepentimientos.

Dejemos de maximizar las consecuencias de nuestras caídas,  no pidamos permiso a aquellos que no se atrevieron, hagamos las cosas sin la necesidad de controlar todas las variables del juego.

No podemos asegurarnos el triunfo pero si que podemos comprometernos a fuego con lo que deseamos.

Aprendamos a levantarnos minimizando daños, a tener confianza en nosotros mismos, a perder el miedo a mostrar lo que realmente somos. A pedir perdón cuando sea necesario, a admitir que la perfección no nos acerca a lo que realmente necesitamos. El propósito de la vida es crecer aprendiendo, cayendo, volviendo a empezar.

Ojalá fallemos muchas veces, ojalá aprendamos de cada tropiezo.

dissabte, 16 de juny de 2018

HOY ES EL DÍA

Nadie debería cumplir años sin sentir que ha alcanzado muchos de sus sueños, sin ser capaz de mirarse al espejo y regalarse una sonrisa, sin saber que tiene cosas que le hacen especial.

Nadie debería hacerse mayor sin aceptar sus defectos, sin admitir sus errores, sin estar convencido que merece todo lo bueno que le pasa.

Nadie debería soplar las velas de su pastel sin sentir que es un buen ejemplo para los que le rodean, sin agradecer todo lo bueno que tiene, sin tener la certeza que pelea por cada uno de sus retos.

Nadie debería crecer sin creer en los imposibles, sin sentirse arropado por los suyos, sin que alguien le diga te quiero a diario.

Vivimos a medio gas, los años se nos escapan torpemente. Divagamos por no tomar decisiones honestas, por no creer en nuestro talento, por no escuchar nuestra intuición. Optados por sentirnos cómodos entre nuestros pretextos, miedos o rodeos. Posponemos nuestros deseos por creer que nunca es el momento adecuado, por sentirnos pequeños, por no estar dispuestos a apostar a fuego.

A menudo dependemos de la aprobación de los otros para creer que podemos hacerlo, son ellos quien marcan las reglas de nuestro juego. Pedimos deseos a las estrellas fugaces en vez de tener la valentía de crearlos, agachamos la cabeza cada vez que las piezas de nuestro engranaje empiezan a tambalearse.

Ojalá nos enseñasen desde pequeños que la vida tiene fecha de CADUCIDAD, que pasamos por ella pero no vamos a ser eternos. Seguramente muchos de nuestros ridículos complejos desaparecerían, nuestras falsas promesas no saldrían de nuestros labios.  Dejaríamos de guardamos caricias, te quieros, por qués. 

Por suerte cumplir años te hace replantear caminos y te obliga a no dejar pasar ningún tren. Ver cerca las orejas al lobo te sacude bien fuerte y te enseña la necesidad de que cabeza y corazón se alineen. 

El paso de los años te hace ser más honrado con tus sentimientos, te exige empezar a sobresalir de tu propia vida.  Te enseña a jugar con las señales, a estar con plenitud, a creer en los por qué no. A hacer eso que más te asusta, a tener el valor de buscar lo que de verdad te importa, a escuchar con mimo tu voz interior. A ser responsable de cada decisión, a decir NO con mayúsculas, a exponerte sin reservas.

Lo mejor de cumplir años es ya que no confundes el SER con el TENER.

dissabte, 9 de juny de 2018

SENTIR SIN CONDICIÓN

No nos han educado para expresar lo que nos preocupa, asusta o incomoda. A identificar lo que nos atormenta o desconcierta. A saber qué hacer con lo que nos pasa, a descodificar lo que nos remueve, a entender el carrusel de nuestras emociones.

Nos han enseñado a enmascarar nuestros sentimientos, a esconder todo lo que nos inquieta, a maquillar nuestra tristeza porque no está de moda hablar de ella. Han dedicado poco tiempo a entrenar nuestra alegría, nuestras ilusiones, nuestra estima.

Disfrazamos nuestros miedos o deseos, magnificamos emociones absurdas, relegamos las emociones que de verdad importan. Desciframos de forma incorrecta nuestro mundo interior, simulamos controlar los entresijos de nuestras entrañas. Dejamos que nos cuestionen por pavor a que nos hagan daño, descuidamos nuestras necesidades, silenciamos nuestro corazón.

Creamos corazas, aparentamos justo lo contrario de lo que somos, nos engullen los deseos ajenos. Intentamos gustar siempre, atacamos por sentirnos débiles. Intentamos racionalizarlo todo, consumimos fugazmente emociones, nos emocionamos mucho pero no sabemos sentir.

Adoptamos comportamientos que nos alejan de entender lo que nos corre por dentro, desconfiamos de las muestras de cariño, sentimos inducidos por los demás. Aparentamos lo contrario de lo que sentimos, pensamos demasiado y mal, vivimos en un auténtico caos emocional. 

Nadie nos ha enseñado a ver en la derrota, el sufrimiento o la pérdida una nueva oportunidad. A leer
los momentos complicados, a saber disfrutar de lo bueno. 

Nos empeñamos a aprender muchos idiomas olvidando el más importante, el del corazón. El lenguaje del sentir, de la emoción. Buscamos en sitios equivocados lo que dicta nuestro corazón olvidando que la respuesta está justo en aquello que nos hace latir por dentro.

Ojalá aprendiésemos a sentir sin peros ni pros, a creer en el poder de las emociones. Esas que definen quienes somos, nuestra forma de mirar el mundo, nuestra forma de exprimir todo aquello que nos pasa.

De ellas dependen nuestros éxitos o fracasos, nuestros intentos o postergas, nuestra iniciativa o pasividad. Emociones que se convierten en las  protagonistas de nuestras decisiones,  que condicionan nuestra forma de mirar la vida, de construir nuestros proyectos.

Aprendamos a entender que a veces las cosas duelen, que lo que nos agita es lo que al final nos va a liberar. Aceptemos lo que sentimos, decidamos lo que sí queremos, empaticemos con todo aquello que nos rodea. Miremos con optimismo, valoremos lo que ya tenemos, equilibremos nuestras emociones para que alienten nuestra perseverancia, para que motiven nuestras metas, para que nos comprometan con nuestros deseos.

Aceptemos que los demás no siempre sienten igual que nosotros, optimicemos nuestra alegría, nuestra ira, nuestra euforia. Dejemos que las emociones nos transformen, escuchemos nuestro alma con ganas de entenderla, creamos en nuestra intuición.

Identifiquemos nuestras emociones, conectemos con ellas, regulémoslas con inteligencia, integrémoslas en nuestro día a día. Emocionémonos, lloremos de alegría y pena, riamos sin condición. Hagámonos responsables de todo lo que sintamos, atendamos únicamente lo que es realmente importante, expresemos nuestra emoción sin filtros.

Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría.