Sònia

Sònia

dissabte, 12 de maig de 2018

NO ERES TAN IMPORTANTE

No eres tan importante como te piensas ni tan imprescindible como a veces sientes. La vida va a seguir girando independientemente de lo que tú estés dispuesto a exprimirla. Sólo unos pocos van a recordarte cuando ya no estés. Nunca vas a ser capaz de contentar a todo el mundo. 

Posiblemente no inventarás nada imprescindible para la humanidad, ni escribirás el best seller que de solución a tu hipoteca. La fama que ansías es poco probable que llegue y la mayoría de tus ideas nunca serán transgresoras. A menudo no vas a lograr ser lo que los demás esperan de tí. No encontrarás a nadie que tenga la solución a todos tus problemas pero sí a cientos que estén dispuestos a opinar sobre ti sin apenas conocerte.

Quizás nunca entenderás el por qué de tus malas rachas, de tus tropiezos, de tus meteduras de pata. El por qué nunca sientes que es el momento adecuado para empezar a apostar a fuego por tus sueños, para creer en la magia.

Tu ego va a convertirse frecuentemente en el peor de tus enemigos haciéndote creer que mereces que te quieran como a ti te gustaría, que te acepten con tus condiciones, que te valoren por cosas que no has tenido agallas de intentar.

Ojalá llegue el día en el que te de des cuentas que estás en el lugar que ya no que quieres estar. Ese en el que dejes de vivir sin aparentar, sin postergar, sin justificar tus decisiones. En el que dejes de disimular tus fantasmas y tengas agallas para ser esa persona que realmente deseas.

Seguramente tu felicidad pase por empezar a creer en tu grandeza, por valorar tus intentos, por prestar atención a lo que te dicta el corazón. Sin tener que esperar la aprobación de los que te rodean, creyendo que mereces lo mejor.

Atreverte a salir del sistema que otros han ideado para ti, pelear aunque toque ir a contracorriente. Aprender a adorar tus cicatrices porque hablan de tus batallas, a asumir el riesgo de tus emociones, a descubrir lo que es realmente importante. Defender tus sueños con uñas y dientes, creer en la utopía, estar en paz cada vez que sientas que has hecho todo lo que estaba en tus manos.

Quizás para empezar a ser importante deberías empezar a CREER en ti sin CONDICIÓN.

dissabte, 5 de maig de 2018

SER MAMÁ EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO

- ¿Cuál es el mejor oficio del mundo? ¿aquél en el que ganas más dinero o en el que debes trabajar poco?

- El mejor oficio del mundo es aquel que te haga realmente feliz. 

Su pregunta me transporta instantáneamente al pasado. Recuerdo cómo durante mi infancia me incomodaba enormemente que alguien me preguntara qué quería ser de mayor. Primero, porque yo nunca tuve prisa por crecer. La segunda razón era porque no tenía ni idea a que quería dedicarme en el futuro. Deseaba a diario que por arte de magia me llegase mi vocación.

Nunca imaginé que un llanto pudiese hacerme tan feliz. Fue en el momento en el que oí llorar a mi hijo por primera vez en el que supe que había nacido para ser mamá. Sentir por primera vez su calor, descubrir su olor, darle calor con mi piel. Recuerdo quererle desde el mismo momento que supe que estaba embarazada.

Jamás creí que la llegada de alguien tan pequeño pudiese dar un giro tan radical a mi existencia, que  cambiase mi forma de ver el mundo, de decidir, de sentir. De mirar al futuro y darle tanta intensidad a todo. Capaz de cultivar mi empatía, mi paciencia, mi comprensión. De reorganizar mis días, mis deseos, mi forma de querer.

Ser madre es sin duda la aventura más apasionante de mi vida, mi gran escuela de aprendizaje. Lo más hermoso y complicado que me ha pasado nunca. Elegir querer a alguien para toda la vida, sin peros ni porqués, dar sin guardar, amar hasta la imperfección.

Sin duda para mi el mejor oficio del mundo, el único capaz de descubrir lo mejor de mí, mi parte más dulce, protectora. Pero también con parte confusa, con ratos de sombra, de desilusión. De momentos de querer volver a tu vida de antes cuando eran otros los que cuidaban de ti.

Un regalo que te permite acompañar a alguien sin condiciones, mostrarle tu mejor versión.

Desear verle crecer, aprender, enseñarle a creer en él. Ofrecerle lo mejor que esté en tus manos, empoderarle para que se atreva a descubrir.

Compartir sus sueños, colaborar en el diseño de su camino, saber que pase lo que pase vas a estar a su lado. Alientarle a que vuelva a empezar, a probar sin garantías, a ser valiente.

Ser capaz de dejar que sufra, que caiga, que aprenda de los tropiezos. Que coja caminos equivocados, soluciones desbocadas.

Enseñarle a volar, a creer en su instinto, a crear sus cimientos.  A asumir las consecuencias de sus elecciones, a decidir lo le hace feliz, a liderar sus días. A quererse sin excusas, a pelear por sus retos.

No creo que exista palabras más bellas en el mundo que un "Te quiero mamá".

ENCONTRÉMONOS EN NUESTRAS DIFERENCIAS

La mayoría de nosotros hemos sido educados para cumplir con los requisitos que algunos han definido como normalidad. Unos principios que seguimos y asumimos como borregos. Unos patrones que nos asemejan sin sentido, que limitan nuestra forma de mirar. Todo es mucho más sencillo  si vivimos igual, si sentimos igual, si actuamos igual. Si hacemos o necesitamos lo mismo, sin callamos lo que nos incomoda por miedo a salir de la norma.

Reproducimos una cultura en la que es legítimo imponer, estigmatizar, descartar aquello que consideramos diferente. Rechazamos todo aquello que se aleja de esos parámetros, de esas costumbres, del molde que han establecido por nosotros.

La diferencia nos incomoda, nos produce inseguridad, nos hace vulnerables. Es mucho más fácil normalizar el rechazo, cargarla de etiquetas, de prejuicios, de silencio. Hacerla invisible, condenarla sin sentido, construir muros para hacerla desaparecer.

Todo es mucho más simple si no salimos de la norma, del camino, de lo que algunos han definido como lo ordinario.  Esa normalidad que nos carga de absurdo, nos priva de conocer, nos hace mucho más pequeños. Que nos convierte en miserables cada vez que giramos la cara a la realidad.

La diferencia nos da miedo porque cada vez que la hemos sentido en primera persona nos ha dejado marcada la piel. Nos ha castigado con frustración, con exclusión, con censura. Nos ha hecho salir de la casilla de salida con desventaja, vivir en un mundo paralelo, volvernos etéreos. Soportar miradas que no entienden, que condenan sin sentido, que engrandecen complejos y nos llenan de rechazo. Por eso cuando la vemos cerca optamos por convertirnos en testigos silenciosos del dolor que otros sienten, en seres miserables con pavor a volver sufrirla.

A la diferencia no se le hace frente únicamente con recursos sino con respeto, con ganas de conocer, de saber, de compartir. Cambiando conductas, trabajando por una equidad real, flexibilizando los sistemas.

Sin itinerarios excluyentes, sin excusas de presupuestos, garantizando el éxito para todos. Con adaptaciones que respondan a necesidades reales, rompiendo fronteras sin sentido, potenciando fortalezas. Con un trabajo de normalización real, con una educación que nos haga libres.

Utilicemos la EDUCACIÓN como el arma más poderosa para reinventar la sociedad. Una sociedad que mire la diferencia con empatía, libre de recelos, sin comparaciones cualitativas. Con ganas que nos sorprenda, que nos enseñe, que sea compartida. Que no permita que existan mundos paralelos donde se aísla, se castiga, se desaparece.

Un respeto que empiece por uno mismo y se extienda a los demás. Que se practique y se exija a partes iguales. Con el ejemplo como el mejor de los aliados, con la tolerancia como mejor instrumento. Porque el derecho a la igualdad no hay que merecerlo, ni ganártelo, ni esperarlo, ES UN DERECHO. 

dilluns, 23 d’abril de 2018

QUE NADIE TE DIGA

Que nadie te diga que no puedes hacerlo.

Que nadie te diga que no mereces intentarlo.

Que nadie te diga que no eres lo suficientemente bueno.

Dejamos que sean otros lo que valoren nuestros logros, critiquen nuestros tropiezos, decidan nuestros intentos. Tendemos a escuchar a aquellos que sin apenas conocernos son capaces de dudar de nuestras posibilidades, de sentenciar nuestro trabajo, de limitar nuestros retos. 

Solemos escucharles como si se tratasen de expertos de lo que nos corre por dentro. Les damos poder sobre nuestros días, permiso para valorar nuestros pasos sin conocer nuestro camino, sin entender nuestras cicatrices, sin saber de donde hemos resurgido.

Gente que creen que no merecemos todo lo bueno que nos pasa, que no aprecian nuestros esfuerzos, que no se molestan en conocer nuestra causa, en respirar nuestra pena, en reconocer nuestras fantasmas. Capaces de juzgar nuestros anhelos, de envenenarnos con sus sentencias, de envidiar nuestra valentía.

Personas a las que les otorgamos poder sobre nuestros quieros, que nos hacen pasar de puntillas por el mundo, que empequeñecen nuestra osadía. Que deciden lo que podemos intentar, ser o pensar. Que envenenan nuestras virtudes y utilizan nuestro potencial para su beneficio. 

Opiniones que nos hacen pequeños, que limitan nuestros sueños, que encogen nuestro derecho. Palabras que ciegan nuestra alma, que determinan nuestro atrevimiento, que alzan muros que nos separan de nuestros empeños. Que nos siembran de dudas, que nos hacen sentir que no estamos lo preparados, que nos llenan de reproches e inseguridades.

Cuando se trata de nosotros no nos protegemos lo suficiente, no defendemos nuestros principios, no escudamos nuestra alma. Permitimos que cualquiera critique nuestras decisiones, corte nuestras alas, chantajé nuestros deseos. 

Dejemos de escuchar a aquellos que cuando todo se empiece a tambalear no van a estar a nuestro lado, no van a tener el valor de sacar la cara por nosotros.

Rodeémonos de aquellos que sin necesitarnos quieren seguir a nuestro lado, que no se avergüenzan de nuestros errores, de nuestras salidas de tono. Aquellos que defienden nuestra locura aunque no la compartan, que confían en nosotros conociendo el riesgo, que ofrecen su ayuda sin que tengamos que pedirlo.

Elijamos a aquellos que quieran venir con nosotros de la mano, que nos dejen ser, que crean en el valor de nuestras palabras. Que nos animen a seguir adelante, a pelear por nu

Que nadie nos diga que no tenemos derecho a decidir donde vamos a ser felices, lo que nos sobra, el precio que le otorgamos a las cosas.

Que nadie nos diga que no merecemos lo que conseguimos gracias a nuestros trabajo y perseverancia.

Que nadie nos diga cómo debemos plantar cara a nuestros miedos, a nuestras vicisitudes, a cómo nos enfrentamos al riesgo.

Que nadie nos diga que nuestra sonrisa no enamora, que  no tenemos derecho a volver a empezar de cero,  a creer en la belleza de los sueños.

diumenge, 15 d’abril de 2018

SEAMOS HÉROES IMPERFECTOS

Dicen que de los peores tropiezos se sacan los mejores aprendizajes.

Dicen que cada caída al vacío nos enseña algo que necesitábamos aprender.

Nos educan para el éxito, para exprimir nuestro potencial, para sobresalir. Para lograr cosas extraordinarias, para saber buenos en todo, para ganar siempre. Para conseguir las cosas de forma inmediata, para destacar de forma brillante, para vivir siempre sonriendo. Para publicitar todo lo que conseguimos, para disfrutar de nuestro ego.

Poca gente nos habla de los malos momentos, de los tropiezos, de las veces que nos va a tocar volver a empezar de cero. De las muchas ocasiones que abandonaremos proyectos, de que a menudo no van a salirnos las cosas como queremos. De la tristeza a la que nos encadenan los errores, de cómo los tropiezos van a mermar nuestra autoestima.

Ojalá nos contasen que los grandes triunfadores también han caído cientos de veces, que han fracasado al igual que nosotros. Ojalá nos enseñasen a disfrutar de ir a la deriva, a no avergonzarnos de nuestras equivocaciones, a sentirnos orgullosos de nuestros intentos. de nuestra valentía. De que a menudo las mejores cosas llegan después de una brava tormenta, de una puerta cerrada, de una oportunidad perdida. 

Aprendamos de los tropiezos, de las caídas, de los fracasos. De las equivocaciones que nos permiten romper con el pasado, que renuevan nuestra confianza, que nos reorganizan por dentro.

Que hay errores que no se equivocan, que  regalan oportunidades, que descubren talentos. Que instruyen a ser más ambiciosos, a ir a contracorriente, a jugársela. 

Seamos héroes imperfectos que luchan contra el conformismo consigan o no sus metas, que viven sin depender de si hay o no recompensa. Que entienden que la valentía es hacerlo aunque estés muerto de miedo. Que creen en ellos aceptando las imperfecciones.

Vivamos sin esperar nada a cambio, sabiendo que el éxito pasa por creer que se puede ganar perdiendo, confiando en el empeño que le pongas a tus metas, en las horas de trabajo, en los intentos. En amar lo que haces aunque no salga perfecto, en probar sin garantías, en confiar en los pequeños gestos. En aprender a caer, a recomponernos.

Dejemos de crear excusas, no permitamos que nuestros sueños sean reemplazados. Atrevámonos a dejar lo que siempre hemos hecho, a comprometernos con lo que nos corre por dentro. A pactar con la incertidumbre, a perdonarnos cada vez que no logras estar a la altura, sin permitir vivir de prestado.

Llenemos nuestros días de contratiempos que nos aleccionen, que nos hagan crear estrategias, que nos enseñen a encajar las dificultades. Que nos demuestren que no siempre el reto es llegar a la meta sino atreverse a trazar nuevos mapas.

Ojalá fracasemos muchas veces, al final te das cuenta que quien no arriesga ni gana ni pierde, ni aprende ni consigue, ni disfruta ni avanza. Vayamos paso a paso pase lo que pase.

diumenge, 8 d’abril de 2018

ERES UN COBARDE

Eres un cobarde cuando renuncias a lo importante por miedo a sobresalir.

Eres un cobarde cuando no te atreves a cerrar etapas que sólo te encadenan al fracaso.

Eres un cobarde cuando pides perdón sin ser tu el culpable.

Eres un cobarde cuando no te atreves a SER.

Eres un cobarde cuando intentas convencerte que es tarde para atreverse.

Eres un cobarde cuando desperdicias tu talento. 

Eres un cobarde cuando te conformas con poco por creer que no mereces más.

Eres un cobarde cuando ocultas lo que te corre por dentro.

Eres un cobarde cuando finges estar bien y tu alma está partida en dos.

Eres un cobarde cuando decides abandonar lo que realmente te roba una sonrisa.

Eres un cobarde cuando soportas en los otros lo que no aguantas en ti.

Eres un cobarde cuando inventas excusas que roban oportunidades.

Eres un cobarde por disfrazar las palabras que no te atreves a decir.

Eres un cobarde cuando postergas tus sueños por temor a perder.

Eres un cobarde cuando eres incapaz de admitir que estás roto por dentro.

Eres un cobarde cuando deseas lo que otros han conseguido sin estar dispuesto a tomar riesgos.

Eres un cobarde cuando renuncias a tu principios por sentir que vas a contracorriente.

Eres un cobarde cuanto silencias  tu instinto que tanto sabe.

Eres un cobarde por pensar que no eres suficiente bueno para poder lograrlo.

Eres un cobarde por dejar tequieros para mañana y los abrazos en un cajón. 

Eres un cobarde cada vez que intentas convencerte que es tarde para volver a empezar de cero.

Eres un cobarde cuando justificas sin sentido lo que otros no se atrevieron a hacer.

Eres un VALIENTE cuando haces las cosas aunque sea temblando, aun sabiendo que es posible la derrota, cuando plantas cara a tus fantasmas. 

dilluns, 2 d’abril de 2018

¿CUÁL ES TU DESIERTO?

Una pérdida, una oportunidad perdida, un miedo irracional, un error que nos lapida...

Todo el mundo ATRAVIESA DESIERTOS. Esos que nos llenan de dudas, de peros, de desilusión. Que hacen las mañanas más grises, las madrugadas heladas, los atardeceres sin sabor. Desiertos que nos roban los sueños, nos atan a la tristeza, que nos sacan lo peor. Esos que nos hacen sentirnos pequeños, nos llenan de incertidumbre, de vacilación.

Desiertos de diferentes envergaduras, razones, muchos de ellos repletos de sinrazón. Que nos anudan a los pretextos, a las postergas, a la desilusión. Que nos alejan de la vida, de los retos, de la emoción. Que nos condenan a vivir en bucle, nos rompen a pedazos, nos hacen tropezar.

Desiertos que nos hacen respirar con esfuerzo, nos  alejan de la paz que tanto ansiamos, que parten nuestra autoestima en dos. Que tiñen la intención de dudas, hacen anhelar la suerte, nos contagian de envidia y decepción.

Desiertos que hacen más abrupto el camino, vuelven a abrir heridas, despiertan fantasmas, Que descontrolan la ira, nos contagian la rabia, hacen caducar promesas. Que te recuerdan ausencias, amaneceres perdidos, batallas olvidadas.

Desiertos que nos saturan de justificaciones, nos encarcelan en laberintos, desdibujan motivos. Que eliminan coartadas, resurgen complejos, condenan al silencio. Que te recuerdan ausencias, amaneceres perdidos, batallas olvidadas.

Desiertos que desaparecen cuando vuelves a creer en el ahora, en la posibilidad  empezar de nuevo.  Cuando estás dispuesta a apostar en ti a fuego, a confiar en tu talento, en pedir ayuda siempre que lo necesites. Cuando crees que mereces todo lo bueno que te pasa, cuando dejas de preocuparte por el mañana.

A menudo los desiertos se vuelven oasis cuando decides volver a sonreir a la VIDA.