Sònia

Sònia

dissabte, 17 de juny de 2017

EL PRIVILEGIO DE CUMPLIR AÑOS

- ¿Qué vas a pedir cuando soples las velas del pastel?

- Seguir cumpliendo años a vuestro lado.

- ¿Y qué pedías cuando eras pequeña?

- Tener una vida muy parecida a la que hora tengo.

Soy de las que me gusta cumplir años, cada año lo disfruto mucho más. Hoy tengo el privilegio de cumplir 42. El paso de los años me regala experiencia, tranquilidad, ganas de seguir aprendiendo. Estoy en esa etapa de la vida en la que me gusta más escuchar que opinar, donde quiero menos pero con más intensidad, esa en la que decides dejar de gestionar tu vida para pasar a liderarla sin necesidad de recibir un ultimátum. Ese momento en el que ya no te da miedo salir de lo preestablecido, donde te dejas guiar por lo que te dicta tu corazón, a priorizar de verdad.

El tiempo me ha hecho mucho menos arrogante, más consciente de mi propia ignorancia, me ha hecho vivir a menos velocidad. Me ha enseñado a aceptar, a entender, a reconocer lo que es realmente importante. A perdonar, a dejar de juzgar la diferencia, a aceptarme sin complicaciones, a amarme sin peros. A perder el miedo a cosas absurdas, a reírme de mis defectos, a abrazar sin contener.

Ese momento de la vida en el que sientes que todos los días son buenos para empezar de nuevo, que te atreves a ser irreverente, a mirar que hay justo detrás del miedo. En el que adquieres compromisos, crees en el sinsentido y te das cuentas que eres tú quien debes crear las oportunidades. En el que apuestas por aquellos que saben quererte, vives de acuerdo a tus prioridades y haces lo que esperas de ti con coraje y sin excusas.

En el que aprendes a aceptar los altos y los bajos del camino, a bailar con las adversidades que antes te paralizaban, a saber que las malas rachas tienen fecha de caducidad. A no ser demasiado dura conmigo mismo cuando soy cobarde, a expresar lo que siento sin miedo, a apretar los dientes cuando toca. A saber que la vida en ocasiones hace daño, a aceptar que has hecho todo aquello que juraste que no harías.

Gracias a todos los que me acompañáis en mi camino, espero que lo sigáis haciendo siempre.

dimarts, 13 de juny de 2017

HIJO, PERDÓNATE A DIARIO

- No me lo voy a perdonar nunca.

- No hay nada que perdonar, todo el mundo falla a menudo. Además equivocarse es una de las mejores formas de aprender.

- Ya, pero yo esperaba mucho más de mi.

- ¿Y eso significa que no vayas a conseguirlo nunca?

Tenemos la imperiosa necesidad de infravalorarnos, de autoderribarnos, de ser demasiados duros con nosotros mismos. Somos verdaderos expertos en el arte de reprocharnos, de poner peros en nuestro camino, de convertirnos en nuestros peores enemigos. Nos autoimponemos un nivel de exigencia que nos ahoga, nos paraliza e inútilmente nos aleja de lo que realmente deseamos. Nuestra estupidez hace que nuestros errores usurpen nuestros sueños o que nos acostumbremos a culpar a los otros de aquello que nos pasa.

Todo sería mucho más sencillo si aprendiésemos a perdonar nuestros errores sin resentimiento, a indultarnos de la culpa que nos hace sentir minúsculos ante las caídas, a eximirnos de la brutal responsabilidad de querer hacerlo todo perfecto. A ser capaces de disfrutar del sentimiento de saber que has hecho todo lo que estaba en tus manos aunque no lo hayas conseguido, a valorar nuestros sacrificios.

Ojalá aprendiésemos desde la valentía a saber valorar los tropiezos, a tener piedad cuando fallamos.  A simplificar nuestras vidas, a ser capaz de cuidar todo lo que valemos, a aceptarnos tal y como somos y no como nos gustaría ser. A saber huir de las comparaciones, a ganar la batalla a nuestro ego, a sentir que merecemos todo lo bueno que nos pasa. A no tener que vivir pendiente de las aprobaciones, a aceptar el cambio, a arriesgar sin freno.

A cortar con la carga del pasado, a aceptar la fragilidad, a amar nuestras fortalezas y debilidades. A soltar, a dejar fluir, a no atarnos a la mirada de los otros. A entrenar nuestro talento bajo la tormenta, a invertir en nosotros como el mejor capital, a comprometernos con avaricia. A mirar el mundo sin reproches ni excusas, a no vivir de alquiler en nuestras propias vidas, a no sentirnos pequeños antes los que no confían en nosotros.

A aprender que el perdón es la mejor forma de cerrar las heridas, a no preocuparnos si los otros no creen en nuestra locura, a no poner el piloto automático a nuestras emociones. A comprometernos con nuestra propia felicidad, a no necesitar convencer, encajar, imponernos parar sentirnos vivos. A no dar poder a los demás en nuestras vidas, a no vivir de sueños prestados, a no ser esclavos de los golpes de suerte para atrevernos a empezar de nuevo.

Hijo, perdónate a diario, vive sin la necesidad que la vida te ponga un ultimátum, sin aceptar las segundas opciones, sin esperar que los demás cumplan sus sueños mientras tu esperas el beneplácito para sonreír a diario.

dilluns, 29 de maig de 2017

VIVE A FUEGO

- ¿Qué es la mejor de la vida para ti?

- Que cada amanecer nos regale una nueva oportunidad.

- Pero a veces no nos da lo que esperamos.

- Esos días están repletos de los mejores aprendizajes.

- ¿Y cómo podemos saber si nuestras decisiones nos van a hacer feliz?

- Siendo conscientes de lo que realmente necesitamos.

De pequeña me obsesionaba saber que pasaría al día siguiente, necesitaba tenerlo todo controlado, la incertidumbre me daba pánico. Sin embargo, el paso del tiempo me ha enseñado que lo que hace realmente la vida emocionante es que cada uno decide cómo quiere que sea su mapa. Lo mejor de esta vida es que acaba teniendo el sentido que le quieras dar, nosotros elegimos el color a lo que hacemos, odiamos o deseamos. Sentir que sólo yo puedo conducir mis días, decidir la dirección de mis pasos, me hace sentir inmensamente libre. Únicamente yo decido que necesito para ser feliz.

Lo que da sentido a nuestros días es lo que sentimos y no lo que logramos tener. La vida se esculpe a diario, con paciencia y tesón. Sin excusas ni demoras, con pasión y ganas de apostar fuerte. Siendo conscientes que siempre seremos el mejor de nuestros proyectos y que nunca es tarde para atreverse, para empezar de nuevo, para apostar.

Aprender a vivir sin demostrar, sin necesidad de que aplaudan nuestros éxitos, que reconozcan nuestros esfuerzos, es uno de los pilares para conseguir sonreír a diario. Sin justificaciones ni evasivas miedosas, matando a diario nuestros demonios y nuestras sombras, creyendo en nuestros sueños. Teniendo muy presente que merecemos lo mejor y eliminando los autoengaños, los complejos, las creencias limitantes a nuestros proyectos. Aprendiendo a aceptar sin filtros, a dejar ir, a querer con grandiosidad.

Vivir es decidir, elegir tu ruta aunque los otros no la entiendan, querer amar sin tamiz, ser osado. Buscar la mejor versión de uno mismo sin aparentar, sin necesidad de adaptarnos al molde que los otros imponen, comprometiéndonos a diario, sin miedo a soñar grande.

Vivir es aspirar a ser una persona que merezca la pena conocer, que sepa decir no como mejor forma de respetarse, que ayude únicamente a sumar. Que crea en su propia locura, que sienta que merece todo lo bueno que consigue, que esté dispuesta en invertir en su potencial y buscar su excelencia. Que falle útilmente, que consiga dedicarse a algo del cual nunca quiera jubilarse.

Vivir es no acomodarse a esperar el momento, es hacer aquello que jamás creíste que serias capaz. Es arañar cada instante,  sin esconderte, sin que los demás te hagan pequeño, sin negociar tus necesidades. Es ejercer de ti mismo peleando a diario, mimándote ante el espejo, sin vergüenza ni reproches, con ganas de provocar lo mejor de ti. Agradeciendo las oportunidades, marcando tu propia diferencia, creando las mejores estrategias, desaprendiendo a cada instante.

Hijo vive a diario como si fuese tu última oportunidad, aprendiendo cosas que te hagan accelerar el corazón, relativizando lo que no es importante,  mirarando con confianza, siendo lo que dibujas.

dilluns, 15 de maig de 2017

EL AGRADECIMIENTO ES LA MEMORIA DEL ALMA

- ¿Por qué siempre me recuerdas que debo dar las gracias?

- Porque las personas agradecidas son mucho más felices.

- ¿Y por qué hay gente que nunca las da?

- Porque no han aprendido que el agradecimiento es la memoria del alma.

Dicen que la gratitud es uno de los caminos más cortos que llevan a la felicidad. Numerosos estudios avalan que las personas agradecidas son mucho más dichosas, más capaces de exprimir la vida, de sentir a diario el privilegio de estar vivos. Son personas que manejan con maestría la autocrítica, la gestión de sus emociones y focalizan sus vidas en todo lo positivo. No necesitan impresionar, viven sin prisa, saboreando cada pequeño logro.

Las personas agradecidas aprenden a diario, valoran los pequeños detalles conscientes que el tiempo es efímero. Un pequeño gesto rebosante de intención, una sonrisa auténtica, un silencio compartido, un abrazo cargado de afecto, tienen en ellos efectos poderosos.

La gratitud nos hace más leales, optimistas, empáticos y vitales. Activa nuestro cerebro a comprometerse, a actuar, a creer en el optimismo. Hace que abandonemos el lamento, la insatisfacción y las excusas.La gratitud se debe entrenar a diario y practicar con altruismo. Dar las gracias transforma nuestras vidas, nos regala momentos para construir, para crear.

Las personas agradecidas regalan oportunidades, escuchan sin juzgar, aceptan lo que el destino les depara. Ayudan a los demás a dar pasos al frente, a vencer miedos, a borrar pretextos de los sueños. Tienden puentes, se ofrecen, acompañan, siempre están disponibles sin esperar nada a cambio.Ven lo extraordinario en lo ordinario, son más libres y osadas, no se apegan a los resultados, le dan la mano a la incertidumbre sin titubear.

Valoran las dificultades porque les hacen más fuertes, las noches en vela porque les ayudan a dibujar nuevos caminos,  las caídas y tropiezos porque creen que es la mejor manera de aprender. A los que les hicieron daño por enseñarles qué tipo de persona no quieren en sus vidas, a los incomodan o critican por provocar su ira en la defensa de sus ideales.

Agradecen los consejos repletos de sabiduría, el sentirse acompañados por gente maravillosa que forman parte de sus días, que conectan con lo que necesitan, que logran hacerles únicos. Personas que colaboran a que llegues más lejos, que te impulsan a seguir adelante.

Hijo la gratitud fortalece vínculos, nos ayuda a liderar nuestros días, a educar nuestra alma para sentir a máxima intensidad.

dimecres, 10 de maig de 2017

QUIÉRETE BIEN ADENTRO

¿Por qué hay días que no nos vemos guapos cuando nos miramos al espejo?

- Porque olvidamos de mirarnos con ternura.

- ¿Y qué podemos hacer para sonreírnos siempre?

- Debemos aceptarnos sin peros ni pros.

- ¿Aunque hayan cosas que no nos gusten de nosotros?

- ¿Alguien ha dicho que debemos ser perfectos?

La autoestima es uno de los factores claves en el bienestar emocional de nuestros pequeños, pilar  fundamental en su desarrollo personal y social. De ella dependerá la creación de un buen autoconcepto y una adecuada respuesta emocional.

La clave de una buena autoestima radica en que nuestros hijos se sientan queridos, respetados y valorados. Somos el espejo en el que se miran a diario y por esta razón es imprescindible que les retornemos una imagen positiva, sin matices ni distorsiones. Debemos conseguir que nuestros hijos se sientan únicos, valiosos, capaces de todo.

Una adecuada autoestima será fundamental para conseguir un apropiado desarrollo personal, una buena adquisición de los aprendizajes, el establecimiento de relaciones positivas con el entorno y sobretodo la construcción de la propia felicidad. 

La autoestima se construye día a día a partir de las experiencias y las relaciones personales de confianza y estima. Un niño con buena autoestima es seguro, valiente y tiene una buena tolerancia a la frustración. Se siente especial, útil, responsable, orgulloso de sí mismo y feliz.

 La autoestima es un tesoro muy frágil, ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a construirla?

1- Creemos un buen VÍNCULO, una base afectiva segura. Seamos una fuente de confort, seguridad y protección para nuestros pequeños. Consigamos que sientan que les acompañamos sin CONDICIÓN y les queremos sin sobreprotegerlos. Demostrémosles amor y afecto a diario, dedicándoles tiempo de calidad. No nos cansemos de decirles lo MUCHO que les queremos y lo importante que son para nosotros.

2. Ajustemos nuestras EXPECTATIVAS a los hijos que tenemos y no a los que nos gustaría tener. Aceptémosles de forma incondicional sin excusas ni reproches. No les ahoguemos con nuestro excesivo nivel de exigencia, no deseemos hijos perfectos sino FELICES.

3. FELICITÉMOSLES por todo los que son capaces de conseguir a diario, utilizando un lenguaje positivo, hagámosles conscientes de todas las fortalezas y capacidades que poseen. CONFIEMOS en ellos, respetemos sus intereses, necesidades y ritmos para aprender.

4. Trabajemos a diario la TOLERANCIA a la FRUSTRACIÓN, la aceptación del error como parte esencial del aprendizaje. Enseñémosles a relativizar los fracasos, animémosles a tomar decisiones y resolver problemas asumiendo las consecuencias de sus decisiones. Establezcamos límites claros y cumplamos nuestras promesas.

5. Eliminemos las ETIQUETAS, las COMPARACIONES, los mensajes en negativo, las frases condenatorias. Pongamos atención no sólo a lo que les decimos sino al cómo lo decimos. Realicemos críticas CONSTRUCTIVAS siempre referidas a las acciones y no a la personalidad.

6. Eduquémosles en la cultura del AGRADECIMIENTO, enseñémosles a valorar todo lo que tienen en sus vidas, a dar las GRACIAS. Hagámosles conscientes de sus conversaciones interiores.

7. Animémosles a iniciar nuevos RETOS, a tomar la iniciativa en sus vidas, a asumir riesgos. A apostar por ellos a fuego, a que vivan fuera de su zona de confort.

8. Seamos el mejor ESPEJO, un ejemplo positivo que arrastre a soñar grande, a sonreírle a la vida. Recordemos que nuestros hijos no siempre nos escuchan pero si nos observan. Aceptemos nuestras propias imperfecciones, pidamos perdón cuando sea necesario, crezcamos de la mano junto a ellos.

Seamos capaces de conseguir que nuestros hijos se quieran con AVARICIA, que se miren con valentía al espejo, que se hablen con palabras bonitas.Que pisen sin miedo, que se sientan inmensos.

dimarts, 9 de maig de 2017

¿IMPOSIBLE?

- Es imposible que lo consiga.

- ¿Por qué estás tan seguro?

- Porque es muy difícil.

- Que tengas pocas posibilidades de éxito no significa que no vayas a lograrlo.

- Y ¿qué hago?

- Lo único imposible en esta vida es lo que no intentas.

Existen dos tipos de personas,  los que viven siempre bajo el escudo de las excusas, los pretextos y con el imposible como bandera y las que creen en los imposibles.

Los primeros viven plácidamente en su zona de confort, les asusta más lo que puedan decir que lo que les pueda pasar. Se sienten cómodos en la monotonía, en niveles de poca exigencia, viviendo una vida gris. Son aquellos que piensan que no poseen el talento suficiente para intentar algo nuevo, ni que nunca están bastante lo preparados  y nunca encuentran el momento perfecto para intentarlo.

Aquellos que siempre eligen la opción más cómoda para salir del paso, aquella ideal para rendirse, para justificar el fracaso. Que se empequeñecen ante los contratiempos, que se acomodan entre las dudas y su ineficacia les limita. Esos que viven de alquiler sus propias vidas, amoldados en la cobardía y les faltan agallas para soñar grande.

Al otro lado están lo que creen a fuego en que nada es imposible, que imposible sólo es algo más difícil de conseguir, algo que tarda un poco más en llegar. Que hacen lo imposible porque lo posible lo hace cualquiera, que viven de forma valiente y están dispuestos a batallar por el todo, que creen en el sin sentido y la disrupción.

Aquellos que defienden con uñas y dientes sus sueños, que viven a máxima intensidad, sin ceder ni un milímetro ante el miedo. Pisando con firmeza, rechazando atajos, amando lo que tienen entre manos. Esos que creen en lo imposible por responsabilidad ante sus vidas, sin pánico a empezar de cero, sobresaliendo cuando más se complican las cosas, tomando la iniciativa cuando los otros no se atreven. 

Esos que confían en su intuición, que emprenden a diario, que se sienten libres para decidir sin miedo a asumir responsabilidades, que aprecian el valor del cambio. Que asumen los rasguños que les produce en ocasiones caminar por la cuerda floja, la posibilidad de caer intentándolo, sin vetos ni condiciones ante los retos.

Que se parten el alma por lo que sienten, que diseñan sus propias reglas sin necesitar que los otros les den validez. Sin apegarse a los resultados, sin necesitar reconocimiento ni premios, sin tener que aladear de ellos. Aquellos que dejan ir, que admiten ser vulnerables y aprenden a surfear la incertidumbre. Que trabajan con humildad, paciencia, constancia y determinación. Que viven con coraje y aprietan bien fuerte los dientes cuando todo se complica. Que imaginan y crean aquellos que mucho no pueden ver.

Los imposibles sueñan con exceso, persiguen lo imposible porque le hace sentir diferentes, hacen que las cosas sucedan.

Hijo, no existe lo imposible únicamente debes desear algo mucho y estar dispuesto a ir a por ello a fuego.

¿Y tú de que bando eres?

dissabte, 6 de maig de 2017

¿A TI QUÉ ES LO QUE MÁS TE GUSTA DE SER MAMÁ?

- ¿A ti qué es lo que más te gusta de ser mamá?

- Que me susurres al oído lo mucho que me quieres.

- ¿Cuando te digo que te quiero infinito?

- Cuando me pides que hagamos una guerra de cosquillas.

- ¿Aunque a veces te enfades conmigo?

- Aunque a veces me cueste aceptar que te haces mayor.

Hace casi 12 años que soy mamá, para mí el mejor oficio del mundo. Aquel que te hace reaprender a diario y te invita a vivir fuera de tu zona de confort. Aquel que cursas la carrera a lo largo de toda tú la vida, el que aprendes con la práctica y no tiene trucos ni atajos. La maternidad sacudió como un terremoto mi vida, llegó para cambiarlo todo, para hacerme inmensamente feliz. Cambió mi concepción del tiempo, del espacio, de los hechos, del sentir. No soy una mamá de vocación pero si de pasión. 

Los inicios fueron complicados, lleno de baches, incertidumbre y miedos. De remordimientos, de inseguridades, de muchas cosas por aprender. De momentos de máxima exigencia, esa que te ahoga y te rompe por dentro. Por suerte el tiempo te enseña a relativizar los problemas, a disfrutar más de cada detalle, a entender que la culpa no es una buena compañera de viaje. A definir que tipo de madre eres, a tejer una determinada manera de educar.

La maternidad llegó a mi vida para hacerme mucho mejor, para pulir mi interior, para cambiar mi forma de ver el mundo. Para poner en orden mis sentimientos, hacerme más flexible y enseñarme a simplificar mis necesidades. Para aceptar mis altibajos, mis contradicciones, mi confusión y encontrar lo esencial. Para aprender a amar a máxima intensidad, a sonreír sin tener un motivo concreto. Para querer como nunca lo había hecho, para proteger con uñas y dientes, para ejercer con el alma.

La maternidad me ha hecho mucho más simple, auténtica, sensible y instintiva. Más respetuosa, comprensiva y mucho más fuerte. Potencia mis virtudes y pule mis defectos. Me contagia de ganas de vivir sin medida, de valor para arriesgar, llena mis días de humor.

Para mi ser mamá es querer sin condición, acompañar sin proteger, dejar caer sabiendo que es la mejor forma de aprender. Es respetar los ritmos e intereses, despertar las ganas de aprender, es creer en que el ejemplo arrastra. Es contagiar el placer de vivir, de tomar la iniciativa, de creer en uno mismo a fuego. Es transmitir emoción, deseos de soñar grande, valentía. Es dar alas y raíces a la vez. Es abrir puertas y regalar oportunidades. Es escuchar con ternura, mirar con ilusión, sentir sin medida.

La maternidad llena mis días de primeras veces que me hacen estremecer. La primera vez que les vi sonreír, que me llamaron mamá, que no me necesitaron para decidir. Maternidad también es noches en vela, dibujos en la nevera, regalos hechos a mano. Es volverse a emocionar con los reyes magos, volver a hablar de dragones, princesas y castillos.

Besos y abrazos que reconfortan, cuentos compartidos, mágica inocencia, miradas que sólo dos entienden. Complicidad en estado puro, ganas de compartir, códigos secretos, ganas de crecer de la mano.

Ser mamá es comprometerse para siempre, respetar la forma de crecer, es querer sin medida.