Sònia

Sònia

diumenge, 29 d’octubre de 2017

¿TÚ CREES EN LA CASUALIDAD?

- Mamá, ¿tú crees en las coincidencias?

- Creo más en que todo tiene una causa.

- ¿Aunque a veces  las cosas parezcan que pasen por arte de magia?

- Yo pienso que todo pasa gracias a nuestra intención.

- Entonces, ¿no crees en la suerte? 

- Creo que son nuestras acciones las que dibujan el destino.

Creo en las casualidades buscadas, los tropiezos inesperados, los momentos complicados, los cambios bruscos de rumbo. Esos que desequilibran y rasgan nuestra alma, que desnudan nuestro espíritu. Creo en las oportunidades perdidas, los fallos que avergüenzan, los errores repetidos que piden a gritos nuestra atención. En las personas que se cruzan en tu vida para mejorarla, los silencios que explican y la magia de las estrellas. En las curvas del camino, las sonrisas provocadas, las señales del destino.

En las interferencias que aparecen en nuestra vida, las canciones que ponen letra a lo que sentimos, en los poemas que roban suspiros. Creo en las conexiones imposibles que acaban triunfando, las cosas que fluyen sin garrea, los enlaces disruptivos.

En los reveses que desnivelan, las decisiones equivocadas, los días con niebla. En el futuro incierto que cada uno dibuja, el miedo contenido, la libertad luchada, las decisiones en primera persona.

En los triunfos que no fuerzas, la intuición desbocada, en exponer abiertamente lo que deseas. En los homenajes improvisados, las oportunidades ganadas a pulso, los fantasmas que aleccionan.

En el pasado doloroso que instruye, las distancias que unen, los sacrificios sigilosos, las reflexiones bajo la luna. En los pasos que atraen la fortuna, el susurro que alienta, los faroles que dan tiempo.

En las ecuaciones que encuentran su incógnita, la suma de un todo, los milagros que crean. En las esencias que calan por dentro, el zarandeo que espabila, las cartas cifradas y los pensamientos arriesgados. En las pistas confusas, las conexiones eléctricas, los rechazos que enseñan y en el emprender con locura.

Creo en la brújula del compromiso, en que fluyan los sentidos, en los accidentes que cambian la mirada. En las mentiras piadosas, en las combinaciones imposibles, las caídas con encargo, las risas entrelazadas,  En los talentos ocultos que pocos captan, las heridas que sanan, las horas robadas que dan tregua.

Creo en los días sin desconfianzas, sin absurdas excusas, sin tareas postergadas. Sin aferrarnos a lo que nunca ha funcionado, sin vivir lamentando, consiguiendo que las cosas pasen.

Hijo, creo en que la vida te responde en función de lo que estés dispuesto a arriesgar.

dijous, 26 d’octubre de 2017

HIJO, TÚ TIENES LA CULPA

- Si él hubiese hecho lo que le tocaba no habría pasado nada.

- Seguramente deberías haber buscado soluciones antes.

- Si nos hubiesen dado más tiempo seguro que el resultado sería diferente.

- Quizás estés olvidando una parte importante del problema.

- ¿Cuál?

- Ser consciente de tu parte de culpa.

A menudo nuestra zona de confort se llena de excusas, de culpables, de situaciones postergadas. El si lo hubiese sabido, venido o llamado nos sirve para crearnos un perfecto colchón de pretextos. Nos hemos acostumbrado a repartir nuestras culpas, a dispersar nuestras responsabilidades, así todo se lleva mucho mejor. A culpar a los demás de nuestros tropiezos, decisiones equivocadas, decepciones o fantasmas. De nuestra falta de valentía, pereza o ambición.

Es mucho más fácil vivir sin querer asumir que somos vulnerables y que a menudo son nuestras malas decisiones las que nos llevan al mismísimo abismo. Los demás no tienen culpa que quizás hayamos dejado de soportarnos, de tratarnos con respeto, de creer en nuestros sueños. De nuestra falta de valor para tomar distancia cuando es necesario o de nuestro temor a hacer las cosas que nos producen vértigo.

Sólo nosotros tenemos la culpa de vivir condicionados por los cobardes, por los que no ansían el cambio, por los que no creen en los imposibles. Sólo es nuestra la falta de no creer en nuestro potencial, de haber decidido abandonar a nuestro instinto, de no querer apostar a fuego.

Todo cambia cuando logras cargarte de valor y decides comprometerte. Ese día que dejas de echar la culpa al universo de todo lo que te pasa y decides dejarte de esconder. Aprendiendo de tus cicatrices, trabajando tu coraje, entendiendo que la inmovilidad es el peor de los venenos. Aceptando que todos en algún momento decepcionamos, nos mostramos estúpidamente y nos convertimos en pequeños fraudes.

La culpa se hace más dócil cuando reconocemos nuestras propias rarezas, limitaciones y manías. Cuando perdemos el miedo a bucear por nuestros errores, baches o frustraciones. Cuando ya no necesitamos antifaces para reconocer nuestras fragilidad y entendemos que no merecemos nada que no nos hayamos ganado con nuestras acciones, con nuestro firme trabajo.

Y si queremos sentirnos culpables de algo que sea de fallar valiosamente, de perder el aliento por lo que deseamos, por no permitir que sean los otros quien dibujen nuestros caminos. De estar en primera línea de fuego, con las expectativas acertadas, las exigencias equilibradas, sin querer ser algo al que no estamos preparados.

Seamos los únicos responsables de no permitir que la culpa boicoteé nuestros proyectos, se convierta en una losa o devore nuestras ilusiones. De empezar de cero las veces que sean necesarias, de intentar aquello que deseamos, de tener la clarividencia de saber lo que nos roba la sonrisa.

Hijo, si tienes que ser culpable que sea por no haber abandonado jamás tus sueños. 

dilluns, 16 d’octubre de 2017

ESCUELA BITACORAS: DISCIPLINA POSITIVA

Que difícil resulta educar sin perder los nervios, sin levantar la voz, logrando ser coherente con lo que decimos, sentimos o hacemos. En ocasiones el ritmo que nos impone nuestro día a día, la dificultades para conciliar familia, carrera profesional y el tiempo para nosotros hace que acabemos educando en un ambiente hostil donde los reproches y las malas maneras se apoderan de nuestras relaciones.

Conocí a Bei a través del 2.0 y en seguida su discurso, su manera de entender la educación,  me cautivó. Por este motivo no dudé en escribirme en su curso de la Escuela Bítácoras llamado Disciplina Positiva. Bei, cree como yo,  en la necesidad de educar desde la calma, el cariño y el acompañamiento incondicional aunque en ocasiones resulte muy dificil. Una educación basada en el establecimiento de relaciones horizontales con nuestros hijos, valorando el error como parte esencial del aprendizaje e utilizando el ejemplo como la mejor forma de educar.


 


El curso está dirigido a mamás, papás y educadores que quieran formarse en Disciplina Positiva. Un modelo pedagógico basado en el respeto de los ritmos de aprendizajes, la empatía, la comunicación y el amor incondicional hacia nuestros pequeños.

3 horas y 15 minutos de curso dividido en 15 lecciones donde Bei nos da las bases para conseguir educar desde un nuevo prisma lleno de optimismo. La disciplina positiva tiene como objetivo que nuestros hijos comprendan y compartan el sentido de las normas y actúen con libertad, siendo conscientes que los actos siempre tienen unas consecuencias lógicas. Un método donde el autoconocimiento y la responsabilidad ocupa un papel esencial.


A lo largo de las 6 primeras lecciones aprendemos las características principales de la disciplina y la metodología necesaria para encontrar un equilibrio entre la LIBERTAD y la FIRMEZA a la hora de educar. Bei también nos explica la gran importancia que tiene que nuestros pequeños sientan pertenencia dentro de nuestro núcleo familiar.

Una relación basada en la amabilidad, el respeto mutuo y un tiempo compartido de calidad. Aprendemos también la importancia que tiene que seamos capaces de alentar a nuestros pequeños a conseguir todo aquello que se propongan a lo largo de su vidas ayudándoles a descubrir sus capacidades e intereses potenciando su autoestima.

El curso también nos ayuda a dar respuesta a la cantidad de retos educativos a los que diariamente nos enfrentamos en este apasionante mundo de la educación. Las actitudes desafiantes, los conflictos a la hora de realizar tareas o las rabietas y los enfados están presentes en todos los hogares casi a diario.

La Disciplina Positiva también nos permitirá aprender a poner el foco en las habilidades que queremos trabajar junta a nuestros pequeños y como hacerlo. El tiempo fuera positivo nos ayudará a entender la importancia de enseñar a nuestros hijos a autoregular sus comportamientos. Además aprenderemos a identificar el significado de las  conductas y la mejor manera de dar respuesta a cada una de ellas entendiendo que es un límite y cómo hacer un acertado enfoque de soluciones.

Durante las últimas lecciones Bei nos explica diferentes herramientas y técnicas educativas que podemos utilizar con nuestros hijos según la edad de éstos para hacer frente a los conflictos cotidianos, las peleas entre hermanos o el trabajo de las responsabilidades.

Uno de los recursos claves de la disciplina positiva son las reuniones familiares que nos permitrán establecer un tiempo familiar especial donde aprenderemos toda la familia a trabajar de forma cooperativa y conseguir establecer los acuerdos que marcaran el clima en el hogar.

El curso también nos animará a establecer retos educativos junto a nuestros hijos que se convertirán en una maravillosa forma de aprender y crecer de forma responsable y autónoma.

Sin duda es un curso 100% recomendable para todas aquellas personas que crean que el amor y el cariño son las bases más importantes a la hora de educar. Un curso muy práctico lleno de recursos y herramientas que nos permitirá conseguir una relación positiva junto a nuestros pequeños.

Además el curso, una vez adquirido,  puede ser visionado las veces que sean necesarias, sin horarios ni caducidad. Además a lo largo del curso es posible interactuar con Bei que te aclara todas las dudas que pueden irte surgiendo.

Si os animáis sólo tenéis que pinchar aquí para realizar la inscripción y podéis añadir el código de descuento  "sonialopez" y os realizarán un 10%.

dimecres, 4 d’octubre de 2017

HIJO, TÚ YA ERES EXTRAORDINARIO

- ¿Por qué hay gente que parece que brille siempre?

- Yo creo que todos lo hacemos.

- ¿Y por qué hay días que no lo notamos?

 - Porque nos empeñamos a ver siempre la parte más oscura de nosotros mismos.

- ¿Y cómo conseguimos ver el lado más bonito?

-  Queriéndonos sin condición.

A menudo postergamos nuestra felicidad por esperar ser alguien que quizás nunca conseguiremos. Nos autoimponemos etiquetas, creamos excusas o dibujamos imperfecciones que nos hacen sentir pequeños. Nos traicionamos a diario pensando que no somos demasiado buenos, que siempre habrá alguien que piense, haga o actúe mucho mejor que nosotros. Nos autoanulamos sin compasión, nos sobreexigimos, nos autosabotamos.

Nos hablamos sin cariño olvidando que somos lo más valioso que tenemos. Esperamos que el tiempo nos regale cosas que no estamos dispuestos a pelear por miedo al tropiezo, confiamos más en la suerte que en nuestra capacidad de lograrlo. Nos escondemos detrás de un personaje que a menudo no nos representa, nos otorgamos errores que nos rompen por dentro.
 
Hasta que llega ese día en el que te das cuenta que no tienes que ser extraordinario porque YA lo ERES. Ese instante en el que te atreves a hacerle muecas al espejo, te ríes de tus tropiezos y empiezas a brillar. Sin miedo a deslumbrar a nadie, con ganas de llenar tus días de retos, de oportunidades, de puertas por abrir. Ese en el que ya no buscas lejos lo que necesitas porque lo tienes justo en la punta de tu nariz. Sin atajos ni escondites.

Ese momento donde aprendes a aquietar tus miedos, a valorar tus logros y agradecer todo lo especial que hay en ti. A ser sincero con lo que necesitas, a exigir respeto, a imponer tus reglas, a saber que la verdadera batalla es la llevas por dentro. Sin buscar en los otros lo que te falta, amando lo que decides, apostando a fuego por tu intuición.

Esa mañana en la que decides que ha llegado el momento de quererte sin condición, en el que la confianza en ti mismo se convierte en tu mejor compañera de viaje, en el que necesitas empezar a volar. Siendo capaz de jugar con tus propias sombras, retando a la incertidumbre que antes te paralizaba, respirando fuerte aunque duela.

Y empiezas a vivir priorizando lo que te dicta el alma, convenciéndote que sólo tú diriges el timón de tu vida. Decidiendo, descartando, renunciando, creyendo en tu nueva ACTITUD. Aprendiendo, practicando, resolviendo inseguridades sin huir de uno mismo, sin rencores, titubeos o rabia.

Viviendo sin disfraces, mirándote por dentro como te mereces, aprendiendo a hacer magia con los errores. Sin necesidad de demostrar, de ser perfecto, de tenerlo todo controlado. Entendiendo por fin que lo importante no es lo que haces, tienes o aparentas sino lo que ERES, lo que SIENTES, lo que DESEAS.

Y dibujas tu vida sin guiones ajenos, rediseñándola las veces que sea necesario, sin fraudes ni mentiras piadosas. Sintiéndote especial, cuidándote con mimo, susurrándote a diario lo mucho que vales.

Hijo, nunca olvides que tú ya eres EXTRAORDINARIO.

dimarts, 3 d’octubre de 2017

ÁNGELES CON NARIZ ROJA

- Me chifla que hagas eso.

- ¿El qué mamá?

- Sonreír.

- Mis ojos se vuelven pequeños.

- Pero tu cara se llena de luz.

- Tú  dices que siempre hay un motivo para no dejar de reír.

- La vida a diario nos regala cosas fascinantes, hay que aprender a saberlas apreciar. Además la sonrisa es un maravilloso analgésico que puede llegar a curar.

Existen muchos tipos de papás y mamás, para variedad los colores. Cada uno con su forma de entender la educación, de marcar límites o aplicar una pedagogía u otra . Están los autoritarios o permisivos, los que dan el pecho durante años o los que deciden apostar por el biberón, aquellos que educan en la libertad o los que prefieren pautar cada paso que su hijo da. Pero hay algo que une a todos los papás del universo, la necesidad de ver a nuestros hijos sonreír.

Lo maravilloso de nuestros hijos es que no necesitan un motivo concreto para lograrlo, cualquier circunstancia es ideal para esbozar una sonrisa. Un ruido, una situación inesperada o la melodía de una canción, puede desencadenar una ráfaga interminable de carcajadas. En cambio, los adultos nos olvidamos en muchas ocasiones de sonreír y acabamos tiñendo nuestra vida de gris. Nos convertimos en verdaderos expertos elaborando listados infinitos de pretextos ridículos para no hacerlo. Torpes y desacertados, perdemos el hábito sonreír  y olvidamos el sinfín de beneficios que aparta una carcajada o una sonrisa de medio lado.
La risa llena nuestro cuerpo de felicidad y se convierte en una aliada impecable para bajar los niveles de estrés. Reír mejora nuestras relaciones, refuerza nuestro sistema inmunológico y fortalece nuestro corazón. La sonrisa es el idioma de las personas inteligentes, el arma más poderosa de comunicación, la mejor herramienta para expresar el privilegio que tenemos de disfrutar de la vida a diario. La risa no necesita de estrategia ni plan para hacer feliz.
Por suerte, hay adultos con un aura singular que han escogido la sonrisa como insignia para hacer feliz. La utilizan a diario en su trabajo como la mejor medicina y consiguen endulzar el camino de niños y adultos que les ha tocado librar una batalla contra la enfermedad. Ángeles con nariz roja, artistas profesionales que consiguen ponerle a la desventura un rayo de color. Auténticos querubines llenos de magia, que consiguen enmascarar el pánico y la incertidumbre con música y buen humor. Príncipes del júbilo y del entusiasmo que consiguen erizar la piel. Chistes, guiños y muecas que destornillan a los que sufren algún tratamiento.

Son los Pallapupas, seres llenos de cariño que tienen por esencia las ganas de ayudar. Capaces de contagiar frenesí, optimismo y ganas de seguir luchando a aquellos pasan largas estancias en el hospital. Payasos maravillosos que consiguen poner las habitaciones patas arriba para abarrotarlas de esperanza e ilusión. Que transmiten cariño, consuelo y seguridad a aquellos que sufren una enfermedad. Que contagian a las familias de fuerza y aliento y consiguen humanizar los largos pasillos de las plantas de hospital. Hechiceros de las palabras que consiguen irradiar las ganas de sanar. Capaces de acompañar y llenar de ilusión a adultos y personas de la tercera edad con el bálsamo de la carcajada.

Miradas cómplices, canciones que alivian, momentos que desintoxican y logran hacer paréntesis en el dolor. Malabaristas en propagar fe, que contagian ganas de vivir. Ilusionistas encargados de acompañar a los pequeños peleones hasta el quirófano y conseguir que se duerman sin miedo a lo que pasará. Napias coloradas que llenan de luminosidad centros residenciales, sociosanitarios y la planta pediátrica del hospital. Comediantes que mediante el teatro social nos ayudan a comprender mejor las enfermedades mentales y abren la ventana de la expresión y la comunicación a quienes la padecen. La dramatización se convierte en un vehículo maravilloso para que  familiares y pacientes retomen las riendas de sus vidas convirtiéndose en verdaderos protagonistas de su propia historia. Porque en cualquier momento nosotros o nuestros pequeños podemos necesitar que nos echen una mano y nos tiñan el sufrimiento de tonalidad hagamos que nuestras celebraciones familiares, retos solidarios o donaciones colaboren con esta gran obra social. Expandamos la bondad de estos magníficos titiriteros que hacen de las habitaciones con sábanas blancas y lugar también para soñar.