Sònia

Sònia

dissabte, 15 de desembre de 2018

CONFÍA EN MI

Nos empeñamos a creer que educar es atiborrar a nuestros hijos o alumnos con el mayor número de contenidos, de procedimientos a ejercitar o conceptos por memorizar. Nos obsesionamos con la idea que lo más importante es la cantidad de aprendizajes que puedan llegar a absorber o los títulos que puedan conseguir.

Dedicamos todos nuestros esfuerzos en buscar el mejor método para enseñar,  las mejores estrategias  para explicar. Enseñamos preocupados por cumplir con el currículum o los ránkings que etiquetan.

Ninguno de nuestros esfuerzos darán sus frutos si olvidamos que la CONFIANZA debe ser el pilar fundamental para EDUCAR. Nuestros pequeños necesitan adultos que CREAN en ellos sin condición, sin peros ni porqués.

Compañeros de viaje que CONFÍEN a fuego en sus posibilidades, que les ayuden a descubrir sus  talentos, que les inciten a ser unos inconformistas cuando persigan sus sueños.

Adultos que demuestren su afecto, que crean en sus intentos, que los acepten de forma incondicional. Que les dejen el tiempo necesario para aprender, para errar, para volver a empezar. Que contesten sus dudas con paciencia, que les animen a hacerse preguntas.

Padres, madres o profesores que consigan que se sientan especiales, únicos. Que les empoderen y les repitan a diario que con trabajo y perseverancia van a ser capaces de conseguir todo aquello que se propongan.

Una CONFIANZA que impulse, que les haga sentir poderosos,  que les de alas para caminar solos. Con grandes dosis de cariño, de paciencia y comprensión. Con miradas cómplices que empujen, abrazos que espanten miedos, besos que protejan.

Nuestros pequeños necesitan educadores que les encorajen pase lo que pase, hagan lo que hagan.  Que les entrenen en la valentía, en ser capaces de creer en su intuición, que les enseñen a creer en ellos mismos. Que les demuestren que ganan cada vez que son capaces de intentarlo.

Unos referentes que les enseñen que no deben avergonzarse por lo que sienten o piensan, que les feliciten cada vez que se muestren osados, que brinden oportunidades para aprender. Que contagien seguridad, aprecio y respeto.

Una CONFIANZA que de alas para pensar y decidir, para probar y liderar, para tropezar y volverlo a intentar.

CONFIAR es la mejor manera de demostrar lo mucho que se ama.

dissabte, 1 de desembre de 2018

LA CAJA DE SENTIMIENTOS

- ¿Cuántos regalos puedo pedir en mi carta a los Reyes Magos?

- Te propongo que sólo pidas lo que realmente te haga ilusión.

- Voy a pedirles una caja de sentimientos.

- ¿Caja de sentimientos? 

- Sí una caja dónde pueda guardar esos sentimientos que a veces me harían falta tener y, en el momento que los necesito, no los siento. Como cuando estoy triste por algo y lo que me gustaría en realidad es sonreír.

- Sería un cofre fantástico.

- La caja también me serviría para guardar aquellas emociones  que me hacen sentir mal o triste, aquellas que duelen por dentro. Aquellas que parecen que me rompan a pedacitos.

- ¿Y que sentimientos te gustaría que viniesen en ella?

- Me gustaría que estuviese llena de felicidad, sorpresa y amor que es lo que más me gusta sentir. 

- ¿Y cuáles esconderías en el fondo de tu cofre? 

- La rabia, los celos y la culpa son los que me hacen sentir peor. Me llenan de ganas de llorar, de gritar o esconderme bajo las sábanas.

- Yo de ti dibujaría una preciosa caja en tu carta, sus majestades son sabios y seguro que te harán caso.

Para mí los sentimientos son los síntomas que te alertan que aún estás vivo. Emociones que en ocasiones te reconfortan y en otras te invaden de miedo o frustración. Todo aquello que pasa a nuestro alrededor o en nuestro pensamiento provoca un carrusel de emoción.

Me parece primordial educar las emociones. Soy de las que pienso que la inteligencia emocional se transmite de padres a hijos, de maestros a alumnos, somos el mejor ejemplo. Ser consciente de lo que sentimos nos permite tomar el control de nuestra vida, combinar la razón y la emoción de forma equilibrada. Todas las emociones, tanto las positivas como las negativas, forman parte de nosotros. Aprender a identificarlas, regularlas y gestionarlas será fundamental para conseguir nuestro propio bienestar y el de los demás.

Enseñar a nuestros pequeños a sentir con naturalidad, a estar presentes en el presente, en el aquí y el ahora, a verbalizar todo lo que les pasa por dentro. El miedo, la culpa, la ilusión o la alegría, forman parte de nuestras vidas. Saber gestionar las cientos de emociones que sentimos por cada poro de nuestra piel, nos permitirá tener un coeficiente emocional que nos acercará al éxito. Seremos capaces de querernos, respetarnos, gestionar conflictos y decidir de qué forma queremos afrontar nuestra existencia.

Hablar de cómo me siento, de por qué me siento así, de si nos gusta o no lo que sentimos, de plantearnos qué podemos hacer para cambiar y sentirme mejor, de disfrutar dejando fluir todas las emociones.

Crear un ambiente familiar donde se sientan amados, aceptados y respetados. Un entorno coherente, predecible, que les proteja y les exija al mismo tiempo. Conseguir que sean personas empáticas que descifren todo aquello que pase a su alrededor.

- Si los sentimientos se pudiesen comprar, ¿tú crees que todos tendrían el mismo precio?

dijous, 29 de novembre de 2018

MUCHO MÁS QUE CORRER


Unas décimas de segundo bastan para que todo cambie radicalmente, para que tus días queden congelados, para que tu tobillo se parta en dos. Una simple torcedura que  provoca que todo se frene, que cada uno de tus objetivos se desvanezcan, que te toque volver a empezar de cero.  Que difícil es aceptar que en ocasiones la vida te enseña a golpes.

Una grave lesión que te hace sentir frágil, que es capaz de sacar tu mejor y peor versión. Que te exige confiar en tu perseverancia, luchar a diario contra tu mente y pone sobre el papel la posibilidad de que no vuelvas a correr. Un tropiezo que te hace mucho más agradecida, más humilde, más paciente.

Nuestra inmensa torpeza nos lleva a menudo a valorar las cosas cuando ya no las puedes hacer, cuando aparece la imposibilidad. Más de un año de recuperación sin poder correr me ha permitido reconocer lo mucho que el atletismo aporta en mi vida, aceptando que la ha transformado radicalmente.

Quien corre sabe que calzarse unas zapatillas es mucho más que dar zancadas, participar en carreras o colgarse un dorsal. Cientos de historias, de motivos, de circunstancias provocan que a diario millones de personas en todo el mundo salgan a correr.

Están los que buscan retos al alcance de pocos, los que quieren cambiar hábitos, los que corren por los que no pueden. Los que desean compartir momentos, los que lideran retos solidarios, los que salen en solitario a cazar sueños. Están los que quieren ayudar a otros a que sean mejores, los que cumplen promesas, los que corren en busca de motivos para sonreír.

Miles de razones con un mismo destino, la superación personal. Retos que te llevan a apostar a fuego por ti mismo, a comprometerte paso a paso, pase lo que pase. Fortaleciendo tu tenacidad, aprendiendo que las batallas se ganan con la práctica diaria, con la osadía, con el tesón.

Sacrificando horas de descanso, haciendo equilibrios para conciliar los entrenamientos con tu vida, robando horas al alba.

Una búsqueda de sensaciones que te hacen sentir diferente, que convierten los fracasos en aprendizajes, que llenan tu existencia de valores. Que te enseñan a disfrutar sin más de la soledad, a desafiar tus límites, a creer en tu determinación. Una rutina que te ayuda a encontrarte, a aceptar desafíos que te engrandecen, a no permitir regatear con tus ambiciones. Sin condiciones, creyendo en las utopías, deseando ser cada día un poquito mejor.

Un deporte que te demuestra que el éxito no se mide por tus marcas sino por tu empeño, valentía y corazón. Por las agallas que le pones cada vez que vuelves a intentarlo, por ser capaz de empequeñecer tus miedos creyendo que las grandes gestas se construyen a diario.

Que complicado es describir todas las emociones que experimentas cuando cruzas el arco de meta, cuando sientes que has ganado gracias a tu coraje, tu amor propio, tu ahínco. Sin haber secundado a las ganas de lanzar la toalla cuando todo se balanceaba, alegrándote de las victorias de tus compañeros, sabiendo que te has convertido en el mejor ejemplo que tus hijos puedan tener.

Mucho más que correr, que dar zancadas, que colgarse una medalla.

dissabte, 24 de novembre de 2018

EDUCAR ES HACER BRILLAR A OTRAS PERSONAS

Que diferente sería educar sin sentirnos presionados por el currículum, por las pruebas que acotan, los ránkings que comparan, los niveles de exigencias que ahogan. Mucho más allá de los contenidos obsoletos , las competencias, la burocracia y los exámenes. 

Que diferente sería educar sin criterios competitivos que relantizan, que encasillan, que etiquetan. Sin premiar estúpidamente la memorización, la obediencia o la mediocridad.

Que diferente sería educar si imperase el sentido COMÚN y el del HUMOR. El sentir ante el hacer,  el cariño ante la reprimenda, el respeto ante la segregación.

Que diferente sería si pudiésemos ofrecer a cada alumno la atención que merece, que demanda, que necesita. Con los recursos necesarios, la innovación adecuada, sin aulas masificadas 

Que diferente sería si centrásemos nuestra educación en enseñar a entender la emoción, a escuchar, a agradecer, a mantener vivo el asombro. Potenciando la iniciativa, la excelencia bien entendida, el lideraje que ayude a sumar.

Que diferente sería si nuestra acción educativa se centrase en contagiar el PLACER por VIVIR, en estimular las ganas de aprender, de descubrir, de probar. Invitar a SOÑAR,  despertar las ganas de saber, de entender, de mejorar.

Que diferente sería si entendiésemos que: 

EDUCAR es acompañar sin proteger, estar disponible sin condición, convertirse el mejor ejemplo que el niño pueda tener.

EDUCAR es saber dejar ir, permitir que cada niño viva su propia experiencia, que dibuje su camino. Dándole las estrategias necesarias para volar, para vivir con valentía, para convertir la resilencia en la mejor arma que puedan tener.

EDUCAR es enseñar a sentir sin filtros, a expresar todo lo que nos remueve por dentro, a poner nombre a la emoción. A gestionarlas con maestría, a saber pedir ayuda, a ofrecer todo lo bueno que tenemos.

EDUCAR es enseñar a respetarse, a quererse sin condiciones, a tratarse con dulzura. A saber valorar cada pequeño logro, a ser capaz de mirarse al espejo con coraje.

EDUCAR es enseñar a ver el mundo con diferentes perspectivas, desarrollar el pensamiento crítico, formar personas comprometidas con la sociedad.

EDUCAR es enseñar a respetar los límites, entrenar hábitos, conseguir personas responsables  que toman decisiones en todos los aspectos de su vida.

EDUCAR es entrenar la persistencia, el esfuerzo, la fuerza de voluntad. Aprender a ver en cada dificultad una nueva oportunidad, a levantarse después de cada tropiezo.

EDUCAR es HACER BRILLAR A OTRAS PERSONAS

dissabte, 10 de novembre de 2018

¿Y SI NO TRIUNFO QUÉ PASA?

Nos educan para ser mejor que los otros, para brillar pase lo que pase, para destacar. Para ser los primeros, para conseguir lo que nos propongamos sin titubeos, para no fallar . Nos inculcan la necesidad de ganar siempre, de competir sin miramientos, de mirar hacia los lados para que nadie nos avance. Nos venden un éxito determinado por los likes conseguidos, por la fama de nuestras acciones, por el número de seguidores que conseguimos obtener.

Un triunfo que se publica a bombo y platillo, que se alardea aunque no sea cierto, que crea deseo por su perfección. Un éxito idealizado, confundido con tener dinero o popularidad. Enmascarado por un brillo erróneo con una hoja de doble filo que únicamente alimenta el ego y te vuelve vanidoso.

Vivimos en una sociedad donde no hay sitio para los segundos puestos. Donde se valora únicamente la victoria, no el ESFUERZO. Poco se habla de las derrotas, de los tropiezos, de las veces que nos va a tocar a volver a empezar de cero. De los pierden, de últimos de la fila, de los que no consiguen sus sueños.

Ojalá nos hablasen del éxito bien entendido, ese que significa seguir trabajando aunque no se consigan resultados, en seguir creyendo en nuestras potencialidades cuando todo se tuerza. Ojalá educásemos en que al éxito se llega superando obstáculos, peleando hasta que haga daño,  empequeñeciendo las excusas, las postergas, los por qué.

Expliquemos a nuestros hijos o alumnos  que el triunfo se consigue cultivando la determinación, la curiosidad y el optimismo, que caer está permitido pero que levantarse es una obligación.

Un éxito que se logra TRABAJANDO,  siendo valiente, apasionado, constante. Apostando por el compromiso y la perseverancia. Dejando de excusarnos en la mala suerte, en que no es el momento perfecto, en culpar a los demás.

Un triunfo que entiende la vida como una aventura en la que los errores y los fracasos son parte imprescindible del viaje. Aprendiendo que no todo resbalón significa una caída, que el verdadero triunfo es el que sale de lo que hayas aprendido del último error.


Éxito es ser capaz de ganarse el respeto de las personas que te quieren,  comprometerse, no tener la necesidad de demostrar. No permitir que tus miedos te ganan pequeño, mirarte con dulzura, tratarte con respeto. Ser capaz de generar todo aquello que deseas, permitirte fallar sin que la culpa te aplaste.

Triunfar es ser capaz de disfrutar de lo cotidiano, saber agradecer todo lo bueno que te pasa, reír sin mesura, apreciar la belleza de los momentos. Mostrarte disponible para la gente que amas, exprimir cada oportunidad. ser paciente

Ganar es disfrutar de lo que te gusta, saber renunciar aunque duela, estar enamorado de todo aquello que hagas aunque salga al revés.

diumenge, 4 de novembre de 2018

EDUCAR ANTE LA MUERTE

- ¿Tú también le echas de menos?

- Creo que no hay un sólo día que no me acuerde de él.

- Como me gustaría que pudiese ver como me hago mayor.

La muerte es parte ineludible de la vida pero eso consuela poco. Nadie está preparado para perder a alguien al que quiere, al que necesita a tu lado, al que admira. Para sentir su vacío, para añorar sus palabras, para echarle de menos en cada celebración. 

Dicen que nada enseña más que la muerte, que es una gran maestra. La muerte de un ser querido marca siempre un punto y seguido en tu vida, hace que la reestructures de nuevo, te marca el camino para exprimirla de forma diferente.

Una pérdida que te hace maldecir tu suerte, que te recuerda la torpeza de llenar nuestros días de excusas y postergas, de peros y por qué. Que te enseña a aceptar la vida tal y como viene, a disfrutar de las pequeñas cosas, a ser más agradecido. 

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Pero que difícil es hacerlo cuando esa persona que se ha ido era parte de ti. Que complicado es explicarle a un hijo que nunca más volverá a ver a su abuelo. 

Conseguir que entienda que la vida en ocasiones pega fuerte, que es injusta, que hay cosas que no tienen explicación. Lograr hablar de la muerte sin rodeos, enfrentarse a ella con naturalidad.

Que complejo es explicar con coherencia todo aquello que necesitan saber, evitar los detalles innecesarios, atender cada bajón. Acompañar el duelo con dulzura, respetando los retrocesos, los cambios de humor, los silencios.

Que arduo es aprender a conversar sobre ella sin edulcorarla, sin rodeos o engaños. Poniendo nombre a la furia, a la tristeza, a la negación. Admitiendo que la muerte te rompe por dentro, que transforma tus emociones, que te ancla en la desolación.

A la muerte se le acompaña llorado juntos, permitiéndote tener días grises, confiando en que poco a poco todo irá a mejor. Admitiendo que no hay respuesta para todos las preguntas, poniéndole nombre a los miedos que van apareciendo, respetando los ritmos de aceptación. Entrenando la resilencia, confiando en el futuro, poniendo valor a todo lo bueno que tenemos.

A la muerte hay que mirarla a la cara, desarrollando mecanismos para eliminar la culpa, para mitigar el enojo. Utilizando un leguaje que ayude a entender, a sanar, a mantener vivo el recuerdo. Verbalizando lo mucho que añoramos a la persona que ya no está, lo importante que era en nuestra vida, lo que nos gustaría volverle a ver. 

diumenge, 21 d’octubre de 2018

¿DÓNDE ESTÁ LA MAGIA?

- ¿Por qué te gusta tanto la MAGIA si sabes que hacen trampa?

- La gracia está en no buscar el truco.

- ¿Y no te gustaría saber como consiguen lo imposible?

- Dicen que aquellos que creen en la magia están destinados a encontrarla.

Vivimos deseando lo que no tenemos, envidiando lo que los otros consiguen, obviando todo lo bueno que nos pasa. Deseamos cosas para las que no estamos preparados, postergamos torpemente, tememos sentirnos vivos.

Damos por hecho que después de hoy habrá un mañana, que seremos eternos, que tendremos el tiempo suficiente para intentarlo más tarde. Postergamos torpemente cada señal de nuestro instinto.

Nunca encontramos el momento perfecto para disfrutar de lo que logramos, silenciamos cada ráfaga de ilusión, preferimos no arriesgar aunque la monotonía nos coma por dentro.

Solemos buscar la MAGIA en sitios equivocados, en personas erróneas, en lugares remotos. Nos empeñamos a eliminarla siendo los principales censores de nuestros propios sueños, valorándonos con números negativos, creyendo que no merecemos todo lo bueno que nos pasa. Vivimos empeñados en buscar el truco sin ser capaz de disfrutar del hechizo. Las malas experiencias, los tropiezos, los desengaños nos vuelven escépticos.

Hasta que un día la vida te da un buen zarpazo y te enseña que lo que no vives se pierde para siempre, que las oportunidades no retornan, que la MAGIA es todo aquello que nos hace sentirnos privilegiados.

Que al final el SECRETO está en creer en ella sin la necesidad de entenderla, sin tener que buscar el doble fondo de la chistera. Confiando en el destino, disfrutando de lo pequeño, marcando nuestros propios pasos de baile.

Ojalá nos educasen en creer que la MAGIA la encontraremos en una mirada cómplice, en una oportunidad aprovechada, en un "te quiero" a media luz. En el encanto de un atardecer, en un susurro que acompaña, en un "estoy a tu lado".

MAGIA es conseguir retos gracias a tu decisión y valentía, hacer que cada segundo cuente. Es enamorarse sin cordura, liarse la manta a la cabeza, aprender sin mesura. Ver en lo sencillo algo extraordinario, atraer todo lo que te ocurre, agradecer a quien tienes a tu lado.

MAGIA es que un profesor te enseñe que los tropiezos son parte imprescindible del viaje, que te haga sentir diferente,  que te ayude a dar forma a la persona en la que te quieres convertir, que crea en ti sin condición.

MAGIA es una sonrisa compartida, una llamada que alienta, no permitir que el miedo pueda contigo . Creer en ti mismo sin excusas, disfrutar de todo aquello que hace vibrar de forma diferente tu corazón. MAGIA son los nuevos comienzos, una ayuda desinteresada, las oportunidades exprimidas, las sorpresas.

Quien tiene MAGIA no necesita TRUCOS

dissabte, 29 de setembre de 2018

BAILAR CON LO IMPREVISTO

Tenemos la necesidad imperiosa de CONTROLARLO todo, de saber qué pasará mañana, de anticiparnos a los acontecimientos. Todo está medido, cuantificado, examinado. Programamos a años vista, poco lugar le dejamos a la improvisación.

Nos obstinamos por cumplir con las normas establecidas, con no pasar los limites, con seguir la ruta que otros han dibujado. Vivimos bajo un patrón estandarizado, atrapados entre el perfeccionismo y la exigencia.

Construimos nuestra vida con recelo, con una rutina estática, desechamos todo aquello que nos sorprenda. Nos han educado en el CONFORMISMO, en seguir los cánones, en ser pequeños. Poco nos han hablado de la bondad de lo improvisto, del encanto de la incertidumbre, de la creatividad.

Nos han hecho sentir que nunca es el momento perfecto para jugárnosla, para mirar diferente, para sobresalir. Que es mejor resignarse con poco, subsistir en la zona de confort, no alzar demasiado la voz. Viviendo de prestado es mucho más fácil sobrevivir.

Ojalá nos atreviésemos a ENSEÑAR a vivir el aquí y el ahora sin preocuparnos demasiado por lo que pasará mañana. A creer en que la única manera de crecer es estando dispuesto a caer, a equivocarte, a desafiar al futuro. Dejando  de justificar nuestros actos, con humildad, trabajo y arrojo.  Aceptando los cambios de planes, los imprevistos, las ocasiones que va a tocarnos ir a la deriva.

A dar la mano a lo impredecible, a bailar con lo imprevisto, a abrazar el CAMBIO. Conectando con las emociones, aceptando que quien arriesga puede perder pero es inmensamente más feliz.

Eduquemos en la determinación, resilencia, voluntad y disciplina. Enseñemos a confiar en el instinto, en dejar fluir, a darle una oportunidad a lo inesperado.

Motivemos a desafiar al miedo con descaro y descubrir los propios talentos. A trazar retos, a crear razones, a ser capaces de disfrutar del viaje porque quizás mañana se acabe.

Ayudemos a encontrar eso que nos hace diferentes, a pelear con agallas,  facilitemos que cada uno viva su historia a su manera.

Creyendo en el "y por qué no", poniendo los sueños por encima del ego, creyendo que cuando lo das todo ganas siempre.

Recordemos a diario que seguramente las cosas más bonitas aún no las hayamos visto, probado o  experimentado. Grabemos a fuego que SIEMPRE es el momento para HACERLO.

dissabte, 22 de setembre de 2018

¿POR QUÉ NO SE EDUCA ANTE EL MIEDO?

Fui una niña extremadamente miedosa. Recuerdo como el miedo me paralizaba, me hacía pequeña, me desbordaba. Un miedo que me hacía sentir extremadamente vulnerable,  que me privaba de hacer lo que realmente deseaba. Miedos que diluían sueños, que hacían añicos el alma.

Miedo a la oscuridad, a estar sola, a no ser lo suficientemente buena. A la muerte, a perder a los que quería, a no dar la talla. A ser diferente, a sentir demasiado, al rechazo. Miedo extremo a sentir miedo.

Un monstruo enorme que me perseguía,  limitaba y me obligaba a esconderme. Un fantasma atroz que me hacía disimular mis deseos, guardar las apariencias, ser alguien en el que no me reconocía.  Que intoxicaba mis elecciones, que me hacía actuar con excesiva prudencia.

Que poco nos entrenan para PLANTAR CARA al miedo. Para hablar de él sin tapujos, para poder identificarlo, para ser capaces de mirarlo a la cara con valentía. Para dejar de ser sumisos ante sus garras, para romper sus cadenas, para decirle "conmigo no puedes".


¿Por qué no nos han EDUCADO ante el miedo? Todo sería más fácil si desde pequeños alguien te explicase que TODOS tenemos miedo y que no por eso eres un cobarde. Que va a acompañarnos siempre y que deberemos aprender a domarlo. 

Ojalá nos aclarasen  que el problema no reside en tener miedo sino en el efecto que este tiene en nuestra vida. Que nos asegurasen que va a llegar un día en el que vamos a tener todas las armas necesarias para poder mirarle sin temor.

Ojalá nos enseñasen que la mejor manera de afrontar el miedo es aliándote con él, aceptándolo, conociéndolo. Cambiando tu forma de mirarlo, de ponerle nombre,  de conocer sus forma.

Asomándote ante él sin que te tiemble el pulso,  dándole la mano con firmeza, sin rodeos. Perdiendo el pudor a dejar ir,  a cerrar historias, a mirarte al espejo sin peros. 

Aprendiendo que el miedo flaquea cuando te atreves a buscar lo que realmente te gusta, cuando dejas de silenciar deseos, de tener temas pendientes contigo mismo. Dejándote de hacer de trampa, de engañarte con postergas, sin tener la necesidad de gustar a todos.

Creyendo que el propósito de la vida es crecer aprendiendo, cayendo, volviendo a empezar pese al miedo.

diumenge, 9 de setembre de 2018

11 ERRORES QUE NINGÚN EDUCADOR DEBERÍA COMETER


Empieza un nuevo curso escolar y con él las carreras, los horarios enloquecidos, las clases y las extraescolares. Vuelta a las aulas donde nuestros hijos se enfrentarán a nuevos y apasionantes retos educativos.

En ocasiones como padres nos obsesionamos con que aprendan el máximo de contenidos sin plantearnos si esos aprendizajes les van a hacer feliz. Llenamos sus vidas de actividades extras, de horarios desproporcionados, de exigencias inadecuadas.

Olvidamos enseñarles las competencias necesarias para vivir en equilibrio, para saber descifrar sus emociones, para conseguir ser perseverantes en la persecución de sus sueños.

Obviamos que lo más importante a la hora de educar es la necesidad de estar presente,  conseguir que sientan que les acompañamos sin condición y gozar de cada uno de los pequeños logros que consiguen a diario.

Por esta razón, deberíamos intentar evitar los siguientes errores a la hora de educar:

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR el máximo de contenidos o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y  sobretodo del ensayo-error.

ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad les va a hacer mucho más fuertes. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar. No nos convirtamos en su secretario personal.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

Educar a un hijo es sin duda una tarea ardua repleta de dudas e incertidumbre pero es también el mejor oficio del mundo. TU hijo/a NUNCA tendrá una mejor MAMA o PAPÁ mejor que TÚ.

diumenge, 8 de juliol de 2018

SIN FILTROS

Mostramos pocas agallas cuando se trata de nosotros. Invertimos nuestra energía en proteger a los que creemos que nos necesitan, en creer en los proyectos que otros saben defender, en admirar la osadía que poseen aquellos nos inspiran. Vivimos al rebufo de las necesidades o expectativas de los demás, dejamos que sean ellos quien decidan las normas del juego.

Nos miramos poco y mal. Creemos no merecer todo aquello que diseñamos en nuestros sueños. Colmamos nuestra imagen de defectos que nos limitan, que nos llenan de excusas, que nos inmovilizan. Admiramos el talento de los demás olvidando el nuestro, abandonamos cuando las cosas empiezan a tambalearse porque no confiamos en nuestras posibilidades.

A menudo nuestra sonrisa depende de la valoración que hacen los otros de nuestros logros, dejamos que decidan qué es lo que debemos sentir o a lo que debemos aspirar. Pedimos permiso para defender lo que nos corre por dentro. Nos anclamos a temores absurdos que nos sabotean, nos sentimos poco capaces de conseguir lo que nos proponemos. Nos medimos siempre por el rasero más pequeño.

Por suerte todo cambia cuando empiezas a querer tu IMPERFECCIÓN, cuando dejas de esconder tus miserias, cuando aceptas cada uno de tus defectos. Y entiendes que la vida le sonríe al que se la juega, a quien tiene agallas de probar sin complejos, a quien cree en él sin peros.

Y decides ir con todo a por tus proyectos, a pelear sin reservas, a crear oportunidades.

Aprendes a vivir sintiéndote orgulloso de cada uno de tus pasos, de tus intentos, de cada uno de tus tropiezos. Sin mirar atrás, cogiendo la responsabilidad ante las circunstancias, simplificando miedos. Y dedicas tu alma a lo que realmente deseas, soltando lastres, sin depender de nadie. Dándote permiso para intentar cosas que otros piensan que son imposibles.

Aprendiendo a perdonar tus errores, a disfrutar de todo lo bueno que te pasa, asumiendo que las cosas que más duelen son las que más enseñan. Abrazando la vulnerabilidad como mejor manera de crecer, sin la necesidad de gustar siempre, sin tener que justificar aquello que te marca tu instinto.

Dejando de poner filtros, descubriendo que el PEOR de los enemigos somos NOSOTROS MISMOS

diumenge, 24 de juny de 2018

VOLVAMOS A INTENTARLO

Nos asusta equivocarnos pero seguramente a lo que más pánico le tenemos es a la reacción de los demás ante nuestro fracaso. Tenemos la necesidad de esconder cada uno de nuestros tropiezos, de intentar maquillar cada una de nuestras malas decisiones, de disimular cada vez que erramos en nuestros objetivos.

Nos avergonzamos absurdamente de nuestra falta de destreza, de no estar a la altura que otros han  marcado por nosotros, de fallar en nuestros intentos. Dejamos que ridiculicen nuestros deseos o intenciones cada vez que las cosas no salen como esperábamos, que sean otros los que marquen nuestro camino. No nos creemos lo suficientemente buenos, cualquier contratiempo limita nuestra confianza.

Leemos de forma incorrecta nuestros errores, nos hacemos pequeños cuando todo empieza a tambalearse. Permitimos que los fallos intoxiquen nuestros sueños, que nos encadenen a la desesperación. Evitamos fallar por miedo al ridículo o a parecer indefensos.

Ojalá que desde pequeños nos enseñasen a FALLAR, a identificar en nuestros errores todo aquello que nos quieren enseñar. A considerarlos parte imprescindible del juego, a no anclarnos a ellos. A invertir nuestra energía en las soluciones, en superarlos con determinación.

Por suerte un día aprendes que el mundo es de aquel que se levanta con más fuerza después de cada fracaso, que es imprescindible aprender a fallar útilmente, que cada fracaso nos enseña algo imprescindible que necesitábamos saber.

Los errores nos permiten practicar nuestra vulnerabilidad, conocer nuestras limitaciones, fortalecer nuestro talento, ejercitar nuestra perseverancia. Sin error no hay evolución, no hay aprendizaje, no hay nuevos caminos por dibujar.

Deberíamos aprender a medirnos en función de nuestras agallas para jugar, para aventurarnos, para apostar a doble o nada sabiendo que podemos errar. Atrevernos a hacer aquello que nos marca nuestra intuición sin tener garantías de éxito, a no encogernos cuando toca remar a contracorriente. A despojarnos de excusas, de lamentos, de arrepentimientos.

Dejemos de maximizar las consecuencias de nuestras caídas,  no pidamos permiso a aquellos que no se atrevieron, hagamos las cosas sin la necesidad de controlar todas las variables del juego.

No podemos asegurarnos el triunfo pero si que podemos comprometernos a fuego con lo que deseamos.

Aprendamos a levantarnos minimizando daños, a tener confianza en nosotros mismos, a perder el miedo a mostrar lo que realmente somos. A pedir perdón cuando sea necesario, a admitir que la perfección no nos acerca a lo que realmente necesitamos. El propósito de la vida es crecer aprendiendo, cayendo, volviendo a empezar.

Ojalá fallemos muchas veces, ojalá aprendamos de cada tropiezo.