Sònia

Sònia

dissabte, 22 de setembre de 2018

¿POR QUÉ NO SE EDUCA ANTE EL MIEDO?

Fui una niña extremadamente miedosa. Recuerdo como el miedo me paralizaba, me hacía pequeña, me desbordaba. Un miedo que me hacía sentir extremadamente vulnerable,  que me privaba de hacer lo que realmente deseaba. Miedos que diluían sueños, que hacían añicos el alma.

Miedo a la oscuridad, a estar sola, a no ser lo suficientemente buena. A la muerte, a perder a los que quería, a no dar la talla. A ser diferente, a sentir demasiado, al rechazo. Miedo extremo a sentir miedo.

Un monstruo enorme que me perseguía,  limitaba y me obligaba a esconderme. Un fantasma atroz que me hacía disimular mis deseos, guardar las apariencias, ser alguien en el que no me reconocía.  Que intoxicaba mis elecciones, que me hacía actuar con excesiva prudencia.

Que poco nos entrenan para PLANTAR CARA al miedo. Para hablar de él sin tapujos, para poder identificarlo, para ser capaces de mirarlo a la cara con valentía. Para dejar de ser sumisos ante sus garras, para romper sus cadenas, para decirle "conmigo no puedes".


¿Por qué no nos han EDUCADO ante el miedo? Todo sería más fácil si desde pequeños alguien te explicase que TODOS tenemos miedo y que no por eso eres un cobarde. Que va a acompañarnos siempre y que deberemos aprender a domarlo. 

Ojalá nos aclarasen  que el problema no reside en tener miedo sino en el efecto que este tiene en nuestra vida. Que nos asegurasen que va a llegar un día en el que vamos a tener todas las armas necesarias para poder mirarle sin temor.

Ojalá nos enseñasen que la mejor manera de afrontar el miedo es aliándote con él, aceptándolo, conociéndolo. Cambiando tu forma de mirarlo, de ponerle nombre,  de conocer sus forma.

Asomándote ante él sin que te tiemble el pulso,  dándole la mano con firmeza, sin rodeos. Perdiendo el pudor a dejar ir,  a cerrar historias, a mirarte al espejo sin peros. 

Aprendiendo que el miedo flaquea cuando te atreves a buscar lo que realmente te gusta, cuando dejas de silenciar deseos, de tener temas pendientes contigo mismo. Dejándote de hacer de trampa, de engañarte con postergas, sin tener la necesidad de gustar a todos.

Creyendo que el propósito de la vida es crecer aprendiendo, cayendo, volviendo a empezar pese al miedo.

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