Sònia

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diumenge, 4 de novembre de 2018

EDUCAR ANTE LA MUERTE

- ¿Tú también le echas de menos?

- Creo que no hay un sólo día que no me acuerde de él.

- Como me gustaría que pudiese ver como me hago mayor.

La muerte es parte ineludible de la vida pero eso consuela poco. Nadie está preparado para perder a alguien al que quiere, al que necesita a tu lado, al que admira. Para sentir su vacío, para añorar sus palabras, para echarle de menos en cada celebración. 

Dicen que nada enseña más que la muerte, que es una gran maestra. La muerte de un ser querido marca siempre un punto y seguido en tu vida, hace que la reestructures de nuevo, te marca el camino para exprimirla de forma diferente.

Una pérdida que te hace maldecir tu suerte, que te recuerda la torpeza de llenar nuestros días de excusas y postergas, de peros y por qué. Que te enseña a aceptar la vida tal y como viene, a disfrutar de las pequeñas cosas, a ser más agradecido. 

Educar ante la muerte pertenece a la vida, es parte imprescindible de ella. Pero que difícil es hacerlo cuando esa persona que se ha ido era parte de ti. Que complicado es explicarle a un hijo que nunca más volverá a ver a su abuelo. 

Conseguir que entienda que la vida en ocasiones pega fuerte, que es injusta, que hay cosas que no tienen explicación. Lograr hablar de la muerte sin rodeos, enfrentarse a ella con naturalidad.

Que complejo es explicar con coherencia todo aquello que necesitan saber, evitar los detalles innecesarios, atender cada bajón. Acompañar el duelo con dulzura, respetando los retrocesos, los cambios de humor, los silencios.

Que arduo es aprender a conversar sobre ella sin edulcorarla, sin rodeos o engaños. Poniendo nombre a la furia, a la tristeza, a la negación. Admitiendo que la muerte te rompe por dentro, que transforma tus emociones, que te ancla en la desolación.

A la muerte se le acompaña llorado juntos, permitiéndote tener días grises, confiando en que poco a poco todo irá a mejor. Admitiendo que no hay respuesta para todos las preguntas, poniéndole nombre a los miedos que van apareciendo, respetando los ritmos de aceptación. Entrenando la resilencia, confiando en el futuro, poniendo valor a todo lo bueno que tenemos.

A la muerte hay que mirarla a la cara, desarrollando mecanismos para eliminar la culpa, para mitigar el enojo. Utilizando un leguaje que ayude a entender, a sanar, a mantener vivo el recuerdo. Verbalizando lo mucho que añoramos a la persona que ya no está, lo importante que era en nuestra vida, lo que nos gustaría volverle a ver. 

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