Sònia

Sònia

dilluns, 6 de juny de 2016

AMEMOS EL CAMBIO

- No me sale mamá.

-¿Por qué no pruebas a hacerlo de forma diferente?

- Porque siempre lo he hecho así.

- A veces cambiar te permite conseguir cosas que nunca antes habías imaginado.

- ¿Por qué debería cambiar las cosas?

- Y ¿por qué no?

Por naturaleza nos mostramos resistentes al cambio. En ocasiones, nuestra actitud conservadora, nuestro miedo a salir de la zona de confort, de romper con nuestra rutina a la hora de hacer o pensar, nos mantiene inmóviles. La vulnerabilidad que nos hace sentir las cosas que no controlamos, el temor a lo desconocido, el pavor a equivocarnos, nos hacen echar el freno de mano.

Vivimos en un tiempo de cambio, ante un futuro que se intuye diferente. El mundo es cada vez más complejo, las cosas pasan de forma fugaz, nada es eterno. Aprender a educar en el cambio, en la fugacidad en la cual vivimos, se convierte en una ardua tarea. Prepararlos para ejercer oficios que aún ni siquiera existen, entrenarlos a solucionar problemas que aún no se han dado, a utilizar tecnologías que ni si quiera se han inventado, resulta extremadamente complejo.

 El cambio es inevitable, es parte de la vida, de nuestro existir. En muchas ocasiones llega sin avisar, sin pedir permiso y hace desequilibrar todo aquello que controlamos. Llena de adrenalina e incertidumbre nuestra vida a partes iguales, nos incomoda pero a la vez nos regala nuevos caminos por recorrer.

No podemos controlar su aparición pero sí podemos decidir cuál será nuestra actitud ante él. Debemos enseñar a nuestros pequeños a enfrentarse a los cambios con intrepidez, aprendiendo que en ocasiones será mejor ir paso a paso y en otras hará falta hacer una verdadera revolución. Tocará pensar de una manera crítica, cuestionarse el porqué de las cosas, resolver la indecisión con las ganas de intentarlo, apostar por la creatividad.

Eduquemos a ver el cambio como un reto, como una nueva oportunidad para vivir algo diferente, para descubrir. Para volver a renacer, redibujar nuestra hoja de ruta, ejercitarnos a dar la vuelta a las cosas las veces que hagan falta, para conseguir ser protagonistas de nuestra existencia.

Instruyamos a dejar de aferrarnos al pasado, sin victimismos ni anhelos, empapémonos de todo lo bueno está por venir. A mostrar una actitud proactiva, a no esperar que las cosas ocurran por azar, a creer en el trabajo y la dedicación. A apostar a fuego por nuestro para qué, a descubrir el arte que poseemos. A visualizar, a reconocer los errores, potenciar los talentos y ejecutar un plan de acción.

 A eliminar de nuestro lado a los cobardes, a los que se dejan llevar por la inercia, a los saboteadores de la osadía. A mostrarse receptivos a las nuevas ideas, a no tener pudor a la hora de elegir cosas distintas a las habituales, a comprometerse con el instinto y el corazón. A utilizar la evaluación para construir, a divertirse experimentando, a descubrir nuevas forma de sentir. 

A dar la mano a lo desconocido, ser respetuosos con ellos mismos, responsables con sus decisiones, resilientes ante los problemas. A ser héroes de su propia vida, queriéndose mucho, reaprendiendo a diario, tonteando con la cuerda floja sin miedo a caer. A priorizar sabiendo qué es lo que suma, a aprender a progresar de diferentes maneras, arriesgando, evitando el quizás o el tal vez, consiguiendo que las ganas sean más fuertes que las excusas.

Hijo recuerda siempre que lo único que no podemos elegir es no dejar de elegir. La valentía consiste en eso, en tener miedo y a pesar de él, no dejar de caminar.

3 comentaris:

  1. Salir de la zona de confort cuesta horrores, eso es lo que nos pasa a todos. Sobretodo a los adultos. Pero una vez que sales, tembloroso y dubitativo, hay que pensar que no hay vuelta atrás y darlo todo. Siempre será enriquecedor, aunque fracasemos.

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  2. Creo que he acostumbrado a mis hijos a los cambios porque han vivido algunos: mami trabaja, ahora no, ahora así, hay que adecuarse a sus horarios. Extraescolares un año y al otro no. Viajes... No son grandes cambios, pero lo suficiente para alimentar, aunque sea un poco, su capacidad de adaptación, que es mucha. Intento que no se queden dormidos en su zona de confort y que lo nuevo les parezca excitante y lleno de posibilidades. Confieso que tengo mucho más éxito con el mayor que con el pequeño. Supongo que es una cuestión de carácter.

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