Sònia

Sònia

dilluns, 13 de febrer del 2023

Cinco formas de fortalecer un vínculo seguro con tu hijo para que sea más feliz

Todos los seres humanos necesitan sentirse queridos y aceptados. Vinculados afectiva y emocionalmente a las personas con las que conviven: que les cuidan, protegen y les muestran a diario su afecto. Un apego que les proporciona bienestar y que es imprescindible para que puedan entender el mundo que les rodea y gestionar adecuadamente las emociones. Este apego se convierte en una zona segura y confortable donde las personas pueden desarrollarse con calma y confianza. Ese lugar donde se siente el amor y el apoyo, donde todas las necesidades básicas quedan cubiertas y las posibles amenazas están controladas. Un espacio cálido donde pueden ser tal y como son sin miedo a ser juzgados.

En el caso de los niños, el apego seguro es la relación que establecen desde el momento de su nacimiento con sus padres o cuidadores de referencia que les ofrecen la seguridad, comprensión y confianza que necesitan para construir una buena autoestima, aprender a relacionarse con los demás y entender un mundo que, a veces, va demasiado deprisa. Todos los niños nacen con un instinto irrefrenable de apegarse a un adulto para le ayude y atienda todo aquello que precisan.

La presencia y la ternura de las figuras parentales son imprescindibles para poder cubrir las necesidades afectivas y emocionales que tienen los pequeños. La forma de apego que reciban establecerá la forma en la que desarrollarán su personalidad, cómo serán capaces de enfrentarse al mundo y se relacionarán con el resto de personas.

Un niño no precisa saber que un adulto le quiere, sino que necesita sentirlo a diario sin ninguna condición. Que le amen, respeten y le acompañen con grandes dosis de cariño y empatía y que den respuesta a sus necesidades según el período evolutivo en el que se encuentre. Que le enseñen a regularse emocionalmente y a vincularse de manera sana con los demás. Que le ofrezcan el tiempo que necesita para aprender sin tener miedo a fallar.

No se debe creer que establecer un apego seguro generará una relación de dependencia entre padres e hijos. Si no todo lo contrario, este apego basado, en la protección y la confianza, potenciará la autonomía del niño a través de la exploración y la creatividad. Cubrir las necesidades no significa que se deba satisfacer todos sus deseos o caprichos o que pueda hacer siempre lo que le apetezca. Este apego le permitirá aprender a responsabilizarse de sus tareas, a tener iniciativa personal y a asumir las consecuencias de sus conductas y actos.

Un niño con un apego seguro habitualmente tiene mejor capacidad para aprender, mayor facilidad para adaptarse al entorno, desarrollar sus habilidades sociales y hacer frente a los problemas considerando el error como parte esencial del proceso de aprendizaje. En cambio, si un niño carece de este tipo de apego se mostrará muy dependiente del adulto, inseguro y tendrá muchas dificultades para tomar decisiones y a todo aquello que siente.

Algunas pautas que los padres puedan utilizar para generar vínculos de afecto y seguridad con sus hijos son:

- Respetar, legitimizar y acompañar desde la empatía todas las emociones que sienten sin cuestionarlas ni etiquetarlas. Enseñando a identificarlas y regularlas correctamente. Acompañando la rabia, el miedo o la frustración con empatía y grandes dosis de comprensión.

- Pasar tiempo de calidad con ellos para poder crear vínculos estables, fomentando así la comunicación asertiva y respetuosa. Mostrar interés por todo aquello que les guste, interese o preocupe compartiendo momentos de juego y tiempo libre. Estos instantes distendidos serán claves para la construcción de un apego sólido que dure en el tiempo.

- Explicitar a diario el afecto a través de los abrazos, las caricias, los besos, las cosquillas y las palabras de aliento. Sin condicionar el amor o apoyo en función de los resultados académicos que obtengan o de si el comportamiento es adecuado o no.

- Aceptar al niño tal y como es con sus virtudes y defectos, haciéndole saber que sus padres y madres le aman por lo que es y no por lo que hace o consigue. Establecer sobre él unas perspectivas adecuadas que le hagan sentir que confían en él, que le quieren sin condiciones, que le incitan a ser valiente. Mostrar una actitud abierta a escuchar, dialogar y solucionar conflictos desde el respeto.


divendres, 10 de febrer del 2023

Claves para reducir los conflictos con tu hijo adolescente

 Si hay algo que desconcierta a las familias es mirar a su hijo y apreciar que casi no lo reconocen. Sentir que ha dejado de ser aquel niño dulce y cariñoso que no paraba de explicar todo aquello que hacía en el colegio para convertirse en un joven arisco y reservado al que le tienen que sacar las palabras a cuentagotas.
 Que solo muestra interés por sus cosas y quiere estar todo el día encerrado en su habitación, absorto en sus pensamientos y conectado con sus amigos a través de las redes sociales. Un joven que va a la suya y que, en ocasiones, se muestra poco respetuoso y agradecido por todo aquello que hacen sus padres por él. Que quiere pasar la mayor parte de su tiempo con su grupo de iguales porque en él encuentra el apoyo y la comprensión que necesita.
La adolescencia es un período de desarrollo convulso, repleto de cambios que a las familias les cuesta mucho acompañar desde la calma y la empatía. Su llegada trae con ella muchos conflictos y desavenencias entre padres e hijos. El orden, las responsabilidades en el hogar, los estudios, la hora de volver a casa o las nuevas amistades son algunos de los motivos que desencadenan estas riñas. Momentos en los que la comunicación parece casi imposible y las cosas no fluyen como antes. Donde se pierden los nervios o se levanta la voz. Discusiones constantes que hacen que los progenitores sientan culpa, inseguridad o impotencia al percibir que el vínculo con su hijo está muy dañado.

Durante esta etapa el adolescente necesita sentir que sus padres saben lo complicado que en ocasiones es para él hacerse mayor. Que son conscientes que su cerebro aún no está lo suficientemente preparado para actuar y decidir desde la reflexión y aplacar los impulsos que a menudo le llevan a actuar de forma desajustada. Unos padres que validan sus emociones sin juzgarlas y le ayudan a dar respuesta a sus nuevas necesidades con su presencia y disponibilidad. 

Que le aceptan tal como es, con sus virtudes y defectos, y le enseñan con paciencia a hacer las cosas bien. Que confían en él y le dejan descubrir y diseñar con libertad su propio camino. Que le exigen para que cada día sea una mejor persona. Que le ayudan a construir desde la tranquilidad su nueva identidad.

Hay que comprender que la necesidad que tiene un adolescente de cuestionar la autoridad de sus padres es natural y necesaria, y ese será el primer paso para poder acompañar esta etapa de forma consciente y empática. En este período el adolescente necesita empezar a llevar las riendas de su vida y hacer las cosas a su manera y ritmo sin sentir que el adulto que le acompaña se pasa el día controlando, criticando sus errores o ridiculizándole porque no hace las cosas bien.
El segundo paso será entender que muchas de las conductas inapropiadas que tiene el adolescente son una manera errónea de demandar ayuda cuando se siente inseguro.

Estas son cinco claves que los padres pueden poner en práctica para disminuir el número de conflictos con su hijo adolescente:

  1. 1. Para poder acompañar la etapa con serenidad es imprescindible que los progenitores conozcan las características propias de la edad. Este conocimiento permitirá entender la forma de actuar y decidir de su hijo adolescente, comprendiendo la rebeldía e impulsividad con la que a veces procede.
  1. 2. Aceptando que ahora lo que necesita el adolescente es espacio, intimidad y libertad para poder crecer. Para experimentar y relacionarse con su entorno de forma muy distinta a la que hasta ahora lo había hecho. Una autonomía que le permitirá empezar a tomar sus propias decisiones y a asumir las consecuencias de las mismas.
  1. 3. Propiciando una comunicación basada en el respeto donde el joven pueda expresar lo que siente o necesita sin sentir miedo a ser juzgado o etiquetado. Validar sus emociones será la mejor manera de crear un vínculo sólido y afectuoso y propiciar así que tenga ganas de compartir todo aquello que le pasa o necesita.
  1. 4. Cuando el conflicto estalle, el adulto será el encargado de sofocar el incendio, no de avivar las llamas. Ofreciéndole el tiempo y espacio que necesita para calmarse, escuchando atentamente y hablando con un tono de voz adecuado, sin acusaciones y reproches. Ofreciendo soluciones creativas para solucionarlo desde el cariño y la intuición.
  1. 5. Ofreciendo el tiempo que necesitan para aprender a descifrar el mundo complejo de los adultos. Un mundo que, en ocasiones, va demasiado rápido y es excesivamente complicado y exigente con ellos.
Seguir leyendo en:  https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-01-13/claves-para-reducir-los-conflictos-con-tu-hijo-adolescente-de-la-serenidad-a-la-comprension-sin-olvidar-darle-su-espacio.html

Estos son los propósitos de 2023 que todo padre desea para sus hijos

Hoy se inicia un año nuevo repleto de buenas intenciones y muchos retos por cumplir. Con la lista de propósitos ya preparada y 365 días por delante para que se puedan conseguir. Estos serían: mejorar los hábitos para que sean más saludables, pasar más tiempo de calidad con las personas queridas y aprender nuevas cosas que alimenten el intelecto y la ilusión y que, seguramente, aparecen en la mayoría de listas de deseos para 2023.

Este domingo 1 de enero, padres e hijos se despiertan embriagados por la ilusión de olvidar todo lo malo que trajo el año pasado. Doce meses en el que se padecieron los últimos coletazos de la covid-19 que condicionó durante demasiado tiempo la forma de relacionarse, en los que se aprendió a convivir con este virus de una forma más tranquila y cesaron los confinamientos que tanto hicieron sufrir a muchos.

Un 2022 convulso que ha castigado duramente la economía con la subida estrepitosa del precio de los alimentos, de la electricidad y del gas. En el que se inició también la terrible invasión de Rusia en Ucrania y que aún no ha finalizado. Además, todavía millones de personas en el mundo siguieron sufriendo pobreza extrema y viviendo en condiciones infrahumanas. Aunque también pasaron cosas maravillosas durante estos meses: como los avances científicos en la cura de la diabetes, el cáncer y el diagnóstico del alzhéimer o las muestras de solidaridad en todo el planeta con los pueblos que más sufren.

Yo este año he decidido ponerme pocos propósitos para centrar toda mi energía en conseguirlos. Con el paso de los años, he aprendido que si elaboro una larga lista de objetivos termino no cumpliéndolos porque me acaban invadiendo las postergas o las excusas. Para 2023, he elegido pocos pero muy importantes: todos ellos centrados en mi autocuidado y en la educación de mis hijos.

En mi opinión, cada inicio de año los padres y madres deberían animar a los niños y adolescentes a establecer su propia lista de propósitos. Una lista de pequeños objetivos que quieran alcanzar durante los próximos meses. Escribirlos, además, junto a ellos hará que se comprometan más fácilmente y muestren ilusión por conseguirlos. Los adultos deberían ayudarles a buscar objetivos concretos y realistas tanto a nivel propio como familiar. 

Estableciendo muy detalladamente con ellos los pasos necesarios que deberán seguir para poderlos lograr. Explicándoles que para conseguirlos tendrán que centrar toda su atención en el proceso y no únicamente en el resultado. Siendo muy conscientes que a lo largo del camino se encontrarán algunas dificultades y deberán ser persistentes y trabajar duro.

El hacerlo por escrito ayudará a niños y adolescentes a evaluar todo aquello que ya hacen bien y los aspectos que necesitan mejorar. Les posibilitará fortalecer la disciplina y la voluntad, potenciará su autoestima y autonomía personal, su capacidad para resolver contratiempos y les enseñará que los tropiezos son imprescindibles para aprender. 

Los propósitos educativos que los padres les deberían marcar deben centrarse en su crecimiento personal. Un desarrollo que nada tiene que ver con que sean populares, obtengan siempre excelentes notas y destaquen sobre los demás. Si no que fomenten una estabilidad y progreso basado en que aprendan a esforzarse por lo que de verdad desean, a cuidar y respetar a los que les quieren, a mostrarse generosos, agradecidos y colaboradores con los que lo necesitan.

La experiencia como madre y docente me ha enseñado que los objetivos más importantes que deberíamos marcarnos en la educación deberían ser:

  1. 1. Que sean niños y jóvenes libres y con autonomía. Con un pensamiento crítico que les permita pensar y decidir sin sentirse condicionados por lo que puedan pensar u opinar los demás.
  2. 2. Que aprendan a ser dueños de sus vidas, que luchen por cada uno de sus sueños y no los dejen en manos de la suerte o del destino. Que estén dispuestos a esforzarse todo lo que haga falta sin poner excusas, siendo conscientes que en ocasiones la vida será injusta. Que aprendan a pedir ayuda sin vergüenza.
  3. 3. Que sepan amar a los demás aunque sean muy distintos a ellos. A mostrarse respetuosos ante la diferencia de edad, género, religión e ideología. Sin juzgar el camino que deciden elegir los otros y mostrando interés por conocer formas de vivir y pensar diferentes a las suyas.
  4. 4. Que encuentren aquellas cosas que le llenen la vida de ilusión a través de la música, la ciencia, la literatura o el deporte. Que no se cansen nunca de aprender, de investigar, de preguntar las dudas, de mejorar un poco a diario. De conocer a gente nueva o viajar descubriendo lugares maravillosos.
  5. Seguir leyendo en : https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-01-01/estos-son-los-propositos-de-2023-que-todo-padre-desea-para-sus-hijos.html

dimecres, 14 de desembre del 2022

CEU TALKS. Cómo acompañar la adolescencia

 La adolescencia es la etapa que nuestros hijos e hija necesitan de nuestra mejor versión. Que les acompañemos con empatía y muchas dosis de amor.

De esta etapa hablamos en CEU TALKS: 

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=8Szr-WCL5JU

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ahYrrRtKJNk

Instagram: https://www.instagram.com/p/CjzohjTDKnz/

 Facebook: https://www.facebook.com/fundacionceu/videos/ceu-talks-convivir-con-adolescentes-con-sonia-l%C3%B3pez/454971200058795/



Cinco claves para que los adolescentes toleren mejor la frustración

Si algo recuerdo de mi adolescencia es la dificultad que tenía para hacer frente a la frustración y digerir correctamente mis tropiezos. Cuando no alcanzaba lo que pretendía surgía en mí la aflicción, el enfado o el impulso de abandonar aquello que me había propuesto. Podía pasarme días en bucle, enfadada con el mundo y con los que me rodeaban, intentando dominar mi ira o buscando culpables a mis malas decisiones. Los adultos que me acompañaban me explicaban la necesidad de analizar todo aquello que me pasaba con tranquilidad, pero a mí me costaba mucho hacerles caso.

Si hay una emoción desagradable que los adolescentes muestran dificultades para manejar es la frustración. Una emoción que aparece cuando no son capaces de conseguir aquello que desean o se proponen. Surge de la diferencia entre lo que ocurre realmente y lo que se había pensado que pasaría. Un sentimiento muy molesto que les provoca desánimo y frustración.

La tolerancia hacia ella es una habilidad que necesita un aprendizaje específico y que debe empezar desde que uno es pequeño. Esta ayuda a afrontar los cambios inesperados y los fracasos, así como a saber manejar aquello que no está a la altura de las expectativas. Desarrollarla es imprescindible para poder afrontar de forma saludable situaciones que crean incertidumbre y rabia.

En esta etapa de desarrollo tan convulsa y repleta de cambios, el cerebro adolescente no siempre está preparado para actuar desde la reflexión y frenar correctamente los impulsos. Por este motivo, a menudo tienen conductas disruptivas —dificultad para controlar sus emociones y su comportamiento— y dificultades para mostrarse resilientes.

Los adolescentes buscan satisfacer sus necesidades de manera inmediata y cuando no pueden hacerlo tienen enfados desmesurados o dificultades para modular correctamente sus emociones. Muchas de estas situaciones acaban en conflictos con los adultos que les acompañan, provocando situaciones desagradables. Los que tienen una baja tolerancia a la frustración interpretan los límites como algo inmerecido, se muestran impulsivos y desafiantes y les cuesta mucho aceptar los cambios y sus consecuencias. 

Se desmotivan muy fácilmente ante cualquier contratiempo y, a menudo, abandonan sus objetivos. En cambio, un adolescente con un elevado nivel de tolerancia podrá mantener su estado de ánimo sin alteraciones aunque no vea cumplidas sus expectativas, pedirá ayuda cuando lo necesite y sabrá aceptar las críticas, asumir sus responsabilidades, trabajar en equipo y gestionar mejor los conflictos. 

Será más optimista, se sentirá capaz de probar cosas nuevas y transformará las situaciones problemáticas en oportunidades para aprender y mejorar.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que se encuentran en el camino diario con optimismo e intentar buscar soluciones. Aprender a adaptarse a los cambios, aceptar que no siempre vamos a ganar y solicitar ayuda cuando lo necesitemos sin que eso afecte nuestra autoestima. Superar los obstáculos con responsabilidad, inteligencia y determinación.

Desarrollar una buena inteligencia emocional será clave para que un adolescente pueda hacer frente a la frustración. Para aprender a tolerarla necesitarán la oportunidad de enfrentarse a ella sin sobreprotegerles, trabajo que debe empezar a hacerse desde los primeros años de vida. Se debe potenciar la autonomía e iniciativa personal para que sean capaces de hacerle frente desde la calma y la reflexión. Si los padres no dejan que se enfrenten a ella, intentando resolverles las dificultades continuamente, provocarán que se conviertan en adultos que no saben solucionar sus problemas sin depender de los demás.

Estas son cinco claves que los padres pueden poner en práctica para enseñar a los adolescentes a tolerar la frustración:

Seguir leyendo en: https://elpais.com/mamas-papas/familia/2022-12-05/cinco-claves-para-que-los-adolescentes-toleren-mejor-la-frustracion.html


dilluns, 14 de novembre del 2022

Los riesgos de no educar a los hijos en la cultura del esfuerzo: adultos dependientes, insatisfechos y déspotas

Recuerdo las veces que mis padres nos repetían a mis hermanas y a mí lo importante que era que nos esforzásemos para poder conseguir todo aquello que nos proponíamos. Con grandes dosis de afecto y paciencia nos explicaban lo fundamental que era que tuviésemos una buena actitud e interés a la hora de trabajar por conseguir nuestros sueños. Ellos tenían un máster en esfuerzo y trabajo porque les tocó emigrar a una nueva ciudad en busca de un futuro mejor, con poca ayuda y mucha valentía. Ahora vivimos en el otro extremo, en una sociedad con poca cultura del esfuerzo donde parece que todos nuestros objetivos se pueden conseguir sin él.
La publicidad o las redes sociales son las responsables de que muchos crean que se puede aprender alemán en tan solo ocho semanas, perder peso sin hacer dieta o correr una maratón casi sin entrenar. Todo parece ser asequible, rápido, fácil de conseguir, inmediato. Se ha vendido un falso éxito que se consigue sin trabajo y donde el proceso no es valorado, únicamente lo es el resultado.

Si hay un regalo bueno para los niños y adolescentes es enseñarles a aprender a esforzarse por aquello que desean, a amar los desafíos y a saber disfrutar del camino, aunque esté repleto de baches y contratiempos. El esfuerzo es una actitud imprescindible para el aprendizaje, afrontar los retos y superar las dificultades, es una de las motivaciones innatas que hacen que los hijos e hijas aprendan a diario cosas nuevas.

El esfuerzo produce un sentimiento de satisfacción y orgullo y fortalece nuestra autoestima. Cuando los chavales se esfuerzan se sienten mucho más felices, más relajados y menos ansiosos. A través de él, aprenden a hacer frente a las adversidades con optimismo y crean un buen autoconcepto de ellos mismos. 

Las familias deben aprovechar todas las oportunidades que se presentan a diario para enseñar a los hijos a esforzarse: que se vistan o coman solos, se muestren responsables con sus tareas o mantengan ordenado su cuarto. El esfuerzo en niños y adolescentes debe ir dirigido a desarrollar y adquirir una autonomía personal en las actividades cotidianas para poder satisfacer las necesidades básicas e ir construyendo una personalidad fuerte.

Los niños que aprenden a esforzarse conseguirán una actitud activa ante la vida y serán capaces de valerse por sí mismos y asumir sus responsabilidades. Los padres no deben caer en la tentación de solucionarles los problemas, allanarles el camino o sobreprotegerles cuando vean que no consiguen lo que se proponen. Los niños que no se esfuerzan acaban convirtiéndose en adolescentes o adultos dependientes, insatisfechos y déspotas.

Los hijos e hijas necesitan que se les explique que el esfuerzo es el medio por el cual lograrán conseguir muchos de sus objetivos. Que se les aclare que no siempre van a lograr aquello que se propongan y que será esencial que no se rindan delante de las dificultades. Que padres y madres les ayuden a gestionar las emociones correctamente, a dominar la indecisión y hacer frente a la frustración. A no depender de la buena suerte para que las cosas salgan bien, sino del trabajo y el empeño.

La cultura del esfuerzo educa a los niños en la determinación de la voluntad y la perseverancia. Fortalece la tenacidad, les enseña a ser resilientes, a asumir responsabilidades y a afrontar los problemas con realismo.

Seguir leyendo en: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2022-11-12/los-riesgos-de-no-educar-a-los-hijos-en-la-cultura-del-esfuerzo-adultos-dependientes-insatisfechos-y-despotas.html?ssm=TW_CM_MYP



dimecres, 2 de novembre del 2022

Así pueden conseguir padres y madres que sus hijos participen en las rutinas diarias de casa

 Recuerdo el tiempo que dedicaron mis padres en enseñarnos a mis hermanas y a mí a hacer las rutinas en casa. Con grandes dosis de paciencia y dedicación, nos ayudaron a ir automatizando tareas que potenciaron mucho nuestra autonomía y facilitaron la convivencia. De forma equivocada, en muchas ocasiones se asocian las rutinas con la repetición y el aburrimiento. Actividades que terminan siendo pesadas y que se acaban aborreciendo. Pero, en realidad, las rutinas son tareas que se realizan de forma automática, casi sin pensar. Actividades que ayudan a organizar el día a día de forma más productiva, a interiorizar normas y a crear nuevos hábitos. Al principio pueden resultar un poco tediosas, pero una vez interiorizadas aportan muchos beneficios a nivel psicológico y emocional.

A nivel cerebral, las rutinas son atajos que permiten entrelazar tareas y hacer cosas casi sin esfuerzo, como lavarse las manos antes y después de comer; atarse las zapatillas antes de salir de casa o ponerse el cinturón de seguridad cuando se va en coche. Estos son ejemplos de actos automáticos que se realizan a diario y que no cuestan un gran esfuerzo porque están automatizados

En cambio, la falta de rutinas en el hogar puede conllevar problemas de comportamiento y comunicación. Por ejemplo, que en muchos momentos los niños estén nerviosos, malhumorados, protesten con más facilidad y tengan más conflictos con los otros miembros de la familia. Además, habrá un mayor desorden y desorganización que provocará que, a menudo, se acabe alzando la voz porque nadie hace lo que estaba establecido.

Las primeras rutinas que aprenden los niños están relacionadas con el sueño y la alimentación y, poco a poco, van adquiriendo otras muchas necesarias para conseguir una buena convivencia. Los menores que vayan adquiriendo estas rutinas serán más organizados, perseverantes y autónomos, mostrarán más curiosidad por descubrir su entorno y tendrán más disposición para valorar las cosas y el trabajo de los demás y ser responsables y agradecidos.

Las primeras rutinas que aprenden los niños están relacionadas con el sueño y la alimentación y, poco a poco, van adquiriendo otras muchas necesarias para conseguir una buena convivencia. Los menores que vayan adquiriendo estas rutinas serán más organizados, perseverantes y autónomos, mostrarán más curiosidad por descubrir su entorno y tendrán más disposición para valorar las cosas y el trabajo de los demás y ser responsables y agradecidos. 

En casa, no se trata de establecer rutinas inflexibles e impuestas por los padres, sino hacer partícipes a mayores y pequeños en la planificación, haciéndoles sentir que pertenecen y contribuyen en el buen funcionamiento de la dinámica familiar. Demasiadas tareas obligatorias pueden crear aburrimiento y aversión a colaborar.

Cada familia deberá concretar sus hábitos para las comidas, crear horarios para respetar las horas de descanso, establecer tiempo para la higiene personal, el ocio y el estudio. Cada actividad deberá efectuarse en un lugar determinado y tener un tiempo de dedicación. Cuanto mejor se entienden las tareas, mejor se ejecutarán.

¿Cómo podemos conseguir que los niños adquieran unas buenas rutinas?

1. Explicándoles con grandes dosis de afecto y paciencia la importancia que tienen las rutinas en el día a día y todos los valores positivos que aportan en la familia: cooperación, corresponsabilidad, respeto, perseverancia o esfuerzo, entre otros.

2. Diseñando junto a ellos una tabla de rutinas con un orden lógico que, mediante su observación, les ayude a saber qué actividades deben ir encadenando sin ser necesario que se les tenga que recordar constantemente qué deben hacer y en qué orden. Antes de iniciar la tabla, los padres se tienen que asegurar que los niños y los adolescentes entienden perfectamente en qué consiste cada tarea y saben cómo realizarla. Recurrir a soportes visuales con imágenes les facilitará la comprensión, por ejemplo.

Seguir leyendo en: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2022-10-31/asi-pueden-conseguir-padres-y-madres-que-sus-hijos-participen-en-las-rutinas-diarias-de-casa.html