Sònia

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divendres, 12 de desembre de 2014

YA SOMOS 50.000 #MALASMADRES


En ocasiones necesitas un revulsivo para que todo cambie, algo que te haga reaccionar y te saque de tu encrucijada.

El eco del que habla #yonosuperwoman en su blog también llegó hasta Barcelona. Desde el primer instante este eco se convirtió en un mensaje de aquellos que no te dejan indiferente. Una resonancia clara, concisa e inmensamente significativa para mi. Una onda que no rebotó en mi sino que me atravesó en dos.

Por esos días me sumergía en mi nuevo proyecto.  Después de meses de reflexión creé mi blog. Un espacio íntimo y personal donde poder expresar todo aquello que me removía por dentro en mi nueva faceta como mamá.

Llevaba años inmersa en mi propia ecolación. Al igual que lo hacen los murciélagos, mis ondas rebotaban contra mi misma. Mis quejas, pensamientos, inquietudes, miedos, ilusiones, volvían a mi  una y otra vez como un zumbido ensordecedor. Un sistema de navegación que necesitaba para viajar, en la mayoría de ocasiones, en total oscuridad. Vivía entre muchas madres que no encontraban ningún pero a la maternidad. Todo era perfecto con sus bebés y mis bromas irónicas sobre la maternidad eran  mal interpretadas o no se entendían bien. Me sentía  sin derecho a la queja o el lamento en aquellos momentos que mi nueva profesión me sobrepasaba sin control. Vivía inmersa  en fases de una maternidad que en muchas ocasiones me hacía sentir la peor madre del mundo.

Pero allí aparecieron las #malasmadres generando un ultrasonido, una gama de frecuencias que pocas entendían a mi alrededor pero que yo fui capaz de descifrar desde el primer momento. El 2.0 me permitió descubrir a madres como yo, que hablaban sin tapujos de lo difícil que era conciliar, sobre las peripecias que había que hacer para llegar a ser una mamá molona y el derecho que teníamos a la protesta, porqué hay días que la maternidad nos agota y nos gustaría emigrar. Fue como el sonido interpretado por el flautista de Hammelin al que dejé que me guiase sin poner freno.

Un e-mail contestado casi al instante me ofrecía la oportunidad de colaborar en aquel proyecto en el creí sin dudar. Para mi poder escribir mi post se ha convertido en un regalo mensual del cual disfruto cada día más. ¿Cómo es posible apreciar a alguien que ni tan solo conoces? ¿Cómo es posible sentir una afinidad  infinita con personas que tan sólo te comunicas a través de e-mails , redes sociales o reconoces por alguna fotografía? Las hermanas Baena son familiares, cariñosas y cuidadosas con cada mínimo detalle. Las Boss son lo más.

Sí, debo confesarlo, soy adicta a este club. Fiel a sus posts diarios que junto a mi café abren mis días, a sus tips  que cierran mi jornada con una gran dosis de buen honor, a sus camisetas molonas y sus tweets llenos de ironía. 

Se que nuestra frecuencia no será escuchada por muchas madres pero las 50.000 que formamos parte de esta familia no nos cansamos de afirmar que odiamos la ñoñería, defendemos nuestro derecho a la queja pero por encima de todo compartimos una cosa muy importante; la adoración por nuestros pequeños, nuestra necesidad de vivir de forma intensa cada minuto de sus vidas y la no obligación a tener que ser madres perfectas.


¿Y tú a que esperas para unirte a nosotras? #apor50000más Larga vida al club.




3 comentaris:

  1. yeaaaaaaaah!!!! este grito de guerra que siga y se multiplique. Este eco nos da alas y nos acompaña en las risas y en las desesperaciones. y además me da la oportunidad de conocer a gente tan esuo en da como tú.
    un besazo!!!!

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  2. La gran Musa del club es genial conocer a gente que solo te ayudan a sumar

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  3. ¡LARGA vida! Yo creo que madres perfectas, en el sentido de que les de la vida para todo, pues puede que haya. Que también se estresarán claro. Pero la mayoría es postureo y creo que por inseguridad, por miedo a ser juzgada. A veces pensamos que la vida de los demás es perfecta, que lo hacen todo rápido, que no tienen problemas, que sus niños duermen del tirón y cagan previa instancia en el momento oportuno. Y eso nos hace sentirnos inferiores y posturear. Yo, desde el minuto 1 contaba las cosas como las sentía. Es que no me salía otra cosa. Y me producía urticaria el rollo "ay, todo genial estamos súper felices". Luego escarbas y sale toda la mierda y les haces ahí una terapia porque empieza el desahogo. Así que nada, viva la naturalidad, que da mucha paz.

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