Sònia

Sònia

divendres, 13 de març de 2015

MAMÁ, ¿TÚ TAMBIÉN TIENES MIEDO?

- Mamá, ¿tú alguna vez tienes miedo?

- Claro que sí, a veces sí que lo tengo.

- ¿Y es malo tenerlo?

- No, ¿por qué debería serlo?

- Porque cuando tengo miedo me siento inseguro y triste.

- A mí me pasa lo mismo, pero a medida que crezcas, aprenderás que la mayoría de esos miedos sólo existen en nuestro pensamiento.

- A mí a veces me dan miedo los sitios oscuros, los ruidos fuertes o las personas que no conozco. Y los mayores, ¿a qué tenéis miedo?

- A veces tengo miedo a no hacer bien mi trabajo o a no esforzarme al máximo para alcanzar mis sueños.

- Y tú, ¿qué haces cuando tienes miedo?

- Intento no darle demasiada importancia, compartirlo con los que quiero y esforzarme para superarlo.

- Yo a veces cuando me voy a la cama tengo miedo a que esté tan oscuro o me pase algo malo.

- ¿Sabes? Recuerdo que cuando era pequeña buscaba mi peluche, lo apretaba bien fuerte y pensaba en todo lo bueno que me había pasado ese día.

- Mamá, esta noche apretaré tan fuerte a mi peluche que tendré que ir con cuidado para no dejarle sin respiración y pensaré que tú estás al otro lado de la puerta para defenderme de cualquier maléfico personaje.


Los miedos juegan un papel fundamental en el desarrollo evolutivo de nuestros hijos. El miedo es un mecanismo de protección y supervivencia que enseña a las personas a ser cautelosas y valorar los riesgos. Superar los miedos hará a nuestros hijos mucho más fuertes.

Nuestra ayuda será básica en la superación de tales sentimientos, seremos el mejor modelo de referencia. Los miedos infantiles son frecuentes y normales, todos los niños manifiestan algún tipo. No existe una edad concreta para su aparición, un mediador de intensidad o un mismo motivo para que surjan. El miedo es una emoción natural con la que nuestros pequeños deben experimentar y que desaparecerá de forma natural a medida que crezcan.

Animo a mis hijos a que compartan sus miedos conmigo, ignorarlos no hará que desaparezcan. Les transmito que tenerlos es normal, que es un estado pasajero. Busco su complicidad para que me expliquen lo que les asusta, me esfuerzo a entenderlos, les animo que describan las emociones que les produce.

El mejor antídoto para ayudar a superarlos es ofrecerles una dosis extra de amor, afecto, protección, tranquilidad y confianza. Respeto el tiempo que necesitan para vencerlo y la forma de hacerlo. Pongo énfasis en felicitarles cuando son capaces de ponerle nombre al miedo, de compartirlo, de pedir ayuda, de buscar refugio entre mis brazos. Les encorajo a superarlos de la mano formando el mejor de los equipos. La complicidad será la clave para que se abran a nosotros, expliquen lo que les atemoriza, sin vergüenzas ni reproches.

Les ayudo a identificar sus miedos, a que sean cada vez menos intensos, a buscar la mejor estrategia para enfrentarnos a ellos. Les explico la diferencia que existe entre la realidad y la fantasía. Pintamos monstruos molones, leemos cuentos de niños que se enfrentan a sus temores, jugamos a espías o exploradores con nuestras linternas para vencer a la oscuridad o descubrimos de donde vienen los ruidos inesperados.

Buscamos un rincón mágico en casa donde explicamos nuestros secretos, donde los mimos, la ternura, la privacidad y la tranquilidad serán el sillón donde nos aposentemos.

Pongo los cimientos para que sean valientes fortaleciendo su autoestima, fomentando su independencia sin sobreprotegerlos. Les animo a que tomen sus propias decisiones, alabo sus esfuerzos, sus logros, recompenso con entusiasmo sus éxitos.

Nunca utilizo el miedo como una estrategia educativa explicando que si se portan mal vendrá el "hombre del saco". No les obligo a afrontar el miedo en solitario y les explico que mamá y papá a veces también tienen miedo. Les animo a utilizar la alegría, la seguridad, el humor o la risa como los mejores aliados para enfrentarse a la situación que temen. Inventamos juntos frases de valentía y coraje que nos ayudan a hacer frente al miedo.

Hijo recuerda siempre que lo verdaderamente importante no es si uno tiene o no miedo, sino lo que uno hace con su cobardía. El valor no es la ausencia del miedo, es la conquista de este.



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