Sònia

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diumenge, 15 de novembre de 2015

EL PODER DE LAS PALABRAS

- Mamá, ¿cuántas palabras sabes?

- No sabría decirte, hablando cuatro idiomas muchas.

- ¿Y cuál es tu preferida?

- Me lo vuelves a poner difícil, no sabría cuál elegir.

- A mí las que más me gustan son papá, mamá y Xavier.

- ¿Por qué?

- Porqué sólo pronunciarlas me hacen sonreír. Pienso en vosotros y me siento feliz.

- Recuerdo aún lo que nos costó a papá y a mí elegir vuestros nombres. A veces una sola palabra puede representar mil y una emoción, ¿no crees?

Ojalá en la escuela existiese una asignatura dedicada exclusivamente a las palabras, sin gramática, ortografía o sintaxis. Una materia con el único objetivo de doctorar a nuestros pequeños en el arte de palabrear. Una formación basada en enseñar la magia de los vocablos con el propósito de convertirlos en ilusionistas que llenan sus diálogos de palabras rebosantes de hechizo como el "te quiero" susurrado al oído en una noche de verano o el  "lo siento" cuando hemos cometido un error. Palabras que sanen a quien queremos, que provoquen a los que creen que no pueden más o reconforten cuando todo se vea gris.

Creo en el poder de las palabras y en el efecto que éstas ejercen sobre los demás, en la musicalidad que producen con efecto sanador, en las cosas fascinantes que pueden llegar lograr. Me gustaría convertirme en un gurú de la locuacidad, en una experta en palabras que mimen, alienten, fortalezcan o llenen ilusión. Un perito en palabras que huyen de las interferencias, los malos entendidos o el doble sentido. Una apoderada del uso del diccionario encargada de suprimir las palabras llenas de fraude, lascivia o falsedad que sólo logran dañar o congelar aquello que nos crea inquietud.

Desearía llenar mis discursos de palabras sencillas y humildes, rebosantes de coherencia y autenticidad entre el hacer y el sentir, el pensar y el ejecutar, entre mis valores y mi forma de actuar. Ansío que mis palabras sean capaces de crear intensidad, riesgo y asombro, que encorajen a los míos a no dejar de andar, que sugieran nuevas rutas que investigar, que dejen huella, creen soluciones y ayuden a mejorar. Que inventen nuevas historias, preguntas por contestar, que motiven a probar sin miedo a errar, a seguir sin mirar a atrás, que ericen la piel. Palabras que ayuden a parar para escuchar, que hagan sentir grande, que recuerden a los míos que son más valientes de lo que creen.

Llenemos el diccionario de palabras entusiastas, felices y cariñosas que orienten a movernos en la mejor dirección, que recuerden que el momento es aquí y ahora, que rebosen pasión y ayuden a sumar. Que sean claras y directas facilitándonos progresar, que contagien de deseo de saber y experimentar, que provoquen reacciones, que nos contagien de magia y emoción, que nos ayuden a reescribir una y mil veces nuestro guión.

Tachemos aquellas palabras herméticas que nos llenan de indiferencia, odio y amargura. Aquellas repletas de estigmas, prejuicios o dudas que nos hacen detener. Las que enjaulan y mutilan nuestros sueños, las insulsas que aburren y provocan pereza, aquellas que nos sacan de nuestras casillas y pueden hacernos enloquecer.

Condenémoslas al desuso, eliminemos los vocablos que nos hacen pequeños, nos paralizan o condicionan, nos abarrotan de rabia, ansia o dolor. No demos tregua a los tópicos, transformemos sus letras en las que calman y sosiegan, dan confianza y contagian ingravidez. Aquellas que rompen distancias, eliminan barreras, crean acción, rompen estructuras, buscan soluciones e invitan a desafíos. Palabras que te recuerdan que posees alas, que nos zarandean para hacernos reanudar, nos recuerdan que rompamos los límites, nos acercan al éxito, nos hacen sentir poderosos y nos ayudan a tomar distancia cuando parece que todo se vaya a derrumbar.

Palabras que interesen a los que escuchen, que eliminen la ignorancia, sin reproches ni ironía, que tracen puentes y rompan muros, que iluminen sin temor todo lo que queda por hacer. Palabras llenas de detalles, consuelo, mimos y arrumacos, que colmen de intención.

Ojalá mis palabras sean capaces de activar emociones, que regulen y protejan a todos los que tengo a mi alrededor.


9 comentaris:

  1. Precioso.
    Brillante.
    Necesaria lectura.
    Enhorabuena!!!
    Noni Medina

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  2. Quina sort poder llegir-te, Sonia. Sempre didàctica, positiva, sensible...Un plaer.

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  3. ¡Completamente de acuerdo!
    El poder de las palabras de las nuestras sobre los demás y de las de los demás sobre nosotros es evidente, está ahí y a mí también me encantaría que hubiera una asignatura en el colegio en el que trataran la palabra como sujeto activo del cambio (y que me dejaran a mí ir de oyente para seguir aprendiendo a vivir rodeada de palabras bellas, constructivas y creativas..)
    Gracias!!

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    Respostes
    1. Muchas gracias Pilar me encanta lo de la palabra como activo de cambio!
      Un abrazo

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  4. Precioso post. Yo también soy fanática de las palabras. Una de mis favoritas es amanuense. Su sonoridad me recuerda a lo que representa. Cuánta razón tienes sobre lo poderosas que pueden ser las palabras.
    Oye, ¿cuatro idiomas? ¡Qué barbaridad!

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  5. Me ha encantado. Ojalá seamos capaz de encontrar las palabras para salvar cualquier emoción negativa ;*

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