Sònia

Sònia

dimecres, 2 de setembre de 2015

LA MUERTE SIGUE SIN TENER EXPLICACIÓN

- Mamá, ¿te acuerdas cuando íbamos a pescar con el abuelo?

- Claro que lo recuerdo.

- ¿Y te acuerdas cuando se inventaba el cuento de la loba?

- Eran historias maravillosas, siempre conseguía que os fueseis a la cama con una sonrisa.

- Recuerdo como me gustaba que me fuese a recoger al colegio y comíamos en su casa.

- A él le encantaba estar contigo.

- Él siempre tenía tiempo para mi, nunca hacía las cosas con prisa.

- Para él sus nietos erais lo que más quería en el mundo. Recuerdo la primera vez que te cogió en brazos, nunca le había visto sonreír de ese modo.

-  ¿Por qué los niños de mi clase tienen abuelos y yo no?

- Una enfermedad se lo llevó casi sin darnos cuenta, no hubo casi tiempo para decirle adiós.

- ¿Y por qué no lo curaron mamá?

- Lo intentaron, pero los médicos no encontraron solución.

- Lo que daría mamá porque fuese él quien me comprase un helado y me viese jugar a futbol.


Preguntas que te hacen suspirar y te obligan a aguantar el llanto. Tres años después de su muerte y sus nietos siguen llorando su ausencia, extrañando sus abrazos, mirando al cielo cada vez que meten un gol en sus partidos. Sus hijos lo recuerdan cada vez que entran en meta y su mujer lucha por recomponer el puzzle de su vida.  Yo continuo echando de menos el cariño con el que me trataba, como apoyaba cada uno de mis proyectos en silencio, como era la elegida para el mejor trozo de sandía.

No hubo tiempo casi para despedirnos, para decir un "te quiero", un "no te vayas aún", para "un gracias por todo". Todos sabemos que la vida es finita, que se escapa entre los dedos y debes exprimirla al máximo, pero somos tan torpes que no lo hacemos. Tres veranos después sigo sin ser capaz de explicar a mis hijos que la vida en ocasiones te da una bofetada que no mereces, que te priva de un arrebato de las cosas que más quieres, que roba parte de tu alma sin opción al pataleo. Y es en ese preciso instante cuando te das cuenta de la necesidad de invertir todos tus esfuerzos para que lleguen a entender que cada día hay que exprimirlo como si fuese el único, a enseñarles a jugar sus cartas de forma más inteligente posible. Las experiencia te enseña que las cosas no son fáciles o difíciles, lo que uno crea las hará fáciles o difíciles.

Tres veranos y seguimos arrastrando su ausencia. En ocasiones las palabras, los abrazos o el silencio compartido no alivian el dolor de su marcha.  Papá lo sufre en silencio perdiéndose en los atardeceres junto a su cámara, deseoso de encontrar la mejor luz.  Sus nietos lo mantienen presente en sus vidas nombrándole diariamente "con él íbamos", "él  me explicaba" o a "él le gustaba". ¿Cómo es posible que un niño que tenía tres  años sea capaz de recordar su olor, su forma de hacer las cosas o sus manías?

- ¿Tu crees mamá que nos ve desde donde está?

- Estoy convencida de que sí.

- ¿Y crees que le gusta como soy?

- Estará super orgulloso de verte crecer tal y como eres.

- Mamá no hay noche que me vaya a dormir sin mirar la estrella que más brilla.

A base de tornados la vida te enseña la necesidad imperiosa de valorar las pequeñas cosas, que todas juntas se convierten en el motivo de tu existencia. A veces son casi imperceptibles o cuantificables y te exigen una extrema agilidad para poder identificarlas, apreciarlas o disfrutarlas. Como me gustaría enseñar a mis hijos a vivir el ahora como si no hubiera un mañana, a que emprendan cada una de sus ilusiones, a saber rebelarse contra las excusas, a no tener miedo al fracaso. Conseguir que se fuesen a la cama a diario sintiéndose orgullosos de haber exprimido al máximo cada una de las oportunidades que les ha regalado la jornada, a que sus proyectos no yazcan enterrados en el silencio, a que la osadía les lleve a descubrir mil y un camino. Hacerles entender que cada error será la base para el siguiente aprendizaje.

Si hijo, el abuelo no volverá pero para siempre nos quedará su recuerdo. Aprendamos con su pérdida a ver en cada gesto un regalo, a que nuestros miedos no nos priven de soñar nuevos retos y a que cada amanecer nos recuerde nuestra pasión por la vida y nos ofrezca una nueva oportunidad para rectificar y volver a construir. Porque en esta vida nada está escrito, ni confirmado, ni decidido y las leyes a menudo no se cumplen. La magia reside en convertirte en el protagonista de escribir tu propia historia.




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