Sònia

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diumenge, 18 de maig de 2014

MAMÁ ME GUSTAS MÁS EN VACACIONES



“Mamá me gustas más en vacaciones” me dice Pol mientras acaba de ducharse y yo intentaba sacar al pequeñajo de la bañera cuando simulaba ser un temible tiburón y ponía perdido el baño de agua. Cuento hasta 10 para no perder los nervios.

            No entiendo, ¿qué quieres decir? Pues que en vacaciones sonríes más. Recuerdo como en Roma no parabas de bromear mientras hacíamos fotos. Cuando vuelves al trabajo estás de peor humor. “Touché, tocada y hundida”. Dicen que los niños nunca mienten.

            Cuando nos juntamos algunas madres a la salida del colegio hay una frase que se repite continuamente en nuestras conversaciones “estoy agotada”. Se ha convertido en una especie de mantra. Trabajo, niños, faenas de casa, vida social,… Madres que acumulamos cientos de horas de sueño perdido y que por la noche caemos en la cama como el árbol de un tronco talado.

Creer ser una  supermadre, intentando llevar todo hacia delante,  produce extenuación. Estrés es el estado en el que se encuentran muchas madres, una tensión provocada por situaciones agobiantes al intentar bordar nuestro papel en todas las facetas.

            Las mujeres seguimos asumiendo múltiples roles con la necesidad de hacerlos todos a la perfección y eso provoca un estado de agotamiento físico y mental  casi constante. Nos hemos programado para realizar multirareas que desempeñamos de forma casi automática; mientras plancho la ropa, pregunto la lección de lengua y envío un correo urgente del trabajo. Cada uno de nuestros movimientos incluye la programación del siguiente.

            Este cansancio extremo nos puede llevar a situaciones límites donde podemos sentirnos totalmente perdidas, anímicamente agotadas y con la fortaleza física por los suelos. Ser madres full-time es agotador. Tensión, nerviosismo, apatía, irritabilidad, enojo constante, ira súbita, preocupación excesiva ,pueden ser algunas de las señales que harán saltar las alarmas.

            Cada vez soy más consciente que este círculo de cansancio puede afectar de manera negativa en la relación con mis hijos. Ha llegado el momento de sacar el rol de madre de la lista de deberes y ponerla en la lista de cosas agradables y placenteras.

            Asumo que soy la única culpable de la situación. ¿Por qué nos cuesta tanto delegar? ¿Por qué creemos que sin nosotras se hunde el barco? Si estamos hartas de ir corriendo a todos lados y no llegar bien a nada, ¿por qué no paramos?

            Estoy aprendiendo eso sí, poco a poco, a abastecerme de situaciones que renueven mis energías, que me hagan hacer un alto en el camino y me ayuden a recuperar mi equilibrio interior. Buscar un momento exclusivo para mí .Un desayuno sin prisas, un rodaje en solitario, un café con amigas, una cena en pareja, una fiesta descontrolada de celebración de los cuarenta (aunque cuando salga al día siguiente quiera morirme mil veces y jure hasta la saciedad que no volveré a salir). Espacios propios que me cargaran de energía positiva y repercutirán eficientemente en la relación con mis hijos.

            Desconectar, delegar, reservar tiempo para una misma, dejar que los demás asuman sus responsabilidades, alimentarse sanamente, hacer ejercicio, priorizar, aprender a decir “no”, no sentirse culpable por no ser perfecta, tener autoconciencia de todo aquello que haces, cargarse de paciencia, dejarse ayudar por la pareja, …serán los puntos clave para prevenir el agotamiento.

            “No es lo que haces sino como lo haces” .Cambiar la idea del deber y conectarse con las ganas del querer. La teoría es sencilla, ¿no? , ahora hay que ponerla en práctica.


            PD: Quizás lo más difícil será asumir que ,si nuestras parejas elijen la ropa de nuestros pequeños, posiblemente vayan mal conjuntados. Rayas y cuadros, rojos con naranjas, faldas con bambas. Será nuestra primera prueba de fuego. J


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