Sònia

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diumenge, 11 de maig de 2014

PADRES DEL SIGLO XXI



Ser padres es bonito pero no fácil. Parece que se ha convertido en una profesión cada vez más difícil de desarrollar. Los padres que asisten a las charlas formativas que realizo así lo expresan. No hay sesión en la que no aparezcan afirmaciones como no “puedo con ellos."

Convertirse en padres hoy poco tiene que ver con aquello que vivimos en casa cuando éramos niños. La familia, como a institución social, ha experimentado profundas transformaciones en las últimas dos décadas.

Ser padres del SXXI se ha convertido, en ocasiones, en una verdadera odisea. Padres acróbatas que deben combinar trabajo, tareas domésticas, vida social y la educación de sus pupilos.

En muchas ocasiones pienso que nos complicamos demasiado la vida. ¿Por qué nuestros abuelos, con una mínima formación, eran capaces de disfrutar de este maravilloso oficio y nosotros no lo hacemos?

Debemos simplificar nuestras responsabilidades. Debemos convertirnos en los principales guías y orientadores en la vida de nuestros hijos. Partamos de una percepción positiva. Creamos en ellos. No les facilitemos la vida. Seamos exigentes. No nos de miedo trabajar sus emociones. Tendámosle la mano. Seamos partícipes de sus miedos. Soñemos juntos.

Nuestros hijos únicamente necesitan sentirse queridos, respetados, elogiados y admirados.

Ofrezcámosle tiempo pero de calidad. Pongamos todos nuestros sentidos en aquella actividad que realicemos con ellos. No nos compliquemos. Nuestros hijos no quieren saber chino, practicar esgrima o adquirir un método matemático que le permita calcular a toda velocidad.

Ellos quieren recibir un abrazo, pasear tranquilamente por el bosque o realizar una apasionante excursión en bicicleta. Nuestros hijos necesitan que les dediquemos tiempo para conocerles mejor, para que nos abran sus pensamientos, sus proyectos, sus temores.
Intentémoslo mañana. Cada día es una nueva oportunidad para seguir aprendiendo. Tenemos derecho a errar, a perder los nervios. Preguntémosle que es lo que necesitan, nos sorprenderán seguro. Ellos serán de mayores lo que nosotros les hayamos enseñado con nuestro ejemplo.


Tengamos una autoridad comprensiva, seamos firmes y lógicos. Aceptemos nuestros errores y pidamos perdón cuando nos equivoquemos. Consigamos una confianza mutua. Negociemos. Marquémonos pequeños objetivos. No nos desanimemos antes de empezar.


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