Sònia

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dimecres, 25 de maig de 2022

StayHealthy, el programa de la Fundación Quirónsalud que promueve los hábitos saludables de los adolescentes

                            
StayHealthy es un programa de innovación educativa de la Fundación Quirónsalud dirigido a todos los alumnos de secundaria de nuestro país. 

Des del 2018 han participado en él más de 800 centros educativos (públicos y concertados), superando los 14.000 alumnos en sus sesiones presenciales y los 45.000 a través de su motivadora aula virtual.

Un proyecto interactivo y digital basado en un aprendizaje activo, autónomo y cooperativo elaborado por psicopedagogos, alumnos y personal sanitario (especialistas en Nutrición, Neumología, Neurología, Dietética, Coaching, Fisioterapia, Pediatría y Psicología)que pretende promover los hábitos saludables de nuestros adolescentes y contribuir a mejorar su calidad de vida.

Los contenidos del programa están organizados en 7 temáticas: Nutrición, Sueño, Ejercicio físico, Covid19, Salud mental, Adicción a la nuevas tecnologías y Adicción a substancias. Unas temáticas que ayudarán a los alumnos a hacer frente a la vorágine de cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales por los que transitan y a resolver muchas de las dudas que éstos les despiertan.

A través de su plataforma virtual, los docentes que se inscriban de forma totalmente gratuita al programa, podrán encontrar todo el contenido del proyecto: completas guías didácticas, actividades interactivas, materiales descargables, videoblogs formativos y juegos interactivos que facilitarán el trabajo con los alumnos tanto de forma virtual como en el aula a través de diferentes proyectos de aprendizaje.

El programa ofrece dinámicas en formato online como presencial que se adaptan fácilmente a cada centro educativo, curso y estilo del profesorado. Además, a través del juego SIM Hospital Quirónsalud nuestros adolescentes podrán convertirse en coaches sanitarios y pasar consulta a pacientes ficticios con diferentes patologías trabajadas en las temáticas del programa.

Además, los centros interesados podrán solicitar sesiones presenciales donde expertos sanitarios especializados en las temáticas acompañan a los psicopedagogos que imparten los talleres en el aula. Así los alumnos pueden  resolver en primera persona las dudas e inquietudes que la temática les despierta.

Mediante un trabajo transversal e interdisciplinar y una metodología activa los alumnos podrán ir aprendiendo los conocimientos y procedimientos necesarios para adquirir unos buenos hábitos saludables y conseguir un desarrollo armónico, tanto a nivel físico como mental, y aprender a prevenir posibles adicciones tecnológicas o a substancias.

Si eres docente de secundaria, ¿a qué esperas para inscribir a tus alumnos? Podrás hacerlo rápidamente en https://stayhealthyaulavirtual.es/pre-registro-de-profesor/

Si eres papá o mamá de un chico o chica adolescente ¿te animáis a informar sobre el proyecto a los profesores del instituto o colegio de tu hijo? Te dejo la web para que puedas hacerlo: https://stayhealthyaulavirtual.es/

dimarts, 24 de maig de 2022

5 CLAVES PARA CONECTAR CON UN ADOLESCENTE

Si existe una etapa educativa difícil de acompañar es sin duda la de adolescencia. Un período educativo convulso que a las familias nos cuesta mucho entender y manejar. Donde parece que la conexión con nuestros hijos desaparece y tener un día en calma es casi una misión imposible.

Durante este período de desarrollo las disputas y los tira y afloja con nuestros adolescentes se entrelazan sin parar. La impotencia y la culpa nos invaden cuando las malas caras y las salidas de tono son casi constantes, cuando no nos entendemos y los silencios se vuelven incómodos.

Educar a un adolescente es una tarea complicada, repleta de retos diarios y de estrategias por aprender. No es fácil entender por qué nuestros hijos en ocasiones se muestran tan rebeldes, desafiantes y les cuesta tanto escuchar nuestras opiniones.

Que fácil es perder la paciencia con ellos, contagiarse de sus cambios de humor, sentirse herido con sus cuestionamientos. No alzar la voz cuando dan portazos o realizan juicios de valor que llenan de recelos el hogar.

Qué complicado es en ocasiones acompañar desde la calma y la empatía esta etapa. Entender la rebeldía, las conductas arriesgadas o la apatía que muestran ante las cosas. La falta de compromiso para cumplir con sus responsabilidades y la imperiosa necesidad de saltarse los límites y las normas. Que complicado se hace conversar sin discutir, aceptar que nos necesitan de forma diferente y dar respuesta a sus nuevas necesidades.

La adolescencia es el período de transformación y reafirmación personal en el que nuestros hijos deben hacer frente a una vorágine de cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales que les provocan mucha confusión e inestabilidad. A estos cambios, deberemos sumarles las dificultades que presentan para controlar su impulsividad y para modular correctamente las emociones por las transitan. Unos años de sana desobediencia  en los que mostrarán muchas dificultades para hacer frente a la frustración y para reconocer sus errores.

Pero es en esta etapa tan compleja cuando nuestros hijos e hijas necesitan que les mostremos nuestra mejor versión, nuestra presencia y disponibilidad aunque no nos lo demuestren. Que sigamos siendo el pilar donde apoyarse, el refugio donde acudir cuando se sientan contrariados o perdidos. Que les ayudemos a descifrar el torbellino de sentimientos que sienten y nos convirtamos en un modelo seguro, estable y coherente para ellos.

A un adolescente se le educa con grandes dosis de serenidad y cariño. Entendiendo lo difícil que es para ellos hacerse mayor y vivir en una sociedad tan competitiva que va tan deprisa. A su lado, necesitan adultos, pacientes que entiendan lo que les sucede, que atiendan sus necesidades y les escuchen sin cuestionarlos pero sin mentirlos. Que les sostengan cuando se sientan vulnerables y les ayuden a construir una autoestima.

Que sea una etapa tan agitada no significa que también pueda llegar a ser maravillosa. Los adolescentes son egocéntricos, rebeldes e impulsivos pero también son elocuentes, cariñosos y colaboradores.

Nuestros adolescentes necesitan sentir que les entendemos, respetamos sus gustos y necesidades y no les juzgamos ni les llenamos de etiquetas. Que conectamos con ellos emocionalmente y les acompañamos sin dramatismos y con grandes dosis de sentido común y del humor.

Que consensuemos normas, no les presionemos con nuestras expectativas y les aceptamos tal y como son. Que les dejemos crecer sin sobreprotegerles y encontremos el equilibrio entre la exigencia y la libertad.

Aprovechemos esta etapa educativa para estrechar vínculos y demostrarles nuestro amor incondicional. Confiando en ellos, dejándoles la distancia necesaria para que puedan crecer libres, para que tomen decisiones aunque sepamos que van a equivocarse.

¿Cómo podemos conectar con nuestros hijos adolescentes?

1. Hablando con ellos con ganas de entendernos, sin ironías, interrogaciones, tonos acusativos o comparaciones. Con un lenguaje lleno de respeto y grandes dosis de afectividad. Pactemos fórmulas que satisfagan a ambos lados, interesémonos por aquello que les gusta o les preocupa.

2. Regalándoles grandes dosis de cariño con miradas que acojan, abrazos que protejan, palabras que entiendan y gestos que mimen. Recordémosles a diario lo mucho que les queremos y valoramos sus esfuerzos. Convirtiéndonos en mejor de los ejemplos a la hora de gestionar los conflictos, modular nuestras emociones y controlar nuestra ira.

3. Consensuando normas, flexibilizando límites, estableciendo consecuencias cuando no cumplan los pactos. Respetando la intimidad que necesitan, sus ritmos vitales, sus silencios que calman. Ayudémosles a asumir sus responsabilidades sin expectativas que ahoguen, a quererse con sus capacidades y defectos.

4. Validando todas las emociones que sienten, a identificar los sentimientos preguntándoles qué es lo que les preocupa, ayudándoles a encontrar respuestas a sus inquietudes o miedos. Enseñándoles a gestionar los riesgos, los cambios anímicos, la melancolía.

5. Dándoles protagonismo en la familia, valorando sus opiniones, escuchando sus demandas, ofreciendo nuestra ayuda sin reproches. Educándoles con mucho respeto y permitiendo que empiecen a dibujar su propio camino con autonomía e iniciativa personal.

Robert Louis Stevenson decía “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”. Ofrezcamos a nuestros hijos adolescentes nuestro apoyo, oportunidades y no nos cansemos de decirles lo importante que son para nosotros.

dilluns, 9 de maig de 2022

Seis claves para desarrollar la resiliencia en los adolescentes

 La adolescencia es la etapa de desarrollo en la que nuestros hijos e hijas deberán hacer frente a muchas experiencias y muchos contratiempos. Un período convulso repleto de cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales a los que tendrán que aprender a afrontar y dar respuesta. Unos cambios que a menudo les generará mucha inseguridad e inestabilidad, que les provocará que en muchas ocasiones no sepan modular las emociones ni pedir ayuda de forma adecuada.

Una etapa donde estarán construyendo una nueva identidad, adquirirán nuevas responsabilidades y tendrán que asumir las consecuencias de ellas. En la que cometerán muchos triunfos, pero también errores fruto de la falta de experiencia y de maduración.

Para poder lograrlo, deberán poner en práctica la resiliencia. Podemos definirla como la capacidad que le permite al ser humano mantenerse a flote frente a las adversidades, superarlas y fortalecerse a partir de ellas. Una habilidad transversal que afecta a muchas áreas de la personalidad y que nos permite sobreponernos a los contratiempos.

Sin duda, es una de las competencias más difíciles de aprender y, por este motivo, es imprescindible que las familias ayudemos a nuestros hijos a desarrollarla desde que son bien pequeños. Ningún padre o madre quiere que su hijo lo pase mal, pero el dolor y el sufrimiento es también parte de la vida. Por este motivo, debemos proporcionarles las herramientas necesarias para poder responder a los desafíos que se encontrarán en su día a día de la mejor forma posible.

La resiliencia es un viaje de descubrimiento, un proceso dinámico en el que se aprende a dar solución a los problemas de manera positiva y efectiva. Además, su desarrollo ayuda a manejar el estrés y los sentimientos de ansiedad de una manera mucho más tranquila.

Los adolescentes resilientes tendrán la capacidad de hacer frente a los retos que les regalará a diario este período evolutivo con una mejor autonomía y autoestima. Sabrán superar los tropiezos de manera mucho más optimista, ser perseverantes ante los desafíos y pedir ayuda siempre que lo necesiten.



dimecres, 27 d’abril de 2022

Cinco formas de fomentar la autonomía en nuestros hijos

 Recuerdo que desde bien pequeña me gustaba hacer las cosas yo sola y descubrir el mundo a mi manera. Si algo valoro de mis padres es que siempre me regalaban el tiempo necesario para que aprendiera sin prisas hasta que consiguiese lo que me proponía. Mi abuela también tenía toneladas de paciencia conmigo y me animaba a probar cosas sin que tuviera miedo a fallar. Durante un largo verano no se cansó de animarme hasta que conseguí atarme sola los cordones de los zapatos e ir en bicicleta sin la ayuda de las ruedas supletorias.
 
Actualmente, el ritmo de vida que llevamos no nos facilita que les demos a nuestros hijos el tiempo que necesitan para hacer las cosas ellos solos. Desde por la mañana corremos entrelazando tareas para intentar llegar a todo. Muchas veces, nos resulta mucho más cómodo y eficaz hacer las cosas nosotros mismos en vez que nuestros hijos. Así vamos mucho más rápido y evitamos conflictos o problemas. No les permitimos hacer lo que son perfectamente capaces de hacer sin ayuda.
 
Les abrochamos el abrigo, les vestimos, les bañamos, les damos la comida o las soluciones de los deberes, acciones que en otros contextos son capaces de hacer. Les ayudamos de forma excesiva e innecesaria obstaculizando su desarrollo natural y les dificultamos que ganen seguridad y confianza en ellos mismos convirtiéndoles en personas dependientes.
 
Educar es ayudar y acompañar a los niños y niñas a que sean independientes, autónomos y adquieran las habilidades necesarias para que puedan valerse por sí mismos. Desde bien pequeños es muy importante que les enseñemos a hacer las cosas sin nuestra colaboración para que puedan ir adquiriendo habilidades para la vida que les posibiliten superar las piedras que se vayan encontrando en el camino.
 
La autonomía es la educación para la independencia y comienza por la responsabilidad. Es la capacidad de una persona de desarrollar tareas de manera independiente, hacer sus propias elecciones, tomar sus decisiones y responsabilizarse de las consecuencias de las mismas. Es una capacidad básica imprescindible para que en el día de mañana nuestros hijos e hijas sean responsables, puedan conseguir todo aquello que se propongan y sean mucho más felices. Hay que fomentarla en todos los aspectos de la vida de nuestros hijos: en los hábitos, el ocio, las relaciones sociales, las tareas académicas o del hogar, etc.
 
Un niño autónomo es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno socio cultural. No necesitará la ayuda constante de un adulto y se sentirá capaz de probar sin miedo a tropezar. Los niños con buena autonomía tendrán una buena autoestima, mantendrán relaciones positivas con las personas de su entorno y no mostrarán dificultades para respetar los límites y las normas. No se dejarán influir por otras personas y serán amantes de los retos.
 
En cambio, los niños o niñas con poca autonomía se mostrarán muy dependientes de los adultos, tendrán poca tolerancia a la frustración y se mostrarán inseguros y miedosos. Presentarán muchas dificultades para hacer frente al error, para gestionar correctamente las emociones y mostrarse optimistas. Sentirán que la culpa que las cosas no les vayan bien será siempre de los otros y tendrán muchos sentimientos de injusticia.

Para fomentar la autonomía de nuestros pequeños deberemos regalarles aprendizajes desde la experiencia y poner el acento en las actitudes constructivas que les animen a hacer las cosas sin apoyo. Debemos conseguir que se sientan respetados, escuchados y queridos creando rutinas que les den seguridad y estableciendo límites que les protejan y cubran sus necesidades.

Un buen desarrollo de su autonomía aumentará en nuestros hijos la motivación por aprender, la empatía y la valentía. Les ayudará a ganar madurez y a construir un buen autoconcepto.

¿Cómo podemos fomentar la autonomía de nuestros hijos?

1.    Decidiendo qué aspectos de su autonomía queremos trabajar en cada momento teniendo muy presente la edad de nuestros pequeños. Los iremos introduciendo, progresivamente, teniendo en cuenta la complicidad de las tareas.

2.    Ofreciendo a nuestros hijos el tiempo y el espacio necesario para aprender a hacer las cosas sin que se sientan presionados y sin exigir un perfeccionismo.Valorando el esfuerzo independientemente de los resultados que consigan, elogiando los aciertos y evitando las alabanzas exageradas.

dijous, 21 d’abril de 2022

Seis errores que debemos dejar de cometer con nuestro hijo adolescente

 Si existe una etapa educativa difícil de acompañar es sin duda la adolescencia. Un período educativo convulso que a las familias a menudo nos cuesta mucho entender y manejar. Donde parece que la calma en casa sea casi imposible y las disputas y los tira y afloja con nuestros hijos se entrelazan sin parar.

Como padres y madres siempre actuamos con nuestros hijos con la mejor de las intenciones, pretendiendo darles todo aquello que necesitan y mostrándoles nuestra ayuda y comprensión. Pero cuando nuestros hijos e hijas llegan a la adolescencia, parece que esa sintonía desaparezca y nuestra relación empeore sin saber muy bien cómo entenderles y seguir acompañándoles.

La impotencia y la culpa nos invaden cuando las malas caras, las salidas de tono y los reproches son constantes. Conductas en ocasiones rebeldes, insolentes y desafiantes que nos hacen sentir que hemos pasado a un segundo plano, que nos han perdido el respeto y que nuestros consejos u opiniones han dejado de interesarles.

La adolescencia es el período de desarrollo en el que nuestros hijos deben hacer frente a numerosos cambios físicos, psicológicos, cognitivos, emocionales y sociales que les provocarán mucha inestabilidad e incertidumbre. A estos cambios, deberemos sumarles las dificultades que presentan para controlar su impulsividad, para modular las emociones por las que transitan con tan alto voltaje y expresar correctamente qué es lo que les sucede o preocupa.

Una etapa de transformación y reafirmación personal que les hace actuar de una forma desajustada, impredecible y desmedida y les hace vivir entre extremos. Unos años de sana desobediencia, de numerosos aprendizajes, de búsqueda de nuevos límites y retos. De vulnerabilidad y fuerza a igual medida y egocentrismo en estado puro.

Es muy complicado acompañar a alguien que muestra tantas dificultades para hacer frente a la frustración, reconocer sus errores y mostrarse reflexivo. Que reclama su espacio y libertad, en ocasiones con mucha insolencia e indiferencia. Pero es en esta etapa tan complicada cuando nuestros hijos e hijas necesitan que les mostremos nuestra mejor versión. Que sigamos siendo sus guías, el pilar donde apoyarse, el refugio donde acudir cuando sientan que todo cambia y se tambalea.

Nuestros adolescentes necesitan que les ayudemos a descifrar el torbellino de sentimientos que sienten, que les digamos a diario que estamos a su lado sin condición que les acompañemos y se sientan protegidos. Potenciando un lenguaje positivo y utilizando una mirada llena de reconocimiento y amor.

A un adolescente se le educa con grandes dosis de serenidad y empatía. Entendiendo lo difícil que es para ellos hacerse mayor y vivir en una sociedad tan cambiante como es la nuestra. Comprendiendo y aceptando que educar es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir lo que pretendemos, ya que los objetivos se logran a largo plazo.

A su lado, necesitan adultos, pacientes que entiendan lo que les sucede, que atiendan sus necesidades, que los escuchen sin cuestionarlos. Que acompañen con cariño sus alegrías y los momentos más ansiosos, tristes o llenos de incertidumbre. Que les sostengan cuando se sientan vulnerables o desbordados, que les dejen ser tal y como ellos desean mostrarse y les ayuden a construir un buen autoconcepto y una apropiada autoestima.



dijous, 7 d’abril de 2022

7 ESTRATEGIAS QUE MEJORARÁN LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES

Mamá, ¡mira que mal me queda este flequillo!

 Pues a mí me gusta así.

 Pero, ¿Cómo te puedo gustar si estoy tan feo?

Un día aprenderás que tu belleza está en tu interior.

Qué difícil resulta, en muchas ocasiones, que nuestros hijos adolescentes se miren al espejo y les guste la imagen que se proyecta en él. Oscar Wilde decía que: “Amarse a uno mismo es el inicio de una vida romántica”, pero que complicado es conseguirlo cuando nuestros y nuestras jóvenes transitan por una vorágine incontrolable de cambios físicos, cognitivos, psicológicos, emocionales y sociales que les originan tanta inseguridad e incertidumbre.

La adolescencia es una etapa convulsa de descontrucción y construcción de una nueva identidad en el que nuestros hijos deberán erigir su autoestima en medio de mucha inestabilidad. Por esta razón, necesitarán que les enseñemos a mirarse con dulzura, a aceptarse tal y como son, con sus defectos y virtudes. Que les hagamos sentir valiosos y capaces de conseguir aquello que se propongan.

La autoestima es la valoración  que una persona hace de sí misma en función de la evaluación de sus pensamientos, sentimientos y conductas. Se construye día a día a partir de las experiencias y las relaciones personales de confianza y estima. En la adolescencia estará muy condicionada por la forma en la que nuestros hijos acepten los cambios físicos que experimentan y las valoraciones que reciban de su grupo de iguales y los adultos que les acompañan.

La autoestima será uno de los factores claves en el bienestar emocional, pilar fundamental en su desarrollo personal y social. De ella dependerá la creación de un buen autoconcepto y una adecuada respuesta emocional. Influirá en la manera cómo el adolescente se sentirá, se relacionará, se comportará, pensará y aprenderá.

Un adolescente con buena autoestima aprenderá eficazmente, utilizará sus recursos con mayor facilidad, desarrollará relaciones mucho más gratas y nutritivas y estará capacitado para aprovechar las oportunidades que se le presenten para trabajar productivamente y ser autosuficiente. Se mostrará seguro, valiente y presentará una buena tolerancia a la frustración. Además, será capaz de empezar a tomar sus propias decisionesyconstruir su propia felicidad.

En cambio, un jovencon baja autoestima se sentirá inseguro de sí mismo y poco valioso. Creerá que los demás no le aceptan y mostrará dificultades para aceptar las dificultades y posibles fracasos. Será muy influenciable, demasiado autocrítico y querrá complacer siempre por miedo a no gustar. Mostrará dificultades para obtener buenos resultados académicos y establecer relaciones de calidad.

La adolescencia es sin duda la etapa más desafiante para la crianza. Un período convulso que a menudo a las familias nos desconcierta y nos produce cierto temor. En el que no es fácil sintonizar con lo que viven y sienten y en muchas ocasiones nos provoca un sentimiento de culpa e impotencia.

Pero es el momento en el que nuestros hijos necesitan de nosotros nuestra mejor versión y que les ayudemos a quererse sin “peros” ni “pros”. Que les acompañemos con grandes dosis de comprensión, empatía y paciencia. Que les tendamos la mano ante sus caídas, les ayudemos a descifrar el caos emocional que les provoca tanto malestary estemos a su lado sin condición.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros adolescentes a construir una buena autoestima?

1. Aceptándoles tal y como son, ajustando nuestras expectativas a los hijos que tenemos y no a los que nos gustaría tener. Eliminando las etiquetas, las comparaciones, los mensajes en negativo y las frases condenatorias que tanto dañan su autoestima.

2. Ofreciéndoles nuestro amor incondicional, apoyo y confianza. Escuchando con atención todo aquello que necesitan o les preocupa. Creando una base afectiva segura y siendo una fuente de confort y protección para ellos sin mentirles nunca.

3. Validando todas las emociones que puedan sentir. Ayudándoles a ponerle nombre, a modularlas y gestionarlas ofreciéndoles espacios para que las puedan compartir con nosotros con calma y sin sentirse juzgados, fomentando el diálogo interno.

4. Felicitándoles por todo aquello que son capaces de conseguir, valorando el esfuerzo y no únicamente el resultado. Ayudándoles a reconocer sus virtudes, valores y talentos evitando exagerar los logros y aptitudes que puedan tener un efecto muy contraproducente en el equilibrio de su autoconcepto.

5. Dándoles responsabilidades, fomentando la autonomía y estableciendo límites y normas claras y consensuadas. Animémoslos a iniciar nuevos retos, a tomar la iniciativa en sus vidas, a asumir riesgos.

6. Respetando sus ritmos para aprender, sus espacios, su intimidad. Siendo accesibles, estando presentes y disponibles.

7. Siendo el mejor modelo de conducta que puedan tener, un ejemplo positivo que arrastre a soñar grande, a sonreírle a la vida. Expliquémosles  cómo aceptamos nuestras propias imperfecciones, cómo superamos los errores y lo volvemos a intentar, cómo pedimos ayuda cuando la necesitamos.

No olvidemos que lo mejor que podemos enseñar a nuestros hijos adolescentes es a quererse mucho, sin reproches, excusas, ni desprecios. A mirarse al espejo con valentía, sin críticas despiadadas o etiquetas. A mimarse y darse oportunidades a diario y a luchar por todo aquello que deseen sin dejar de repetirles que siempre estaremos para aquello que necesiten.

dimarts, 5 d’abril de 2022

Siete estrategias para ayudar a nuestros hijos a superar un divorcio

 Cuando decidimos unir nuestra vida a la de otra persona, deseamos que esta opción sea para siempre. Soñamos con un futuro conjunto, nos prometemos amor eterno y empezamos a construir un proyecto de vida común. Pero las cosas no siempre salen bien y las relaciones pueden acabar deteriorándose y rompiéndose. El número de separaciones en nuestro país ha aumentado exponencialmente a lo largo de los últimos años y su normalidad es aceptada en las familias, en los colegios o en el ámbito escolar.

Múltiples pueden ser las causas que provocan una separación: problemas de comunicación, expectativas insatisfechas, discusiones a destiempo, falta de compromiso o la infidelidad. En ese momento, los malos entendidos, las suposiciones, la comunicación confusa, el rencor y el odio llegan a teñir la relación. La pérdida del amor provoca caos interior, tristeza y mucha desorientación. El yo, el tú y el nosotros, dejan de mantenerse en equilibrio y se rompe la balanza. Una vez tomada la decisión de separarse toca volver a comenzar, volver a reinventarse y reconstruir. Es un proceso de duelo duro y largo que se complica si tenemos hijos en común.

Afrontar una separación con niños no es fácil ni para los padres y, mucho menos, para los hijos, da igual la edad que tengan. Ante esta situación, todos los miembros de la familia sienten una tremenda sensación de pérdida e incertidumbre al experimentar que el concepto de familia desde ese momento cambiará de forma radical. Un proceso de transición y adaptación para todos los miembros del núcleo familiar que cada uno vive de manera distinta.

La manera en la que reaccionarán nuestros hijos ante esta noticia dependerá de la edad, la personalidad, la madurez y las circunstancias del proceso de separación o divorcio. No todos los niños o adolescentes responderán de igual forma a una separación y deberemos estar muy atentos para poder dar respuesta a las necesidades personales y educativas que vayan surgiendo y para saber acompañar el proceso desde el cariño y la comprensión.

Durante el proceso de separación nuestros hijos podrán manifestarse más distantes, desafiantes o agresivos, respondones e impulsivos. Se mostrarán confusos, con dificultades para modular sus emociones y con más cambios de humor. Tendrán menos tolerancia a la frustración, quizás empeoren su rendimiento escolar y normalmente mostrarán más dificultades para asumir sus responsabilidades.  

La separación será para nuestros hijos una rotura del esquema de su vida, un punto de inflexión no deseado. Nos tocará explicar a nuestros hijos que papá y mamá ahora se quieren de forma diferente y que nunca les dejará de querer. Será el momento de intentar evitar las peleas y las descalificaciones delante de ellos y de tomar decisiones que aseguren su bienestar y tranquilidad. Deberemos evitar contagiarles nuestra frustración, desilusión o tristeza.

Ellos seguirán queriendo a mamá y a papá a partes iguales y continuarán necesitando su atención, apoyo, afecto e infinitas dosis de amor. Es primordial que vean que en nuestra separación existe la armonía, el respeto y la coherencia y que ellos no se convierten en moneda de cambio.


Como padres podemos conseguir que los efectos de nuestra separación sean menos dolorosos para nuestros hijos si somos capaces de mantener la estabilidad en casa y de priorizar y atender las necesidades con una actitud positiva y tranquilizadora siguiendo una misma línea de actuación.


¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a superar una separación?


  1. 1. Siendo honestos con nuestros hijos, explicándoles de manera sencilla y clara la situación, sin mentiras ni falsas promesas. Contestando con mucha empatía a todas las dudas o miedos que les puedan surgir y dejándoles bien claro que ellos no son culpables de la situación.
  2. 2. Ayudándoles a identificar y gestionar todas las emociones que les generará la separación: tristeza, rabia, desánimo, enfado, inseguridad o miedo. La inestabilidad emocional será muy habitual y necesitarán más que nunca nuestra seguridad y confianza.
  3. 3. Intentemos consensuar, aunque no será fácil, un proyecto educativo familiar en común con nuestra expareja, estableciendo normas comunes y ajustando nuestro nivel de exigencia ante nuestros hijos. Nuestros niños y jóvenes necesitan ver como nos respetamos y colaboramos en todo aquello que les afecta. Esta sintonía les proporcionará mucha seguridad y les ayudará a adaptarse a su nueva vida.
  4. 4. Nunca utilicemos a nuestros hijos como arma arrojadiza para hacer daño a nuestra expareja. Evitemos hablar del otro progenitor de forma despectiva e irónica o involucrar a nuestros pequeños en los conflictos que puedan existir entre nosotros. Estas situaciones les provocará mucho malestar, incomodidad y dolor.
  5. Seguir leyendo: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2022-03-26/siete-estrategias-para-ayudar-a-nuestros-hijos-a-superar-un-divorcio.html