Sònia

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diumenge, 6 de desembre del 2020

ENTREVISTA EN LA REVISTA MUY SEGURA

 Gracias a la revista Muy Segura por su entrevista.

La podéis leer aquí; entrevista

dijous, 7 de novembre del 2019

UNA NUEVA EDUCACIÓN

Hemos sido educados para ser prudentes, para esperar el momento perfecto, para no llamar la atención demasiado. Para desear poco y seguro, para vivir en nuestra zona de confort sin riesgos ni sobresaltos. Pasándonos el día cancelando, postergando, creando excusas. Sintiéndonos cómodos con el conformismo.

Hemos normalizado el vivir supeditados a lo que pueda pasar, a esperar el momento perfecto, a estar cómodos en el conservadurismo. A pensar en círculo y evitar los riesgos.

Ojalá en la escuela y la familia fuese obligatorio educar en la VALENTÍA, en el ATREVIMIENTO, en las GANAS de exprimir la vida. Ojalá se enseñasen las competencias necesarias para MIRAR a la vida con CORAJE, para saber empezar de cero las veces que haga falta, para mitigar los daños de los tropiezos. Para exprimir cada instante con intensidad, para saber comprometernos con nuestros sueños,  para SOBRESALIR.

Materias que enseñen a vivir conectados con uno mismo para ser capaces de mirarnos con dulzura ante el espejo.

Que instruyesen a saber decidir lo que realmente lo necesitas, a re-inventarnos constantemente, a priorizar sobre las prioridades.

Asignaturas que ejerciten a mirar la vida con pasión, a saber escuchar a la intuición, a creer en los imposibles.

Una educación centrada en enseñar a liderar sin complejos el propio camino, a creer a fuego en los propios ideales, a definir correctamente el éxito. A persistir y trabajar sin que nos engulla el desánimo, a descubrir los propios talentos, a transformar los errores en oportunidades.

Clases que entrenen a tomar decisiones sin que nos tiemble el pulso, a no tener miedo a perder, a pensar en grande. Que expliquen la importancia de saber que no siempre se gana, que el ego puede convertirse en nuestro peor enemigo, que los cobardes pocas veces consiguen lo que quieren.

Una escuela y una familia que no se canse de repetir que con los valores no se negocian, que enseñe a bailar con los imprevistos, a saltar haya o no red. A aprender a diseminar los miedos, a soltar lo que nos daña, a descubrir nuevos límites.

A saber que la vida es caprichosa, que exige comprometerse para aspirar a todo. No nos cansemos de explicar a nuestros pequeños que la VIDA es demasiado corta para DEJARLA IR, que la decisión de hacerlo es lo que cambia todo.

diumenge, 12 de maig del 2019

EL ACOSO NO ES COSA DE NIÑOS

- No es cosa de niños cuando un chico usa un lenguaje irrespetuoso contra un compañero y le hace sentir pequeño.

- No es cosa de niños cuando una niña ofende a otra por su color de piel o religión.

- No es cosa de niños cuando un niño le pega una colleja a otro para demostrar al resto lo fuerte que es.

- No es cosa de niños cuando una niña se siente invisible ante el resto de sus compañeros por haber nacido en un país diferente o no llevar la ropa que "mola".

- No es cosa de niños cuando un niño no quiere ir al colegio porque se siente desprotegido ante las constantes amenazas que recibe.

 -No es cosa de niños cuando una niña deja de comer porque se ve gorda ante el espejo tras soportar insultos constantes hacia su físico.

- No es cosa de niños cuando un menor decide esconder el odio al que es sometido por pavor a que lo culpabilicen.

- NO ES COSA DE NIÑOS cuando duele, asusta, amenaza. NO ES COSA DE NIÑOS cuando limita, margina y te colma de miedo. No es cosa de niños CUANDO LA AUTOESTIMA SE HACE A PEDAZOS.

Nos hemos deshumanizado, empobrecido en valores, acostumbrado a los desplantes.  Hemos normalizado  la mala educación, las ofensas desmesuradas, los gritos o los insultos. Las peleas de gallos donde ganan los más irrespetuosos, donde pierden los más desfavorecidos.

Hemos emponderado con nuestro silencio a  aquellos que se sienten con la legalidad para humillar, agredir o intimidar. A aquellos que con crueldad tienen comportamientos ruines ante sus compañeros de clase por el simple hecho de ser, pensar o actuar diferente a ellos. Niños y jóvenes que entienden la violencia como forma legítima de resolver los conflictos, de imponer sus ideas, de liderar erroneamente.

Y no, no son bromas, ni mal entendidos, ni cosas de niños. Son agresiones verbales, burlas que hieren, amenazas que atemorizan. Ataques reiterados que parten el alma, que intoxican, que llenan de reproches.

Violencia entre iguales que rompen vidas, que roban infancias, que siembran pánico, que generan suicidios.

Ataques sin sentido con consecuencias devastadoras para todos los actores implicados, para sus familias, para el entorno.  autoestima que queda dañada durante años.

Agresores con conductas que someten, con límites inexistentes, con falta de referentes, sin capacidad de gestionar la frustración.  Que a menudo copian modelos de adultos agresivos que pagan con ellos sus miserias, que viven regidos por la ley del más fuerte. Con una AUTOESTIMA que queda dañada durante años.

Espectadores que encubren, que ocultan miserias, que aceptan en silencio la situación de acoso.   Que ríen las gracias, que apoyan al que ataca, que se han acostumbrado a la injusticia. Que sin ser conscientes pasan a ser cómplices de la atrocidad, que facilitan a los cobardes el camino.

Víctimas que se sienten vulnerables, débiles, indefensos, humillados. Con personalidades quebradas por los insultos que reciben a diario, por las conductas que les someten, por las veces que se han sentido excluidos.

Sumemos esfuerzos para dar visibilidad a la pesadilla que sufren a diario muchas niños y jóvenes inocentes, no esperemos que el conflicto se convierta en urgencia,  trabajemos interdisciplinarmente con todos los afectados. Busquemos consecuencias razonables para los que agreden sin sentido, canales de comunicación eficientes para los que observan, protejamos a los que sufren.

Aseguramos que TODOS nuestros hijos y/o alumnos tengan el derecho a sentirse seguros, a ser aceptados y valorados dentro de un grupo, a poder disfrutar de la niñez. Consigamos que TODOS se sientan queridos, protegidos, valorados.

Con adultos que sean referentes, modelos a la hora de solucionar conflictos, que intervengan reforzando las conductas positivas. Profesionales capaces de realizar una pronta detención del problema, de crear estructuras donde nuestros pequeños puedan expresar sus problemas, elaborando protocolos que ayuden a actuar eficazmente ante las señales de alarma.

Busquemos soluciones rápidas y eficaces para hacer frente a los abusos centrando nuestro acompañamiento en la educación en el respecto, la igualdad de oportunidades, en la aceptación de la diferencia.  Eduquemos la empatía, realicemos un acompañamiento emocional que proteja a todos, que trabaje la autoestima, que enseñe a escuchar activamente.

Establezcamos consecuencias razonables para los que agreden sin sentido, enseñemos a pedir ayuda a los que sufren, emponderemos a los observadores a romper su silencio, a denunciar el acoso, a no permitir que la  víctima se sienta solo. Prevengamos situaciones, enseñemos a reconocer las diferentes formas de acoso, a detectar el abuso, a intervenir eficientemente.

Trabajemos codo a codo familia y escuela, exijamos a las administraciones actuaciones que eviten infancias robadas.

dijous, 21 de setembre del 2017

ENTREVISTA EN MUM AND TEEN

Conocí a Teresa Rey gracias a las redes sociales y sin duda es de las persona más profesionales con las que he podido colaborar. Su trabajo siempre rebosa creatividad, elegancia y profesionalidad. Hace unos meses que Teresa se embarcó en un maravilloso nuevo proyecto llamado MUM AND TEEN. Un espacio dedicado a la adolescencia desde una visión muy positiva y llena de optimismo. En su web podemos formarnos, compartir inquietudes sobre esta trepidante etapa y solucionar dudas.

Os invito a navegar por ella y descubrir una forma de mirar y entender esta etapa tan trepidante desde la óptica de la disciplina positiva. Hoy tengo el privilegio de estrenar una nueva sección llamada "En buena compañía" donde comparto con Teresa mi visión de la adolescencia desde la óptica de un docente.

Aquí puedes leer la entrevista: ENTREVISTA


dilluns, 3 de juliol del 2017

8 LECCIONES QUE DEBERÍAN HABER APRENDIDO LOS NIÑOS EL DÍA DE SU GRADUACIÓN

- Se nota que tienes muchas ganas de llorar mamá.

- Verte tan grande me hace inmensamente feliz.

- Parece que no te gusta que crezca.

- A veces me cuesta aceptar que ya estás preparado para volar.

- Pero yo siento que siempre te voy a necesitar.

- Yo te prometo que estaré siempre a tu lado.

Hace unos días que el mayor de la casa se graduó en educación primaria. Una fiesta llena de emoción, donde me sentí inmensamente orgullosa al ver en lo que se ha convertido, un momento ideal para valorar todo aquello que ha conseguido gracias a su esfuerzo y tesón. Una etapa que se cierra y te hace ser consciente de lo rápido que pasa el tiempo, parece que fue ayer el día que le acompañaba de la mano en su primer día de colegio. Ahora ya está preparado para empezar a caminar solo, para decidir en quien quiere convertirse, para dibujar sus sueños.

Ocho lecciones que me gustaría regalarle: 

1. VIVE el AHORA para que nunca puedas arrepentirte de que el tiempo se te haya escurrido entre los dedos, sin que te pese el pasado ni te ciegue el futuro. Reinvéntate a diario, involúcrate, impacta con tu trabajo, ves siempre más allá de lo ordinario. Baila con las dificultades, comprométete con lo que sientas.

2. Nunca olvides que lo importante es lo que ERES y no lo que logras hacer. Se de esos que SUMAN, que ofrecen, que merecen lo que consiguen, que viven con pasión. Da siempre rienda suelta a tu GENIALIDAD. Los resultados nunca serán fruto de la casualidad.

3. QUIÉRETE con avaricia, sonríete a diario ante el espejo. Perdónate a diario, respétate, aprende a decir no. No seas un fraude contigo mismo, cumple tus promesas, reconoce tus grandezas. Escúchate con atención.

4. Sé VALIENTE y toma DECISIONES. Haz que tus metas sucedan, no sientas miedo al mirar diferente, cree en tu INSTINTO. Vuélvete un experto en aquello que te haga realmente feliz. No vivas demostrando.

5. SUEÑA GRANDE y no permitas que los otros te presten sus sueños. Dibuja tu propio mapa, haz sin dejar dudas, conviértete en un inconformista, sé lo que realmente deseas. Crea oportunidades

6. Trabaja con tus MIEDOS a diario, falla útilmente, ponle nombre a los moustros que te atormentan. Acepta tu vulnerabilidad, aprende a caminar por la cuerda floja, ponle compás a la incertidumbre.

7. Recuerda siempre que lo importante no es lo que nos pasa sino la ACTITUD con la que nos enfrentamos a ello. Enfoca correctamente, vive en equilibrio, identifica y pausa tus emociones.

8. Ríe con EXCESO, salta de los márgenes, ama tu caos, prueba sin miedo. Sé agradecido, consciente de lo mucho que ya tienes. No te mientas ni postergues.

dimarts, 25 d’abril del 2017

HIJO, SÉ UN INCONFORMISTA

- ¿ Por qué no te enfadas cuando no hago las cosas como esperas?

- Porque admiro tu atrevimiento.

- ¿Aunque me equivoque por no hacerte caso?

- Dicen que el último error es siempre el mejor maestro.

- ¿Debería hacer las cosas como los demás las hacen?

- Lo mejor que puede pasarte en esta vida es que seas un inconformista.

Desde que tengo uso de razón me he considerado una inconformista. Siempre me ha costado seguir las normas, aceptar que tocaba hacer las cosas de una determinada manera, seguir patrones estrictos, imitar el paso de los otros. He vivido siempre con la sensación de ir a contracorriente, de no creer en las fórmulas preestablecidas, de tener la necesidad de romper los límites que otros intentan imponerme.

Me fascina hacer cosas poco convencionales, probar por mi misma, cuestionarme el porqué de las cosas, emprender caminos. No perder la necesidad de ser curiosa, de negar la complacencia, de no necesitar la aprobación de los demás para hacer las cosas.

Soy una inconformista de los pies a la cabeza y me alegra ver que mis hijos también lo son. Los inconformistas eligen el sentido de sus vidas, se crean a diario, aprenden de los fallos. Son disruptivos, exprimen sus talentos, baten sus miedos. Cogen las riendas de su vida con fuerza, con rebeldía, hacen cosas que les dan pavor.

Son honestos con su esfuerzo, buscan, pulen, mejoran, reajustan, se aferran a sus sueños sin excusas. Creen en la rebeldía sin miedo, en el riesgo, nos les importa andar por la cuerda floja. Los inconformistas no creen en fórmulas mágicas, en golpes de suerte, en el azar. Confían con tesón en sus decisiones, trabajan con alma, sin atajos. Con pasión, con ganas, con actitud. Remueven sus cimientos cada vez que hace falta, se reinventan a cada amanecer.



Asumen los riesgos, lideran sus vidas con autenticidad, sin filtros. Aceptan sus debilidades, piden ayudan, creen en el trabajo en equipo. Se muestran a través de sus virtudes, encajan las diferencias, admiten el fracaso. Se quieren, se miman, se tratan con ternura cada vez que se ponen delante de un espejo.

Los inconformistas odian esconderse, huyen de la vanidad y los elogios no merecidos, de los falsos premios. Sin fingir ser perfectos, sin aparentar cosas que no sienten, sin esperar nada a cambio. No se zarandean ante los cobardes, no buscan el reconocimiento de los temerosos, se alejan de los déspotas. Entienden que pocas cosas son para siempre, que las generalizaciones son falsas.

No necesitan justificar sus sueños, viven sin trampas, sin epítetos, sin necesidad de tenerlo todo controlado, de que todo sea exacto. Colegas de la incertidumbre, de los desafíos, de la vulnerabilidad. Dan respuesta a preguntas complejas, golpean fuerte, hacen que las cosas sucedan. No postergan, están dispuestos a lidiar con el cambio, no se acobardan a la hora de actuar. Con coraje, mirándose bien adentro, planificando logros y asumiendo erratas. Repitiéndose a diario, a cada instante, que lo único importante es vivir.

Hijo se un inconformista, con avaricia y recuerda siempre que la vida sólo se aprende viviéndola, cayendo, rompiendo moldes, tomando riesgos.

diumenge, 16 d’octubre del 2016

NO ME PIDAS TANTO MAMÁ

- A veces tengo la sensación de que nunca estás contenta con lo que hago.

- ¿Por qué dices eso?

- Parece que siempre quieras que haga las cosas aún mejor.

- Porque confío en que puedes mejorar.

- Ya, pero en ocasiones sólo te vale que lo haga perfecto.

- Tienes razón, a veces me olvido que nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces.

Lamento cada ocasión que mi torpeza me lleva a no saber valorar el sinfín de cosas que mis hijos hacen bien. Aquellos instantes en los que me convierto en una madre insaciable que invierte su energía en valorar únicamente el rendimiento de aquello que hacen, olvidando el esfuerzo que han puesto en ello, la fuerza de voluntad que han demostrado, cada paso que han sido capaces de dar en su camino.

Aquellos momentos en los que me muestro excesivamente crítica, donde exijo que sean sobresalientes a la hora de aprender, ignorando que lo importante es el sentir y no el hacer. Aquellas situaciones en las que descuido que se aprende experimentando, dando la mano al ensayo y el error, cayendo y volviendo a empezar. Esas ocasiones donde provoco una agria sensación de inutilidad, de torpeza, de desolación. Donde me olvido de alentar, de motivar sin condición, de recordar que estoy ahí donde me puedan necesitar.

Esos instantes en los que el resultado se convierte en la única meta, sin tener presente la importancia de respetar sus ritmos de aprendizaje, las capacidades innatas, el deseo de hacer las cosas de manera diferente a las mías.

Mi desacierto me lleva a olvidar que yo tampoco soy una madre ni una mujer de sobresaliente y que ellos nunca juzgan mi poca destreza para cocinar o mi incapacidad de mantener la calma cuando las cosas se empiezan a torcer. Esos momentos en los que mi exigencia es tan elevada que consigo que mis pequeños tengan miedo a explorar.

Nuestros hijos no pueden convertirse en un producto bursátil que debemos revalorizar, ni un trofeo que debemos exponer, ni una medalla que podernos colgar. No podemos convertir sus vidas en una exigente escuela donde sólo haya lugar para el éxito y la perfección,  que les exija siempre estar al  mejor nivel.

Yo no quiero hijos sobresalientes sino felices. Valientes, osados, con ganas de probar, que acepten el error como parte esencial del aprendizaje. Con ganas de aprender sin miedo a fallar, sin querer vivir siendo siempre los primeros de la fila. Quiero hijos que vivan el presente sin más, que disfruten de cada regalo que les ofrece un nuevo amanecer. No quiero educar en la necesidad  de ser los mejores, de sentir que los demás son rivales, donde el único objetivo es alcanzar la notoriedad. 

Quiero que sepan que les quiero por lo que son y no por lo que consiguen. Deseo ser una mamá que estimula, que valora cada escalón superado, que no recrimina los errores,  que susurra "estoy contigo" cuando todo se empieza a balancear. Quiero hijos que crezcan en libertad, sin tener la necesidad de demostrar nada a nadie, sin tener que ser élites. Que aprendan a valorar el intento aunque sea imperfecto, que tengan las ganas de seguir intentándolo las veces que sean necesario, a no quieran ser lo que los otros deseen.

Ojalá sea capaz de enseñarles que no siempre hay que saber bailar sin pisar, ni saber seguir el ritmo que otros imponen. Sin duda la vida es mucho más emocionante cuando pintas del color que tu crees.


dimarts, 3 de maig del 2016

EL GRAN PROBLEMA DEL FRACASO ESCOLAR

- ¿Por qué Maria no sabe contestar cuando le preguntan lo que a mí?

- Porque no todo el mundo aprende a la misma velocidad.

- ¿Y por eso nunca levanta la mano para participar?

- Hay niños a los que les cuesta un poco más aprender.

- Siempre habla bajito, yo creo que le da miedo decirlo mal.

- Nunca es fácil equivocarse delante de los demás.

- ¿Y cómo le puedo ayudar?

- Respetando su forma de aprender, su ritmo para avanzar, ayudándole a creer que ella también será capaz de contestar.

La historia de María se repite a diario en las aulas de nuestras escuelas. Los últimos sondeos hablan que entorno al 30 % de los escolares de nuestro país sufren fracaso escolar, una cifra muy superior a la media europea. España se sitúa en la cola de la Unión en cuanto a resultados, demostrando así que las sucesivas leyes educativas no han sabido dar respuesta a las necesidades educativas de nuestros estudiantes. Muy lejos quedan países como Finlandia o Suecia punteros en innovación educativa y buenos resultados.

La mayoría de los niños a lo largo de su escolaridad presentan alguna dificultad de aprendizaje pero, con un diagnóstico precoz y unas intervenciones educativas adecuadas, éstas serán solventadas con éxito. Pero si estos obstáculos no son atendidos adecuadamente, reparados o no se les da la suficiente importancia se irán agravando y acabarán generando importantes dificultades para seguir correctamente el itinerario educativo. Las dificultades irán provocando una desafección y desvinculación progresiva del alumno con su entorno escolar.

Así que no es el niño quien tiene el problema del fracaso escolar sino quien lo sufre y pasa a convertirse en el eslabón más débil del sistema. Es en el momento en que el sistema educativo no halla la manera correcta de dar respuesta a las necesidades del alumno y las estrategias educativas utilizadas no han sido orientadas correctamente cuando condenamos al fracaso al estudiante.

Este fracaso se traduce en suspensos y si son muy reiterados, pueden provocar la repetición de algún curso escolar. A menudo, el único criterio utilizado para valorar el éxito o el fracaso escolar del estudiante son las calificaciones que, en muchas ocasiones, no reflejan lo que realmente sabe o no el niño, dejando al margen de la evaluación aspectos importantes del desarrollo afectivo, social o emocional. 

Es imprescindible hacer hincapié que el fracaso escolar se convierte en mucho más que un suspenso para los pequeños. Detrás de él encontramos un alumno con baja autoestima, inseguridad, poca motivación por aprender y mucha frustración. Además no podemos obviar que las malas calificaciones pueden llegar a generar problemas en la relación entre iguales, humillación, depresión y trastorno de ansiedad.
A menudo el fracaso escolar es un contratiempo que no responde a una única causa y en él influyen multitud de variables que afectan el contexto familiar, social y escolar del estudiante. Algunas de estas causas pueden ser;

- Trastornos específicos de aprendizaje: dislexia, disgrafia, discualculia, agrafia,...

- Trastornos de déficit de atención.

- Altas capacidades o superdotación.

- Déficits intelectuales.

- Trastornos emocionales.

- Situación socioeconómica desfavorable.

- Falta de motivación.

- Falta de buenos hábitos de sueño o descanso.

- Adiciones.

- Metodologías educativas o proyectos educativos inadecuados que no dan respuesta a las necesidades de los alumnos.


El fracaso escolar es un tema que crea gran discusión en el momento que nos centramos en buscar culpables a esta situación. A menudo los profesores son la primera cabeza de turco y reciben las críticas en primera línea de fuego. A la vez, ellos culpan a las políticas educativas de las cifras negativas de nuestro sistema escolar y denuncian los pocos recursos con los que deben trabajar. Además, en ocasiones las familias también son señaladas por su poco interés e implicación en el proceso de aprendizaje de sus hijos.


Podíamos pasarnos horas buscando los culpables verdaderos del fracaso de nuestros escolares pero pienso que es mucho más provechoso, necesario e importante unir todos nuestros esfuerzos en crear un tándem perfecto entre escuela, familia y administración. Una comunicación fluida y un trabajo en equipo en la misma dirección hará mucha más efectiva la respuesta educativa hacia el alumno y posibilitará dar respuesta a cada una de las necesidades educativas de nuestros pequeños apostando por una educación personalizada. 

El diagnóstico precoz debe convertirse en el punto de partida que nos posibilite descubrir la dificultad concreta que planea el niño y todos los factores que intervienen en ella. La prontitud en la intervención facilitará una intervención a medida y evitará que el problema vaya anquilosándose. 

La intervención educativa deberá centrarse, además de responder a cada una de las necesidades que vayan apareciendo a lo largo del proceso, en conseguir despertar en el estudiante las ganas de aprender, la motivación por avanzar con pequeños avances diarios y la construcción de una adecuada autoestima y una buena tolerancia a la frustración. El trabajo interdisciplinar y la toma de responsabilidades por parte de cada uno de los agentes educativos implicados serán la clave para conseguir el éxito del estudiante.

Además, las familias en casa deberían implicarse en el día a día de la escuela, creando un ambiente rico en estímulos, animando cada esfuerzo, requiriendo una adecuada responsabilidad y una buena exigencia por parte del niño delante de los aprendizajes, consiguiendo así una imagen positiva de quien son y lo que hacen. Deberán trabajar codo a codo con los profesionales que comparten la educación de sus pequeños, confiando en su trabajo, apoyando sus decisiones y colaborando en todo lo que se les requiera.

El objetivo de la educación debe ir mucho más allá de aprobar o no una asignatura, debe despertar en el niño las ganas de aprender, de contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

Para ponerle un poco de humor, un libro divertido y lleno de aventuras llamado Abajo el Cole de Maria Frisa. 

dimarts, 26 d’abril del 2016

11 ERRORES QUE NINGUNA MAMÁ DEBERÍA COMETER

- ¿Quién te ha enseñado a ser mamá?

- Aprendo el oficio a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Y quién te dice lo que tienes que hacer?

- Me dejo guiar por mi intuición.

- Pues creo que tu intuición te chiva muy bien. ¿Y si un día tu olfato se equivoca?

- Los errores deben convertirse en las mejores lecciones de vida, la mejor manera de aprender es tener que volver a empezar.

Sin duda se aprende haciendo, recorriendo el camino, aprendiendo de cada bache y disfrutando de cada momento. La  maternidad es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir ya que los objetivos se logran a largo plazo. Una ruta a veces llena de inseguridades,  de culpas en busca de la perfección, de momentos en los que todo el mundo es capaz de opinar sobre lo que debes o no hacer.

Una itinerario perfecto para aprender a confiar en la intuición, para aceptar que se aprende mucho más del error que de los aciertos, para entender que tienes derecho a la duda, a no tener siempre la solución, a pedir ayuda cuando las cosas se empiecen a torcer.

Más de una década que me ha enseñado la necesidad de ser paciente, de gozar de cada uno de sus pequeños logros y a tener muy claro algunos de los errores que ninguna madre debería cometer.

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, estar presentes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y del ensayo-error.

- ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad forma parte de sus vidas. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS de nuestros pequeños. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

- OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación con nuestros hijos. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos y las consecuencias de sus actos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

- HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

diumenge, 7 de juny del 2015

MAMÁ, ¿POR QUÉ SIEMPRE CONFIAS EN MI?

- Mamá, ¿por qué no te has enfadado?

- ¿Debería haberlo hecho?

- Estoy convencido que esperabas mucho más de mi.

- ¿Tú crees? Se lo mucho que te has esforzado.

- Tienes demasiada paciencia conmigo.

- A mi también me gusta que los demás la tengan cuando no acaban de salirme bien las cosas.

- Pero seguro que pensabas que sería capaz de conseguirlo.

- Y por qué no lo hayas conseguido, ¿eso supone que dejarás de intentarlo?

- No lo se mamá, ¿y si nunca lo consigo?

- Estoy convencida de que sí lo harás. Además, me tienes a tu lado para echarte una mano, yo confío en ti. Ahora sólo debes conseguir hacerlo tú también. La confianza no se busca ni se encuentra sino que se gana.


La confianza se manifiesta en los niños cuando se sienten queridos, respetados, escuchados, comprendidos y acogidos. Espacios donde todo fluye sin forzar, sin tener que demostrar nada al otro, sin aparentar o ofrecer nada a cambio. Donde cada aprendizaje aparece después de un ensayo, donde el error forma parte del proceso y es aceptado de forma positiva, donde el acompañamiento hace desaparecer la incertidumbre, la indecisión y el titubeo. La confianza es básica para conseguir una estrecha relación basada en el diálogo y la cordialidad, donde el asombro y la experimentación son la base del proceso. Pero no podemos obviar que es  uno de los valores más frágiles que existen y que se difumina al instante de aparecer las dudas, traiciones o imprudencias. Cuesta mucho tiempo  y esfuerzo construirla, pero sólo bastan unos segundos para destruirla.

A lo largo de la vida he tenido la suerte de tener junto a mi muchas personas que han confiado en mi trabajo, en mi forma de ser o en mis decisiones. Gente que han alentado cada uno de mis proyectos, de mis retos. Personas que han aparecido especialmente para acompañarme aquellos días que todo se vuelve gris, en los que decides bajar los brazos, en el momento que estás dispuesto a abandonar tus sueños. En ocasiones una sola frase, un gesto, una sonrisa, un "estoy a tu lado", han sido suficiente para hacer que emprendiera de nuevo el vuelo.

Por este motivo, creo que la confianza en nuestros pequeños es una de las armas más poderosas que existen para educar, el mejor motor para estimular su crecimiento. Es esencial conseguir que nuestros hijos sientan lo mucho que confiamos en ellos, sepan que creemos que serán capaces de conseguir todo aquello que se propongan porque siempre estamos para echarles una mano. La confianza en ellos se convertirá en la mejor fuente de motivación, de seguridad,  de aliento,  en cada uno de sus nuevos aprendizajes. Los acompañaremos en el fracaso, les ayudaremos a ver la parte positiva de ellos y les animaremos a seguir pedaleando.

Una confianza que deberá ser trabajada a diario a través del cariño, el tiempo de calidad y carros de paciencia. Fomentando la atención completa compartiendo risas, retos y juegos, una vida llena de momentos de confesiones y complicidad. Debemos impulsar su iniciativa ayudándoles a eliminar los miedos a fracasar, un  "has sido capaz de hacerlo" o "no tenía la menor duda que lo conseguirías" como las mejores herramientas para incitar a continuar, ofrecer mil y una oportunidad para aprender. Aprender a valorar lo que les importa, preocuparnos de sus cosas sin censurar ni aleccionar, respetar sus ritmos, opiniones o decisiones, prepararnos para estar  allí donde lo necesiten.

Ofrezcámosles nuestra confianza para que sean capaces de emprender, de volar sin miedo a caer. Enseñémosles a esperar, tolerar, comprender y perdonar. Digámosles siempre la verdad,  esa será la base de nuestra complicidad, fomentemos la sinceridad, la espontaneidad. Seamos flexibles y tolerantes, enseñemos a respetar a los demás, volvamos a tener carromatos de paciencia. La conversación será el hilo conductor de nuestros pactos.

Que nunca nos olvidemos de recordarles que creemos en ellos. Los niños nacen con la posibilidad de conseguir grandes cosas, como padres tenemos la responsabilidad de ayudarlos a conseguir las estrellas.