Sònia

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dimecres, 3 de novembre del 2021

Ocho estrategias que permiten establecer límites respetuosos a nuestros hijos

 Sin duda una de las tareas más complicadas a la hora de educar a nuestros hijos es aprender a establecer límites de manera correcta. A menudo, dudamos si al ponerlos estamos actuando de una forma demasiado permisiva o por el contrario, excediéndonos con el control. Sabemos que debemos poner límites a nuestros hijos pero no sabemos muy bien ni cuáles ni cómo hacerlo.

En ocasiones poner estos límites nos genera sentimientos de culpabilidad o ansiedad porque los asociamos  de forma errónea a poner restricciones o a no complacer los deseos de nuestros pequeños. Ser conscientes que ponemos límites para educar y proteger a nuestros hijos nos ayudará a obtener más seguridad y ser contundentes con las pautas que queremos transmitir.

Conseguir una dinámica sana en nuestra familia parte, en gran medida, de unos límites claros y respetuosos que permitan establecer unas relaciones armónicas y adecuadas basadas en el respeto y el amor incondicional. Estas límites permiten a nuestros hijos crecer con conciencia asumiendo sus responsabilidades, haciéndose cargo de sus decisiones y desarrollando habilidades sociales y emocionales imprescindibles para la vida.

Los límites no son normas rígidas, inflexibles y prohibitivas que tienen la intención de controlar, cohibir o sancionar. Son líneas invisibles que nos ayudan a estructurar la convivencia desde el respeto y la empatía. Nada tienen que ver con el abuso de poder que en ocasiones ejercemos los adultos para conseguir que nuestros hijos nos obedezcan o para solucionar conflictos.

En ocasiones confundimos los límites con prohibiciones o castigos que limitan el comportamiento del niño. Unas sanciones que carecen de aprendizaje y llenan a nuestros hijos de impotencia e incomprensión.

Los límites claros se usan con el objetivo de proteger, favorecer el desarrollo del vínculo y generar serenidad en nuestro acompañamiento. Crean un entorno de seguridad emocional necesario para el desarrollo integral de nuestros hijos que les hace sentir que sus necesidades están cubiertas.

Garantizan la pertenencia, favorecen el proceso de socialización y permiten al niño diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto. Aportan valores tan importantes como el respeto, la coherencia y el compromiso. A través de ellos nuestros hijos aprenden cómo deben comportarse y relacionarse sanamente con otras personas para ser felices.

Los límites evitan la sobreprotección, fomentan la autonomía y ayudan a nuestros pequeños a conocer las conductas adecuadas. Consiguen que nuestros hijos se sientan escuchados y valorados y les ayudan a entender los códigos de convivencia que existen en la sociedad.

Los niños que viven en un hogar donde los límites son claros tienen más capacidad de identificar y gestionar las emociones, auto regularse y tomar la iniciativa. Son más valientes y seguros de sí mismos.

Si un niño crece en un entorno donde los límites no están bien establecidos mostrará dificultades para entender el mundo que le rodea, tolerar la frustración y relacionarse con los demás. Serán niños que se irritan con facilidad y gestionan mal las emociones cuando no consiguen aquello que se proponen.

Los límites deben establecerse desde la calma sin necesidad de recurrir a los premios o castigos. La rutina y la paciencia serán nuestros grandes aliados a la hora de establecerlos. Poner límites de manera adecuada ayudará a nuestros hijos a integrarlos como propios.

Los límites deben convertirse en una herramienta imprescindible para conseguir un ambiente de confianza en casa donde todos los miembros de la familia se sientan valorados y queridos.

Educar a nuestros hijos con unos límites claros desde la primera infancia equivaldrá a ofrecerles herramientas emocionales para toda la vida ya que les ayudará a formarse como personas respetuosas y empáticas.

¿Cómo podemos establecer límites de manera respetuosa?

1. Estableciéndolos siempre desde el respeto, la empatía y la amabilidad. Eliminando los gritos, las amenazas y las represalias que dañan la autoestima de nuestros hijos y debilitan nuestro vínculo.

2. Involucrando a nuestros hijos en la elaboración de los límites familiares. Participar activamente en la redacción les hará sentirse protagonistas de su propio aprendizaje.

3. Explicándolos con claridad y consistencia a través de una firmeza amorosa. Asegurándonos que nuestros hijos entienden el límite y pueden expresar con libertad las emociones que éstos les despiertan.

4. Adaptando los límites a la edad, características y necesidades de nuestros hijos. Cada fase evolutiva exigirá una reformulación.

5. Convirtiéndonos en el mejor ejemplo que puedan tener respetando nuestros propios límites y el de los demás.

Seguir leyendo en: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2021-10-30/ocho-estrategias-que-permiten-establecer-limites-respetuosos-a-nuestros-hijos.html 

dimecres, 14 de maig del 2014

LA PEOR MADRE DEL MUNDO



“Eres la peor madre del mundo” gritaba Pol mientras daba un portazo y se encerraba en la habitación. No recuerdo muy bien el motivo de su queja pero si su enfado, decepción y rabia contenida.
                La bomba había estallado porque no había respetado uno de los límites marcados en casa y me comparaba con algunas madres permisivas de sus amigos. Para no perder los estribos, intentaba reírme de mi misma imaginándome convertida en un feroz demonio.
                Con sus 9 añitos me recriminaba que no le dejase hacer aquello que otros podían hacer sin problemas ni consecuencias. ¿Cómo le explico que lo hago por su bien?
                Pienso que la titánica tarea de ser padres arroja muchos desafíos  pero, sin lugar a dudas, uno de los importantes es el tema de los límites. Poner límites y hacer cumplirlos significa muchas veces tener conflictos. Intento solucionar los conflictos de forma positiva procurando no ser ni permisiva ni autoritaria pero ¡qué difícil lograr un equilibrio!
                Evito caer en las amenazas que luego no cumpliré, en el chantaje emocional o en la exageración de mis emociones, pero debo confesar, que a veces las circunstancias me hacen caer en ellos.
                Los niños felices necesitan sentirse seguros y protegidos y para ello requieren límites y normas claras. Si no se convertirán en niños insatisfechos, tiranos, que reclaman constantemente nuestra atención y con importantes dificultades para vivir en sociedad.
                Los límites son indispensables para que nuestros pequeños logren alcanzar la madurez y la felicidad. Los límites no pueden depender de nuestro estado de ánimo. El secreto es marcarlos mediante una disciplina eficaz, de forma coherente y con firmeza.
                Los límites deben ser explicados con claridad, firmeza  y objetividad. Deben ser concretos  y  debemos asegurarnos que son entendidos. Al ser cumplidos, debemos realizar un refuerzo positivo felicitando los comportamientos correctos. Un buen achuchón o un besazo les llenarán de orgullo.
                Tras un rato de tranquilidad en su habitación y una distendida charla sobre el tema, Pol ha entendido la necesidad de no saltarse los límites. Acabar viendo la tele juntos y cerrar el día con tranquilidad ha sido todo un regalo.

                Mañana habrá que volver a cargar las baterías al máximo.