Sònia

Sònia

dilluns, 23 d’abril de 2018

QUE NADIE TE DIGA

Que nadie te diga que no puedes hacerlo.

Que nadie te diga que no mereces intentarlo.

Que nadie te diga que no eres lo suficientemente bueno.

Dejamos que sean otros lo que valoren nuestros logros, critiquen nuestros tropiezos, decidan nuestros intentos. Tendemos a escuchar a aquellos que sin apenas conocernos son capaces de dudar de nuestras posibilidades, de sentenciar nuestro trabajo, de limitar nuestros retos. 

Solemos escucharles como si se tratasen de expertos de lo que nos corre por dentro. Les damos poder sobre nuestros días, permiso para valorar nuestros pasos sin conocer nuestro camino, sin entender nuestras cicatrices, sin saber de donde hemos resurgido.

Gente que creen que no merecemos todo lo bueno que nos pasa, que no aprecian nuestros esfuerzos, que no se molestan en conocer nuestra causa, en respirar nuestra pena, en reconocer nuestras fantasmas. Capaces de juzgar nuestros anhelos, de envenenarnos con sus sentencias, de envidiar nuestra valentía.

Personas a las que les otorgamos poder sobre nuestros quieros, que nos hacen pasar de puntillas por el mundo, que empequeñecen nuestra osadía. Que deciden lo que podemos intentar, ser o pensar. Que envenenan nuestras virtudes y utilizan nuestro potencial para su beneficio. 

Opiniones que nos hacen pequeños, que limitan nuestros sueños, que encogen nuestro derecho. Palabras que ciegan nuestra alma, que determinan nuestro atrevimiento, que alzan muros que nos separan de nuestros empeños. Que nos siembran de dudas, que nos hacen sentir que no estamos lo preparados, que nos llenan de reproches e inseguridades.

Cuando se trata de nosotros no nos protegemos lo suficiente, no defendemos nuestros principios, no escudamos nuestra alma. Permitimos que cualquiera critique nuestras decisiones, corte nuestras alas, chantajé nuestros deseos. 

Dejemos de escuchar a aquellos que cuando todo se empiece a tambalear no van a estar a nuestro lado, no van a tener el valor de sacar la cara por nosotros.

Rodeémonos de aquellos que sin necesitarnos quieren seguir a nuestro lado, que no se avergüenzan de nuestros errores, de nuestras salidas de tono. Aquellos que defienden nuestra locura aunque no la compartan, que confían en nosotros conociendo el riesgo, que ofrecen su ayuda sin que tengamos que pedirlo.

Elijamos a aquellos que quieran venir con nosotros de la mano, que nos dejen ser, que crean en el valor de nuestras palabras. Que nos animen a seguir adelante, a pelear por nu

Que nadie nos diga que no tenemos derecho a decidir donde vamos a ser felices, lo que nos sobra, el precio que le otorgamos a las cosas.

Que nadie nos diga que no merecemos lo que conseguimos gracias a nuestros trabajo y perseverancia.

Que nadie nos diga cómo debemos plantar cara a nuestros miedos, a nuestras vicisitudes, a cómo nos enfrentamos al riesgo.

Que nadie nos diga que nuestra sonrisa no enamora, que  no tenemos derecho a volver a empezar de cero,  a creer en la belleza de los sueños.

diumenge, 15 d’abril de 2018

SEAMOS HÉROES IMPERFECTOS

Dicen que de los peores tropiezos se sacan los mejores aprendizajes.

Dicen que cada caída al vacío nos enseña algo que necesitábamos aprender.

Nos educan para el éxito, para exprimir nuestro potencial, para sobresalir. Para lograr cosas extraordinarias, para saber buenos en todo, para ganar siempre. Para conseguir las cosas de forma inmediata, para destacar de forma brillante, para vivir siempre sonriendo. Para publicitar todo lo que conseguimos, para disfrutar de nuestro ego.

Poca gente nos habla de los malos momentos, de los tropiezos, de las veces que nos va a tocar volver a empezar de cero. De las muchas ocasiones que abandonaremos proyectos, de que a menudo no van a salirnos las cosas como queremos. De la tristeza a la que nos encadenan los errores, de cómo los tropiezos van a mermar nuestra autoestima.

Ojalá nos contasen que los grandes triunfadores también han caído cientos de veces, que han fracasado al igual que nosotros. Ojalá nos enseñasen a disfrutar de ir a la deriva, a no avergonzarnos de nuestras equivocaciones, a sentirnos orgullosos de nuestros intentos. de nuestra valentía. De que a menudo las mejores cosas llegan después de una brava tormenta, de una puerta cerrada, de una oportunidad perdida. 

Aprendamos de los tropiezos, de las caídas, de los fracasos. De las equivocaciones que nos permiten romper con el pasado, que renuevan nuestra confianza, que nos reorganizan por dentro.

Que hay errores que no se equivocan, que  regalan oportunidades, que descubren talentos. Que instruyen a ser más ambiciosos, a ir a contracorriente, a jugársela. 

Seamos héroes imperfectos que luchan contra el conformismo consigan o no sus metas, que viven sin depender de si hay o no recompensa. Que entienden que la valentía es hacerlo aunque estés muerto de miedo. Que creen en ellos aceptando las imperfecciones.

Vivamos sin esperar nada a cambio, sabiendo que el éxito pasa por creer que se puede ganar perdiendo, confiando en el empeño que le pongas a tus metas, en las horas de trabajo, en los intentos. En amar lo que haces aunque no salga perfecto, en probar sin garantías, en confiar en los pequeños gestos. En aprender a caer, a recomponernos.

Dejemos de crear excusas, no permitamos que nuestros sueños sean reemplazados. Atrevámonos a dejar lo que siempre hemos hecho, a comprometernos con lo que nos corre por dentro. A pactar con la incertidumbre, a perdonarnos cada vez que no logras estar a la altura, sin permitir vivir de prestado.

Llenemos nuestros días de contratiempos que nos aleccionen, que nos hagan crear estrategias, que nos enseñen a encajar las dificultades. Que nos demuestren que no siempre el reto es llegar a la meta sino atreverse a trazar nuevos mapas.

Ojalá fracasemos muchas veces, al final te das cuenta que quien no arriesga ni gana ni pierde, ni aprende ni consigue, ni disfruta ni avanza. Vayamos paso a paso pase lo que pase.

diumenge, 8 d’abril de 2018

ERES UN COBARDE

Eres un cobarde cuando renuncias a lo importante por miedo a sobresalir.

Eres un cobarde cuando no te atreves a cerrar etapas que sólo te encadenan al fracaso.

Eres un cobarde cuando pides perdón sin ser tu el culpable.

Eres un cobarde cuando no te atreves a SER.

Eres un cobarde cuando intentas convencerte que es tarde para atreverse.

Eres un cobarde cuando desperdicias tu talento. 

Eres un cobarde cuando te conformas con poco por creer que no mereces más.

Eres un cobarde cuando ocultas lo que te corre por dentro.

Eres un cobarde cuando finges estar bien y tu alma está partida en dos.

Eres un cobarde cuando decides abandonar lo que realmente te roba una sonrisa.

Eres un cobarde cuando soportas en los otros lo que no aguantas en ti.

Eres un cobarde cuando inventas excusas que roban oportunidades.

Eres un cobarde por disfrazar las palabras que no te atreves a decir.

Eres un cobarde cuando postergas tus sueños por temor a perder.

Eres un cobarde cuando eres incapaz de admitir que estás roto por dentro.

Eres un cobarde cuando deseas lo que otros han conseguido sin estar dispuesto a tomar riesgos.

Eres un cobarde cuando renuncias a tu principios por sentir que vas a contracorriente.

Eres un cobarde cuanto silencias  tu instinto que tanto sabe.

Eres un cobarde por pensar que no eres suficiente bueno para poder lograrlo.

Eres un cobarde por dejar tequieros para mañana y los abrazos en un cajón. 

Eres un cobarde cada vez que intentas convencerte que es tarde para volver a empezar de cero.

Eres un cobarde cuando justificas sin sentido lo que otros no se atrevieron a hacer.

Eres un VALIENTE cuando haces las cosas aunque sea temblando, aun sabiendo que es posible la derrota, cuando plantas cara a tus fantasmas. 

dilluns, 2 d’abril de 2018

¿CUÁL ES TU DESIERTO?

Una pérdida, una oportunidad perdida, un miedo irracional, un error que nos lapida...

Todo el mundo ATRAVIESA DESIERTOS. Esos que nos llenan de dudas, de peros, de desilusión. Que hacen las mañanas más grises, las madrugadas heladas, los atardeceres sin sabor. Desiertos que nos roban los sueños, nos atan a la tristeza, que nos sacan lo peor. Esos que nos hacen sentirnos pequeños, nos llenan de incertidumbre, de vacilación.

Desiertos de diferentes envergaduras, razones, muchos de ellos repletos de sinrazón. Que nos anudan a los pretextos, a las postergas, a la desilusión. Que nos alejan de la vida, de los retos, de la emoción. Que nos condenan a vivir en bucle, nos rompen a pedazos, nos hacen tropezar.

Desiertos que nos hacen respirar con esfuerzo, nos  alejan de la paz que tanto ansiamos, que parten nuestra autoestima en dos. Que tiñen la intención de dudas, hacen anhelar la suerte, nos contagian de envidia y decepción.

Desiertos que hacen más abrupto el camino, vuelven a abrir heridas, despiertan fantasmas, Que descontrolan la ira, nos contagian la rabia, hacen caducar promesas. Que te recuerdan ausencias, amaneceres perdidos, batallas olvidadas.

Desiertos que nos saturan de justificaciones, nos encarcelan en laberintos, desdibujan motivos. Que eliminan coartadas, resurgen complejos, condenan al silencio. Que te recuerdan ausencias, amaneceres perdidos, batallas olvidadas.

Desiertos que desaparecen cuando vuelves a creer en el ahora, en la posibilidad  empezar de nuevo.  Cuando estás dispuesta a apostar en ti a fuego, a confiar en tu talento, en pedir ayuda siempre que lo necesites. Cuando crees que mereces todo lo bueno que te pasa, cuando dejas de preocuparte por el mañana.

A menudo los desiertos se vuelven oasis cuando decides volver a sonreir a la VIDA.