Sònia

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dimarts, 4 de maig del 2021

EL PRIVILEGIO DE SER MAMÁ

Mamá, mama o mami. Da igual, diga cómo se diga, tiene una musicalidad especial. Nunca olvidaré el día en el que mis pequeños pronunciaron “mama” por primera vez. Quién lo ha vivido, sabe de lo que hablo. O aquella primera vez que estiraron sus brazos hacia mí porque era la única que les podía consolar.

Dicen que una madre es comprensión porque sus palabras sosiegan, tranquilizan, porque sus besos y abrazos sanan. Una madre es paciencia en grado extremo por su temple, por su perseverancia, por su capacidad de amar. Una madre es amor porque es cariñosa, afectuosa, protectora, tierna, comunicativa, paciente. Que el amor de una madre es el motor que le permite al ser humano hacer lo imposible.

Yo soy quién soy gracias a la mía. Con sus virtudes y sus defectos, pero le debo todo. Madre no hay más que una y ella siempre ha estado justo en el lugar y en el momento en el que más lo necesitaba. Sin juzgarme, ni etiquetarme. Alentándome en cada uno de mis proyectos, poniéndome límites, ayudándome a descubrir mis talentos, confiando siempre en mí. Convirtiéndose en la mejor abuela que mis hijos pueden tener. Desde que soy madre, la respeto y la valoro aún más si cabe.

Recuerdo el día en que descubrí que estaba embaraza, que me convertiría en mamá. Una mezcla de ilusión y miedo floreció dentro de mí. Supe que en ese mismo instante que mi vida se transformaría radicalmente, que me embarcaba en la aventura más apasionante de mi vida, un vagón compartido con mi marido e hijos para siempre.

Nunca olvidaré la cara de mi padre al enterarse que en pocos meses tendría entre sus brazos a su primer nieto, jamás lo había visto tan feliz. La emoción de mis hermanas por compartirse en tías, la alegría de mis suegros al saber que la familia aumentaba.

En el momento que vi a mi primer hijo por primera vez sentí que me había enamorado de inmediato. Esa persona que sería capaz de robarme a diario una sonrisa, de emocionarme con sus progresos, de preocuparme por su salud, que se convertiría en la fuerza motriz de todos mis retos. Al que deseaba querer, mimar y proteger para siempre.

La maternidad cambió mi concepción del tiempo, del espacio, del sentir. Mi forma de mirar la vida, de establecer mis prioridades, de saber lo que es realmente era importante. De hacer frente a los problemas, de escribir mi futuro.

Ser mamá te hace más tenaz, más valiente, más constante. Te enseña a ser más flexible, más polivalente, a simplificar tus necesidades. A querer ser tu mejor versión, a pelear contra las adversidades con todas tus fuerzas para que el presente sea mucho mejor.

Hace casi dieciséis años que soy mamá, para mí el mejor oficio del mundo. El único oficio en el que primero te otorgan el título y luego cursas la carrera. Una licenciatura llena de contratiempos, de inseguridades y de aspectos por aprender. Que te hace reaprender a diario y te ayuda a ser cada día un poco mejor. Que te regala cariño a raudales, amor sin condición, abrazos que reinician.

A ser mamá se aprende con mucha paciencia y grandes dosis de humor y sentido común. Por suerte, el paso del tiempo te enseña que en la educación de tus hijos no existen fórmulas mágicas, trucos o atajos. Que el secreto de una maternidad feliz es no necesitar tenerlo todo controlado, aceptar y aprender de tus errores, entender que la culpa no es una buena compañera de viaje.

Ojalá antes de ser mamá alguien me hubiese explicado que existían mil formas de entender la maternidad y que todas eran adecuadas. Que mis hijos no necesitan tener una madre perfecta, sólo alguien que les acepte y les acompañe sin condición. Que los quiera con avaricia y les conceda el tiempo que necesitan para aprender.

Ojalá me hubiesen aclarado que las mamás tenemos derecho a la queja, a sentirnos agotadas, a explotar, a querer desconectar. A sentirnos vulnerables, a añorar a ratos la soledad. A querer cultivar nuestra carrera profesional y a no permitir que la M de madre aplaste a la M de mujer.

Después de tantos años he comprendido que mis hijos necesitan una madre que se muestre disponible, que les acepte tal y como son, que sepa valorar sus esfuerzos, que les ponga límites y no le importen únicamente los resultados. Que regale palabras que alienten, silencios que acojan, abrazos y besos que protejan. Que valide todas las emociones que sienten y encuentre un equilibrio entre la firmeza y la amabilidad.

Que se sepa cuidar para poder acompañar desde la calma y la empatíaQue pida ayuda siempre que lo necesite sin sentir vergüenza o debilidad.

Que eduque con el ejemplo, eliminando los gritos, las etiquetas o los reproches que tanto dañan los vínculos. Que quiera acompañándolos sin sobreproteger, respetando sus necesidades e intereses, despertando las ganas de aprender y descubrir.

Que sea capaz de contagiar el placer de vivir, las de tomar la iniciativa, el deseo de soñar en grande. Es dar alas y raíces a la vez, dejar ir regalando oportunidades.

Madre Teresa de Calcuta decía que “enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo…, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado. No se me ocurre mejor forma de definir la maternidad.

dilluns, 31 d’agost del 2020

DOCE ERRORES QUE NINGUNA MAMÁ O PAPÁ DEBERÍA COMETER

Acompañar, cuidar y educar a nuestros hijos es una tarea ardua, llena de obstáculos y contratiempos, pero a la vez emocionante y extraordinaria. Se aprende a ser mamá o papá a la vez que nuestros hijos aprenden a ser hijos. Así que seamos pacientes, ajustemos nuestras expectativas y seamos capaces de disfrutar del mejor oficio del mundo.

 

- ¿Quién te ha enseñado a ser mamá?

- Aprendo el oficio a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Y cómo sabes lo que tienes que hacer?

- Me dejo guiar por mi intuición y aceptando que cada error es mi mejor  maestro.

Sin duda se aprende haciendo, recorriendo el camino, admitiendo los baches y disfrutando de cada buen momento. Ser papá o mamá es una carrera de fondo, un camino lleno de lecciones de vida, donde los objetivos se logran a largo plazo con grandes dosis de serenidad y confianza. Un trayecto en el que no existen atajos, fórmulas mágicas o métodos que nos aseguren el éxito.

 

Un oficio maravilloso que te cambia de forma radical la vida desde que empiezas a ejercerlo, que te hace desaprender a diario y  a salir de tu zona de confort. Que te regala a diario primeras veces, cariño a raudales, amor sin condición.

 

Una ruta compartida para siempre que, en ocasiones, te hace sentir frágil y agotada pero que a la vez es capaz de conseguir tu mejor versión. Donde las críticas o opiniones de los demás te hacen sentir vulnerable y las dificultades que aparecen a lo largo de las diferentes etapas te colman de inseguridades, complejos o culpas en búsqueda de una perfección errónea.

 

Un itinerario que te brinda la ocasión de aprender a confiar en la intuición, a aceptar que se aprende mucho más del error que de los aciertos, a entender que tienes derecho a la duda, a expresar como te sientes.

 

Más de 15 años ejerciendo la maternidad me han enseñado la necesidad de encontrar un equilibrio entre mi vida y las de mis hijos, a saber cuidarme para poder acompañar con calma, a gozar de cada pequeño momento aunque no tenga siempre la solución a una duda o dificultad.



Ojalá que a todas las mamás y papás antes de ejercer el oficio nos explicasen algunos de los errores que no deberíamos cometer.

 

1.Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

 

2. Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños, aceptémosles tal y como son. No proyectemos nuestras frustraciones en ellos. 

 

3. Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene métodos mágicos que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, estar presentes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y del ensayo-error.

 

4. ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad forma parte de sus vidas. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar.

 

5. Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

 

6. Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS de nuestros pequeños. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

 

7. OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación con nuestros hijos. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

 

8. Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

 

9. Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos y a asumir las consecuencias de sus actos.

 

10. COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma personalizada porque es único e irrepetible, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

 

11. HABLAR y ACTUAR con poca coherencia. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser consecuentes entre lo que hacemos y decimos. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

 

12. NO PEDIR AYUDA  cuando lo necesitemos. Compartamos nuestras dudas o miedos con las personas que más queremos y confiamos, busquemos momentos para cultivar nuestras aficiones, cuidémonos para poder acompañar con mucha tranquilidad, sentido común y del humor.

 

No existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre, Jill Churchill.

dissabte, 2 de maig del 2020

EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO

Más de 14 años después sigo pensando que ser mamá es el mejor OFICIO del mundo...

Ojalá antes de ser mamá alguien me hubiese explicado que existían mil formas de entender la maternidad y que todas eran acertadas. Que a ser mamá se aprende a la vez que aprenden a serlo nuestros hijos. Que la maternidad es el único oficio del mundo en el que primero te otorgan el título y luego cursas la carrera, una licenciatura abarrotada de aprendizajes diarios, de incertidumbre, de errores que enseñan.

Ojalá alguien me hubiesen aclarado que mis hijos no necesitaban una madre perfecta, sólo alguien que les acepte y les acompañe sin condición. Que les acepte y no les ahogue con sus expectativas. Que se sepa cuidar para poder acompañar con calma, que les quiera con avaricia y les proteja. 

Ojalá me hubiesen explicado que la maternidad iba a cambiar mi manera de ver el mundo, mi concepción del tiempo, de los hechos y del sentir. Que me haría más constante, más valiente, más tenaz. Pero que sobretodo me enseñaría a priorizar y a saber que es lo realmente importante.

Ojalá me hubiesen aclarado que las mamás tenemos derecho a la QUEJA, a sentirnos agotadas, a explotar. A no tener la solución para todo, a sentir miedo.

Ojalá me hubiesen contado que en la educación de mis hijos no iban a existir atajos ni formulas mágicas. Que que se educa con el ejemplo, con grandes dosis de paciencia y comprensión.  Que la impaciencia, las etiquetas, los gritos y los castigos no servirían para aprender. 

Que la mejor manera de quererlos es acompañándoles sin proteger, respetando sus ritmos e intereses, despertando las ganas de aprender. 

Ojalá me hubiesen obligado a pedir ayuda cuando la necesitaba, repetido que las recetas de otras mamás no servían con mis hijos, que lo estaba haciendo bien aunque lo dudase. 

Ser mamá se ha convertido en el viaje más maravilloso de mi vida, en mi gran vocación. Sin duda el  mejor oficio del mundo, ese que me hace desaprender a diario y me hace mucho mejor. 

dimarts, 16 de gener del 2018

CUANDO TE ENAMORAS SIN CONDICIÓN

Pocas cosas hay más emocionantes que sentir que te has enamorado al instante de alguien al mirarlo por primera vez, al sentir su olor, su calor cuando lo acurrucas junto a tu piel. Saber que esa persona ha llegado a tu vida para cambiar tu historia, para hacerla mucho mejor, para ayudarte a mirarla de forma diferente. Para recordarte a diario la necesidad de apreciar las cosas cotidianas, para enseñarte a priorizar lo que es realmente importante.

Sentir que acabas de conocer a esa persona que va a tener siempre la capacidad de robarte una sonrisa, de emocionarte con sus progresos, de sacar siempre tu mejor versión. Con la que vas a querer compartir los momentos más importantes de su vida, comprender lo que le preocupa, ayudarle a encontrar su propia felicidad. Un cruce de caminos para toda la vida, un vagón compartido para siempre.

Ese que te regala abrazos sin condición, que logra sorprenderte casi a diario, que te cuida con dulzura cuando no te ve bien. Que te contagia de energía y llena de fantasía lo cotidiano. Que es capaz de erizarte la piel cada vez que te susurra al oído que te quiere, de cambiar tus preferencias, tus ganas de conseguir, tu forma de actuar.

Del que amas hasta sus imperfecciones y te fascina sus ganas de comerse el mundo. Esa persona al que deseas querer, mimar, proteger.  Impulsar su talento, sus ganas de soñar, de probar. Por el que quieres estar disponible toda la vida, acompañarle cuando pierde sus batallas, enseñarle a luchar. A la que le perdonas sin reproches sus caídas y tropiezos, a la que alientas a ir dibujando sus propios caminos.

Esa persona que te encoje el alma cada vez que llora, se hace daño o te coge fuerte de la mano cuando tiene miedo. Que te pide paciencia porque no le salen las cosas y que le ayudes a aprender. Que te atrapa por todo lo que te aporta, por lo que te conviertes cuando estás a su lado.

Ese que ha provocado que tu vida no vaya a parecerse jamás a la que era antes que apareciese, que te hace más humilde, sensible y comprensiva. Con el que compartes conversaciones que te desinstalan, que te recuerda que la vida no es tan mala, ni tan intensa, ni tan complicada como te empeñas en ocasiones en ver.

Que nunca cuestiona tu imperfección, ni reprocha tus ausencias, ni tus dias grises. Que entiende que en ocasiones pierdas los nervios y levantes la voz. Que te ayuda recuperar tus ganas de seguir adelante, de arriesgarte. Esa persona con la que admites que educar no es algo matemático, que la maternidad tiene también una parte oscura en la que aprendes que no debes dejarle espacio a la culpa.

Ese que te enseña que un helado compartido, un secreto al oído, una tarde de pesca o las confesiones en un espigón al atardecer son la verdadera felicidad.

Feliz décimo cumpleaños hijo.

dissabte, 6 de maig del 2017

¿A TI QUÉ ES LO QUE MÁS TE GUSTA DE SER MAMÁ?

- ¿A ti qué es lo que más te gusta de ser mamá?

- Que me susurres al oído lo mucho que me quieres.

- ¿Cuando te digo que te quiero infinito?

- Cuando me pides que hagamos una guerra de cosquillas.

- ¿Aunque a veces te enfades conmigo?

- Aunque a veces me cueste aceptar que te haces mayor.

Hace casi 12 años que soy mamá, para mí el mejor oficio del mundo. Aquel que te hace reaprender a diario y te invita a vivir fuera de tu zona de confort. Aquel que cursas la carrera a lo largo de toda tú la vida, el que aprendes con la práctica y no tiene trucos ni atajos. La maternidad sacudió como un terremoto mi vida, llegó para cambiarlo todo, para hacerme inmensamente feliz. Cambió mi concepción del tiempo, del espacio, de los hechos, del sentir. No soy una mamá de vocación pero si de pasión. 

Los inicios fueron complicados, lleno de baches, incertidumbre y miedos. De remordimientos, de inseguridades, de muchas cosas por aprender. De momentos de máxima exigencia, esa que te ahoga y te rompe por dentro. Por suerte el tiempo te enseña a relativizar los problemas, a disfrutar más de cada detalle, a entender que la culpa no es una buena compañera de viaje. A definir que tipo de madre eres, a tejer una determinada manera de educar.

La maternidad llegó a mi vida para hacerme mucho mejor, para pulir mi interior, para cambiar mi forma de ver el mundo. Para poner en orden mis sentimientos, hacerme más flexible y enseñarme a simplificar mis necesidades. Para aceptar mis altibajos, mis contradicciones, mi confusión y encontrar lo esencial. Para aprender a amar a máxima intensidad, a sonreír sin tener un motivo concreto. Para querer como nunca lo había hecho, para proteger con uñas y dientes, para ejercer con el alma.

La maternidad me ha hecho mucho más simple, auténtica, sensible y instintiva. Más respetuosa, comprensiva y mucho más fuerte. Potencia mis virtudes y pule mis defectos. Me contagia de ganas de vivir sin medida, de valor para arriesgar, llena mis días de humor.

Para mi ser mamá es querer sin condición, acompañar sin proteger, dejar caer sabiendo que es la mejor forma de aprender. Es respetar los ritmos e intereses, despertar las ganas de aprender, es creer en que el ejemplo arrastra. Es contagiar el placer de vivir, de tomar la iniciativa, de creer en uno mismo a fuego. Es transmitir emoción, deseos de soñar grande, valentía. Es dar alas y raíces a la vez. Es abrir puertas y regalar oportunidades. Es escuchar con ternura, mirar con ilusión, sentir sin medida.

La maternidad llena mis días de primeras veces que me hacen estremecer. La primera vez que les vi sonreír, que me llamaron mamá, que no me necesitaron para decidir. Maternidad también es noches en vela, dibujos en la nevera, regalos hechos a mano. Es volverse a emocionar con los reyes magos, volver a hablar de dragones, princesas y castillos.

Besos y abrazos que reconfortan, cuentos compartidos, mágica inocencia, miradas que sólo dos entienden. Complicidad en estado puro, ganas de compartir, códigos secretos, ganas de crecer de la mano.

Ser mamá es comprometerse para siempre, respetar la forma de crecer, es querer sin medida.

diumenge, 25 de setembre del 2016

¿QUÉ DEBO APRENDER MAMÁ?


- ¿A ti también se te olvidan las cosas que aprendes?

- Sólo las que no son importantes.

- ¿Y cómo puedo saber si un aprendizaje es valioso o no?

- Porque aquello que aprendas te ayudará a avanzar.

- ¿Qué es lo más importante que debo aprender?

- Que la vida es un regalo que debes aprender a explorar.

Cuando nos convertimos en papás y mamás nos entra la necesidad imperiosa de llenar a nuestros hijos de saber. Centramos nuestro esfuerzo y presupuesto en conseguir nuestros pequeños aprendan todos los idiomas posibles, toquen un instrumento musical, sean habilidosos deportistas o realicen cientos de operaciones por minuto. Los saturamos de contenidos, procedimientos o habilidades que deben dominar a la perfección, además de cumplir con su curso escolar.

Por suerte la experiencia te va enseñando que en la educación lo importante no es la cantidad de inglés que puedan llegar aprender, la media aritmética que obtienen al final del curso escolar o si logran jugar o no de titular.

Yo no quiero hijos atiborrados de conocimientos, mi única pretensión es conseguir contagiarles el placer de VIVIR. Mi maternidad se basa en pretender que se conviertan en personas empáticas, libres, críticas, capaces de vivir en una sociedad cambiante, llena de desafíos, que tengan ganas de aprender. Niños capaces de gestionar sus emociones, que crean en el valor del esfuerzo, que acepten el error como el mejor aliado para avanzar.

Una educación que forme para la vida, que priorice el sentir al hacer, las ganas de probar, el ser capaz de disfrutar del camino.

El mejor legado que podemos dejarles a nuestros hijos debería ser:

1) Enseñar que la FELICIDAD puede esconderse en cualquier esquina, hay que entrenarles a buscarla con ansia. Que sean más que tengan, que vivan sencillo, sin guardar nada para mañana. La vida no entiende de programaciones ni planes, simplemente sucede.

2) A no dejar pasar la vida esperando que ocurra aquello que les va hacer sonreír. Enseñémosles a ID a por ello, a tomar las riendas, a dar el primer paso. Demostrémosles que los sueños deben ser el motor que les remueve por dentro, a ser imprudentes, osados, a pintar sus propios caminos, a buscar la excelencia. A no olvidar que el TIEMPO es nuestra mejor mercancía.

3) Que aprendan que, si deben esperar algo, que sea únicamente de ellos MISMOS. Ejercitémosles a confiar en sus habilidades, a explotar su potencial, a descubrir el talento que todo niño posee. A enamorarse de los defectos, a reírse de los contratiempos, a juzgarse con cariño, a establecer sus propios límites. A escucharse a menudo, a hablarse con respecto.

4) Entrenémosles aVIVIR sin MAPAS, sin guión. Consigamos que se enamoren de la incertidumbre, de la casualidad, del cambio. A no pedir permiso por luchar, por conseguir aquello que les hace vibrar, por defender lo que les hace diferentes. Velemos porque nunca se cansen de trabajar, de mejorar, de buscar la mejor versión. Expliquémosles la necesidad de reprogramarse a diario, de reinventarse la veces que sea necesario.

5) Consigamos que crean en el INSTINTO, que se conviertan en lo que piensan, a sentir en estéreo, a emocionarse a diario. Animémosles a rodearse de valientes, a arriesgarse sin lamentaciones, a cruzar por la cuerda floja, a vencer aquello que les asusta, a no escuchar a sus pensamientos cuando se quieran rendir.

6) Expliquémosles la importancia que tiene DESTACAR únicamente por ser buenas personas, dar sin esperar recibir, empaparse de valores. Enseñémosles a centrar la atención en saber quién necesita de su calor, a rodearse de personas que ayuden a sumar. A perdonar, a ser humildes, a tejer complicidad, a que sus actos hechicen.

7) Motivémoslos a TOMAR decisiones, la inactividad y la pereza no son un buen compañero de viaje. Ayudémosles a identificar aquello que les apasiona, a gestionar los miedos, a hacer algo nuevo cada día. A empoderad su vida, a conducirla con originalidad y autonomía, a estar dispuestos a desaprender. A asumir las consecuencias de sus acciones, a buscar soluciones, a hacer que el riesgo valga la pena.

8) Enseñémosles a AMAR sin olvidar sus raíces, a llorar sin temor, a ser sin antifaces ni excusas. A vivir con conciencia en el presente, a componer su propia banda sonora. A ver en cada día una nueva oportunidad, a soñar grande, con pasión y curiosidad.


9) Demostrémosles que la queja no les sacará de los problemas, enseñémosles a llevarse bien con la VIDA, que las cosas pequeñas son las que realmente importa. A reírse mucho, a ver la vida con la máscara del HUMOR. A quitarle hierro a las vicisitudes , a ver lo positivo del intento.


No nos cansemos de REPETIRLES que aprendemos de la mano, que les acompañamos sin condición. Que apoyamos sus decisiones, que entendemos sus temores, que perdonamos sus errores, que valoramos cada pequeño progreso.

dimarts, 26 d’abril del 2016

11 ERRORES QUE NINGUNA MAMÁ DEBERÍA COMETER

- ¿Quién te ha enseñado a ser mamá?

- Aprendo el oficio a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Y quién te dice lo que tienes que hacer?

- Me dejo guiar por mi intuición.

- Pues creo que tu intuición te chiva muy bien. ¿Y si un día tu olfato se equivoca?

- Los errores deben convertirse en las mejores lecciones de vida, la mejor manera de aprender es tener que volver a empezar.

Sin duda se aprende haciendo, recorriendo el camino, aprendiendo de cada bache y disfrutando de cada momento. La  maternidad es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir ya que los objetivos se logran a largo plazo. Una ruta a veces llena de inseguridades,  de culpas en busca de la perfección, de momentos en los que todo el mundo es capaz de opinar sobre lo que debes o no hacer.

Una itinerario perfecto para aprender a confiar en la intuición, para aceptar que se aprende mucho más del error que de los aciertos, para entender que tienes derecho a la duda, a no tener siempre la solución, a pedir ayuda cuando las cosas se empiecen a torcer.

Más de una década que me ha enseñado la necesidad de ser paciente, de gozar de cada uno de sus pequeños logros y a tener muy claro algunos de los errores que ninguna madre debería cometer.

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, estar presentes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y del ensayo-error.

- ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad forma parte de sus vidas. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS de nuestros pequeños. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

- OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación con nuestros hijos. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos y las consecuencias de sus actos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

- HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.

dimarts, 22 de març del 2016

25 MOTIVOS POR LOS QUE NO CAMBIARÍA SER MAMÁ

Para mi ser mamá es el mejor oficio del mundo. Aquel que me hace reinventarme a diario, exige lo mejor de mi y me hace realmente feliz. Aquel que me llena de optimismo para tirar hacia adelante, de dulzura cuando se me agria el alma y de ilusión cuando los veo avanzar. Aquel que me exige encontrar un equilibrio perfecto entre la paciencia, el afecto, la tenacidad y el sentido del humor.

25 MOTIVOS POR LOS QUE NO CAMBIARÍA SER MAMÁ

- Porqué un "te quiero mami" puede hacer que toque el cielo con las puntas de los dedos.

- Porqué sólo ellos saben darme abrazos que cargan mi corazón.

- Porqué adoran lo mejor y lo peor de mi.

- Porqué creen en cada uno de mis sueños.

- Porqué se muestran críticos cuando no lo hago bien.

- Porqué me recuerdan a diario la necesidad de disfrutar del camino.

- Porqué creen que mi pelo huele a caramelo.

- Porqué perdonan cada uno de mis tropiezos.

- Porqué entienden que a veces pierda el buen humor.

- Porqué no dudan que conseguiré cada uno de mis retos.

- Porqué me despiertan las ganas de volver a jugar.

- Porqué sus besos aterciopelados me llenan de ternura.

- Porque creen que todo es posible si dibujamos una sonrisa.

- Porqué me recuerdan que soy infinitamente capaz de conseguir todo aquello que me proponga.

- Porqué cada uno de sus aprendizajes me colman de emoción.

- Porqué han hecho que cambien mis prioridades.

- Porqué me han hecho menos egoísta.

- Porqué me he vuelto más tolerante al cambio.

- Porqué me recuerdan la importancia de ser apasionadamente curiosa.

- Porqué me demuestran que la imaginación es más importante que el conocimiento.

- Porqué cierran mis días con una sonrisa al verlos dormidos.

- Porqué me hacen sentirme única cuando reclaman mi ayuda.

- Porqué verlos superar cada uno de sus obstáculos me enternecer.

- Porqué consiguen que papá y yo seamos un tándem perfecto.

- Porqué logran erizar mi piel cuando me susurran al oído que soy la mejor mamá.






dilluns, 7 de març del 2016

12 COSAS QUE TODA MADRE DEBERÍA SABER

- Perdona mamá pero estás insoportable.

- He tenido un día horrible.

- Ya,  pero yo no tengo la culpa.

- En eso tienes razón pero yo también tengo derecho a tener un día gris, ¿no crees?

- Tienes razón, tú conmigo tienes mucha paciencia.

- Hagamos una cosa.

- Dime mamá.

- Volvamos a empezar.

Soy mamá y tengo derecho a equivocarme. Además en ocasiones pierdo los nervios, me agria el humor ir siempre con prisas y echo de menos mi vida anterior. Aquella donde no tenía que dar explicaciones a nadie, entrenaba a horas racionales, viaja con una sola maleta y dormía del tirón. Aquella donde podía leer en silencio, elegir sin quejas el canal de TV o quedar con una amiga sin mirar el reloj.

Tengo derecho a quejarme, a agobiarme por no tener tiempo para mí, a desear desaparecer algunos momentos huyendo de cualquier obligación. Tengo derecho al pataleo, a aprender por ensayo-error, a no tener siempre una respuesta, a desear que hagan las cosas a la primera, a no querer oír peleas constantes y anhelar no tener que pedir varias veces que recojan la habitación.

Nadie me explicó antes de ser mamá que mi vida no volvería a ser la misma, que la maternidad es una carrera de fondo, que debería ser muy paciente para ver resultados, que me tocaría siempre estar al pie del cañón. Nadie me contó que no existían fórmulas mágicas que me ayudasen a educar sin problemas y que ejercer de mamá me exigiría tener diario un depósito de paciencia extra para no acabar estallando. Que sentiría en ocasiones que únicamente sobrevivo entre tanta ocupación, que batallaría a diario con mil y un imprevisto y me tocaría ansiar una real conciliación.

Ojalá las madres REALES me hubieran explicado:

- Que mis hijos no necesitan una madre PERFECTA, sólo alguien que les quiera sin condición.

- Que la MAYORÍA de ocasiones muchas madres ÚNICAMENTE comparten la parte positiva de su maternidad y el lado oscuro lo guardan en un cajón.

- Que tengo derecho a la QUEJA, a sentirme agotada, a pedir tiempo para mí, a no permitir que las obligaciones me anulen.

- Que puedo sentir MIEDO, incertidumbre, tener dudas, perder la brújula algunos instantes, necesitar respirar hondo cuando las cosas se empiecen a torcer.

- Que no debo vivir en una eterna CULPA por lo que hago o por lo que dejo de hacer.

- Que las decisiones EQUIVOCADAS nos harán más fuertes a todos y el error será la mejor manera de aprender.

- Que debo valorar el PROCESO y no el resultado porque el camino diario es lo que nos hace realmente feliz.

- Que debo aprender a RELATIVIZAR los problemas que vayan surgiendo en la educación de mis pequeños con grandes dosis de humor.

- Que puedo pedir AYUDA tantas veces como lo necesite y eso no me hará más débil sino que me permitirá ser mucho mejor.

- Que JAMÁS debo pedirles algo que yo NUNCA he sido capaz de conseguir.

- Que las soluciones rápidas, empaquetadas, las recetas de otras mamás, NO SIRVEN con mis hijos, sólo yo sé lo que les hace o no feliz.

- Que la ADVERSIDAD es parte de sus vidas así que la mejor forma de quererles es dejarles caer, errar y volver empezar.


dilluns, 8 de febrer del 2016

12 COSAS QUE TODA MADRE DEBE ENSEÑAR

- ¿Qué es lo que más recuerdas de la abuela?

- Que siempre era capaz de decirme lo que necesitaba oír.

- ¿Cómo era capaz de saberlo?

- Yo creo que todas las mamás tienen un poder especial.

- ¿A ti quién te ha enseñado a ser mamá?

- Voy aprendiendo a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Siempre sabes lo que me tienes que enseñar?

- No, sólo intento mostrarte el camino por donde mejor puedas caminar.

La experiencia te enseña que la maternidad es algo mucho más que cuidar y proteger, enseñar o explicar, acompañar o atender. Hace más de una década que  soy madre y lo más emocionante es que no dejo de aprender, un aprendizaje que me transforma a diario y es capaz de sacar siempre lo mejor de mi. Sin duda el oficio que más creatividad mi exige y más incentivos me regala.

Hace tiempo que dejé de creer en métodos milagrosos, recetas mágicas, fórmulas prodigiosas y aprendí a confiar en mi intuición, en mis ganas de querer, en mi deseo de ser el mejor ejemplo que puedan tener. Una maternidad disfrutada, construida a diario en muchas ocasiones por ensayo-error. Que desea provocar las ganas de soñar, de trabajar por aquello que les haga sonreír, de disfrutar de cada instante que el día les pueda regalar.


12 COSAS QUE TODA MAMÁ DEBERÍA ENSEÑAR

1. Conseguir que se APASIONEN por la vida, cada día debe ser una nueva oportunidad

2. A tomar la INICIATIVA, a no tener miedo a probar, experimentar

3. A CREER a fuego en uno mismo.

4. A saber que ser feliz SÓLO depende de ti.

5. Aprender a decir NO.

6. A sentirse ÚNICOS no por lo que consiguen sino por lo que son.

7. A EXPRESAR todo lo que les hace vibrar, aquello que les eriza la piel.

8. A abrazar, besar, susurrar,  ser capaces de CONTAGIAR de emoción.

9. Crecer en la HUMILDAD y GENEROSIDAD.

10. Hacer aquello que les haga REALMENTE feliz.

11. SOÑAR grande sin miedo a perder.

12. A superar cada ERROR utilizándolo como la mejor manera de APRENDER




dilluns, 4 de gener del 2016

15 LECCIONES QUE MIS HIJOS SON CAPACES DE REGALARME

- Eso es exactamente lo que menos me gusta de los mayores.

- ¿El qué?

- Que le dais demasiadas vueltas a las cosas.

- ¿Tú crees?

-  Sí, tardais mucho en decidiros.

- ¿Y por qué crees que lo hacemos?

- Os importa demasiado lo que puedan decir los demás.

- Tienes toda la razón.

- A veces os olvidáis de disfrutar

- ¿Sabes qué?

- Dime mamá.

- Nunca olvides de aprender como si fueras a vivir siempre.

Dicen que lo mejor de aprender algo es que nadie puede arrebatárnoslo. Si además esas enseñanzas te las regalan las dos personas que más quieres en este mundo, el aprender se vuelve maravilloso. Es bien curioso que, aunque sumando sus edades no lleguen a la mitad de la mía, mis hijos sean capaces de ofrecerme a diario las mejores lecciones. 

Estoy justo en esa época de la vida en la que me apetece más aprender que enseñar, en la que mi maternidad se ha convertido en mi mejor aula. Aquella que me recuerda día tras día que es mucho más importante hacer que decir, me enseña a querer sin condición, a gozar cada vez que un "te quiero mamá" me eriza la piel.

Con él único propósito de no olvidarme de sonreír a diario, empiezo este 2016 recopilando una quincena de aprendizajes que mis hijos han sido capaces de enseñarme en el último año.

1. Saben priorizar lo que es importante, aquello que les hace realmente feliz.

2. Quieren sin peros ni pros, sin condición.

3. Expresan aquello que sienten sin miedo al que dirán.

4. Viven únicamente en el presente, lo exprimen al máximo.

5. El futuro no les preocupa, no actúan condicionados por él.

6. Cada día amanecen con ganas de aprender cosas nuevas.

7. Son tolerantes ante la diferencia, las etiquetas no existen en su diccionario.

8. Son capaces de sorprenderse por cosas insignificantes, ven la vida de forma fascinante.

9. Son honestos a la hora de decir aquello que necesitan, sienten, odian o piensan.

10. Perdonan sin rencor.

11. Tienen una forma maravillosa de entender la libertad.

12. Se ríen de ellos mismos dándole la importancia exacta que tienen las cosas.

13. Les basta un beso o un abrazo para sentirse protegidos.

14. Son capaces de ponerse contentos sin motivo.

15. Nunca se guardan un te quiero antes de irse a acostar.

Y tú, ¿que has aprendido en este 2015?




diumenge, 29 de novembre del 2015

EL TOP TEN DE MI MATERNIDAD

Es bien curioso que ser mamá sea el único oficio del mundo en el que primero te otorgan el título y luego cursas la carrera. Sin duda para mí la mejor profesión que existe ya que me hace desaprender a diario y me obliga a salir de mi zona de confort. Una licenciatura abarrotada de aprendizajes, muchos de los cuales, aprendidos por ensayo-error. Porque a ser mamá se aprende sobre la marcha, a la vez que tus hijos crecen y llegan a tener un número de pie más grande que el tuyo.

Un oficio en el que, tras el nacimiento de tu primer hijo, crees ir doctorándote pero la llegada de tu segundo retoño te demuestra que poco de lo que has aprendido con el primogénito te sirve con él. Porque él decide ser el polo opuesto de su hermano y te exige desarrollar  mil y una nueva estrategia que desconocías. Tu supervivencia está en juego así que te vuelves la mujer más creativa que puede existir.

Y ahí están los dos, formando un tándem perfecto, poniendo a prueba tu paciencia a diario, contribuyendo a aumentar tus preciosas ojeras  y demostrándote que en este fascinante mundo de la maternidad nunca dos más dos son cuatro. Eso sí, basta con un "te quiero mamá" para recordarte lo afortunada que eres en poder ejercer esta ocupación.

Yo experta maestra, psicopedagoga y formadora de familias, que pensaba que esto de la maternidad sería un coser y cantar,  he caído en las mil y una coyuntura que te regala a diario la maternidad. He realizado  los disparates pedagógicos más inverosímiles y continuo viviendo con la sensación que me tocará ir a septiembre a recuperar. 

A primera vista parece un propósito fácil conseguir la felicidad de tus retoños pero en ocasiones parece que se te tenga que ir la vida en el intento. Tras 10 años de preciosa maternidad, de risas y lágrimas, de momentos de euforia y desesperación,  he conseguido confeccionar un decálogo de prescripciones que me hacen mucho más fácil desempeñar el oficio que más me hace feliz.

EL TOP TEN DE MI MATERNIDAD

1. El SENTIDO COMÚN: en muchas ocasiones destaca por  su ausencia y acabamos tomando decisiones sin pies ni cabeza. Con los niños las cosas deben ser mucho más sencillas, ellos cuando dicen que no es no.

2. Aceptar que con los niños el caballo de Santiago NUNCA es blanco. Si lo miras con perspectiva y con una buena taza de café en la mano, la incertidumbre es lo que hace apasionante nuestra maternidad.

3. Admitir nuestra IMPERFECCIÓN y no pretender siempre controlar la situación. Como decía mi abuela,  de lo que más se aprende son de los errores. Papás imperfectos, niños felices.

4. El SENTIDO del HUMOR lleva de la mano siempre a una persona inteligente. Sin duda es el que nos va a ayudar a mantener el equilibrio en la cuerda floja de la maternidad.

5. ABDICAR y pedir ayuda, admítelo tu madre y tu suegra pueden sacarte de mil y una tesitura.

6. No siempre tienes la VERDAD absoluta. Escucha a los de tu alrededor, ellos son capaces de mirar con una óptica mucho más amplia que la tuya y te pueden ayudar a ver justo eso que tienes en frente de tu nariz.

7. La COMUNICACIÓN con nuestros pequeños debe convertirse en el PILAR de nuestra educación. Recuerda nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, escuchamos para contestar.

8. Eliminemos el sentimiento de CULPA que nos limita y ahoga. No olvides nunca que para tu hijo ERES y SERÁS la mejor madre del mundo.

9. Ajustemos nuestras EXPECTATIVAS a las necesidades de nuestros hijos. No queramos hijos perfectos, deseemos HIJOS FELICES.

10. RECORDÉMOSLES a diario que estaremos  SIEMPRE a su lado de forma incondicional. La vida no viene con un manual de instrucciones, viene con una mamá que está dispuesta a buscar  la mejor sonrisa a su hijo.



dilluns, 9 de novembre del 2015

MAMÁ, PAPÁ, ¿HACEMOS DEPORTE JUNTOS?

!Mamá! no puedo más.

Un poquito más, lo estás haciendo fenomenal.

¿Y llegaremos a la fuente que sale el agua fría?

! Helada ! Nos daremos un buen remojón. Verás cómo te gusta el paisaje que se ve desde allí.

! Mamá ! es que no puedo más.

Cambia el desarrollo de tu bicicleta y será mucho más fácil llegar. Te prometo que merecerá la pena.

Ya casi estamos, ya veo a Pol y papá.

! Debes estar muy orgulloso de tu esfuerzo!

Mis hijos esperan el fin de semana para poder compartir con papá y mamá una de las actividades que más les hacen feliz: hacer deporte. Salir en bici, nadar juntos, escalar, un partido de pádel o futbol, realizar una emocionante excursión, cualquier motivo es bueno para compartir un tiempo en familia y potenciar la práctica deportiva.

En la sociedad actual, el ejercicio físico no siempre recibe la atención que se merece. Numerosos estudios alertan de las pocas horas que los niños dedican a realizar actividades físicas y el sedentarismo aumenta; demasiadas horas sentados mirando la TV o jugando a la consola. El porcentaje de niños obesos aumenta año tras año en nuestro país, España es el tercer país europeo con más niños con problemas de sobrepeso.

Todos los padres conocen los beneficios físicos, psicológicos y sociales que comporta la práctica deportiva en el desarrollo de sus hijos, pero muy pocos platean dicha práctica como una actividad que se puede realizar de forma conjunta. No podemos limitarnos a acompañar a nuestros hijos a sus entrenamientos o irlos a ver a su competición. Debemos convertirnos en el mejor estímulo y ejemplo para ellos, actuando como modelos de padres y madres con estilo de vida saludable y activo. Si nos ven hacer deporte ellos también querrán ser como papá y mamá; !corredores, nadadores o ciclistas!

Realizar actividades físicas juntos despertará el interés de nuestros pequeños por el deporte y será una manera magnífica de estrechar los vínculos familiares y transmitir valores. El primer objetivo de la práctica conjunta debe ser pasarlo bien. Busquemos actividades atractivas y motivadoras para todos los miembros de la familia. Jugar, estar activos, divertirse, aprender, conocer nuevos lugares, serán los objetivos a perseguir. El objetivo no es ser un campeón sino disfrutar en familia.

Los deportes ofrecen momentos únicos y divertidos para compartir valores que durarán por vida. Perseverancia, esfuerzo, aprender a trabajar en equipo, a tener tolerancia a la frustración, a ser honestos y solidarios. Aprender a perder o ganar, a seguir las normas de un juego y conseguir una imagen positiva de uno mismo.

Experimentemos hasta que encuentren el deporte o actividad física que más les guste, en la que demuestren más habilidades o se sientan más motivados, ayudémosle a conseguir sus objetivos. Integremos la actividad física a nuestro día a día.


            ¿Por qué en el próximo cumpleaños no les regalas a tus hijos una raqueta, un nuevo balón o una nueva bicicleta para poder disfrutar juntos de momentos únicos?