Sònia

Sònia

dimecres, 30 d’agost de 2017

CUANDO NADA SALE COMO ESPERAS

- No es justo que me pase a mi.

- En muchas ocasiones no podemos elegir lo que nos pasa.

- Entonces ¿vivimos siempre en la incertidumbre?

- Prefiero creer que estamos en manos de nuestro destino.

- ¿Y cómo podemos protegernos de él?

- ¿No sería mejor convertirnos en su mejor aliado?

Hay momentos de la vida que nada pasa como esperas, que parece que todo se deshilacha sin poder cortar la madeja. Días donde el miedo invade sin sentido nuestra alma, tiñe de gris nuestra forma de mirar el horizonte y nuestros planes se nos escurren entre los dedos. Esos instantes donde dejas de estar enamorado de lo que te pasa porque te sientes atrapado en el desaliento, al margen de todo.Y te das cuenta que quizás no eres quien pensabas o que llevas tiempo perdido en mapas ajenos.

Esas situaciones en las que la realidad te recuerda que no eres invencible y arrancan tu peor versión. Y te sientes roto, vacío, desorientado. Muriendo en cada instante que desperdicias, creando escudos que te alejan de aquello que realmente te hace sonreír. Y te conviertes en un auténtico maestro de maldecir tu suerte y nada te parece interesante.

Por suerte la experiencia te enseña que a menudo los mejores comienzos aparecen tras los peores finales. Esos momentos en los que has decidido tirar la toalla pero algo o alguien te ofrece un poco de luz, como si de un tsunami se tratase, poniendo patas arriba todo lo de tu alrededor. Ese instante en el que empiezas a ver con claridad la encrucijada y el destino marca un cambio de ritmo, todo empieza a acelerar. Y vuelves a sentir la necesidad de acercarte sin tanto pudor a lo que deseas recordando la necesidad de mirar al miedo sin evitarlo, sin disfrazarlo, sin excusarlo. 

Y sientes de verdad que vivir implica generar oportunidades, la necesidad de ser honesto con lo que tu alma siente y hacer lo que el corazón te dicta. Resolver tus fantasmas con contundencia, desafiarte a diario con disciplina y determinación.  Sin dudar de ti, de tus ganas de hacerlo, de tu capacidad para lograrlo. Queriendo tus dudas, tus imperfecciones, tu nueva forma de leer la vida. Superando lo que te paraliza, dispuesto a aprender a mirar diferente, cambiando de actitud, sin dejar que las inseguridades te hagan ir más lento.

Deshaciendo nudos, reajustado la brújula, hackeando cada milímetro de tus titubeos. Rediseñando cada uno de tus proyectos, de tus sentimientos, de tu manera de decidir. Perdonando a los que no estuvieron a tu altura, dejando de lamentar las ocasiones perdidas, sin renunciar a ser verdaderamente tú.

Ese día en el decides vivir despierto, seguir trazando puentes, liderar con pulso. Tendiendo la mano a la incertidumbre, aceptando lo imprevisible, con flexibilidad y coraje. Deseando vivir en continua transformación, siendo consciente que todo volverá a balancearse con la diferencia que ya sabes donde agarrarte.

Hijo,  lo mejor que podemos hacer es decidir vivir con mayúsculas, con firmeza,  con el objetivo de conseguir la autenticidad de ser uno mismo.