Sònia

Sònia

dilluns, 13 de juny del 2016

DIME LO QUE SIENTES

- A veces no se muy bien lo que siento. ¿A ti también te pasa mamá?

- Claro que me pasa.

- Cómo me gustaría poder controlar todo lo que se me mueve en mi interior.

- Yo creo que la vida perdería gran parte de su gracia.

- ¿A caso te gusta estar triste?

- No, pero si no lo estuviese nunca no sería capaz de valorar  cuando me siento inmensamente feliz.

Prestamos poco interés a nuestras emociones cuando en realidad somos un revoltijo de ellas. Emociones que son capaces de hacernos sentir que tocamos el cielo con las puntas de los dedos o que nos trasladan al mismísimo infierno. Las emociones están presentes en todas las actividades de nuestra vida, nos acompañan a diario para condimentar todo lo que nos ocurre. Son las únicas que nos permiten tomar decisiones desde el corazón, aquellas que nos agitan, nos conducen y hacen sacar lo mejor y lo peor. Aquellas que contienen el poder del amor, de la pasión, del compromiso o el sufrimiento. Las encargadas de llevarnos con determinación a nuestras metas o provocar que abandonemos nuestros sueños ante la primera piedra en el camino.

Las positivas nos reconfortan, nos colman de esperanza, nos animan a seguir. Las negativas nos llenan de dudas, incertidumbre y excusas, nos limitan a no salir de la zona de confort.

De pequeños nos enseñan a hacer o saber pero no a sentir. Poco tiempo en la educación dedicado a escuchar lo que nos recorre por dentro, para aprender a encontrarnos con uno mismo sin juicios o miedos. Escasos instantes dedicados a aprender a hallarnos, sentirnos, para vivir con la máxima consciencia. Los contenidos y procedimientos colman los aprendizajes relevando a segundo plano la educación de la emoción.

La educación emocional debería convertirse en el centro vertebrador de nuestra enseñanza, una educación integral que forme personas emocionalmente inteligentes y de sentido completo al aprendizaje. Una formación que debería ir mucho más allá de ponerle nombre a lo que sentimos y buscar estrategias para regularlo.

Debería convertirse en un aprendizaje centrado en poner en comunión la mente y el sentimiento, en equilibrio el corazón y la cabeza. Que  consiguiese que nos sintamos bien con nosotros mismos y con la relación con los demás, que nos enseñe a gestionar cada una de nuestras emociones, nos ayude a entenderlas, darles sentido y transformarlas las veces que sea necesario. 

Conocer nuestras propias emociones y controlarlas es la base para empezar a construir, para aprender a focalizar nuestra energía en aquello que nos haga realmente feliz, para construir un buen autoconcepto. Aprender a visualizar lo que deseamos, a identificar las necesidades de los demás, a respetar que los otros se emocionen de forma diferente, a realizar autocrítica con el objetivo de mejorar.

Enseñemos a nuestros pequeños a mostrarse asertivos, a guiarse por la sensatez, a ser capaces de leer las diferentes tonalidades que nos regala la vida a diario. Entrenémosles a regular impulsos, a reflexionar antes de actuar, a expresar lo que sienten sin miedo al ridículo, a cuestionarse el por qué de las cosas.

Motivémosles a investigar límites, a no parar de hacerse preguntas, a escuchar con ganas de comprender, a solucionar problemas buscando siempre la solución más justa, a indagar en las miradas, a escuchar de forma activa.

Los niños inteligentes emocionalmente dominarán las habilidades sociales necesarias para desarrollar la empatía, para leer emociones, para entender el comportamiento de los demás. Serán niños autónomos, autodisciplinados y capaces de practicar la resiliencia, de legitimar emociones y vivir con ellas de la mano, de aceptar la frustración o la decepción.

Hijo vive cada una de tus emociones a máxima intensidad.

Una ideal forma de explorar más de 40 emociones es dejarse llevar por las páginas de El arte de emocionarte un fabuloso que nos propone realizar un magnífico viaje el apasionante mundo las emociones a través de magníficas ilustraciones que nos invitan a dejar fluir.

dilluns, 6 de juny del 2016

AMEMOS EL CAMBIO

- No me sale mamá.

-¿Por qué no pruebas a hacerlo de forma diferente?

- Porque siempre lo he hecho así.

- A veces cambiar te permite conseguir cosas que nunca antes habías imaginado.

- ¿Por qué debería cambiar las cosas?

- Y ¿por qué no?

Por naturaleza nos mostramos resistentes al cambio. En ocasiones, nuestra actitud conservadora, nuestro miedo a salir de la zona de confort, de romper con nuestra rutina a la hora de hacer o pensar, nos mantiene inmóviles. La vulnerabilidad que nos hace sentir las cosas que no controlamos, el temor a lo desconocido, el pavor a equivocarnos, nos hacen echar el freno de mano.

Vivimos en un tiempo de cambio, ante un futuro que se intuye diferente. El mundo es cada vez más complejo, las cosas pasan de forma fugaz, nada es eterno. Aprender a educar en el cambio, en la fugacidad en la cual vivimos, se convierte en una ardua tarea. Prepararlos para ejercer oficios que aún ni siquiera existen, entrenarlos a solucionar problemas que aún no se han dado, a utilizar tecnologías que ni si quiera se han inventado, resulta extremadamente complejo.

 El cambio es inevitable, es parte de la vida, de nuestro existir. En muchas ocasiones llega sin avisar, sin pedir permiso y hace desequilibrar todo aquello que controlamos. Llena de adrenalina e incertidumbre nuestra vida a partes iguales, nos incomoda pero a la vez nos regala nuevos caminos por recorrer.

No podemos controlar su aparición pero sí podemos decidir cuál será nuestra actitud ante él. Debemos enseñar a nuestros pequeños a enfrentarse a los cambios con intrepidez, aprendiendo que en ocasiones será mejor ir paso a paso y en otras hará falta hacer una verdadera revolución. Tocará pensar de una manera crítica, cuestionarse el porqué de las cosas, resolver la indecisión con las ganas de intentarlo, apostar por la creatividad.

Eduquemos a ver el cambio como un reto, como una nueva oportunidad para vivir algo diferente, para descubrir. Para volver a renacer, redibujar nuestra hoja de ruta, ejercitarnos a dar la vuelta a las cosas las veces que hagan falta, para conseguir ser protagonistas de nuestra existencia.

Instruyamos a dejar de aferrarnos al pasado, sin victimismos ni anhelos, empapémonos de todo lo bueno está por venir. A mostrar una actitud proactiva, a no esperar que las cosas ocurran por azar, a creer en el trabajo y la dedicación. A apostar a fuego por nuestro para qué, a descubrir el arte que poseemos. A visualizar, a reconocer los errores, potenciar los talentos y ejecutar un plan de acción.

 A eliminar de nuestro lado a los cobardes, a los que se dejan llevar por la inercia, a los saboteadores de la osadía. A mostrarse receptivos a las nuevas ideas, a no tener pudor a la hora de elegir cosas distintas a las habituales, a comprometerse con el instinto y el corazón. A utilizar la evaluación para construir, a divertirse experimentando, a descubrir nuevas forma de sentir. 

A dar la mano a lo desconocido, ser respetuosos con ellos mismos, responsables con sus decisiones, resilientes ante los problemas. A ser héroes de su propia vida, queriéndose mucho, reaprendiendo a diario, tonteando con la cuerda floja sin miedo a caer. A priorizar sabiendo qué es lo que suma, a aprender a progresar de diferentes maneras, arriesgando, evitando el quizás o el tal vez, consiguiendo que las ganas sean más fuertes que las excusas.

Hijo recuerda siempre que lo único que no podemos elegir es no dejar de elegir. La valentía consiste en eso, en tener miedo y a pesar de él, no dejar de caminar.

dilluns, 30 de maig del 2016

¿QUÉ ES EDUCAR?

- ¿Qué es lo que más de educar?

- Ver como eres capaz de dibujar tu propio camino.

- ¿Y no tienes miedo a que lo haga mal?

- La mejor forma de aprender es equivocándose.

- ¿Sabes lo que me gusta de ti mamá?

- ¿Qué?

- Que siempre estás ahí donde te necesito.

El paso de los años, los errores y el aprendizaje compartido junto a tus hijos o alumnos te enseña que lo más importante a la hora de ejercer la maternidad es aprender a creer en tu instinto, a dejarse guiar por lo que te dicte tu corazón. Porque a ser madre se aprende, entre resbalones y tropiezos, entre ilusiones y desengaños, entre lloros y arrumacos.

Es bien curioso que, aunque los padres actuales dispongamos de mucha información y formación para poder ejercer nuestra tarea educativa, a menudo nos mostremos preocupados, indecisos, insatisfechos con nuestra forma de ser mamá o papá. Absortos por seguir modas o tendencias, por querer hijos perfectos y no felices, por pretender tenerlo todo bajo control, olvidamos disfrutar de este maravilloso oficio que es el de educar.


Por suerte, la experiencia te enseña que en la educación no existen manuales, fórmulas mágicas, soluciones rápidas, triunfos apresurados o atajos que tomar. No hay lugar para la magia o la casualidad. Educar requiere tiempo, paciencia, ilusión, confianza y voluntad. Exige estar presente de forma consciente, confiar con los ojos cerrados, ofrecer la mano cuando todo se empieza a balancear, buscando un equilibrio perfecto entre el sentido común y el del humor.

Para mí, 

1) Educar es decir TE QUIERO sin condición, sin peros ni porqués, valorando cada pequeño progreso, cada valiente paso, aplaudiendo la osadía y la determinación. Es animar a ser valientes, a trabajar por los sueños, a ir a buscar todo aquello que les hace feliz.

2) Educar es aprender a ver en cada DIFICULTAD una oportunidad educadora poniendo la vista en el futuro con acciones en el presente, conseguir que quieran volar sin miedo a irse de nuestro lado, atreverse a dejarles caer.

2) Educar es COMPROMETERSE, estar disponible, compartir parte del camino estimulando la curiosidad,  las ganas de aprender, ayudando a descubrir, seduciendo a no dejar de avanzar.

4) Educar es enseñar a RESPONSABILIZARSE de tu propia vida, potenciar la autonomía y la libertad para decidir. Dar la oportunidad de pensar, de elegir, resolver y asumir las consecuencias.

5) Educar es IMPULSAR a saltar, desarrollar el potencial, abrir nuevos caminos que recorrer. Enseñar a actuar sin miedo al error, a querer la imperfección, a perder y esperar. A descubrir todos los TALENTOS que ellos no son capaces de ver.

6) Educar es RESPETAR los ritmos para aprender, la forma de pensar o actuar, de sentir. Es escuchar todo aquello que necesitan compartir, comprender lo que les hace inquietar o vibrar, acompañar en la reflexión, en las ganas de mejorar.

7) Educar es INCITAR a crear retos que les hagan sonreír, a animar a esforzarse si de verdad se desea con corazón. Enseñar a aprovechar cada oportunidad, compartir experiencias que nos hagan crecer.

8) Educar es decir NO cuando sea necesario, marcar límites para dar seguridad, enseñar a hacer frente a la frustración. Es dejar LLORAR cuando sea necesario, es provocar una SONRISA en cada amanecer.

9) Educar es BUSCAR la coherencia en nuestra propia voz, convertirnos en el mejor ejemplo que pueda existir, demostrar con hechos lo que pretendemos enseñar, es evidenciar la necesidad del TRABAJO y el ESFUERZO.

10) Educar es entrenar para VIVIR con humildad, es AMAR sin sobreproteger, es AYUDAR a superar los contratiempos, es enseñar a pedir AYUDA sin miedo al ridículo, es SUSURRAR al oído que son lo mejor que tenemos.

dilluns, 9 de maig del 2016

HIJO, NO TENGAS PRISA

- No tengas tanta prisa por acabar.

- Si lo hago rápidamente me dará tiempo a hacer más cosas.

- Quizás,  pero estás olvidando lo más importante, disfrutar del momento.

- Tienes razón mamá.

- Cuando no gozamos o aprendemos haciendo algo es cuando realmente perdemos el tiempo.

-  De mayor inventaré una máquina que sea capaz de detenerlo.

- ¿Y qué harás con ese tiempo?

- Ver anochecer sin miedo a que desaparezca el sol.

Vivimos siempre con prisas, con la sensación que nunca llegamos. No hay tiempo que perder, todo es rápido, apresurado, acelerado.  Una velocidad que en ocasiones no controlamos, que nos arrastra a hacer cosas por pura inercia, donde lo urgente nos limita. Corremos para ganarle tiempo al tiempo cometiendo la estupidez de perderlo. Días, horas, instantes irrecuperables que no hemos sabido exprimir. Invertimos toda nuestra energía en lo próximo que llegará, ignorando que lo importante es lo que tenemos justo entre las manos.

Días de intentos, de obligaciones, de largas listas por hacer, de creer poder con todo. Donde prima la cantidad, la inquietud por lo que llegará, la culpabilidad por no estar, el desear hacer aún más. Atropellados por la inmediatez, las ganas de conseguir, de demostrar. No hay espacio para la improvisación, para perderse y sentir, para valorar. Vamos tan deprisa que sólo sobrevivimos.

Prisa por crecer, por llegar, por marchar, por madurar, poco tiempo para vibrar. Apremio por cumplir cada uno de nuestros sueños sin importarnos si realmente los gozamos, olvidando que lo que realmente nos hace feliz es el camino. Deseos de explicar metas obviando si hemos sonreído.


Tememos perder el control, hacer lo que realmente nos hace crecer. No hay holgura para hallarse, notarse, estar. Para que se nos erice la piel, para gozar de cada paso, de cada suspiro, de cada detalle. No hay tiempo para susurrar al oído, para bailar pausado, para sentir el latido.

Olvidamos que el tiempo es lo único que realmente nos pertenece, aquello que nos iguala, nuestro más valioso capital. Ese oro negro que malgastamos sin sentido, aquel que puede convertirse en el mejor juez para sentenciar que todo es finito, condenando la torpeza con el peor de los castigos. Lo único que nos diferencia de los demás es lo que hacemos con él, nuestra capacidad para estrujarlo, macerarlo o comprimirlo.

Aprendamos a que justo ahora es el momento, antes que la vida nos prive de él. Tracemos el mejor plan, de manera explícita y valiente, delegando todo aquello que no sea realmente ineludible. Conjuguemos nuestro presente como nuestro único propósito, demos la mano a la inseguridad, al riesgo, a la ventura. Vivamos como si fuese el último amanecer, riamos sin miedo al que dirán, compartámoslo únicamente con los que quieran aportar. Obliguémonos a asombrarnos a diario, a gozar a pleno rendimiento, a romper la rigidez, a gestionar la incertidumbre. A perder el miedo a la desconocido, al cambio, a salir de nuestra zona de confort. Cambiemos la comodidad por un corazón a máxima pulsaciones, por la velocidad, por la ocurrencia.

Olvidemos los objetivos a largo plazo, las planificaciones a dos navidades vista, no esperemos que los astros se alineen a nuestro favor. Enfoquemos, mitiguemos los ladrones del placer, entendamos que el éxito está justo detrás del riesgo, del salto al vacío, de seguir aunque seas el único que crea que saldrá bien. Demos la mano a los imposibles si es eso lo que te hace vibrar. Saquemos el máximo partido a nuestra existencia, creamos en la disrupción, en nuestras utopías, sacudamos con nuestro trabajo, provoquemos ilusión. Aprovechemos cada milésima de segundo sólo en aquello que nos hace conmover.

Seamos el mejor modelo para nuestros pequeños en demostrar que el futuro es ahora sin importarnos el mañana, que la esencia es este preciso momento. Hijo la vida no se elige, se vive.


dijous, 5 de maig del 2016

PUEBLO MANDARÍN

- ¿Y si no entiendo lo que me dicen?

- Irás aprendiendo el idioma a la vez que no dejas de jugar, casi sin enterarte.

- ¿Y por qué es tan importante saber más de un idioma?

- Aprender idiomas te abrirá una ventana al mundo.

- ¿Y si no se hacer algo de lo que me piden?

- Los monitores te ayudarán en todo aquello que puedas necesitar.

- ¿Y si te echo mucho de menos?

- Te lo pasarás tan bien que no tendrás tiempo para añorar.


Recuerdo como me gustaba ir de colonia cuando era pequeña. Días fuera de casa, aprendiendo a ser mayor,  haciendo nuevas amistades y compartiendo grandes dosis de diversión. Ahora que soy mamá animo a mis hijos a participar en campamentos que les hagan disfrutar del verano. Jornadas teñidas de risas e entusiasmo, de mil y un aprendizajes, de alboroto y distracción.

Y que mejor que hacerlo en el campamento de inmersión lingüística PUEBLO MANDARÍN. La mejor forma de aprender chino mandarín de forma lúdica y competencial, que hará que mis pequeños aprendan la lengua con más hablantes del mundo y que más futuro tiene. Un aprendizaje lingüístico que les posibilitará ser políglotas, que les abrirá puertas a una nueva cultura y les invitará a sumergirse en ella. 

Aprender chino mandarín contribuirá a mejorar su flexibilidad cognitiva, su agilidad mental, sus ganas de aprender. Un aprendizaje que entrenará su cerebro a resolver mejor los problemas, a adaptarse a nuevas situaciones, a despertar las ganas de descubrir. Una nueva lengua extranjera que les facilitará conocer nuevas tradiciones y diferentes formas de vivir, un oriente por descubrir, que despertará sus ganas de no parar de aprender.

Un campamento de verano diferente,  situado en un entorno único les permitirá conectar con la naturaleza, conocer nuevos paisajes y disfrutar del aire puro. Días llenos de actividad física y enriquecedoras peripecias ideales para aprender, crear y fantasear. Donde podrán realizar manualidades orientales, aprender caligrafía china y calcular con ábacos. Los fogones se encenderán para aprender a disfrutar de la gastronomía china y se convertirán en pequeños chefs.

Jornadas llenas de concursos, juegos de mesa tradicionales, puentes tibetanos, tiro con arco, bádminton y piraguas. Tardes de partidos y campeonatos, de excursiones y juegos de noche. Actividades que les ayudarán a darse cuenta de lo valientes que son, que les posibilitará superar su timidez, que les exigirán aprender a trabajar en equipo y experimentar la libertad.  De tiempo libre para conocerse y gozar.

Días de dormir en cabañas de madera, de mirar las estrellas, de baños y sorpresas. De sentirse queridos por los monitores, de crear nuevos amigos, de sentirse orgulloso por todo lo aprendido. Y volverán a casa con la maleta llena de miles de aprendizajes que querrá compartir, de recuerdos y aventuras. De cientos de palabras aprendidas y con ganas de seguir aprendiendo chino mandarín.



dimarts, 3 de maig del 2016

EL GRAN PROBLEMA DEL FRACASO ESCOLAR

- ¿Por qué Maria no sabe contestar cuando le preguntan lo que a mí?

- Porque no todo el mundo aprende a la misma velocidad.

- ¿Y por eso nunca levanta la mano para participar?

- Hay niños a los que les cuesta un poco más aprender.

- Siempre habla bajito, yo creo que le da miedo decirlo mal.

- Nunca es fácil equivocarse delante de los demás.

- ¿Y cómo le puedo ayudar?

- Respetando su forma de aprender, su ritmo para avanzar, ayudándole a creer que ella también será capaz de contestar.

La historia de María se repite a diario en las aulas de nuestras escuelas. Los últimos sondeos hablan que entorno al 30 % de los escolares de nuestro país sufren fracaso escolar, una cifra muy superior a la media europea. España se sitúa en la cola de la Unión en cuanto a resultados, demostrando así que las sucesivas leyes educativas no han sabido dar respuesta a las necesidades educativas de nuestros estudiantes. Muy lejos quedan países como Finlandia o Suecia punteros en innovación educativa y buenos resultados.

La mayoría de los niños a lo largo de su escolaridad presentan alguna dificultad de aprendizaje pero, con un diagnóstico precoz y unas intervenciones educativas adecuadas, éstas serán solventadas con éxito. Pero si estos obstáculos no son atendidos adecuadamente, reparados o no se les da la suficiente importancia se irán agravando y acabarán generando importantes dificultades para seguir correctamente el itinerario educativo. Las dificultades irán provocando una desafección y desvinculación progresiva del alumno con su entorno escolar.

Así que no es el niño quien tiene el problema del fracaso escolar sino quien lo sufre y pasa a convertirse en el eslabón más débil del sistema. Es en el momento en que el sistema educativo no halla la manera correcta de dar respuesta a las necesidades del alumno y las estrategias educativas utilizadas no han sido orientadas correctamente cuando condenamos al fracaso al estudiante.

Este fracaso se traduce en suspensos y si son muy reiterados, pueden provocar la repetición de algún curso escolar. A menudo, el único criterio utilizado para valorar el éxito o el fracaso escolar del estudiante son las calificaciones que, en muchas ocasiones, no reflejan lo que realmente sabe o no el niño, dejando al margen de la evaluación aspectos importantes del desarrollo afectivo, social o emocional. 

Es imprescindible hacer hincapié que el fracaso escolar se convierte en mucho más que un suspenso para los pequeños. Detrás de él encontramos un alumno con baja autoestima, inseguridad, poca motivación por aprender y mucha frustración. Además no podemos obviar que las malas calificaciones pueden llegar a generar problemas en la relación entre iguales, humillación, depresión y trastorno de ansiedad.
A menudo el fracaso escolar es un contratiempo que no responde a una única causa y en él influyen multitud de variables que afectan el contexto familiar, social y escolar del estudiante. Algunas de estas causas pueden ser;

- Trastornos específicos de aprendizaje: dislexia, disgrafia, discualculia, agrafia,...

- Trastornos de déficit de atención.

- Altas capacidades o superdotación.

- Déficits intelectuales.

- Trastornos emocionales.

- Situación socioeconómica desfavorable.

- Falta de motivación.

- Falta de buenos hábitos de sueño o descanso.

- Adiciones.

- Metodologías educativas o proyectos educativos inadecuados que no dan respuesta a las necesidades de los alumnos.


El fracaso escolar es un tema que crea gran discusión en el momento que nos centramos en buscar culpables a esta situación. A menudo los profesores son la primera cabeza de turco y reciben las críticas en primera línea de fuego. A la vez, ellos culpan a las políticas educativas de las cifras negativas de nuestro sistema escolar y denuncian los pocos recursos con los que deben trabajar. Además, en ocasiones las familias también son señaladas por su poco interés e implicación en el proceso de aprendizaje de sus hijos.


Podíamos pasarnos horas buscando los culpables verdaderos del fracaso de nuestros escolares pero pienso que es mucho más provechoso, necesario e importante unir todos nuestros esfuerzos en crear un tándem perfecto entre escuela, familia y administración. Una comunicación fluida y un trabajo en equipo en la misma dirección hará mucha más efectiva la respuesta educativa hacia el alumno y posibilitará dar respuesta a cada una de las necesidades educativas de nuestros pequeños apostando por una educación personalizada. 

El diagnóstico precoz debe convertirse en el punto de partida que nos posibilite descubrir la dificultad concreta que planea el niño y todos los factores que intervienen en ella. La prontitud en la intervención facilitará una intervención a medida y evitará que el problema vaya anquilosándose. 

La intervención educativa deberá centrarse, además de responder a cada una de las necesidades que vayan apareciendo a lo largo del proceso, en conseguir despertar en el estudiante las ganas de aprender, la motivación por avanzar con pequeños avances diarios y la construcción de una adecuada autoestima y una buena tolerancia a la frustración. El trabajo interdisciplinar y la toma de responsabilidades por parte de cada uno de los agentes educativos implicados serán la clave para conseguir el éxito del estudiante.

Además, las familias en casa deberían implicarse en el día a día de la escuela, creando un ambiente rico en estímulos, animando cada esfuerzo, requiriendo una adecuada responsabilidad y una buena exigencia por parte del niño delante de los aprendizajes, consiguiendo así una imagen positiva de quien son y lo que hacen. Deberán trabajar codo a codo con los profesionales que comparten la educación de sus pequeños, confiando en su trabajo, apoyando sus decisiones y colaborando en todo lo que se les requiera.

El objetivo de la educación debe ir mucho más allá de aprobar o no una asignatura, debe despertar en el niño las ganas de aprender, de contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

Para ponerle un poco de humor, un libro divertido y lleno de aventuras llamado Abajo el Cole de Maria Frisa. 

dimarts, 26 d’abril del 2016

11 ERRORES QUE NINGUNA MAMÁ DEBERÍA COMETER

- ¿Quién te ha enseñado a ser mamá?

- Aprendo el oficio a la vez que tú te haces mayor.

- ¿Y quién te dice lo que tienes que hacer?

- Me dejo guiar por mi intuición.

- Pues creo que tu intuición te chiva muy bien. ¿Y si un día tu olfato se equivoca?

- Los errores deben convertirse en las mejores lecciones de vida, la mejor manera de aprender es tener que volver a empezar.

Sin duda se aprende haciendo, recorriendo el camino, aprendiendo de cada bache y disfrutando de cada momento. La  maternidad es una carrera de fondo, un trayecto lleno de altibajos donde no se puede tener prisa por conseguir ya que los objetivos se logran a largo plazo. Una ruta a veces llena de inseguridades,  de culpas en busca de la perfección, de momentos en los que todo el mundo es capaz de opinar sobre lo que debes o no hacer.

Una itinerario perfecto para aprender a confiar en la intuición, para aceptar que se aprende mucho más del error que de los aciertos, para entender que tienes derecho a la duda, a no tener siempre la solución, a pedir ayuda cuando las cosas se empiecen a torcer.

Más de una década que me ha enseñado la necesidad de ser paciente, de gozar de cada uno de sus pequeños logros y a tener muy claro algunos de los errores que ninguna madre debería cometer.

- Creer que EDUCAR consiste en ENSEÑAR o adoctrinar. La educación debería centrarse en DESPERTAR, en contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

-  Amar al hijo que QUEREMOS y no al que TENEMOS. En ocasiones nuestras expectativas no se ajustan a la realidad y ahogan a nuestros pequeños. No debemos proyectar nuestras frustraciones en ellos. 

- Creer que en la educación existen ATAJOS.  El arte de educar no contiene fórmulas mágicas que nos digan lo que debemos o no hacer. Así que tocará ser pacientes, estar presentes, establecer objetivos a largo tiempo, aprender de la experiencia y del ensayo-error.

- ALLANAR el camino para evitar que sufran o se equivoquen. Evitemos la sobreprotección y  asumamos que la adversidad forma parte de sus vidas. Evitemos  hacerles dependientes, inseguros y sin una buena tolerancia a la frustración. Dejémosles caer, probar, errar y volver a empezar.

- Olvidar lo maravilloso que es ser un NIÑO privándoles del tiempo para realizar la actividad más importante para su desarrollo que es la de JUGAR. No abarrotemos sus agendas y permitámosles el beneplácito del aburrimiento, el mejor aliado de la creatividad.

- Ignorar o minimizar los SENTIMIENTOS de nuestros pequeños. La educación emocional debe ser la columna vertebral de nuestra educación. Enseñemos a ponerle nombre a aquello que les pasa, a expresar las dudas o miedos, a compartir lo que les hace vibrar, a conectar con las emociones sin temor a sentir.

- OÍR sin ESCUCHAR, utilizando un código distinto. El DIÁLOGO debe ser un pilar en la educación con nuestros hijos. Aprendamos a conversar con ganas de entendernos, a darle valor a nuestras palabras, a escuchar de forma empática, a respetar su forma de pensar o hacer.

- Actuar en función de nuestro ESTADO de ÁNIMO. Las normas deben ser siempre las mismas independientemente del día que hayamos tenido. Actuemos siempre de igual forma controlando el humor provocado por el cansancio o el estrés. Evitemos la disparidad entre papá y mamá, trabajemos en equipo.

- Educar SIN LÍMITES y RESPONSABILIDADES. Si nuestros hijos crecen sin normas claras serán niños con dificultades para vivir en sociedad. Enseñémosles que deben o no hacer, hagámosles responsables de sus decisiones, motivémosles a asumir riesgos y las consecuencias de sus actos.

- COMPARAR constantemente a nuestros hijos con el resto de hermanos o otros niños sólo puede provocar celos, envidias y baja autoestima. Cada niño merece ser educado de forma individualizada, dando respuesta a sus necesidades, haciéndole sentir único, creyendo en él.

- HABLAR y ACTUAR de forma diferente. El ejemplo es el lenguaje más persuasivo y por eso debemos ser coherentes con el decir y el hacer. Un mal ejemplo llenará nuestra educación de incongruencia y decepción.