Sònia

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dilluns, 25 d’octubre del 2021

Ocho formas de querer a nuestros hijos

“Mamá, ¿qué es lo que más recuerdas de cuándo eras pequeña?”


“Que los abuelos siempre estaban a mi lado”.


“¿Aunque te portases mal?”.


“Ellos me enseñaban a hacerlo cada día un poco mejor”.


“¿Y tú siempre les hacías caso?”.


“Aprendí que escuchándoles y pidiendo su ayuda las cosas iban mucho mejor”.


Fui una niña muy inquieta. Recuerdo que, aunque lo intentase, era incapaz de estarme quieta. Necesitaba explorar, preguntar, probar, investigar para satisfacer mi imperiosa necesidad de saber. Esa explosividad me provocó numerosos problemas de disciplina y más de un punto de sutura. En la escuela, me castigaban a menudo por no comportarme como ellos me exigían.


Aunque lo intentase, mostraba mucha dificultad para mantener la atención en clase, para estar callada sin hablar con algún compañero, para no compartir mis opiniones críticas cuando me enseñaban cosas que me parecían poco útiles. En muchas ocasiones, me sentía incomprendida y eso me provocaba un enorme vacío interior. Siempre tuve la sensación que pocos docentes mostraron interés por conocerme de verdad, por ayudarme a descubrir mis talentos, por enseñarme a canalizar mis emociones.


Yo era feliz cuando me sentía libre, cuando podía correr arriba y abajo sin preocuparme por nada, cuando construía cabañas, inventaba historias o jugaba con mis amigos imaginando que éramos grandes exploradores.


Siempre tuve la suerte de sentir que volver a casa, después de las largas jornadas escolares, me devolvía la paz. Tuve el privilegio de tener unos padres enormemente comprensivos que siempre entendieron mi forma de leer la vida, de relacionarme con los demás, mi deseo de saber más y más.


Ellos me hacían entender, con toneladas de paciencia y dedicación, que debía aprender a decir las cosas con tranquilidad y desde la reflexión, a hacer mis tareas con calma, a respetar las normas que me permitían convivir con los demás. A cumplir con mis responsabilidades en casa como en la escuela.


Jamás me compararon con mis hermanas, ni me reprocharon características de mi personalidad, ni me llenaron de etiquetas. Nunca me hicieron sentir excluida o juzgada. Siempre dedicaron su tiempo a contagiarme de valores como la tolerancia, la honestidad y la empatía, a mostrarme la importancia de ser agradecida y respetuosa.


Recuerdo el calor de sus abrazos cuando me equivocaba, sentía miedo o cuando era incapaz de gestionar mis emociones correctamente. Los besos que hacían más fácil las despedidas, las palabras de aliento cuando las cosas se ponían difíciles y sentía que era incapaz de conseguir aquello que me proponía. Las miradas cómplices que me ayudaban a sentir nuestro vínculo, a sentirme valorada.


Desde que soy mamá siempre he trabajado por conseguir que mis hijos sientan ese amor y apoyo incondicional de mi parte. He intentado respetar la personalidad de cada uno de ellos, sus gustos, necesidades o intereses. Les he permitido expresar con libertad todo aquello que les recorre por dentro, elegir sin sentirse coaccionados, aprender al ritmo que necesiten.

Buscando el equilibrio entre la firmeza y la amabilidad, educándoles con serenidad y toneladas de amor, explicándoles que son mi prioridad y me importa todo aquello que les pasa o preocupa.

dimecres, 17 de juny del 2020

OCHO LECCIONES DE VIDA

Nadie hubiese imaginado jamás un curso escolar como este. De la noche a la mañana la escuela cerró sus puertas y las aulas se trasladaron a los comedores o habitaciones de nuestros alumnos. Una situación completamente excepcional que hizo que se construyese en pocos días una escuela "on-line" llena de imperfecciones.

Una educación a través de las pantallas que ha echado mucho de menos el poder de los abrazos y el contacto directo. El refuerzo positivo diario, el acompañamiento consciente, las miradas cómplices. Unas clases telemáticas que han hecho más grande la brecha social que sufren algunos de nuestros pequeños.

Un curso académico que acaba para todos con un mal sabor de boca, con una sensación de impotencia y distanciamiento. Con maestros y familias agotadas. Lejos de muchos de los objetivos que nos habíamos propuesto. Convencidos que las clases presenciales son imprescindibles para despertar las ganas de aprender, que la información no es conocimiento, que la figura del maestro no puede ser sustituida por las nuevas tecnologías.

Estos meses nos han servido a todos para darnos cuenta que la educación va mucho más allá de transmitir contenidos y procedimientos que en ocasiones únicamente premian la memoria repetitiva.

Ojalá esta pandemia nos haya hecho reflexionar a profesores y familias sobre la necesidad que nuestro sistema educativo se centre en desarrollar las habilidades y capacidades necesarias para que nuestros pequeños desarrollen la valentía necesaria para sobresalir de ellos mismos, para ser resilientes, para poder enfrentarse al cambio.

Ojalá seamos capaces a partir de ahora de reorientar el sistema educativo para centrarlo más que nunca en la persona, para ofrecer a todos las mismas oportunidades, para conseguir acompañar siempre con afecto y confianza.

En estos días en los que muchos de nuestros alumnos o hijos se gradúan ojalá todos hayan aprendido estas ocho lecciones de vida:

1. VIVE el AHORA para que nunca puedas arrepentirte de que el tiempo se te haya escurrido entre los dedos, sin que te pese el pasado ni te ciegue el futuro. Reinvéntate a diario, involúcrate, impacta con tu trabajo, ves siempre más allá de lo ordinario. Baila con las dificultades, comprométete con lo que sientas, sueña en grande.

2. Nunca olvides que lo importante es lo que ERES y no lo que logras hacer. Se de esos que SUMAN, que ofrecen, que merecen lo que consiguen, que viven con pasión. Da siempre rienda suelta a tu GENIALIDAD. Los resultados nunca serán fruto de la casualidad.


3. QUIÉRETE con avaricia, sonríete a diario ante el espejo, mímate. Perdona tus tropiezos, respétate, aprende a decir no. No seas un fraude contigo mismo, cumple tus promesas, reconoce tus grandezas. Escúchate con atención.

4. Sé VALIENTE y toma DECISIONES. Haz que tus metas sucedan, no sientas miedo al mirar diferente, cree en tu INSTINTO. Vuélvete un experto en aquello que te haga realmente feliz. No vivas demostrando.

5. SUEÑA GRANDE y no permitas que los otros te presten sus sueños. Dibuja tu propio mapa, haz sin dejar dudas, conviértete en un inconformista, sé lo que realmente deseas. Crea oportunidades

6. Trabaja con tus MIEDOS a diario, falla útilmente, ponle nombre a los monstruos que te atormentan. Acepta tu vulnerabilidad, aprende a caminar por la cuerda floja, ponle compás a la incertidumbre.

7. Recuerda siempre que lo importante no es lo que nos pasa sino la ACTITUD con la que nos enfrentamos a ello. Enfoca correctamente, vive en equilibrio, identifica y pausa tus emociones, se HONESTO.

8. Ríe con EXCESO, salta los márgenes, ama tu caos, prueba sin miedo. Sé agradecido, consciente de lo mucho que ya tienes. No te mientas ni postergues.

PELEA a diario por aquello que te HAGA FELIZ.

diumenge, 19 d’abril del 2020

EDUCAR EL AQUÍ Y EL AHORA

Jamás hubiésemos imaginado vivir una situación tan excepcional. Donde de un día para otro TODO nuestra vida ha dado un giro de 180º, quedándose congelada en mucha de sus parcelas, modificándose en todo el resto.

Nos ha tocado reinventarnos de la noche a la mañana, acabar con nuestra imperiosa necesidad de  CONTROLARLO todo. Aprender a vivir sin saber qué pasará mañana, sin poder anticiparnos a los acontecimientos. Todo lo que estaba programado, cuantificado o examinado ahora ya no sirve. 

Nos hemos visto obligados a aprender a vivir en la improvisación, sin poder seguir un patrón establecido, todo es nuevo en nuestras vidas. No estábamos preparados para aceptar tanta incertidumbre, para convivir 24 diarias con los nuestros, para dejar de ver a la gente que necesitamos cerca.

Ojalá este confinamiento nos enseñe a educar y vivir en el AQUÍ  y el AHORA sin preocuparnos demasiado por lo que pasará mañana. Aceptando que nos va a tocar innovar en todas las facetas de nuestra vida, a aprender a aprovecharnos de los imprevistos, a saber ir a la deriva.

A dar la mano a lo impredecible, a bailar con lo inesperado, a abrazar el CAMBIO. Conectando con las emociones, aceptando que quien arriesga puede perder pero es inmensamente más feliz.

Eduquemos en la determinación, resilencia y disciplina. Enseñemos a confiar en el instinto, en dejar fluir. Aprendamos a darle una oportunidad a lo que no conocemos.

Motivemos a desafiar al miedo con descaro, a aceptar el error como parte imprescindible del viaje. A aceptar que ahora la creatividad es imprescindible para poder seguir caminando.

A trazar retos a corto plazo, a crear razones para seguir avanzando, a recordar a diario que todo puede acabar de un día para otro.

Ayudemos a encontrar eso que nos hace diferentes, a pelear con agallas,  facilitemos que cada uno viva su historia a su manera. Acompañemos a nuestro pequeños con cariño y comprensión, entendiendo el miedo que les produce la incertidumbre, el estrés de estar encerrados entre cuatro paredes.

Hagamos creer más que nunca en el "y por qué no", poniendo los sueños por encima del ego, creyendo que cuando lo das todo ganas siempre. Expliquemos que nuestra vida nunca será como era antes.

Recordemos a diario que seguramente las cosas más bonitas aún no las hayamos visto, probado o  experimentado. Grabemos a fuego que SIEMPRE es el momento para HACERLO

dijous, 16 de març del 2017

Educar es acompañar sin condición

Quin me conoce bien sabe que para mi ser mamá es el mejor oficio del mundo. Aquel que te hace ser mejor persona  y te obliga a desaprender a diario.
 EDUCAR es acompañar sin condición, despertar las ganas de aprender, impulsar potencialidades y amar sin proteger. De todo esto hemos hablado estos días en el taller para familias que he realizado en la escuela pública Sala i Badrinas Terrassa.

Gracias por vuestra acogida y por esta magnífica ENTREVISTA

diumenge, 25 de setembre del 2016

¿QUÉ DEBO APRENDER MAMÁ?


- ¿A ti también se te olvidan las cosas que aprendes?

- Sólo las que no son importantes.

- ¿Y cómo puedo saber si un aprendizaje es valioso o no?

- Porque aquello que aprendas te ayudará a avanzar.

- ¿Qué es lo más importante que debo aprender?

- Que la vida es un regalo que debes aprender a explorar.

Cuando nos convertimos en papás y mamás nos entra la necesidad imperiosa de llenar a nuestros hijos de saber. Centramos nuestro esfuerzo y presupuesto en conseguir nuestros pequeños aprendan todos los idiomas posibles, toquen un instrumento musical, sean habilidosos deportistas o realicen cientos de operaciones por minuto. Los saturamos de contenidos, procedimientos o habilidades que deben dominar a la perfección, además de cumplir con su curso escolar.

Por suerte la experiencia te va enseñando que en la educación lo importante no es la cantidad de inglés que puedan llegar aprender, la media aritmética que obtienen al final del curso escolar o si logran jugar o no de titular.

Yo no quiero hijos atiborrados de conocimientos, mi única pretensión es conseguir contagiarles el placer de VIVIR. Mi maternidad se basa en pretender que se conviertan en personas empáticas, libres, críticas, capaces de vivir en una sociedad cambiante, llena de desafíos, que tengan ganas de aprender. Niños capaces de gestionar sus emociones, que crean en el valor del esfuerzo, que acepten el error como el mejor aliado para avanzar.

Una educación que forme para la vida, que priorice el sentir al hacer, las ganas de probar, el ser capaz de disfrutar del camino.

El mejor legado que podemos dejarles a nuestros hijos debería ser:

1) Enseñar que la FELICIDAD puede esconderse en cualquier esquina, hay que entrenarles a buscarla con ansia. Que sean más que tengan, que vivan sencillo, sin guardar nada para mañana. La vida no entiende de programaciones ni planes, simplemente sucede.

2) A no dejar pasar la vida esperando que ocurra aquello que les va hacer sonreír. Enseñémosles a ID a por ello, a tomar las riendas, a dar el primer paso. Demostrémosles que los sueños deben ser el motor que les remueve por dentro, a ser imprudentes, osados, a pintar sus propios caminos, a buscar la excelencia. A no olvidar que el TIEMPO es nuestra mejor mercancía.

3) Que aprendan que, si deben esperar algo, que sea únicamente de ellos MISMOS. Ejercitémosles a confiar en sus habilidades, a explotar su potencial, a descubrir el talento que todo niño posee. A enamorarse de los defectos, a reírse de los contratiempos, a juzgarse con cariño, a establecer sus propios límites. A escucharse a menudo, a hablarse con respecto.

4) Entrenémosles aVIVIR sin MAPAS, sin guión. Consigamos que se enamoren de la incertidumbre, de la casualidad, del cambio. A no pedir permiso por luchar, por conseguir aquello que les hace vibrar, por defender lo que les hace diferentes. Velemos porque nunca se cansen de trabajar, de mejorar, de buscar la mejor versión. Expliquémosles la necesidad de reprogramarse a diario, de reinventarse la veces que sea necesario.

5) Consigamos que crean en el INSTINTO, que se conviertan en lo que piensan, a sentir en estéreo, a emocionarse a diario. Animémosles a rodearse de valientes, a arriesgarse sin lamentaciones, a cruzar por la cuerda floja, a vencer aquello que les asusta, a no escuchar a sus pensamientos cuando se quieran rendir.

6) Expliquémosles la importancia que tiene DESTACAR únicamente por ser buenas personas, dar sin esperar recibir, empaparse de valores. Enseñémosles a centrar la atención en saber quién necesita de su calor, a rodearse de personas que ayuden a sumar. A perdonar, a ser humildes, a tejer complicidad, a que sus actos hechicen.

7) Motivémoslos a TOMAR decisiones, la inactividad y la pereza no son un buen compañero de viaje. Ayudémosles a identificar aquello que les apasiona, a gestionar los miedos, a hacer algo nuevo cada día. A empoderad su vida, a conducirla con originalidad y autonomía, a estar dispuestos a desaprender. A asumir las consecuencias de sus acciones, a buscar soluciones, a hacer que el riesgo valga la pena.

8) Enseñémosles a AMAR sin olvidar sus raíces, a llorar sin temor, a ser sin antifaces ni excusas. A vivir con conciencia en el presente, a componer su propia banda sonora. A ver en cada día una nueva oportunidad, a soñar grande, con pasión y curiosidad.


9) Demostrémosles que la queja no les sacará de los problemas, enseñémosles a llevarse bien con la VIDA, que las cosas pequeñas son las que realmente importa. A reírse mucho, a ver la vida con la máscara del HUMOR. A quitarle hierro a las vicisitudes , a ver lo positivo del intento.


No nos cansemos de REPETIRLES que aprendemos de la mano, que les acompañamos sin condición. Que apoyamos sus decisiones, que entendemos sus temores, que perdonamos sus errores, que valoramos cada pequeño progreso.

dilluns, 30 de maig del 2016

¿QUÉ ES EDUCAR?

- ¿Qué es lo que más de educar?

- Ver como eres capaz de dibujar tu propio camino.

- ¿Y no tienes miedo a que lo haga mal?

- La mejor forma de aprender es equivocándose.

- ¿Sabes lo que me gusta de ti mamá?

- ¿Qué?

- Que siempre estás ahí donde te necesito.

El paso de los años, los errores y el aprendizaje compartido junto a tus hijos o alumnos te enseña que lo más importante a la hora de ejercer la maternidad es aprender a creer en tu instinto, a dejarse guiar por lo que te dicte tu corazón. Porque a ser madre se aprende, entre resbalones y tropiezos, entre ilusiones y desengaños, entre lloros y arrumacos.

Es bien curioso que, aunque los padres actuales dispongamos de mucha información y formación para poder ejercer nuestra tarea educativa, a menudo nos mostremos preocupados, indecisos, insatisfechos con nuestra forma de ser mamá o papá. Absortos por seguir modas o tendencias, por querer hijos perfectos y no felices, por pretender tenerlo todo bajo control, olvidamos disfrutar de este maravilloso oficio que es el de educar.


Por suerte, la experiencia te enseña que en la educación no existen manuales, fórmulas mágicas, soluciones rápidas, triunfos apresurados o atajos que tomar. No hay lugar para la magia o la casualidad. Educar requiere tiempo, paciencia, ilusión, confianza y voluntad. Exige estar presente de forma consciente, confiar con los ojos cerrados, ofrecer la mano cuando todo se empieza a balancear, buscando un equilibrio perfecto entre el sentido común y el del humor.

Para mí, 

1) Educar es decir TE QUIERO sin condición, sin peros ni porqués, valorando cada pequeño progreso, cada valiente paso, aplaudiendo la osadía y la determinación. Es animar a ser valientes, a trabajar por los sueños, a ir a buscar todo aquello que les hace feliz.

2) Educar es aprender a ver en cada DIFICULTAD una oportunidad educadora poniendo la vista en el futuro con acciones en el presente, conseguir que quieran volar sin miedo a irse de nuestro lado, atreverse a dejarles caer.

2) Educar es COMPROMETERSE, estar disponible, compartir parte del camino estimulando la curiosidad,  las ganas de aprender, ayudando a descubrir, seduciendo a no dejar de avanzar.

4) Educar es enseñar a RESPONSABILIZARSE de tu propia vida, potenciar la autonomía y la libertad para decidir. Dar la oportunidad de pensar, de elegir, resolver y asumir las consecuencias.

5) Educar es IMPULSAR a saltar, desarrollar el potencial, abrir nuevos caminos que recorrer. Enseñar a actuar sin miedo al error, a querer la imperfección, a perder y esperar. A descubrir todos los TALENTOS que ellos no son capaces de ver.

6) Educar es RESPETAR los ritmos para aprender, la forma de pensar o actuar, de sentir. Es escuchar todo aquello que necesitan compartir, comprender lo que les hace inquietar o vibrar, acompañar en la reflexión, en las ganas de mejorar.

7) Educar es INCITAR a crear retos que les hagan sonreír, a animar a esforzarse si de verdad se desea con corazón. Enseñar a aprovechar cada oportunidad, compartir experiencias que nos hagan crecer.

8) Educar es decir NO cuando sea necesario, marcar límites para dar seguridad, enseñar a hacer frente a la frustración. Es dejar LLORAR cuando sea necesario, es provocar una SONRISA en cada amanecer.

9) Educar es BUSCAR la coherencia en nuestra propia voz, convertirnos en el mejor ejemplo que pueda existir, demostrar con hechos lo que pretendemos enseñar, es evidenciar la necesidad del TRABAJO y el ESFUERZO.

10) Educar es entrenar para VIVIR con humildad, es AMAR sin sobreproteger, es AYUDAR a superar los contratiempos, es enseñar a pedir AYUDA sin miedo al ridículo, es SUSURRAR al oído que son lo mejor que tenemos.