Sònia

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dimarts, 16 de gener del 2018

MOTIVOS PARA SEGUIR CAMINANDO

- ¿Estás convencida que tanto esfuerzo merece la pena?

- No tengo la menor duda.

- Pero quizás no lo consigas.

- Que no sea fácil no significa que el esfuerzo no vaya a merecer la pena.

Existen dos tipos de personas; las que deciden sentarse a esperar que la vida les sorprenda y las que optan por llenar sus días de adrenalina, de retos. Los primeros se convierten en simples espectadores de sus propias historias, expertos en buscar excusas para no intentarlo. Los segundos no esperan que llegue el momento perfecto para dar el primer paso aunque estén muertos de miedo, creen en el impacto de la actitud.

Los retos son esas locuras que aparecen en nuestra mente justo antes de quedarnos dormidos, esas razones que nos hacen poner los sueños en práctica. Esos que nos contagian sonrisas, inyectan emoción a nuestros días y hacen de la vida algo mucho más emocionante, más loca.

Nos regalan motivos para seguir caminando, nos comprometen con lo que sentimos, nos revelan que al final somos lo que nos atrevemos a intentar. Que somos mucho más capaces de lo que imaginamos, que los sueños no se cumplen, se entrenan a diario. Los desafíos nos transforman, nos descubren talentos y fortalezas, nos regalan aliados que alientan nuestra locura.

Los retos nos enseñan a mirar la vida desafiándola, nos hacen más agradecidos, nos recuerdan a diario que no hay deseos demasiados grandes. Nos demuestran que nuestro trabajo es el que crea nuestra propia suerte, nos hacen pelear a diario.

Nos empujan a abandonar los deberías, a dibujar nuevas oportunidades, a atrevernos a asumir riesgos, a caminar por territorios inexplorados. A adquirir hábitos que nos facilitan el camino, a querer con avaricia lo que nos proponemos, a fallar aprendiendo. A dejar de escuchar a aquellos que no creen en los imposibles, a disfrutar de los pequeños logros, a superar las inseguridades.

Desafíos que nos transforman por dentro, nos ayudan a sobresalir de nuestros fantasmas, nos demuestran que no existen los atajos. Que requieren disciplina, voluntad, entusiasmo, razones para creer en la intuición. Valentía, coraje y honradez. Que están repletos de decisiones, de descartes, de finales por inventar. De deseos por conseguir, de humildad y ambición.

Hijo, los retos nos demuestran que somos más fuerte de lo que creemos, llenan nuestros días de motivos.

Y tú, ¿a qué te vas a atrever ?

dilluns, 18 de setembre del 2017

QUIEN SALTA NUNCA PIERDE

- ¿Cuándo se sabe que es el momento?

- Notarás algo por dentro.

- ¿Aunque no sepa exactamente lo que quiero?

- Pese a que no sepas muy bien hacia donde tirar.

- ¿Y si  lo intento y me doy cuenta que me he equivocado?

- Te tocará volver a saltar.

SALTAR da miedo, hacerlo por primera vez aterra. Ese preciso momento en el que nos invaden los fantasmas, las dudas, los por qué. Donde nos planteamos si seremos capaces de lograrlo, si estamos suficientemente preparados, si los demás lo llegarán a entender. 

Están los que piensan, programan, desean pero nunca actúan. Los que postergan, inventan excusas o malgastan su genialidad. Aquellos que crean ataduras, inventan dogmas o diseñan evasivas. Esos que envidian a los que se atreven, que desean lo que no están dispuestos a intentar, que esperan que la fortuna les regale lo que los otros consiguen con actitud. 

Los otros son los que SALTAN sin que les tiemble el pulso, los se han cansando de quedarse sólo en el intento, de que les expliquen que se siente al conseguirlo. Esos que sienten la imperiosa necesidad de poner su alma en lo que tocan, de llenar su vida de propósitos, sin dar explicaciones, sin buscar razones, aunque les toque andar solos en el camino. Los que pasan largas noches en vela creando, estableciendo estrategias, esbozando soluciones, delineando coyunturas.

Aquellos que confían en su pulso, crean oportunidades  y se sienten extraordinarios por el simple hecho de intentarlo. Que no se esconden, que huyen de la rutina que les apaga, sin buscar coartadas, sin dibujar pretextos. Aceptando el miedo como parte del trato, viviendo despierto, acometiendo lo que les inquieta. Creyendo que las dificultades hacen al camino más mágico, que sobresalen de ellos mismos, que creen con determinación.

Buscando la excelencia, devorando cada paso, cogiendo más impulso cuando todo se complica. Rediseñando sus vidas a diario,  sin creer en la suerte y sí en el trabajo, reconociendo el pánico a los desconocido, creyendo en lo imposible, esos que no se conforman con nada que no les haga sonreír. Creando métodos, rompiendo muros, responsabilizándose de su propia felicidad.

Esos que viven acorde a sus sueños, que exprimen sus días con acierto, que están en paces con su ego. Sin caer en sus trampas, sin desear nada que no merezcan, sin atajos ni enredos. Que fallan pero no bajan los brazos,  que aman el riesgo con responsabilidad

Hijo quien se atreve a SALTAR siempre gana.

dimarts, 9 de maig del 2017

¿IMPOSIBLE?

- Es imposible que lo consiga.

- ¿Por qué estás tan seguro?

- Porque es muy difícil.

- Que tengas pocas posibilidades de éxito no significa que no vayas a lograrlo.

- Y ¿qué hago?

- Lo único imposible en esta vida es lo que no intentas.

Existen dos tipos de personas,  los que viven siempre bajo el escudo de las excusas, los pretextos y con el imposible como bandera y las que creen en los imposibles.

Los primeros viven plácidamente en su zona de confort, les asusta más lo que puedan decir que lo que les pueda pasar. Se sienten cómodos en la monotonía, en niveles de poca exigencia, viviendo una vida gris. Son aquellos que piensan que no poseen el talento suficiente para intentar algo nuevo, ni que nunca están bastante lo preparados  y nunca encuentran el momento perfecto para intentarlo.

Aquellos que siempre eligen la opción más cómoda para salir del paso, aquella ideal para rendirse, para justificar el fracaso. Que se empequeñecen ante los contratiempos, que se acomodan entre las dudas y su ineficacia les limita. Esos que viven de alquiler sus propias vidas, amoldados en la cobardía y les faltan agallas para soñar grande.

Al otro lado están lo que creen a fuego en que nada es imposible, que imposible sólo es algo más difícil de conseguir, algo que tarda un poco más en llegar. Que hacen lo imposible porque lo posible lo hace cualquiera, que viven de forma valiente y están dispuestos a batallar por el todo, que creen en el sin sentido y la disrupción.

Aquellos que defienden con uñas y dientes sus sueños, que viven a máxima intensidad, sin ceder ni un milímetro ante el miedo. Pisando con firmeza, rechazando atajos, amando lo que tienen entre manos. Esos que creen en lo imposible por responsabilidad ante sus vidas, sin pánico a empezar de cero, sobresaliendo cuando más se complican las cosas, tomando la iniciativa cuando los otros no se atreven. 

Esos que confían en su intuición, que emprenden a diario, que se sienten libres para decidir sin miedo a asumir responsabilidades, que aprecian el valor del cambio. Que asumen los rasguños que les produce en ocasiones caminar por la cuerda floja, la posibilidad de caer intentándolo, sin vetos ni condiciones ante los retos.

Que se parten el alma por lo que sienten, que diseñan sus propias reglas sin necesitar que los otros les den validez. Sin apegarse a los resultados, sin necesitar reconocimiento ni premios, sin tener que aladear de ellos. Aquellos que dejan ir, que admiten ser vulnerables y aprenden a surfear la incertidumbre. Que trabajan con humildad, paciencia, constancia y determinación. Que viven con coraje y aprietan bien fuerte los dientes cuando todo se complica. Que imaginan y crean aquellos que mucho no pueden ver.

Los imposibles sueñan con exceso, persiguen lo imposible porque le hace sentir diferentes, hacen que las cosas sucedan.

Hijo, no existe lo imposible únicamente debes desear algo mucho y estar dispuesto a ir a por ello a fuego.

¿Y tú de que bando eres?

diumenge, 9 d’abril del 2017

El ÚNICO FRACASO SERÍA NO INTENTARLO

Decidir completar 100 kilómetros no es fácil. Restar horas de sueño, prepararse a conciencia, recaudar fondos, llenar nuestra vida con desafíos...

Nuestros 100 kilómetros solidarios en beneficio de Intermón Oxfan 





dilluns, 6 de febrer del 2017

CUANTO MÁS TE ESFUERCES, MÁS SUERTE TENDRÁS

- ¿Por qué sonríes si estás muerta de sueño?

- Cumplir con lo que te propones te hace sentir especial.

- ¿Y no te da pereza salir tan pronto a entrenar?

- Mucha, pero retarse a uno mismo es una maravillosa forma de vivir.

- ¿Y por qué lo haces?

- Porque me hace feliz.

- ¿Y vale la pena tanto esfuerzo?

- Cuanto más me esfuerzo, más suerte tengo.

La fuerza de voluntad necesita motivos, razones para actuar y los RETOS son el motor perfecto para ponerla en funcionamiento. Desafíos que te convierten en lo que deseas, te acercan al éxito y te invitan a soñar. Retos que te hacen despertar de tu letargo, que te ponen a prueba, que te alientan a ser valiente. Que hacen de la vida algo mucho más apasionante, que llenan tu calendario de  días importantes,  de promesas por cumplir.

DESAFÍOS que son capaces de sacar lo mejor y lo peor de ti, que te abren nuevos senderos, que crean estrategias, que hacen que se crucen en tu camino gente diferente. Que te permiten liderar tus días, dirigir tu camino, tu causa, involucrarte con lo que sientes. Que te exponen al riesgo, que te hacen sentir VIVO. Que te vuelven desobediente, provocador, inconformista.

Los RETOS se miden por sentimientos, no por medida. No existen grandes ni pequeños, todos son importantes si son capaces de tocarte el alma, de provocarte acción. Si te contagian de ganas de querer crecer, de estar dispuesto a intentarlo, de arriesgar. Desafíos que crean un estilo de vida a tu medida, donde sólo tú pones las normas y decides la forma de hacer. 

Objetivos que zarandean tus excusas, tus dudas, que rompen tus propias limitaciones. Desafíos que exprimen tu mejor versión, que te enseñan a evaluar decisiones, a dibujar los próximos movimientos. Experiencias que te recuerdan que te va a tocar poner el alma en ello, aprendiendo a saborear cada esfuerzo, a dejar de echar la culpa a los demás. Entendiendo que cada fracaso te acerca a tu meta, que cada pequeño paso es crucial.

Los retos sacuden tu vida, te hacen más imprudente, osado, te enseñan a bailar con el riesgo. Provocan que las cosas pasen, te recuerdan la importancia de ser paciente, de ser humilde a la hora de reconocer tus tropiezos, de aceptar que caer es parte del viaje. Te exigen ser flexible, implicarte con lo que palpita en tu interior, te enseñan a darle la mano a la inseguridad y a silenciar a los que no se atreven a soñar.

Desafíos te enseñan a no esperar la aprobación para lanzarte, a hacer de tu rareza tu forma de entender tu vida, a conseguir que las dificultades saquen lo más valioso de ti. Los retos transforman tu manera de ver el mundo, enfortecen tu actitud, te hacen poderoso. Ponen pasión a tu vida, te vuelven más inconsciente, exprimen tu talento, te ayudan a brillar.

Los RETOS imprimen tus jornadas de sentido, te demuestran lo valiente que puedes llegar a ser, te envuelven de sentimientos que te hacen vibrar.

Hijo, elige tu reto y no dejes de luchar.

diumenge, 8 de gener del 2017

SER GRANDE ES CUESTIÓN DE ACTITUD

- Mamá, ¿existe alguna fórmula para conseguir lo que uno se propone?

- Sí, se llama actitud.

- ¿Es mejor que la de tener suerte?

- La suerte no la controlamos, la actitud la elegimos.

- ¿Y tener buena actitud siempre te asegura conseguir lo que quieres?

- No siempre, pero marca sin duda la diferencia.

Todos deberíamos estar dispuestos a hacer algo grande. Cada uno a su medida,  pero algo que fuese capaz de cambiarnos por dentro. Algo hecho con cabeza y mucho corazón, con dedicación hasta el extremo. Algo que suponga un cambio de sentido en nuestras vidas, una nueva forma de hacer las cosas, el inicio de un nuevo mapa. Algo que afectase al hacer y al sentir, que nos exigiese lo más valioso de nosotros. Algo que te zarandé de tal forma que te cambie por completo, que marcase un punto y seguido en tu forma de entender el mundo, que consiguiese que nunca volvieses a ser la de ayer. Algo que aunque los demás no lo entiendan te haga vibrar por dentro, que erice tu piel.

Y el secreto para conseguirlo reside en la actitud, esa que consigue que nos pongamos en marcha sin saber muy bien el destino. Que hace que te levantes día tras día pensando en un objetivo, que creas a fuego en lo que deseas. Que te hace rediseñar tu vida casi sin ser consciente, que te saca de donde estás, te sacude por dentro.

Esa disposición que mueve cimientos, que cambia tu forma de respirar, que te arrastra construir. Que te reconcilia contigo mismo, te llena de aliento y te susurra "tu puedes con ello". Que te hace confiar aunque los otros dejen de hacerlo, que te demuestra a diario que no necesitas de un don para lograrlo. Que te anima a jugar con las oportunidades, a comprometerte con lo que sientes, a conectar con lo que eres.

Esa que te saca al camino, que te exige responsabilidad, que busca respuestas. Que te enseña a idear las mejores preguntas, a aprender a dar los mejores pasos, eligiendo con cabeza, dejando atrás el victimismo. Que te hace percibir diferente, evocar tus empeños. Que rompe barreras, que alienta quimeras, que roba sonrisas. Esa que te regala amaneceres y te lleva a trabajar hasta la puesta de sol.

Ese talante que te lleva a vivir sin peros, a soñar grande, a que tus besos sean eternos. Que capitanea tus anhelos, eliminando los miedos, controlando los egos. Aquella que te hace dueña de tu vida, que no te permite que postergues, que bajes los brazos. Que hace que tu voluntad sea de hierro, que seas capaz de generar todo aquello que fantaseas, que te lleva a trabajar día a día hasta la exhalación.

Aquella actitud que te ayuda a simplificar, a ser consciente de lo que privilegiada que eres, que te permite identificar tu esencia. Que te invita a empezar en pequeño, luchar contra las excusas, afrontar para superar, explorar nuevas formas de hacer. 

Esa que nos ha llevado a cuatro mamás valientes a trabajar por un sueño, 100 kilómetros solidarios que han hecho de nuestra vida algo mucho mejor. Que nos permite educar con el ejemplo, compartir el camino con gente que suma, disfrutar de salir de nuestra zona de confort.

Esa actitud que hace que nuestros días importen.

dimarts, 19 d’abril del 2016

100 KM SOLIDARIOS

Las mejores cosas en la vida aparecen sin buscarlas, de manera casual se cruzan en tu camino para hacerlo mucho más emocionante, para enseñarte un sinfín de aprendizajes, para hacerte crecer. Un reto solidario apareció en nuestra ruta y 4 mamás valientes decidimos embarcarnos en él. Ocho meses por delante para preparar 100 km solidarios. Una jugadora de pádel, dos mamás sedentarias y una maratoniana dispuestas a demostrar a nuestros ocho hijos que querer es poder, que quien no arriesga no gana, que sólo los valientes consiguen lo que quieren, que en la vida se pierde más por miedo que por intentarlo.
Cuatro mujeres con poco que perder y mucho por ganar.

32 semanas por delante para conseguir la aportación económica necesaria para poder inscribirnos en la carrera y aportar así nuestro pequeño grano de arena con la ONG Intermón Oxfam. 225 días para entrenar de forma responsable, para conciliar nuestra vida familiar y profesional con nuestro sueño. Meses llenos de dudas e incertidumbre, de momentos mágicos, de lecciones de vida. De molestias físicas, de bajones emocionales, de instantes de abatimiento.
De darse cuenta como nuestro cuerpo se adaptaba al sacrificio, como cada paso nos provocaba una sonrisa.   De trabajar duro para perder el miedo a la distancia, de aprender a confiar en nuestra ilusión, de conseguir sacar la mejor versión de cada una de nosotras.

Meses de sentirte querida por gente que es capaz de tocarte el alma con pequeños gestos, que te dan la mano sin pedir nada a cambio para ayudarte a saltar las piedras del camino. Gente que contagian magia y coraje, que te hacen sentir grande, que creen en tu sana locura, que te regalan sonrisas en los momentos de decaimiento. Una mujer estupenda que crea pulseras para nuestro reto, 8 empresas que de forma desinteresada deciden patrocinar nuestro proyecto, aportaciones de desconocidos y amigos del 2.0. El Club de las Malasmadres que da voz a nuestro sueño, un grupo de rockeros que organiza un concierto a nuestro beneficio, un experto en marketing que nos ofrece su sabiduría, un entrenador personal que nos marca cada paso.

Días para aprender a confiar en las ganas de conseguirlo, para descubrir la fuerza que albergamos en nuestro interior, para desear que ocurran las cosas, para crear las sinergias necesarias. Momentos para aliarnos con aquellos que creían en nuestro proyecto sin peros ni porqués y para silenciar a aquellos que dudaban de nuestras capacidades, aquellos que no se atreven a soñar grande.

Un reto solidario que nos instruye a aceptar la fragilidad, la vulnerabilidad, el miedo a no estar a la altura. Un proyecto que nos exige asociarnos con nuestras imperfecciones,  a romper todos los límites que nosotras mismas nos habíamos creado, a comprometernos a fuego. A no titubear cuando nuestro cuerpo se quejaba y a creer en el talento aprendido, aquel que sólo se consigue con constancia y trabajo.


Largos meses donde hemos aprendido a confiar en el trabajo en equipo, a respetar ritmos y deseos, a no dejarnos acomplejar por los que se reían de nuestras posibilidades. A remar a contracorriente cuando algo se empezaba a torcer, a trabajar a ocho manos, a volver a empezar las veces que ha hecho falta. A ser conscientes que cada pequeño paso nos acercaba a nuestro objetivo, a saber que las dificultades nos fortalecían, que cada pequeño logro nos engranaba el alma.

La semana previa estuvo llena de incertidumbre, de emociones a raudales, de perfilar preparativos, de valorar lo conseguido, de hilo de voz cada vez que intentábamos expresar lo vivido, de "mamá" cuando no puedas más piensa que los ochos os estaremos esperando en meta.

Pistoletazo de salida y 32 horas para completar nuestro camino, serotonina  y dopamina a niveles estratosféricos. Kilómetros recorridos entre risas y silencios, entre ánimos y desalientos, confidencias y deseos. 100 km para tocar con las puntas de los dedos el cielo pero también el infierno. Millas para disfrutar del regalo de conocer a gente anónima que compartían nuestra quimera, para descubrir los  motivos para compartir el sendero, para que nos narrasen sus ganas de superación.

Horas de ir superando cada avituallamiento entre el dolor y la ilusión de conseguirlo, de utilizar como mejor medicina el deseo de cruzar la meta junto a nuestros hijos. De calor extremo, de superar vómitos, curar llagas y luchar contra el sueño. De superar la noche que tanto nos castigaba, de sobreponerse a las molestias que casi ya no tolerábamos. Horas de sentirte especial con los cuidados de nuestro equipo de apoyo, por recibir cientos de mensajes de aliento, por sentir que nuestros pasos iban a contribuir a mejorar vidas, que nuestro trabajo mejoraba nuestro entorno.


Recorrer el último kilómetro conteniendo el llanto, andando bien juntas saboreando lo conseguido. Últimos instantes para sonreír a todos aquellos que nos veían llegar a nuestro destino, para aplaudir a aquellos que valoraban nuestro esfuerzo, para abrazar con todas nuestras fuerzas a nuestros pequeños, para mirar con complicidad a nuestros maridos, para agradecer que nos acompañasen nuestros amigos.

Instantes para cruzar la meta dando las gracias por todo lo recibido, para mirar al cielo al ver que lo habíamos conseguido y acordarnos de aquellos que ya no están pero desde algún lugar nos habían echado una mano.

Sin duda las mejores 25 horas de nuestras vidas para no olvidar nunca que creer en uno mismo cada día resulta la mejor estrategia que nos podemos plantear.

dilluns, 9 de novembre del 2015

MAMÁ, PAPÁ, ¿HACEMOS DEPORTE JUNTOS?

!Mamá! no puedo más.

Un poquito más, lo estás haciendo fenomenal.

¿Y llegaremos a la fuente que sale el agua fría?

! Helada ! Nos daremos un buen remojón. Verás cómo te gusta el paisaje que se ve desde allí.

! Mamá ! es que no puedo más.

Cambia el desarrollo de tu bicicleta y será mucho más fácil llegar. Te prometo que merecerá la pena.

Ya casi estamos, ya veo a Pol y papá.

! Debes estar muy orgulloso de tu esfuerzo!

Mis hijos esperan el fin de semana para poder compartir con papá y mamá una de las actividades que más les hacen feliz: hacer deporte. Salir en bici, nadar juntos, escalar, un partido de pádel o futbol, realizar una emocionante excursión, cualquier motivo es bueno para compartir un tiempo en familia y potenciar la práctica deportiva.

En la sociedad actual, el ejercicio físico no siempre recibe la atención que se merece. Numerosos estudios alertan de las pocas horas que los niños dedican a realizar actividades físicas y el sedentarismo aumenta; demasiadas horas sentados mirando la TV o jugando a la consola. El porcentaje de niños obesos aumenta año tras año en nuestro país, España es el tercer país europeo con más niños con problemas de sobrepeso.

Todos los padres conocen los beneficios físicos, psicológicos y sociales que comporta la práctica deportiva en el desarrollo de sus hijos, pero muy pocos platean dicha práctica como una actividad que se puede realizar de forma conjunta. No podemos limitarnos a acompañar a nuestros hijos a sus entrenamientos o irlos a ver a su competición. Debemos convertirnos en el mejor estímulo y ejemplo para ellos, actuando como modelos de padres y madres con estilo de vida saludable y activo. Si nos ven hacer deporte ellos también querrán ser como papá y mamá; !corredores, nadadores o ciclistas!

Realizar actividades físicas juntos despertará el interés de nuestros pequeños por el deporte y será una manera magnífica de estrechar los vínculos familiares y transmitir valores. El primer objetivo de la práctica conjunta debe ser pasarlo bien. Busquemos actividades atractivas y motivadoras para todos los miembros de la familia. Jugar, estar activos, divertirse, aprender, conocer nuevos lugares, serán los objetivos a perseguir. El objetivo no es ser un campeón sino disfrutar en familia.

Los deportes ofrecen momentos únicos y divertidos para compartir valores que durarán por vida. Perseverancia, esfuerzo, aprender a trabajar en equipo, a tener tolerancia a la frustración, a ser honestos y solidarios. Aprender a perder o ganar, a seguir las normas de un juego y conseguir una imagen positiva de uno mismo.

Experimentemos hasta que encuentren el deporte o actividad física que más les guste, en la que demuestren más habilidades o se sientan más motivados, ayudémosle a conseguir sus objetivos. Integremos la actividad física a nuestro día a día.


            ¿Por qué en el próximo cumpleaños no les regalas a tus hijos una raqueta, un nuevo balón o una nueva bicicleta para poder disfrutar juntos de momentos únicos?


diumenge, 14 de setembre del 2014

MAMÁ, ¿Y SI NO SÉ HACER LO QUE ME PIDEN?

     
     El tiempo transcurre a pasos agigantados y yo me doy cuenta en el momento que empieza un nuevo curso escolar. Al dedicarme a la educación mi año empieza en septiembre y acaba cuando el calor empieza a apretar. Este primer mes es el de pasar de cero a cien, el de organizar y programar. Invadida por el síndrome postvacacional intento coger el ritmo sin poder casi respirar.

     Sí, si, debo confesarlo, mis hijos tienen la manía de no parar de crecer, de estirarse por momentos, de dejar la ropa pequeña y de medirse conmigo constantemente recordándome que pronto me pasarán. Te percatas que tus hijos se hacen mayores cuando compruebas que debes multiplicar las tallas que llevaran en el uniforme escolar y las mangas de las batas han quedado cortas y se tienen que cambiar.

     En nueve años hemos superado, y digo superado porque  ha sido una ardua tarea, diez adaptaciones diferentes. Admito que en la mayoría de ellas mis hijos lo han llevado mucho mejor que yo. En muchas ocasiones me ha tocado disimular mis miedos y mi inseguridad. Qué confundida estaba cuando sufría porque que no fuesen capaces de adaptarse a la vida escolar o a vivir sin mamá. Cuantos logros conseguidos sin tener que pronunciar la palabra papá.

     La vuelta al cole siempre implica un trabajo adicional. Marcar ropa, preparar el material,  forrar libros que siempre quedan mal o cuadrar horarios para que todo empiece a rodar.

     Desempolvo recuerdos de los primeros años de guardería cuando la maestra casi debía cortarme la mano para dejarlos en clase, cuando no dejaba de mirar las agujas del reloj en el trabajo deseando que llegase la hora de irlos a buscar, de preguntar si habían comido mucho o de salir de clase con el corazón encogido cuando pedían berreando que no me fuese a trabajar. Ya en el cole de grandes fue todo más normal. Se adaptaron sin problemas y mamá estaba mucho más preparada para dejarles volar.

     Recuerdo el primer día  de colegio de Xavier. Observando mi cara de pánico por dejarlo en libertad se acercó a mi, me achuchó y me susurró al oído que no sabía como debía actuar. Me preguntó que prefería que hiciese, si llorar o no llorar. Ese fue el detonante que me enseñó a que debía confiar más, valorar cada uno de sus pasos al caminar y fue el momento de comprometerme a enseñarles a perder el miedo a errar.

     Mañana comienzan un nuevo año escolar. Con las mochilas preparadas en casa se palpa el nerviosismo por lo que les deportará. El peque cambia de etapa y eso le crea inseguridad. ¿Mamá y si no se hacer lo que me piden? Mamá y papá te ayudarán.

     Se hacen mayores cuando te advierten que no dejarán que aplastes su pelo con colonia nunca más, cuando piden que no les repitas cuatro veces si están preparados para empezar o advierten que no debes darles un beso en la puerta del colegio delante de sus amigos por el que dirán. Piden ir solos al cole sin que les lleve papá, tener un PC propio o dormir en casa de un amigo al que explicarán cosas que otros nunca sabrán.

     Estoy convencida que será un año muy especial, cargado de miles de aprendizajes, de experiencias y sorpresas que nos enriquecerán. Ellos no lo saben pero seguiré achuchándoles antes de salir de casa para que no se avergüencen de mamá y preguntándoles una y mil veces cuando quieren a  su mami como hacíamos de pequeños cuando casi no sabían hablar.

     Volar solos, que yo estaré esperando al lado del camino para ayudaros a avanzar.