Sònia

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diumenge, 2 de juny de 2019

EL PODER EDUCATIVO DEL QUERER

Hemos olvidado el poder de los abrazos, de los besos, de las miradas. El lenguaje de las emociones que hablan desde el corazón, ese que explica todo lo que nos corre por dentro. Ese idioma que mima, que protege, que crea vínculos.  Que regala oportunidades, que motiva, que nos ayuda a querernos. Que construye puentes, que curan heridas, que regalan oportunidades.

Educamos con pocas muestras de cariño, de amor, sin ser conscientes de la facultad que tiene el afecto a la hora de educar. Buscamos metodologías innovadoras que nos acerquen a un mejor rendimiento académico olvidando cuidar la emoción, el apego, las muestras de afecto. Hemos llenado nuestros hogares y aulas de tecnología capaz de conectarnos con cualquier punto del mundo pero que nos aleja estrepitosamente de las personas que tenemos justo al lado. 

Creo que en la educación FALTAN abrazos que arropen, miradas que contagien esperanza, besos que acaricien el alma. Muestras de amor que creen compromisos, que  faciliten la comunicación afectiva, el sentimiento de empatía, la comprensión. Gestos que diseñen caminos, muestras de amor que fortalezcan el desarrollo, que contagien ternura. Palabras que recuerden a diario a nuestros pequeños que estamos a su lado de forma incondicional.

Eduquemos con BESOS que regalen consuelo, que cicatricen heridas, que acaricien las penas con suavidad. Envueltos en risas y carcajadas que ayuden a llevar mejor los malos tragos, que guarden secretos o pidan perdón. Repletos de confidencias, de secretos, de motivos.

EDUQUEMOS con ABRAZOS que se amolden a todos los cuerpos, que acompañen silencios, que inyecten energía. Que rescaten esperanza, ahuyenten al miedo y abriguen sentimientos. Que transmitan calma, que reinicien por dentro. Abrazos que carguen de optimismo, contagien razones, que guarden secretos.

EDUQUEMOS con MIRADAS que provoquen ternura, roben sonrisas y ericen la piel. Que entiendan los tropiezos,  sanen heridas y  animen a asumir nuevos retos. Miradas que pidan disculpas o den las gracias.

EDUQUEMOS con PALABRAS que espanten fantasmas, que acerquen distancias, que nos hagan poderosos. Exentas de reproches, de etiquetas, de por qués. Que estrechen amistades, que perdonen las salidas de tono,  que apaciguan la rabia. Palabras llenas de energía, de soluciones, de refugio.

Ojalá aprendamos a creer en el PODER de las palabras, los abrazos, las miradas y los besos que tanto nos reconfortan.

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